Fin de ciclo en la Premier rusa

Fin de ciclo en la Premier rusa

Se acabó la Premier rusa y cuesta encontrar un ganador. Sí, la liga se la llevó el Lokomotiv, pero la temporada deja muy pocos proyectos a futuro que auguren un salto de calidad significativo. El propio Lokomotiv tan solo sería sexto si solo contáramos los puntos obtenidos en la segunda vuelta. A los de Semin solo le han hecho falta 60 puntos para ser campeón ruso. O lo que es lo mismo, una media de dos puntos por partido, en riguroso cumplimiento de la media inglesa. Puede parecer una buena cifra, pero es menor que la del Real Madrid 17/18, tercero de La Liga en una de las peores campañas ligueras que se le recuerdan.

Con los números en la mano, el Loko es uno de los peores campeones de la historia de Rusia. Para encontrar un campeón con menos puntos hay que remontarse hasta hace diez años, cuando un Rubin Kazán ya campeón perdió sus últimos tres partidos. Y nunca, en casi 25 años con el actual formato, hubo un vencedor con menos goles a favor, con solo 41 en 30 partidos. Todo esto habla mal de la locomotora, pero aún peor de sus competidores. Al fin y al cabo, su once más habitual apenas costó cinco millones y medio de euros y venía de quedar octavo la temporada pasada. ¿Qué hay del resto?

UNA ARISTOCRACIA VENIDA A MENOS

Del Zenit hemos hablado largo y tendido. El pasado verano firmaron a Mancini, se cargaron a jugadores de buen rendimiento como Danny, Giuliano, Luís Neto, Shatov o Dzyuba para traer a un ejército de argentinos cuya adaptación ha sido problemática. El principal valedor del entrenador italiano, el director deportivo Konstantin Sarsania, fallecía súbitamente en octubre, algo que claramente cambió la dinámica de un club que arrancó la temporada por todo lo alto, con goleadas en Rusia y en Europa.

Si juntamos los últimos dos mercados, el Zenit se ha gastado 94 millones de euros en traspasos, más que los otros quince equipos de la liga juntos. En el último mes y medio, los de Mancini han perdido contra el Krasnodar de Shatov con gol de Shatov, contra el Arsenal Tula de Dzyuba, con gol y asistencia del ariete ruso y ha visto como el Lokomotiv le levantaba la liga en la cara mientras le dejaban sin Champions. Antes del último partido de liga, el club hizo oficial la rescisión amistosa del contrato con Mancini, que será el próximo seleccionador italiano. Se va de San Petersburgo, por la puerta de atrás, confesando que la decisión está tomada desde febrero.

Más en forma llegó el Spartak al tramo final, pero tres derrotas en los últimos cinco partidos más la eliminación ante el Tosno en Copa les han dejado sin títulos y sin puesto directo para la Champions. La misión parecía fácil: tan solo necesitaba ganar en casa en la última jornada para asegurarse ser subcampeón, pero el Dinamo se llevó un derbi que termina de hundir a un equipo muy irregular. Empezó la temporada 11º tras la jornada 7, encadenó 18 partidos sin perder y se desfondó cuando tenía a tiro un doblete histórico. A Carrera, técnico del Spartak, le preguntaron cuales habían sido los dos partidos más memorables de la temporada. «Ganarle 5-1 al Sevilla y perder 7-0 en Liverpool. Esto es el Spartak», sentenció.


El CSKA es uno de los pocos que queda contento con la temporada, por atrevido que parezca. Al fin y al cabo, son el equipo ruso más laureado de la década y apenas han sido subcampeones de liga y cuartofinalistas de la Europa League. La realidad es que bastante han hecho con sobrevivir. El equipo del ejército lleva desde 2014 sin pagar más de un millón de euros por un traspaso. La construcción del nuevo estadio y las pérdidas que la Guerra del Donbás ha ocasionado al presidente del club, el ucraniano Evgeny Giner, han dejado telarañas en las arcas.

El técnico, Viktor Goncharenko, ha superado con creces la misión de suceder al mítico Leonid Slutski con una economía de guerra. Ya asentado como hombre fuerte en el banquillo, el futuro inmediato le depara la titánica tarea de reemplazar a los tres centrales titulares del equipo, los gemelos Berezutski (36) y el eterno Ignashevich (38), todos ellos presentes en la Copa de la UEFA ganada en 2005. Hasta ahora, el técnico bielorruso ha podido ir tapando ausencias tirando de cantera y colocando a Pontus Wernbloom donde hiciera falta. El sueco ha jugado en su posición, de centrocampista defensivo, alternando con partidos como central y como delantero centro. Acaba contrato y no renovará con el club, como tantos otros.

En cuanto a las salidas, muy mal se tendría que dar el verano para que nadie saque a Alexandr Golovin del CSKA. El centrocampista ruso, de 21 años recién cumplidos, será la gran estrella de su selección en el Mundial tras una temporada donde lo ha sido todo para su club. Y mucho ojo con el futuro de Fedor Chalov (20), que está en la preselección de Cherchesov para la Copa del Mundo y es el primer jugador del club en marcar un hat-trick en liga en 16 años, tras hincharse a golear en categorías inferiores. Entre unas cosas y otras, el CSKA necesitará seis o siete altas de nivel este verano. ¿Hasta dónde llegará el dinero de la Champions?

En Krasnodar el dinero no es problema. Fundado en 2009, el club tiene sin lugar a dudas la mejor cantera del país. A fuerza de rublos, han ganado la liga de filiales y asegurado el cuarto puesto que da acceso directo a la Europa League. En la Youth League les eliminó el Real Madrid en los penaltis, con 34.000 personas en las gradas. El proyecto tiene buena pinta, pero la del Krasnodar era una de las tres mejores plantillas del torneo y había que pedirle el acceso a la Champions. El equipo ha repuntado de la mano de Murad Musaev, pero quizá la segunda competición europea no sea suficiente para mantener al mejor delantero de la liga, Fedor Smolov.

La gran mayoría de proyectos de la Premier rusa parecen tener poco recorrido

ALGUNOS BROTES VERDES

Una liga tan apretada por arriba repercute irremediablemente en una clase media más poderosa. Y efectivamente, la Premier rusa ha pasado a estar claramente dominada por una burguesía de cinco o seis equipos a dejar solo 12 puntos entre los puestos de Europa League y el descenso.

El Ufa, fundado en 2009, jugará en Europa por primera vez en su corta historia. El Dinamo ha pasado de jugarse la permanencia y su existencia a marcarse una recta final de temporada bastante digna. El Arsenal Tula podría asentarse en la parte alta con un bloque bastante equilibrado encabezado por un enrachado Artem Dzyuba, y proyectos como Rostov o Rubin Kazan tienen mimbres para reflotar. Sin embargo, la crisis de resultados de los de arriba hace pensar que muchos de esos mimbres podrían cambiar de aires tras el verano. Por lo pronto, Sergey Semak, entrenador del Ufa y leyenda del Zenit, es el principal candidato a reemplazar a Mancini, y me cuesta imaginar a Dzyuba lejos de San Petersburgo tras su explosión goleadora al sur de Moscú.

DOS DESCENSOS PECULIARES

Un caso para analizar aparte es el del Tosno. A sus cinco años de vida, ascendió por primera vez a la Premier rusa y ganó su primer título. La final más underground de la Copa de Rusia enfrentó al Tosno y al Avangard de Kursk, un equipo de media tabla de la segunda división. Como ganador de la Copa, el Tosno aspiraba a jugar la Europa League la próxima temporada, pero el club no pudo pedir la licencia por problemas financieros y su puesto lo ocupará el ya citado Ufa, sexto de la liga. No contento con arrebatarle la plaza, el Ufa les endosó un contundente 5-0 que certifica el descenso del club y pone su futuro en entredicho.

La propiedad del Tosno vinculó una parte del presupuesto a una inversión externa que ni ha llegado ni se espera, teniendo que recurrir a patrocinadores menores que les permitan tapar el agujero de tres millones de euros en sus arcas. Los jugadores han sufrido impagos, y el descenso supone una grave amenaza para la supervivencia de un club nómada. El pasado verano decidieron mudarse a San Petersburgo, perdiendo la escasa masa social que tenían en favor de conseguir el abandonado Estadio Petrovski para competir en la élite. Ahora, se rumorea que podrían fusionarse con el Báltica de Kaliningrado para frenar la caída y quedarse en Segunda. No deben existir muchos clubes capaces de ganar un título y desaparecer en la misma temporada.

Justo debajo quedó el colista SKA de Jabárovsk, ese equipo que juega a 500 kilómetros de la frontera rusa con Japón. El SKA, descendido desde diciembre, tiene el dudoso honor de no haber podido marcar un gol en la Premier rusa en todo 2018. Otro nivel.

Y hasta aquí la temporada en Rusia. Esta columna buscaba entretener al lector hasta que llegara el Mundial. Hoy, a falta de 31 días para que empiece a correr el balón, empezamos a ver el final de esta espera de tres años y once meses.

Aquí, todas las columnas desde Rusia de la temporada.

Foto de portada: Guilherme ofrece el trofeo de la Premier rusa a la afición del Lokomotiv (Daria Isaeva – Sport Express)

Ese extraño elemento llamado Éder

Ese extraño elemento llamado Éder

Nadie vio de quien fue el gol. En el minuto 86 una sombra negra y vertiginosa al primer palo para cerrar la Premier rusa y todos pensamos en Farfán, el diente del Lokomotiv esta temporada. O quizá Manuel Fernandes, el alma renqueante de este equipo. Tuvimos que mirar dos veces antes de reconocer al inesperado héroe de la tarde.

Éderzito António Macedo Lopes dijo de la Eurocopa de 2016 que fue ‘el torneo de los sueños’. «Equipos de los que nadie esperaba mucho lo hicieron muy bien. Gales lo hizo. Islandia lo hizo. Yo lo hice». El gol de Éder le dio a Portugal su primer gran título internacional.

Al Lokomotiv llegó tras un periplo tortuoso. Nacido en Guinea-Bissau, su familia se mudó a Portugal cuando él tenía dos años. Buscaban una vida mejor, pero la aventura acabó con Éder en un orfanato de Coimbra. Su padre está condenado a cadena perpetua por el asesinato de su madrastra en 2003 y hace poco recobró el contacto con su madre.

En el campo era el patito feo, siempre ridiculizado. Ese delantero tosco que no sabía tirarle una pared a Cristiano Ronaldo. En el Lokomotiv apenas había podido marcar tres goles en toda la liga. Farfán, extremo de formación, ha sido el nueve titular del equipo. Y la primera opción desde el banquillo solía ser el brasileño Ari. Ayer, contra todo pronóstico, entró para cerrar la primera Premier en catorce años para el Lokomotiv.

El broche fue cosa de Éder, pero este equipo es mucho más. Manuel Fernandes ha pasado de ser un centrocampista exuberante y caótico en el Valencia a dominar los tempos de la Premier rusa. A Jefferson Farfán lo rescató del retiro un antiguo ojeador del Schalke 04, Erick Stoffelhaus. A Igor Denisov lo recuperaron para la causa tras pelearse con media Rusia por un carácter controvertido que le costará no jugar el Mundial.

Éder no es el principal responsable para explicar este título, pero sí uno de los que mejor define lo que es el club: el equipo de las segundas oportunidades. El club que acogió a los gemelos Miranchuk cuando el Spartak los descartó de su academia. El Lokomotiv es Yuri Semin, el técnico que fue jugador, segundo y presidente. El tipo que tras 70 años de vida y 600 partidos en la casa, rompió a llorar tras completar su última obra.

A la locomotora se le ha hecho muy largo el final de temporada. A Fernandes le machacaron los problemas físicos y el equipo bajó varios escalones en su rendimiento. Todo le costaba en este final de temporada, pero enfrente estaba el Zenit, especialista en revivir a los muertos. En el partido de ida, los de Mancini perdieron el liderato en casa ante el Loko, en un 0-3 que marcaría un antes y un después en el campeonato. En la vuelta vivieron impasibles como un tren les pasaba por encima mientras se les escapaba la Champions por tercera temporada consecutiva.

Aun así, el gol se resistía. El Lokomotiv lo probó hasta la desesperación. Incluso el speaker del estadio se aventuró a cantar un gol anulado por error, con el consecuente rastro de confeti en el césped. Tuvo que llegar ese extraño elemento llamado Éder para hacer el sueño realidad sin saber muy bien cómo. Otra vez él.

Fuente imagen principal: Agencias.

El ruido de la Locomotora

El ruido de la Locomotora

«Uno de los chicos me decía: “míster, los primeros veinte minutos no podía mover las piernas”». En el fantástico Asado Reservado, el Cholo Simeone habló largo y tendido sobre la psicología de una recta final de liga eterna. Y quizás, esta frase sintetice gran parte de las emociones que al jugador de élite se le cruzan por la cabeza cuando tiene un campeonato al alcance de la mano.

Cuando el Spartak perdió contra el Akhmat, el cartel de favorito no podía ser más grande para el modesto Lokomotiv. Catorce años más tarde, se encontraba a dos puntos de ganar la Premier Rusa. Incluso el twitter oficial de la liga publicó una encuesta que preguntaba a los usuarios cuándo creían que el Lokomotiv ganaría la liga. La encuesta incluía la posibilidad de que la perdieran. A ojos de todos, esta liga solo la podía perder el Loko.

Como en el béisbol, el Loko tendría tres intentos para ganar el torneo. Contra tres rivales complicados, sí. Pero solo necesitaba dos empates en tres partidos. El primer championship point era en Krasnodar, contra un equipo que se juega la Champions y con 5.000 hinchas visitantes en las gradas.

Durante la previa se habló del interés del Krasnodar en firmar a Alexey Miranchuk, la gran perla del Lokomotiv. También sonó Ancelotti para entrenar al club de Cherizkovo la próxima temporada. Un rumor misteriosamente desaparecido tras el partido. Hablamos del típico ruido alrededor del líder que se acerca al objetivo. Como cuando se hablaba de Arda Turan y el Barça, o de si Courtois iba a poder jugar las semis de Champions contra el Chelsea.

Era curioso ver cómo iba a manejar la presión un equipo tan inexperto. Pese a tener una media de edad superior a los 28 años, tan solo tres de los once que dispuso Semin en Krasnodar habían ganado alguna liga en su carrera. Y el capitán Denisov es el único con un entorchado liguero que no tenga más de diez años. Si al Atleti de Simeone le temblaban las piernas contra el Levante, ¿qué podríamos esperar del Lokomotiv en casa de uno de los equipos del momento?

Simeone, sobre la liga del Atleti en 2014: «Para los que no estamos acostumbrados a salir campeón, como el Atlético de Madrid que llevaba 25 años sin ganar, es muy difícil. Quieras o no, las piernas empiezan a pesar y empiezan a bloquearte. No sabés por qué, no podés jugar»

No me gustaría jugarme el trabajo de un año en un duelo con Fedor Smolov. Al ‘9’ de Rusia se le caen los goles que el Lokomotiv ya no hace. Ya son cinco horas de fútbol sin contar un gol de la locomotora, que tuvo dos ocasiones clarísimas para adelantarse en Krasnodar, pero acabó cayendo tras dos fallos garrafales. Alexey Miranchuk agarró al delantero dentro del área cuando el delantero estaba escoradísimo. Smolov anotó, robó la pelota a los centrales tras el saque de centro y puso el 2-0 en dos minutos.

En rueda de prensa, le preguntaron a Yuri Semin si creía que alguien estaba intentando desestabilizar al equipo. Y el entrenador picó en el anzuelo y confirmó la sospecha. Afirmó creer que el Lokomotiv tiene una quinta columna, expresión que hace referencia a un grupo de conspiradores internos que colabora con el enemigo. Sea cierto o no, parece una manera poco idónea de capear la enorme presión. El Lokomotiv solo necesita dos puntos más para cerrar un año histórico. Pero cada vez parece más difícil intuir cómo va a conseguirlos.

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Foto de portada: Alexey Miranchuk se lamenta tras el penalti sobre Smolov | Daria Isaeva/Sport Express

Feliz cumpleaños, Spartak

Feliz cumpleaños, Spartak

En la semana de su 96º cumpleaños, el Spartak soñaba con una gesta histórica: un doblete de Liga y Copa que no parecía tan lejos. La historia empieza hace diez días: con un partido más que el Lokomotiv, el equipo del pueblo estaba a solo dos puntos de la cabeza. Y con el líder dejándose puntos y fieles, peligraba la primera liga para el Loko 14 años más tarde.

Encima el Spartak iba para arriba, con cuatro goles de Quincy Promes en dos partidos y el mejor juego de la temporada. Si liquidaban un calendario afable, sin ningún rival del top-6 y solo uno del top-10, el título les caería sin mayor oposición. Hace dos sábados, Promes marcó su quinto gol en tres partidos, pero el Spartak cayó ante el Ural en Yekaterimburgo. No iba a ser un camino de rosas.

Pese al tropiezo, al Spartak le quedaba la Copa. Jugaba las semifinales en casa y a partido único contra el virtualmente descendido Tosno. En dieciseisavos cayeron diez de los dieciséis equipos de Premier Rusa, todos ante rivales de menor división. Entre los caídos estaban Zenit, Lokomotiv, CSKA o Krasnodar. En otras palabras: todos los favoritos menos el Spartak. Massimo Carrera podía verse en una final de Copa venciendo a un tercera, dos segundas y un primera ya descendido y azotado por los impagos. Y en la final, contra otro segunda de media tabla, puesto que Avangard de Kursk y Shinnik se enfrentaban en la otra semifinal.

En dieciseisavos de Copa cayeron diez de los dieciséis equipos de Premier Rusa, todos ante rivales de menor división

En el día del 96º aniversario del Spartak, la fiesta estaba cantada. A falta de cinco minutos, ganaban 1-0 y les esperaba la final. Roman Pavlyuchenko admitió que para entonces ya se había ido del estadio, con la sensación de partido resuelto. Encima el Lokomotiv iba empatando en casa contra pronóstico y le daba una bola extra para pelear la Premier Rusa. Lo extraño es que pese a acabar 0-0, el fondo ultra del Lokomotiv cantó uno de los goles más bonitos de la temporada: el que eliminaba al Spartak de la Copa. Una copa que llevaba su nombre, pero que un gol del Tosno en el minuto 88 llevó a la prórroga, a los penaltis, al fallo del capitán Glushakov y al acierto de Nuno Rocha que hacía saltar la sorpresa.

Este pasado domingo llegaría la última oportunidad. El Lokomotiv volvía a regalar dos puntos en casa, ante el pujante Ufa. Si el Spartak ganaba al Akhmat, se ponía a cuatro puntos a falta de tres jornadas. Se volvía a meter, vaya. Pero un contundente 1-3 ha puesto la casa del equipo del pueblo patas arriba. Carrera ha declarado que es el peor momento del Spartak en dos años y peligra el puesto para la próxima Liga de Campeones. Y con el puesto en liga, el puesto del entrenador italiano, que hace un año le daba al equipo su primera Premier Rusa en dieciséis años. Una Liga que ganaron justo la última vez que el Akhmat pisó el Spartak Stadium.

Sobre Artem Dzyuba

«El español es consecuente con sus amores y sus odios, sobre todo con sus odios». No iba mal encaminado Pérez-Reverte al hablar del poder de odio. De la venganza, ese odio llevado a lo pragmático. La que buscaba La Novia cuando quería matar a Bill. La del Ciudadano Ejemplar cuando que se rebeló contra el sistema que salvó a los asesinos de su familia. La venganza es potente, porque te da un objetivo concreto y el fuego interno para ir a por él.

Artem Dzyuba era el delantero titular del Zenit y la selección rusa. Pero la llegada de Cherchesov primero y de Roberto Mancini después le dejaron sin minutos y sin internacionalidades en el mejor momento de su carrera. El Arsenal de Tula decidió jugársela por él en el mercado invernal para intentar llegar a Europa. No ha ido mal; el chico lo ha jugado todo, con cuatro goles y dos asistencias en siete partidos. Aunque el partido de este fin de semana se lo tenía que perder: jugaban contra su Zenit, que incluyó una cláusula del miedo en su cesión.

La venganza se sirve fría, pero Dzyuba se calentó: pagó 150.000 euros de su bolsillo para obviar la cláusula y poder enfrentarse a sus ex. Y ya conocen la ley del ex: una asistencia abría el partido para el Arsenal, y cuando el Zenit consiguió ponerse 2-3, Dzyuba marcó y se lo dedicó al banquillo que presidía Mancini señalándose el dorsal, como si fuera Django cargándose de una a todos los que alguna vez le sometieron.

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Foto de portada: Luiz Adriano se lamenta tras perder ante el Akhmat Grozny | Alexander Fedorov/Sport Express

El diablo viste de Louis Vuitton

El diablo viste de Louis Vuitton

Cuando a las selecciones les dieron a elegir dónde quedarse durante el próximo Munidal, la decisión de Egipto se llevó varios titulares. Sí, selecciones como España, Colombia o Brasil se habían alejado del foco, apartadas de las grandes urbes. Pero ninguna de ellas eligió una ciudad que lleva menos de una década completamente controlada por Rusia.

Los balcánicos eligieron Grozny, la capital de Chechenia, una región que ha vivido dos guerras contra Rusia y una ocupación militar de quince años. Una ciudad catalogada por la ONU en 2003 como la más destruida del mundo. Cuando las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Rusia, Bielorrusia y Ucrania decidieron unilateralmente deshacer la URSS en 1991, un mar de oportunidades se abrió a su alrededor. Varias repúblicas independientes dentro del territorio ruso pidieron más autonomía, en un tira y afloja que Chechenia, rica en petróleo, llevó demasiado lejos y causó entre 200.000 y medio millón de bajas.

El encargado de reconstruir la región sería el excéntrico Razman Kadýrov. hijo de un ex presidente de Chechenia asesinado por una mina terrestre y presidente de la región desde 2007. Kadýrov, siempre imprevisible, serviría al gobierno central para controlar una zona especialmente conflictiva. A cambio, el gobernador tendría casi total libertad. Y dentro de esa libertad entra su equipo de fútbol: el Akhmat Grozny.

Kazman Kadýrov enseña el Akhmat Arena al ex primer ministro ruso, Dimitri Medvédev (Foto - Wikipedia Commons)

Kazman Kadýrov enseña el Akhmat Arena al ex primer ministro ruso, Dimitri Medvédev (Foto – Wikipedia Commons)

Quizá recuerde el club como Terek Grozny, nombrado así en honor al principal río de Chechenia. Pero el pasado verano, el presidente decidió renombrarlo en honor de su difunto padre, Akhmat Kadýrov. Y es que Razman es uno de esos tipos provincianos que buscan en el fútbol un elemento que les dé el protagonismo que nunca tuvieron. Para la inauguración del nuevo estadio, pagó a un all-star de brasileños retirados, con Romário, Dunga o Bebeto como cabezas de cartel para jugar él mismo contra ellos. En esa misma temporada, fichó a Ruud Gullit como entrenador y le permitía ir a Grozny solo para los partidos. No duró mucho. Al senegalés Ablaye Mengue, delantero del equipo, decidió regalarle dos coches tras una buena racha goleadora. Mengue no sabía conducir y decidió vender los coches y quedarse con el dinero. Sus constantes comentarios homófobos y las acusaciones de asesinato de activistas contra el régimen de Putin no le impidieron organizar el primer partido de la selección rusa en su ciudad. Incluso ha convencido a Ronaldinho para que pasearse por Grozny, como si de un trofeo viviente se tratara.


Al más puro estilo Shakhtar Donnetsk, se ha dedicado a traer brasileños de perfil bajo que incrementaran el nivel del equipo y le permitieran competir en la Premier Rusa. Quizá la plantilla no fuera la más cara de la liga, como pudieron ser las de otros clubes con caciques al frente como Kuban Krasnodar o Anzhi. Pero Kadýrov priorizó gastarse 280 millones de euros en un estadio que aspiraba a acoger el Mundial y también lleva el nombre de su progenitor. Un sueño utópico: ¿cómo iba una región donde hace diez años se sucedían los atentados de los rebeldes acoger un evento que debe mandar un mensaje de unidad al resto del mundo? De ahí las críticas al caso de Egipto.

Tras tanta opulencia reside un trasfondo bastante más gris: el de una región a medio restaurar que todavía sufre las consecuencias de la guerra. Kadýrov, como el célebre instragramer que es, gusta mucho de las apariencias. Este fin de semana, el Akhmat se jugaba el descenso contra el modesto Tosno, del que hablamos aquí. El Akhmat ganó 1-0 y se vio a los suplentes arropándose con mantas de Louis Vuitton. En el banquilo de al lado, los jugadores del Tosno recibieron esta semana una noticia menos halagüeña: el club no tiene dinero para pagarles.

EL SPARTAK PONE EL TÍTULO EN BANDEJA

El Lokomotiv arrasó al Dinamo en uno de los tantos derbis de Moscú y ya le saca cinco puntos a un Spartak que se la pegó en Ekaterimburgo. Necesita sacar siete puntos en cinco partidos, con lo que le sobraría con ganar los tres partidos que le restan como local para ser campeón por primera vez en catorce años. El Ekaterimburg Arena vivió su primera tarde de gloria. Podríamos hablar largo y tendido sobre un estadio que se construyó con menos capacidad de la que pedía la FIFA y sufrió una reconstrucción bastante chapucera. Pero mejor dejar que las imágenes hablen por sí mismas.

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Foto de portada: Los jugadores del Akhmat Grozny, abrigados con mantas de Louis Vuitton| Imagen: Match TV

Una lágrima por San Petersburgo

Una lágrima por San Petersburgo

De Pedro el Grande se dice que fue el mejor zar que ha tenido el Imperio Ruso. Un adelantado a su época, que renegaba de los dogmas religiosos y quiso acercar las bonanzas de la ciencia y Occidente a la ciudad que lleva su nombre. Una ciudad inspirada en Ámsterdam, el gran amor del zar junto con el Renacentismo italiano que impregna gran parte de los monumentos de la ciudad.

San Petersburgo no tiene nada que envidiar a Moscú como ciudad, aunque el fútbol es otra historia. Spartak, CSKA, Lokomotiv, Dinamo o incluso Torpedo han eclipsado a la que fuera capital rusa. Y más tras un fin de semana donde el Zenit se ha descolgado definitivamente de la pelea por el título mientras tres equipos de la capital copan las posiciones de Champions.

Todo son desgracias para Roberto Mancini. La realización de los partidos se queda más con sus gestos de desesperación que con lo que pasa sobre el césped. En el último mes se ha quedado sin Europa League y sin liga. En una misma semana, dos titulares como Mammana y Kokorin se rompieron el cruzado de la rodilla y se despidieron de la temporada, para desgracia del italiano.

Pese a las lesiones, la propiedad se gastó una morterada en verano y redobló la apuesta en invierno, aunque el técnico se queja igualmente. Se ha quejado de árbitros, directivos, calendarios… Esta semana innovó. Tras perder 1-2 contra el pujante Krasnodar, uno de los grandes proyectos del fútbol ruso, dijo que era difícil ganar «cuando tus jugadores fallan tres o cuatro ocasiones que hasta los recogepelotas meterían». Un cabreo monumental que empezó con un ex del Zenit: Oleg Shatov.

Shatov, titular indiscutible con Vilas-Boas y Lucescu, se vio en el filial por un conflicto con Mancini y varias lesiones de por medio. En el mercado invernal se rebajó el sueldo para poder irse cedido al Krasnodar y tener opciones de ir al Mundial. Cumpliendo la ley del ex, Shatov marcó el 0-1 y se fue directo a por su nuevo entrenador, Murad Musaev, y le señaló como el responsable de confiar en él lo suficiente como para pagar una compensación al Zenit para poder alinearle.

Shatov agradeció la confianza de Musaev tras su gol ante el Zenit | Imagen: Match TV

Shatov agradeció la confianza de Musaev tras su gol ante el Zenit | Imagen: Match TV

Al otro lado del banquillo, Mancini observaba la escena mientras su Zenit no arrancaba y el estadio ovacionaba a su exjugador cada vez que iba a poner un córner. Pese al empate, el equipo no transmitía tener el partido por el mango en ningún momento. Y para coronar la tarde, una genialidad de Smolov regaló la victoria a los visitantes y un concierto de viento a Mancini al terminar el partido.

Shatov, que jugó 20 minutos cojeando por una lesión muscular, vio desde el banquillo el segundo gol y no pudo contener las lágrimas. Acababa de marcar su primer gol en el nuevo estadio del Zenit. Al día siguiente, Mancini aterrizaba en Roma para negociar su fichaje por la selección italiana.

Shatov: «Estuve cinco años en el Zenit, puse todo mi corazón y mi fuerza por el club. Y en el momento en el que estaba en el pozo, sentí que me ridiculizaron, por decirlo de alguna manera. Pensé todo lo que pasé para estar aquí y se me escaparon las lágrimas. Lloré porque me demostré a mí mismo que puedo jugar al fútbol»

No anda mucho mejor la cosa en el resto de la ciudad. Que el Tosno sea el segundo equipo de San Petersburgo dice mucho de lo que arrastra el deporte rey en la ciudad. Aunque en el Tosno juega un clásico del fútbol ruso, Pavel Pogrebnyak. Salió del Fulham hace casi tres años rumbo a un Dinamo de Moscú con dinero fresco. Le firmaron un contrato descomunal que mantuvo cuando el equipo bajó a Segunda y los inversores desaparecieron. Para colmar el negocio ruinoso, el Pogrebnyak ni siquiera rindió, lo que le llevó a pasar largas temporadas en la grada. El Dinamo llevaba mucho tiempo queriendo quitárselo de encima, el Tosno apareció para darle una oportunidad y Pogrebnyak marcó su primer doblete en Premier Rusa en diez años. Su equipo empató a dos, aunque la victoria del Dinamo de Moscú en casa del CSKA le deja la salvación muy complicada.

El tercer equipo en discordia es el Dinamo de San Petersburgo, tradicional rival del Zenit hasta aparición de los petrorrublos de Gazprom. Ahora en Segunda, todo parecía irle bien en su pelea por el ascenso hasta que su propietario, Boris Rotenberg, confirmó la semana pasada que se plantea mover el club a Sochi para aprovechar que el estadio mundialista allí construido no tiene ningún equipo local detrás. Con los fans seguidores a 2.300 km y el escaso interés por el fútbol en Sochi, el futuro no parece muy alentador. Ni siquiera el Dínamo se libra de una mala semana para el fútbol de San Petersburgo.

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Foto de portada: Shatov llora en el banquillo tras el partido ante el Zenit | Imagen: Match TV