Xabi Alonso a través del espejo (II)

Xabi Alonso a través del espejo (II)

¿Recuerdan esa atracción de la feria con muchos espejos que te deconstruyen de manera cómica? Uno te hacía larguilucho y famélico; otro, esbelto y musculoso; en otro parecías una lavadora… Pues la carrera de Xabi Alonso ha sido como una visita a la sala de los espejos. Cada uno de ellos ha deformado su entorno, y a él mismo, sin desligar al jugador de su esencia. Todos, a su manera, han dotado al de Tolosa con una serie de elementos que ha engarzado con sus cualidades y le ha ido convirtiendo, con el paso de los años y los partidos, en algo distinto. Cada espejo es uno de los entrenadores que lo ha dirigido, y la realidad que percibimos desde fuera en cada cristal es cada uno de los equipos a los que perteneció. Hoy os vamos a contar la travesía de Xabi Alonso por la sala de los espejos.

[IR A: Xabi Alonso a través del espejo (I)]

“Pregunta.- ¿Es lo más grande para un jugador español la Selección? ¿Colma todas sus aspiraciones?
Xabi Alonso.- Es un paso importante. Pero lo más importante no es debutar, sino ganar un Mundial.”

Encuentro digital con Xabi Alonso
EL MUNDO, 30 de noviembre de 2001

El verano en el que Pellegrini se marchó del Madrid, Xabi Alonso se convirtió en Campeón del Mundo. Pero sus inicios en la Selección no fueron del todo fáciles. Debutó en 2003 con Iñaki Sáez, pero ni con él en la Euro 2004 ni tampoco con Luis Aragonés tuvo continuidad. Guardiola, Baraja, Albelda, Marcos Senna o Xavi siempre contaron más para sus seleccionadores que el vasco. Sin embargo este ha reconocido sobre el ‘Sabio de Hortaleza’ que su carácter, su personalidad y su forma de ver el fútbol le marcaron, y lo definía como un gran motivador. Para Xabi, el gran logro de Luis fue tener al grupo cohesionado, y convencerlos a todos para que confiaran y pelearan por él. Sin embargo, para Vicente del Bosque se hizo insustituible. En el Mundial de Sudáfrica, en 2010, se había consagrado junto a Sergio Busquets en el eje vertebrador del equipo, y Xavi Hernández dirigiría un escalón más arriba, alternando el interior derecho con la mediapunta.

Xabi Alonso: “creo que (Busquets) es de los jugadores más inteligentes y mejores tácticamente con los que yo he jugado. (…) sin duda es un jugador que te da estabilidad, una base para que todo lo de alrededor crezca (…). Allí nos asociamos bien, porque yo juego un poquito más adelante, pero tampoco era mi posición para jugar de espaldas. Muchas veces jugábamos él a un lado y yo al otro, a veces él se descolgaba… allí nos daba bastante libertad Vicente, porque sabía que éramos jugadores responsables, que siempre pensábamos en lo mejor para el equipo y que teníamos esa noción táctica de que era lo que necesitaba el equipo. Sentido colectivo.”

Entrevista de Jorge Valdano a Xabi Alonso
‘Universo Valdano’, BeInSports España, 2016

Con Del Bosque, a quien Alonso comparó en gestión de vestuario con Ancelotti o Pellegrini, España tuvo dos fases: Una en la que la solidez atrás y la posesión defensiva eran las armas más poderosas del equipo, y luego arriba quedaba todo en manos del (excelso) talento e inspiración de sus piezas. En esta, Alonso se escalonaba ligeramente por delante de Busquets como interior izquierdo aunque, como el propio Xabi reconocía, se alternaban esas funciones y a veces jugaban en paralelo. En la segunda etapa, la de la Euro 2012, era una selección que se exponía más, aunque España siempre cerrara con tres atrás (lateral derecho y centrales) más dos en medio campo (Xabi y Sergio). Las pérdidas de balón eran de más calidad, España se permitía adelantar mucho el bloque y se recuperaba muy pronto la pelota, casi siempre en campo rival En estas lides pocos tándem se han mostrado tan dominantes como el Alonso-Busquets. Necesitaba pisar línea de fondo con más continuidad para que Cesc Fàbregas, el falso 9, recibiera de cara a puerta. y con ellos más Xavi, Iniesta y Silva, y Jordi Alba dando él solo amplitud y profundidad por fuera, la generación y ocupación de espacios era coral. Perfecta. Tanto fue así que aquel equipo incluso daba lugar a que el 14 pisara área (para el recuerdo su doblete en el 2-0 ante Francia en su centésimo partido con la Roja). Y claro, se volvió a ganar. Por eso fue tan difícil encajar aquel estrepitoso descalabro en el Mundial de Brasil 2014, porque ya no quedaba nada de todo aquello que convirtió a España en campeona.

En resumen, Xabi Alonso vestido de rojo español tenía escasas pautas tácticas por parte de Vicente del Bosque. Por pura lectura e inteligencia, tanto propia como de su entorno, asistimos a un sinfín de decisiones acertadas, de clarividencia táctica y de riqueza e inspiración técnicas con escasos precedentes en este deporte. En el espejo de la Selección fue donde más y mejor arropado se vio, y Europa y el mundo sucumbieron a su fútbol y al de sus compañeros de forma en la que, pese a ciertos titubeos puntuales, parecía el único final coherente.

Volviendo al Real Madrid, Pellegrini parecía sentenciado desde el 4-0 en Santo Domingo. Entretanto, el Inter de Milán de José Mourinho competía cara a cara con el FC Barcelona de Pep Guardiola, en fase de grupos (empate, 0-0 en el Meazza, y derrota por 2-0 en el Camp Nou) y lo eliminaba de las semis para jugar la gran final en el Santiago Bernabéu. Para muchos, el morbo estaba servido. José Mourinho ganaría la Champions en la que sería su casa los tres años siguientes. Y el técnico que más ansiaba la Champions se uniría al club que más soñaba con ganarla. Y fue en el espejo del portugués donde vimos, por vez primera, al Xabi Alonso más posicional y, sobre todo, más director.

En un sistema que los compañeros de Ecos del Balón denominaron ‘la Escalera Real’ Xabi Alonso era, desde una salida en lavolpiana (mediocentro incrustado entre unos centrales muy abiertos, y laterales un escalón más arriba), el lanzador del equipo. El reparto espacial ocupaba casi todo el largo y ancho del campo, y Xabi podía activar cada una de líneas de pase que sus otros nueve compañeros de campo generaban gracias a su eterno desplazamiento en largo. El sistema generaba tantísimas ventajas en campo rival que Xabi se podía permitir volver a ocupar línea de medio campo, participar de nuevo, presionar arriba cuando lo requiriera la jugada y, sobre todo, dominar los segundos balones junto a Sami Khedira, Marcelo, Di María… En defensa posicional la espalda de Alonso era casi infranqueable; en principio porque era muy difícil que el rival merodeara su zona con el balón controlado, pues jugadores como Khedira o Arbeloa lo barrían todo; y, por supuesto, porque su inteligencia táctica le permitía estar siempre bien situado. Encarar a los centrales en el Real Madrid de Mourinho era una misión prácticamente imposible, y solo un cruce contra el FC Barcelona en el primer año de proyecto, una tanda de penaltis ante el Bayern Múnich del Triplete y una durísima derrota ante el Borussia Dortmund de Lewandowski en el Signal Iduna Park alejaron al equipo merengue de la Champions. En definitiva, el reflejo de Alonso más jerarca y con más impacto en el juego colectivo de todos cuantos existieron se quedó tres años consecutivos a un paso de alzar, frente al espejo de José Mourinho, la corona deseada por todo el madridismo.

Tras el de Setúbal, el presidente del Real Madrid decidió cambiar diametralmente el perfil de su entrenador e incorporar a Carlo Ancelotti, opuesto en la gestión del vestuario. Sin embargo el italiano tardó en encontrar “equilibrio” en su sistema. El encajar a recién llegados como Gareth Bale o Illarramendi, la insatisfacción de suplentes como Özil o Di María (el alemán se fue, el argentino acabó siendo clave) y el hecho de que ni la circulación de balón era óptima ni, en transición defensiva, estaban todas las piezas involucradas, nos dejó un Real Madrid frágil y titubeante durante el primer tramo de temporada. Partidos contra rivales de arriba como el Athletic de Bilbao, el Sevilla, o rivales directísimos como el Atlético o el Barça se contaron como pinchazos. Luka Modric empezaba a dar destellos de lo que acabaría siendo, pero aún no contaba con el beneplácito absoluto de Ancelotti -para muestra, la titularidad de Illarra en detrimento del croata en el primer Derbi de la temporada ante el Atleti-. Y, llegado este punto, muchos hablaron de una supuesta debilidad defensiva en Alonso, “dada su avanzada edad y bajón físico”. Ocurría que el tolosarra, expuesto continuamente, debía achicar más balones que nunca. Comenzó a tener muchos más duelos individuales, y tuvo que emplearse con dureza en más ocasiones (algunos empezaron a acusarle de exceso de agresividad). Los Derbis de Madrid nos dejaron auténticas batallas campales entre Diego Costa, Raúl García, Sergio Ramos y Xabi Alonso.

Pero aquello debía tener solución. Con la calidad de aquella plantilla y la diversidad de perfiles, así debía ser. Y Carletto lo hizo. Se inventó a Di María como interior izquierdo de un 1-4-3-3 en el que el ‘Fideo’ tenía que correr más que nadie hacia arriba y hacia abajo. En ese momento, y gracias al sacrificio del argentino, Alonso empezó a estar mejor resguardado y empezó a controlar en el descontrol. Luka Modric se hizo imprescindible y su compenetración con Xabi fue uno de los mayores avales competitivos del Madrid de ‘la Décima’. En defensa el Real apostó por un repliegue intensivo, por ser paciente, reducir espacios entre líneas y esperar el error rival. Cada vez que un equipo se exponía mínimamente, los blancos lanzaban con Ramos, Alonso o Modric. O Venía Benzema, temporizaba y lanzaba al espacio para Cristiano y Bale. O Marcelo, Luka y Di María descosían al rival en conducciones.

Xabi Alonso: “Creo que Mourinho y Guardiola comparten muchas cosas. En general, ambos son líderes. Tienen ese carisma, ese algo especial. Cuando entran en una habitación, todos saben que el jefe está allí, y tenemos que escuchar. tienen diferentes visiones en términos futbolísticos, pero en liderazgo comparten muchas cosas. Están en los detalles, en el juego, y es por eso que han estado en la cima estos últimos años.”

Entrevista de Jamie Carragher a Xabi Alonso
SkySports, 9 de septiembre de 2016

Esos meses del Madrid de ‘la Décima’ evidenciaron dos cosas sobre Xabi Alonso: la primera era que aquella supuesta debilidad defensiva no era tal. O, al menos, no mucho más que durante el resto de su carrera. La segunda, en cambio, evidenciaba que sin balón no era aquel monstruo roba-balones que pareció bajo el velo de Rafa Benítez o de José Mourinho, porque el posicionamiento de sus equipos ya no era tan bueno. La edad sí es importante, y es cierto que Alonso ya no tenía el mismo recorrido que con 27 años, pero nada que la pizarra del entrenador y la inteligencia del propio jugador no pudieran paliar. Así que, por tanto, o el equipo aglutinaba la posesión del balón y pasaba la mayor parte del tiempo en campo rival o, por el contrario, era necesario tomar medidas específicas para protegerle.

En el Bayern esto se hizo muy evidente. Los fichajes de Arturo Vidal o Renato Sanches, dos interiores de un despliegue físico casi inigualable, parecían encaminados, en gran parte, a compensar el escaso recorrido de Xabi. Sin embargo, este tipo de medidas han restado control a sus equipos y, al final, Alonso ha seguido viéndose en la necesidad de reajustar más de una vez tras la pérdida de sitio de sus interiores. Con Carlo Ancelotti en el Bayern Múnich ha encontrado mayor estabilidad en cuanto ha tenido continuidad en sus posesiones, Thiago se ha enchufado y las pérdidas de balón se han producido en zonas más adelantadas y con el bloque ubicado más arriba. En ese contexto, Alonso puede seguir siendo referencial en su posición.

Pero, ¿recordáis cuando os dije que una de las dos comparaciones que han seguido a Xabi Alonso durante su carrera fue con su padre, Periko Alonso? “¿Y quién era la otra?” Se preguntarán algunos. Otros ya sabéis de quién hablo. Por supuesto, de Pep Guardiola. Gran posicionamiento, inteligencia táctica, rango de pase amplísimo y una toma de decisiones perfecta, las cualidades que definían (o definen) a ambos como futbolistas. Por ello, cuando Guardiola recibió la noticia de que Toni Kroos se iba al Madrid, rápidamente descolgó el teléfono para preguntarle al pivote vasco si le gustaría hacer el camino inverso. Y Xabi dijo que sí. Si de Alonso siempre se dijo aquello de “la extensión del entrenador dentro del campo”, en el Bayern de Guardiola iba a serlo más que nunca. Porque Guardiola lo miraba y se veía reflejado. Sabía cuánto sufría él en categorías inferiores, hasta que Johan Cruyff lo descubrió, cuando le exigían un trabajo para el que, físicamente, ni llegaba ni llegaría a hacerlo nunca. Por eso el Pep nunca se lo pediría.

Guardiola: “Xabi Alonso es el peor jugador del mundo en defensa. El Bayern no le firmó para recuperar la pelota, sino para mantenerla. Cuando se trata de correr detrás de un jugador, es el peor jugador del mundo. Pero no se le fichó para eso.”

Rueda de prensa de Pep Guardiola
post Shakhtar-Bayern, 17 de febrero de 2015

Cruyff, sobre Guardiola: “Si tengo que defender este restaurante soy el más malo que hay, porque me pueden salir por todos sitios. Pero si solo tengo que defender esta mesa, soy el mejor de todos. Entonces, ¿qué es “bien” y qué es “mal”? Es distancia, no es más. (…) Si no tienes recorrido, hay que posicionarse bien. Esto es puramente inteligencia.”

Johan Cruyff en una charla con Xavi Hernández
Recogida por ‘Ecos del Balón’ en ‘La Aventura Original’

Guardiola se conocía a sí mismo. Y conocía a Alonso. Así que, cuando decidió elegir uno de los dos caminos antes mencionados (protegerle explícitamente o apostar por el balón) para permitirle seguir siendo dominante, tomó los dos a la vez. El de Sampedor proveyó al de Tolosa de un escenario idílico. Se resguardaría entre los centrales (llegando a ser líbero desde el inicio en varios partidos), daría el primer pase, su equipo mantendría la posesión y cerraría con Lahm y Alaba, los laterales (el austríaco muchas veces central izquierdo, pero con la orden de incorporarse arriba) en zona de interiores. Este último ajuste fue tomado para proteger las pérdidas de balón en campo rival aplicando una presión tras pérdida muy intensa. También son dos jugadores con piernas para correr hacia atrás cuando se daba la necesidad si el rival conseguía superar la presión.

Xabi, por su parte, le aportó lo que siempre supo hacer. Una salida limpia en cada jugada, orden táctico con y sin pelota y varias exhibiciones para los que decían que estaba acabado. Para el recuerdo queda la semifinal que juega ante el Atlético de Madrid, sobre todo en una vuelta en la que Guardiola destroza tácticamente a Diego Pablo Simeone. En aquel partido, a pecho descubierto por parte de Pep, el ritmo impreso por el Bayern Múnich fue altísimo. Alonso, jugando muy arriba ante un Atleti en repliegue intensivo, dio a sus 34 años una masterclass de pases, buenas decisiones y de liderazgo. Un jugador encasillado en ritmos bajos ya no es que anduviera como pez en el agua en aquella vorágine de fútbol, sino que aquel vendaval lo produjo él. Xabi pisaba corona del área con la contundencia y continuidad de hace años, y el resto del equipo volaba a su compás. La respuesta de los jugadores de campo del Atleti y el Cholo en la primera parte quedó en un balbuceo ininteligible. Sin embargo Jan Oblak, emulando a Gandalf el Gris, gritó con fuerza: “¡No puedes pasar!”. El partido fue al descanso con ventaja de 1-0, con gol de falta directa de Alonso, tras desvío de José María Giménez. Muy pronto en la segunda parte, un geniecillo francés que oposita sin discusión a heredar en un futuro el trono de rey de este deporte encontró las palabras exactas para responder al atronador discurso bávaro y, una vez anotó, se igualaron las fuerzas. Pero las leyes del fútbol no son perfectas. No gana siempre quien mejor juega, ni el entrenador que mejor plantea el partido. Xabi Alonso volvería a quedar, un año más, a las puertas de otra final de Liga de Campeones. Asimismo, el Real Madrid sería el verdugo del tolosarra y Ancelotti, dos de los artífices de ‘la Décima’, en 2017. En el caso del mediocentro, el Santiago Bernabéu le brindaría la despedida, esta vez para siempre, que se merecía. Una ovación atronadora, que Xabi devolvió, en forma de cariño y agradecimiento mutuos. El adiós, de corto, a una leyenda de la competición, y al estadio que más nombres llevó a la cumbre de Europa. Imagen para la historia.

En definitiva, la carrera de Xabi Alonso ha sido un continuo camino de aprendizaje, mirándose a sí mismo en cada uno de los espejos que encontró durante su trayectoria. Y de tanto mirar para no perder detalle se olvidó, o quizás nunca se dio cuenta, de que a la vez se estaba convirtiendo en el modelo que todos perseguían. En el referente para toda una generación ya no solo de futbolistas, sino de aficionados al fútbol. Se había convertido en el espejo en el que todos querían mirarse.

Fuente imagen principal: Alexander Hassenstein/Bongarts/Getty Images.

Xabi Alonso, durante un partido entre el Bayern de Múnich y el Duisburgo disputado el 20 de mayo de 2017. 

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Xabi Alonso a través del espejo (I)

Xabi Alonso a través del espejo (I)

¿Recuerdan esa atracción de la feria con muchos espejos que te deconstruyen de manera cómica? Uno te hacía larguilucho y famélico; otro, esbelto y musculoso; en otro parecías una lavadora… Pues la carrera de Xabi Alonso ha sido como una visita a la sala de los espejos. Cada uno de ellos ha deformado su entorno, y a él mismo, sin desligar al jugador de su esencia. Todos, a su manera, han dotado al de Tolosa con una serie de elementos que ha engarzado con sus cualidades y le han ido convirtiendo, con el paso de los años y los partidos, en algo distinto. Cada espejo es uno de los entrenadores que lo ha dirigido, y la realidad que percibimos desde fuera en cada cristal es cada uno de los equipos a los que perteneció. Hoy os vamos a contar la travesía de Xabi Alonso por la sala de los espejos.

Xabi Alonso arribó al primer equipo de la Real Sociedad en el año 2000. Por aquel entonces su entrenador era Javier Clemente. El técnico vasco siempre apostó por un fútbol muy físico, juego directo, rápido, vertical y de contacto. Para ello determinó que el de Tolosa, a sus 18 años, no tenía cabida en el equipo, así que decidió cederlo a la Segunda División, categoría en la que impera la ley del más fuerte, para que se curtiera. Concretamente lo mandó a la SD Éibar, un equipo con un modelo ya no solo de juego, sino de club, humilde, aguerrido y luchador, y “equipo satélite” de los grandes vascos. Librando batallas al fragor del barro de Segunda, Alonso se moldearía en carácter y se prepararía físicamente para competir. Además, en el equipo armero lo cogería Blas Ziarreta, un entrenador que pasó el grueso de su carrera en los banquillos en equipos de Segunda B y Tercera (lo que en Underground Football llamamos cariñosamente ‘el Infrafútbol’). En este sentido, el vasco se sabía al dedillo todas las cuestiones que atañen a “ese otro fútbol”. La pillería, el contacto sin que se note, el duelo psicológico con el contrario… esos detalles que, uno a uno, parecen nimios, pero que todos juntos te acercan un poquito más a la victoria.

Con Blas Ziarreta se hizo importante la media temporada que estuvo y, efectivamente, de esa interrelación Alonso obtuvo un ‘yo’ de más carácter. Valiente. Agresivo. Dejó de ser un chico tímido sin apenas partidos a nivel profesional a un jugador que no se arrugaba. Físicamente no era un portento, pero tampoco encogía la pierna cuando le tocaba chocar. Fue entonces cuando la comparación (o una de las dos) que le acompañó en sus primeros años de carrera se intensificó más si cabía.

Porque el primer espejo en el que todos miraron a Xabi fue el de su padre, Perico Alonso. Pese a su explosión tardía (llegó al primer equipo con 24 años) fue fundamental en la mejor etapa de la historia de la Real Sociedad, logrando un subcampeonato en 1980, dos títulos de Liga en 1981 y 1982 y la Supercopa de España ese último año. El padre de nuestro protagonista era un mediocentro de corte marcadamente defensivo, muy físico y con muchísimo recorrido, aunque también gustaba de pisar área con cierta frecuencia. En un encuentro digital en El Mundo en noviembre de 2001, Xabi respondía sobre esta comparación. Se le hizo muchas veces la misma pregunta, pero elegimos ese momento porque todo el encuentro fue muy curioso. Algunas de sus respuestas son casi premonitorias, por lo que más adelante nos volveremos a remitir a él.

Xabi Alonso: “No puedo compararme con mi padre. Él era más fuerte, y yo quizás más técnico.”

Encuentro digital con Xabi Alonso
El Mundo, 30 de noviembre de 2001

Pero Javier Clemente fue despedido. La Real Sociedad no ganaba, y dos goleadas ante el Barcelona (0-6) y el Rayo Vallecano (4-1) fueron la gota que colmó el vaso. En Anoeta aterrizó John Benjamin Toshack, y para darle un giro de tuerca al proyecto decidió apostar por la cantera, recuperando a los cedidos, Joseba Llorente y –por supuesto- a Xabi Alonso. El galés detectó muy pronto las virtudes del joven Xabi, y decidió darle las llaves del equipo. Le hizo debutar en Liga, le dio minutos y, sobre todo, confianza absoluta. Tanto es así que lo nombró capitán del equipo con 19 años.

Xabi Alonso a través el espejo de John Benjamin Toshack es un jugador que poco tiene que ver con el de sus últimos años de carrera. Ya destacaba por su inteligencia, lectura, visión de juego y sus pases, sobre todo el desplazamiento en largo que siempre ha tenido. Sin embargo, tenía mucho más vuelo a la hora de robar y en la presión. El compañero Xabi Esnaola define el juego de aquella Real Sociedad como una “fusión vasco-galesa”, o lo que es lo mismo, un juego muy rápido, directo, con predominio del balón aéreo en largo y dando muchísima importancia a las segundas jugadas. En este estilo las cualidades de Xabi se ajustaban como un guante. Como lanzador ponía la bola donde quería, y junto a Íñigo Idiakez (otrora delantero, mediocentro peleón y llegador aquellos años) monopolizaban todos los balones divididos y los rebotes. El equipo, en problemas con Clemente, acabó en una tranquila 14ª posición en la tabla

Sin embargo las cosas se tuercen la temporada siguiente. En la jornada 29 Toshack es despedido, y al equipo lo salva Roberto Olabe. Caduco el proyecto del galés, la Real decide fichar a Raynald Denoueix para la 2002-2003, que venía de ganar la Ligue 1 dos temporadas atrás, pero de ser despedido a mitad de la temporada anterior dados los malos resultados. El técnico francés comandaría una plantilla formada por figuras como Nihat, Kovacevic, Valeri Karpin o un De Pedro que se acabaría saliendo. Con unos laterales de marcada proyección ofensiva como López Rekarte y Aranzábal, los extremos tendían a zonas interiores. La Real pasaba la mayor parte del tiempo en campo rival, tenía más tiempo la pelota, daba muchos más pases, más cortos y llegaba al área contraria con más gente. su compañero en el doble pivote, esta vez Mikel Aranburu, se descolgaba más que él, y ambos se dividían el ancho del campo en las ayudas y coberturas defensivas. Aquella fue la primera vez que Xabi Alonso se vio a sí mismo reflejado en un equipo de posesión, y como director de orquesta. Pese a jugar como pivote derecho (posteriormente en su carrera tendería más al sector izquierdo) era quien ejercía realmente la función de mediocentro puro, pues Aranburu se escalonaba por delante para habilitar líneas de pase e, incluso, protagonizar algunas conducciones en zonas interiores. Gracias al grandísimo desplazamiento en largo, Alonso conectaba continuamente con De Pedro, extremo izquierdo, gracias a sus magníficos cambios de orientación. Era una Real Sociedad muy versátil en cuanto al hilo de sus jugadas, pues siempre tenía varias líneas de pase activadas gracias a Xabi.

El subcampeonato de Liga en la 2002-2003, gracias a la grandísima temporada de todo el equipo (incluido un 4-2 al campeón, el Real Madrid) no pasó desapercibido para nadie, y desde San Sebastián ya se vaticinaba la marcha del mediocentro. En la 03/04 cabe pensar que Europa le vino larga a aquella Real, pues en Liga, tras el segundo puesto, cayeron a la decimoquinta plaza al término del campeonato. Eso sí, en el escaparate de la Champions League Xabi Alonso cuajó grandes actuaciones y lució en estadios como Delle Alpi (la Juventus quedó prendada de él, intentando contratarle en años posteriores).. En octavos de final, un equipo de época como el Olympique Lyonnais de Essien, Mahamadou Diarra, Govou, Malouda, Juninho Pernambucano, Éiber o Luyindula apeó a los de San Sebastián de la máxima competición europea. Y, tras este bajón, llegó el momento de partir. Definitivamente, la Real Sociedad ya no podía colmar sus expectativas.

Alonso: “No creo que el tackle sea una cualidad. Es un recurso, algo a lo que se tiene que recurrir, pero no una característica de tu juego. (…) el tackle es el último recurso y el jugador lo necesitará, pero no debe ser una cualidad por la que un jugador se defina a sí mismo. (…) El tackle refleja la pasión, que por supuesto es necesaria, pero es más importante ceñirse a los fundamentos futbolísticos en el desarrollo de jugadores: el cómo se ha a jugar, cómo leer el partido. Entender de verdad el juego. (…) Técnica e inteligencia son vitales. Al final necesitas jugadores que interpreten el juego, que sepan adaptarse.”

Entrevista de Sid Lowe a Xabi Alonso
‘The Guardian’, 11 de noviembre de 2011

Su marcha de la recién estrenada Zubieta llegó en la 2004-2005, desembarcando en el Liverpool de Rafa Benítez. Xabi cambió su fisionomía, tanto físicamente como a nivel de juego. El espejo del técnico madrileño, así como el de la Premier League, le convirtieron en un jugador mucho más defensivo. Xabi creció a nivel de musculatura, ganó recorrido y aprendió en la disciplina del tackle. Lo que el posicionamiento no podía cubrir debían hacerlo las piernas, y en una liga de tanta ida y vuelta como la inglesa la adaptación a este factor debía ser (y de hecho fue) total. Sobre el papel, Xabi Alonso era pivote derecho junto a Dietmar Hamann en un 1-4-2-3-1. El alemán actuaba por detrás del español como coche-escoba, Alonso daba el primer pase y, posteriormente, participaba un escalón más arriba cuando el Liverpool atacaba, permitiéndose incluso pisar corona del área. Este equipo tendía a replegar bajo y atacar mediante transiciones, en las que el de Tolosa actuaba como lanzador, siempre buscando a los rapidísimos Luis García, Riise o Harry Kewell. Durante esas transiciones a Steven Gerrard, el mediapunta (aunque pivote en muchos partidos), en plenitud física, le daba tiempo a llegar para cargar el área. No obstante también jugó en muchas ocasiones como pivote único en una especie de 1-4-1-3-2, abarcando todo el ancho del campo, como en la Final de la Champions que ganó ante el AC Milan de Carlo Ancelotti.

Durante la estancia de Xabi Alonso en Alfield Road cabe destacar dos etapas, marcadas por la sociedad predominante de Steven Gerrard. En la primera, la anteriormente contada, su mayor socio fue Alonso. Posteriormente, Rafa Benítez decidió adelantar más si cabía al capitán red, y pasó a formar dupla con Fernando Torres. Xabi, por su parte, encontró en Javier Mascherano al nuevo roba-balones con el que cerraría filas en defensa del sempiterno 1-4-2-3-1 de Rafa Benítez. Compartían el ancho del campo en las ayudas y permitía subir el bloque para robar más arriba si la situación lo permitía/requería. Por fuera, Babel/Riera y Kuyt, rompiendo a espaldas de los laterales rivales, cedían continuamente de cara a Fernando y Steven. ‘The Kid’ también suponía una vía de profundidad en sí mismo, y Alonso activaba con sus lanzamientos cada una de esas vías.

Gerrard: “Cuando se marchó Alonso quedé destrozado, sí. Destrozado.”

Entrevista a Steven Gerrard
Four Four Two, 4 de noviembre de 2009

Más allá de estos matices y algunos otros, las funciones de Xabi Alonso en la fase de creación siempre fueron las de dar el primer pase y, como hemos dicho, ser el lanzador de los contragolpes, aunque su mayor evolución resultó en el juego sin balón. Puede que en el Éibar diera un salto en este aspecto para tener lo justo y competir en Primera División en España, pero la Premier League siempre fue una competición más exigente y, a su llegada, representaba la élite del fútbol europeo gracias a proyectos como el Manchester United de Cristiano y Ferguson, el Arsenal de los Invencibles o el primer Chelsea de José Mourinho.

No obstante, toda etapa llega a su fin. En el libro ‘Ring of Fire: Liverpool into the 21st Century’ (Hughes, Simon, 2016), en un capítulo dedicado a Xabi Alonso, cuenta que estuvo a punto de salir del Liverpool un año antes, en 2008. Según el mediocentro,Rafa fue muy claro conmigo. Me dijo: ‘Xabi, necesitamos el dinero para fichar a otros jugadores que quiero’. Para hacer ese dinero, mi nombre fue el primero en salir en la lista de transferibles. Le dije, ‘Ok, Rafa, sin problemas. Soy un profesional y lo entiendo’. Hubo un interés de la Juventus y también del Arsenal, pero los clubes no consiguieron llegar a un acuerdo. Yo estaba preparado para irme porque el entrenador quería que me fuera. Finalmente no ocurrió. Al año siguiente la situación era diferente. Fui a Rafa y le dije: ‘Hace un año me pediste que me marchara y lo acepté. Ahora soy yo quien se quiere ir…’ Al final hubo un acuerdo, pero no fue fácil porque él, en ese momento, quería que me quedara”. Su importancia en el Liverpool llegó a tal punto que, tras su marcha, quedó un vacío en su zona que jugadores como Alberto Aquilani, Raúl Meireles, Charlie Adam, Joe Allen o Nuri Sahin no supieron llenar.

Pregunta.- ¿Cuál es el estadio que más te impresiona de España?
Xabi Alonso.- ‘‘El Bernabéu.”

Encuentro digital con Xabi Alonso
EL MUNDO, 30 de noviembre de 2001

El Real Madrid apostó fuerte por él, y cambió Anfield por el siempre exigente Santiago Bernabéu. El nuevo proyecto, comandado por Florentino Pérez, evocaba a aquel de los Galácticos, pero hacía falta una figura en medio campo que diera coherencia a toda la constelación. Se tantearon muchos entrenadores, pero quien acabó recalando en el banquillo de Chamartín fue Manuel Pellegrini. Y, por primera vez en su carrera, Alonso se vio feo delante de un espejo. ‘El Ingeniero’ pareció no entenderle. Xabi se sentía más cómodo como pivote único, y a Pellegrini, en los primeros compases de la temporada, le dio por juntarle con Lass Diarra, un jugador muy físico y de mucho recorrido, pero anárquico posicionalmente. A Alonso le tocaba tapar los agujeros por donde se colaba el agua… hasta que al chileno le dio por apostar por un medio campo de más posesión. Guti, Gago y Granero se fueron turnando los interiores, la mediapunta la ocuparon Kaká o Van der Vaart, y arriba Cristiano e Higuaín daban profundidad y gol. Y ahí Alonso pareció despegar. Con todo el ancho para sí y jugadores por delante con gran lectura de los espacios se le abrieron muchas más opciones de pase, y las pérdidas de balón sucedían más arriba. Y como su capacidad de decisión es, simplemente, perfecta, el Madrid empezó a carburar. El ritmo de puntos de aquel equipo lo certificó como el mejor segundo clasificado de la historia, y en gran parte se debió al cambio de sistema que Pellegrini realizó en Riazor, en el partido del taconazo de Guti y el punto de inflexión tras el ‘Alcorconazo’.

Próximamente: Xabi Alonso a través del espejo (II)

Fuente imagen principal: Clive Brunskill/Getty Images.

Xabi Alonso celebra un gol durante un partido entre el Liverpool y el Blackburn de la Premier League.