Perder mucho para empezar a ganar

Perder mucho para empezar a ganar

En una entrevista con el diario El Mundo, Giorgio Chiellini analizaba las dos finales de Champions perdidas contra Madrid y Barça con una simple frase: «Hay que perder mucho para poder ganar». Chiellini habla de una mochila de frustración y experiencia que otorga un plus para vencer en Europa. Tampoco ha descubierto el fuego: mucho se ha escrito sobre generaciones llamadas a dominar el panorama que se quedaron a las puertas y equipos de capa caída que dieron la campanada. La narrativa de los torneos del K.O. nos hace creer que para ganar hay que pagar un peaje previo y llamar varias veces a la puerta. Sin ir más lejos, esta temporada tenemos en el Sevilla y el PSG los ejemplos de las dos caras de esta sentencia.

Cuando veo al CSKA de Moscú, se me aparece la cara de Roberto Di Matteo en el banquillo del Allianz. Con una plantilla muy veterana y de la que nadie espera gran cosa, la propuesta de juego consiste en que los equipos duren 90 horas en lugar de 90 minutos. Tras una temporada gris, una más sin lograr un relevo generacional para los Ignashevich, Berezutski o Akinfeev (me atrevería a decir que son la defensa más vieja de cualquier liga europea). Juntos ganaron una Europa League hace trece años y esta temporada han dado la gran sorpresa del torneo, eliminando al Olympique en Lyon tras haber perdido el partido de ida en casa. En el CSKA ya no juegan ni Honda, ni Vagner Love. Tampoco tiene talentos como aquel Milos Krasic que enamoró a la Juventus ni los goles de Doumbia. Ha sido un equipo mucho más modesto el que ha devuelto a los caballos a unos cuartos de final de competición europea, los primeros desde que eliminaran al Sevilla en octavos de la Champions de la 09/10.

El CSKA comparte con proyectos como Sevilla o Chelsea una narrativa de fracasos que le dieron poso para competir en Europa

Hasta la irrupción de Pontus Wernbloom como delantero centro, encadenó varios partidos sin marcar y derrotas ante rivales directos que le alejaron del título, pero seis victorias en los últimos siete partidos le han devuelto a la lucha. La última, con gol del sueco para ganar 1-2 en Rostov, en otro partido de Premier Rusa jugado sobre un césped deplorable. Justamente el mal estado del césped en Perm obligó al Amkar a jugar como local en casa del equipo que les visitaba, el Lokomotiv. Y ganaron 2-1 al líder, con dos goles de un cedido por el CSKA, Aaron Olanare. El Loko, que pagó para jugar en casa un partido que debía jugar fuera, se vio arrollado en su estadio y reabre la pelea por el título, con el Spartak a dos puntos (y un partido más) y el CSKA a cinco unidades.

Y aunque Olanare llamó la atención este fin de semana, el único rastro de rejuvenecimiento digno de mención se llama Alexandr Golovin y tiene 21 años. Es canterano del CSKA y la gran aparición del fútbol ruso desde la irrupción de un Alan Dzagoev que se ha quedado un poco por el camino. Arrancó su carrera como interior, pero viene jugando como centrocampista posicional en la selección y ya se ha hecho con el mando del equipo. Es difícil que alguien se plantee ir a por un jugador ruso por los altos salarios que manejan, pero ya el verano pasado sonó para equipos como el Arsenal, que le verá en el Emirates el próximo jueves.

En una temporada mediocre, el CSKA está a cinco puntos del título y a cinco partidos de repetir el título que preside su nuevo estadio. Di Matteo estaría orgulloso de que así fuera.

PD: Ya puestos a hablar de cosas feas, el Ural ha estrenado su nuevo estadio, que será sede del próximo Mundial. Pasen y vean.

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Foto de portada: Vasili Ponomarev

La presión de la anfitriona

La presión de la anfitriona

Cuando en la previa del Brasil-Alemania vimos a David Luiz y Júlio César cantando el himno al borde del llanto y sacudiendo una camiseta del lesionado Neymar, algo parecía no ir bien del todo. De la anfitriona se dijo que disputaba cada partido como al borde del precipicio, sabiendo que entre el repóquer de estrellas que presidían su escudo no había ninguna conseguida en su tierra. Al primer gran contratiempo, la canarinha cosechó una de las derrotas más dolorosas de la historia del deporte.

El pasado viernes, Brasil entregó el testigo de anfitriona a Rusia en Luzhnikí. Sin ser un combinado brillante, el equipo de Cherchesov tiene una identidad (eminentemente defensiva) que palia la falta de grandes estrellas y le permite competir en la mayoría de encuentros que disputa. Sin ir más lejos, los amistosos ante Argentina, España o la primera parte ante Brasil dejaron pocas dudas a menos de tres meses para el Mundial.

Sin embargo, tres zarpazos de la gran favorita en apenas un cuarto de hora convirtieron a Rusia en un flan. Ningún jugador ruso pasó por la zona mixta. A Cherchesov no le quedó más remedio que enfrentarse a la ola de preguntas de los medios rusos, a los que pidió «eliminar la palabra problema del vocabulario», argumentando que lo único que necesita su equipo son pequeños ajustes.

Rusia se enfrenta a una presión mediática desmedida si atendemos a la calidad de su plantilla

A falta de ochenta días para el partido inaugural contra Arabia Saudí, Rusia comienza a notar la presión de la anfitriona. Y, como cuando a Brasil se le exigía ganar en su tierra, Rusia tampoco parece preparada para evitar el ridículo que sería no superar la fase de grupos. En los medios se tiran de los pelos, con críticas al técnico Cherchesov. Por propiciar la retirada internacional de los Berezutski. Por no contar con el mejor centrocampista ruso de la temporada, Igor Denisov, por su conflicto cuando ambos coincidieron en el Dínamo de Moscú. Alguno incluso le critica por no saber controlar a Rausch y Neustädter, dos nacionalizados que fueron cazados de fiesta tras perder con Brasil.


Seguramente Cherchesov pueda ser un técnico poco dado a la innovación. Alexey Miranchuk apenas duró 53 minutos sobre el césped, Denis Cherishev ni siquiera tuvo minutos y su equipo aburre hasta la saciedad. Pero, qué queréis. Es Rusia, un equipo que ni tiene estrellas ni jugadores de segunda fila que le salve los partidos. Rusia vive de jugadores de una liga local decadente, con un sistema que sobrepaga al jugador nacional y le impide madurar en ligas de categoría superior. Ni siquiera tiene a algunos de sus mejores jugadores disponibles, con Dzhikia, Vasin y Kokorin fuera de combate.

Hoy, a ochenta días para el debut, se antoja muy difícil no volver a ver a Cherchesov en esa misma sala de prensa despejando preguntas de la prensa internacional, achicando agua para mantener a flote un bote al que se cuestiona como un grande cuando solo es Rusia.

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El ‘tasbih’ de Berdyev

El ‘tasbih’ de Berdyev

Hay algo en los estereotipos que los convierte en un arma de doble filo. Cuando en 2009 vimos a un equipo ruso ganar en el Camp Nou, en el imaginario colectivo se instauró la imagen de un tipo agradeciendo a los cielos por una victoria de leyenda. Kurban Berdyev es fácilmente el entrenador ruso más conocido de la actualidad, pero la gente lo recuerda como quien evoca a Raymond Domenech o a Bielsa: como un tipo a mitad de camino entre supersticioso y lunático. Que hablen, bien o mal, de uno. Pero que eso no oculte la realidad que subyace.

Berdyev, poco dado a explicarse, facilitó el pasado mes de enero una entrevista de siete horas al diario Sport BO. Los compañeros de Russian Football News han traducido al inglés lo más destacado de ella, donde el entrenador turkmeno habla de su querencia por el juego de posición a pesar de haber creado varios equipos ultradefensivos. Las influencias de Arrigo Sacchi o Maurizio Sarri, al que considera el mejor entrenador de la actualidad. La descripción detallada de por qué juega o no un futbolista de su plantilla. Y, cómo no, las razones para que la temporada del Rubin, la primera tras su marcha en 2013, haya sido tan mala.

En una entrevista de siete horas, Berdyev reflexiona sobre métodos de entrenamiento, sus proyectos en Kazán y Rostov y la nueva etapa del Rubin

«Hice una lista de jugadores, y dije que con esa alineación garantizaba la clasificación a Europa League […] El club estaba de acuerdo, pero entonces salió el tema del Fair Play Financiero y hubo una pausa». La vuelta de Berdyev tras el complicado paso de Javi Gracia obedecía a la llegada de un nuevo actor en el club: el conglomerado Tartar-American Investment and Finance (TAIF) compró el club de manos del gobierno de Tatarstán.

El Rubin sería una entidad privada por primera vez en su historia, con la promesa de una inyección de capital para volver a pelear por el título. El club pudo recuperar a Azmoun o a César Navas, jugadores fundamentales para su técnico. De repente, en pleno verano, la maquinaria se paró. «Primero no puedes traer a este jugador, luego no puedes traer a este otro… Viendo esa situación entendí que la temporada sería difícil», reflexiona el técnico.

Tan difícil como que a finales de agosto apareció en el balance una deuda de 29M€.. Un déficit que no parece gran cosa en un mercado desatado, pero que es un abismo para un equipo que cobra menos de tres millones de euros anuales por los derechos televisivos o menos de dos por la taquilla de toda una temporada.

Pudo vender a Jonathas a última hora, pero el club se quedó con muchas fichas que no podía pagar, como las de Alex Song, Yann M’Vila o Maxime Lestienne. Las cuatro derrotas consecutivas del mes de septiembre coincidieron con el primer mes en que no se pagaron las nóminas de los jugadores. Tan sangrante era la situación financiera del Rubin que algunos jugadores no podían ser alineados porque cobraban un bonus por partido jugado que la entidad no podía asumir.

«Primero no puedes traer a este jugador, luego no puedes traer a este otro… Viendo esa situación entendí que la temporada sería difícil»

Tras 120 días sin cobrar, la Federación Rusa facilitó la ruptura de los contratos entre jugadores y club para permitirles buscar equipo. Si bien es cierto que las ventas invernales han permitido sanear la economía del Rubin, la situación a nivel deportivo se ha resentido. El club tártaro está perdido en la mitad de la tabla, noveno a 12 puntos de las plazas europeas tras la derrota del pasado fin de semana.

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En un césped indigno de un estadio sede del Mundial, el Spartak se impuso 1-2. Quizá el Berdyev de hace unos años habría salido ganando con un campo en estas condiciones, pero la apuesta por tener el balón que ha imprimido el técnico turkmeno cada vez está más avanzada. Quizá para el año que viene podamos esperar el tercer gran proyecto de aquel técnico virtuoso siempre pegado a su tasbih.

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Foto de portada: Vasily Ivanov/Kazan First

Alejandro Barbaro, un argentino al otro lado de Siberia

Alejandro Barbaro, un argentino al otro lado de Siberia

Ya habréis oído hablar del SKA de Jabárovsk. Juanvi Safont radiografió al milímetro a un equipo que no solo vive alejado en la clasificación de la Premier Rusa, sino también a miles de kilómetros de todos sus rivales. «Mi familia está en Buenos Aires y hay 13 horas de diferencia con ellos. Cada vez que quiero hablar con mi hijo se me complica, solo puedo hablar dos veces al día porque cuando aquí es de mañana, en Argentina todavía no han hecho la cena del día anterior. Es mucha diferencia, pero siempre veo el lado positivo de todo».

Alejandro Barbaro (20 de enero de 1992, Lomas de Zamora, Argentina), jugador argentino del SKA, ilustra la dificultad de jugar al otro lado del mundo. Con experiencia en clubes como Banfield o Nacional de Montevideo, llegó a Rusia con la expectativa de poder lucirse y llegar a alguna de las grandes ligas europeas tras curtirse en Sudamérica. «En Nacional pude coincidir con Abreu, Eguren, Fucile, Seba Fernández… Grandes jugadores de los que he aprendido un montón. El mismo Nacho Fernández ha jugado en todos lados y eran una referencia para mí. Nos quedamos con la espina de perder contra Boca y no poder ganar la Libertadores, que es un gran sueño para todos en Uruguay, pero sentir la exigencia de un grande como Nacional y el cariño de toda su gente fue una experiencia maravillosa».

El equipo de Alejandro Barbaro recorre medio continente en cada una de las 15 salidas que marca el calendario liguero desde un rincón bastante ajeno al mundo occidental

El relato de Barbaro resultaría increíble si no tuviéramos un mapa en la mano. Su equipo recorre medio continente en cada una de las 15 salidas que marca el calendario liguero desde un rincón bastante ajeno al mundo occidental. «Tengo dos compañeros que hablan inglés y con ellos tengo más relación, pero para todo lo demás tengo que ir con un traductor al lado que me ayude a relacionarme. Es complicado, pero son sacrificios que uno tiene que hacer».

Fuente: Undergroundfootball.com

A falta de ocho jornadas para el final del campeonato, el colista visitaba esta semana la casa del equipo más en forma del torneo, la del Spartak de Moscú. Sin Barbaro en el once, la estrella fue el veterano portero del SKA, Alexander Dovbnya. Con once paradas, entre ellas un penalti detenido, dejó a los suyos muy cerca de la victoria. «Hay muchos partidos que perdemos por detalles, en los últimos minutos» advertía Barbaro en la entrevista antes del partido. Es el principal mal de «un club grande, con unas instalaciones magníficas que no se ven en todas partes en Sudamérica». Como si de una premonición se tratara, Fernando pondría una falta inalcanzable ya en el tiempo de descuento que dejaría al SKA sin puntos y con una salvación bastante complicada.

«Jugar aquí es difícil. Es otra cultura, otro idioma, otro clima… Incluso otra forma de ver el fútbol. Muchas veces jugamos con cinco defensas y para un delantero a veces es complicado. Pero es una liga que paga bien, con buen nivel y que puede abrirte una puerta a jugar en las grandes ligas. De momento está bien, en verano veremos qué pasa», concluye nuestro protagonista de esta semana.

LA PELEA POR LA LIGA

Fue un partido denso de un Spartak que cerca estuvo de pinchar, en una semana donde Krasnodar y Zenit volvieron a facilitar al Lokomotiv su camino hacia el título con sendos empates a cero ante Dinamo y Rostov. Tan solo el CSKA pareció dar la cara ganando en Chechenia ante el Akhmat Grozny para homenajear a los gemelos Berezutski, que la pasada semana anunciaron su retiro de la selección nacional.

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Foto de portada: Amurmedia.ru

El derbi de la marmota

El derbi de la marmota

En Rusia pasan las jornadas igual que los días sin sol. Ni siquiera el parón invernal cambió un día de la marmota constante en una jornada que lo tenía todo para ser apasionante. En el derbi de Moscú, se cruzaban los dos mejores equipos del país. El sorprendente líder, el Lokomotiv, recibía al equipo más en forma, el Spartak, que lleva desde agosto sin conocer la derrota en liga. Antes de invierno, los de Massimo Carrera se ganaron el derecho a reengancharse a la pelea por el título, ganando en casa a Zenit y CSKA y mostrando la clasificación liguera con orgullo tras cada golpe sobre la mesa. El Loko, sin embargo, tenía bastante que decir al respecto.

El RZD Arena registró el primer lleno en años con la esperanza de ver brillar a los Miranchuk, Fernandes o Ari, a los Promes, Glushakov y Luiz Adriano…

El RZD Arena registró el primer lleno en años con la esperanza de ver brillar a los Miranchuk, Fernandes o Ari, a los Promes, Glushakov y Luiz Adriano… Y se encontraron un espectáculo difícil de digerir. Entre tantas estrellas, un secundario se llevó todos los titulares: Vladislav Ignatjev, el veterano lateral del Loko que sacó en la línea la única ocasión para deshacer el 0-0 final. En plena primavera, la nieve convirtió un partido atractivo en un espectáculo donde apenas se veía la pelota. La Federación Rusa olvidó encargar un balón para la nieve y los telespectadores nos entretuvimos con un recital de balones aéreos, choques, codazos e interrupciones. No era mal plan para el Lokomotiv, desde luego. Los de Yuri Semin partían con ocho puntos de ventaja respecto al segundo, prácticamente sin duelos directos en lo que resta de campaña y sabiendo que el Zenit había vuelto a pinchar. Todo despejado para centrarse en la eliminatoria europea ante el Atlético de Madrid.

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EL SHOW DE ROBERTO MANCINI

Hablando del día de la marmota, volvió a pinchar el Zenit. Si contáramos solo las últimas diez jornadas, sería décimo con tan solo dos victorias. Los de Mancini, con la mejor plantilla del campeonato, volvieron a regalar una oportunidad de recortarle puntos al líder tras empatar en casa contra el antepenúltimo, el todopoderoso Amkar de Perm. Tras el partido, Mancini echó balones fuera respecto al mal juego del equipo y se limitó a repetir irónicamente que el árbitro era «el mejor de Europa» y quejarse de que el club no ha invertido bien en el mercado invernal, donde el Zenit ha pagado 10 millones más para intentar rescatar una temporada que se está haciendo muy larga. Por poner en perspectiva la inversión en fichajes desde que llegó Mancini el pasado verano, hay un dato revelador: el Zenit se ha gastado 20 millones más que los otros 15 equipos de la liga juntos.

No contento con la mera queja en rueda de prensa, el Zenit ha presentado una queja formal a la federación rusa. No por ninguna de las dos rojas que vieron los de Mancini, si no por un tecnicismo: el árbitro sacó la segunda amarilla a Zaytsyev, un jugador del Amkar al que tuvieron que atender los médicos fuera del campo. Zaytsyev no volvió a entrar al campo y el colegiado no le mostró la roja. El Zenit ha pedido que se repita el partido entero pese a que el fallo del árbitro no influyó en el resultado, lo cual no habla muy bien de la habilidad del club para arreglar la situación del equipo.

Desde que el pasado mes de noviembre quedara el puesto de seleccionador italiano vacante, Mancini no ha parado de sonar para ser el sucesor de Gian Piero Ventura

Desde que el pasado mes de noviembre quedara el puesto de seleccionador italiano vacante, Mancini no ha parado de sonar para ser el sucesor de Gian Piero Ventura. Su contrato de tres años, a razón de 8 millones de euros por temporadas son el gran obstáculo de la operación. Aunque Roberto parece capaz de llevarse el despido de Rusia, donde su familia no se encuentra a gusto, el dinero de la indemnización y un nuevo puesto en Italia.

Con este empate, el Zenit cae de la segunda a la quinta plaza. Y el heredero del pelotón que sigue al escapado Lokomotiv es otro desconocido del fútbol ruso: el Krasnodar, que viene haciendo las cosas bien con el dinero del multimillonario armenio Sergey Galitsky y los goles del ‘9’ de Rusia, Fédor Smolov, al que su agente quiso colocar en media Europa durante el parón invernal. Hoy, la clasificación muestra cómo los tres grandes candidatos al título, Spartak, Zenit y CSKA, son superados por dos equipos muy lejos de tener su bolsillo el año que la Premier rusa recupera las tres plazas para la Champions.

Foto de portada: Alexander Fedorov (Sport Express)

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Un clásico ruso

Un clásico ruso

Un clásico ruso es ver bengalas en las gradas, nieve en el campo y algún extranjero marcando diferencias. A este clásico ruso, el clásico de los clásicos, concurren dos equipos que nacidos en estratos sociales bien distintos: el CSKA, equipo del ejército ruso en tiempos de la URSS, contra el Spartak, conocido como equipo del pueblo, por no estar afiliado a ningún organismo de la sociedad soviética.

El gran clásico del fútbol ruso enfrenta al CSKA, equipo del ejército ruso en tiempos de la URSS, contra el Spartak, conocido como equipo del pueblo, por no estar afiliado a ningún organismo de la sociedad soviética

Son los dos grandes equipos de Rusia. Y pocas cosas más clásicas que ver a los equipos rusos más potentes pegándosela en la Champions. En la previa del Spartak-CSKA, las pantallas gigantes del estadio mostraron un vídeo épico. Relataban hazañas históricas del Spartak, partidos a color y en blanco y negro. Hablaba de victorias en Mánchester, Madrid o… Liverpool. Las carcajadas de los ultras del CSKA, extasiados por el 7-0 de Anfield, todavía resuenan en el estadio.
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Y es que un clásico ruso es mofarse del rival. A los aficionados del CSKA se les llama popularmente caballos, haciendo referencia a la caballería del ejército. Los ultras del Spartak aprovecharon la ocasión para mostrar a un espartano, símbolo del club, cabalgando cuatro caballos con los colores del CSKA.

También se está convirtiendo en un clásico ver ganar al Spartak. Lleva casi una vuelta entera sin conocer la derrota y cinco partidos seguidos ganando en la Premier rusa. El clásico servía para que uno de los dos se reenganchara a la pelea por el título y los chicos de Carrera, que llegaron a ir décimos en el campeonato, han aprovechado la oportunidad.

El Spartak al Spartak lleva casi una vuelta entera sin conocer la derrota y suma cinco partidos seguidos ganando en la Premier rusa

Quincy Promes es, sin lugar a dudas, el jugador de mayor proyección de la Premier rusa. Lo volvió a demostrar con dos goles y un recital de conducciones que rompieron a una zaga tan endeble como la del CSKA. Camino de los 39 años, Sergei Ignashevich fue titular en un encuentro de máxima exigencia y demostró por qué no irá al Mundial de Rusia.

A los golpes, el Spartak siempre golpea primero. Pero la ausencia de un mediocentro posicional deja muy expuesto al equipo, por lo que rápidamente Carrera ordenó un repliegue intensivo que tan solo Vitinho y Dzagoev amenazaban con romper. Luiz Adriano, todo un portento, aguantaba la pelota ante dos y tres rivales para dar oxígeno constante a su equipo y generar dos goles más para la fiesta rojiblanca pese a la exhibición de Igor Akinfeev.

Mención aparte merece otro de los clásicos rusos: los ultras pasándose de la raya. Pese a los controles exhaustivos a todos los visitantes, los radicales siempre consiguen colar decenas de bengalas. Da igual que se juegue en el vetusto Petrovsky o en una sede mundialista como el estadio del Spartak. En el clásico del fútbol ruso, los ultras empataron a uno. Primero los del Spartak pararon el juego, antes de que los del CSKA inundaran el estadio de humo y suspendieran el partido cinco minutos más. La estampa del partido perfectamente podría haber sido un partido disputadísimo bajo la nieve, pero los mismos de siempre se encargaron de que no fuera así.

Nahuel Miranda (Underground Football / Todos los derechos reservados)

Ahora se viene otro clásico ruso, el parón de invierno. En marzo, con la llegada de la primavera, volverá esta columna para intentar hacer más amena la llegada del verano mundialista.

Fuente imagen principal: Nahuel Miranda (Underground Football / Todos los derechos reservados)