El ascenso más triste de la historia

El ascenso más triste de la historia

¿Alguna vez te has parado a pensar en lo rápido que puede cambiarte la vida? ¿Y el llamado efecto mariposa? Este concepto acuña que el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo. Nada alejado de la realidad. Esta concepción está dentro de la teoría del caos. Y justo eso, desgraciadamente, fue lo que vivió la población de Bradford hace 33 años y tres días. Una tragedia que marcó al fútbol británico. Donde una celebración histórica se convirtió en una de las páginas más tristes del deporte, recordado como el ascenso más negro de la historia del fútbol. Aunque, en este caso, no fue una mariposa lo que causó el caos.

El 11 de mayo de 1985, la ciudad de Bradford, situada en el condado de West Yorkshire, se vestía de gala para festejar el primer título desde hacía 56 años. Un día especial donde el Bradford City iba a ser el gran protagonista. Enfrente estaba el Lincoln City y ambos jugaban la última jornada de la Third Division. La cita estaba escrita para festejar el ascenso del Bradford City a la Second Division (actual Football League One). Fue por ello que las gradas del Valley Parade se completaron con más de once mil personas para celebrar aquel magnífico logro deportivo.

Y todo comenzó según lo previsto. El capitán, Peter Jackson, ofreció el título liguero a todo el graderío antes de comenzar el partido. Pero el propio Jackson no era consciente de lo que minutos después sucedería. El balón echó a rodar y cinco minutos antes del descanso, Don Shaw, árbitro del partido, gracias al aviso de uno de sus asistentes, se percató de que algo no iba bien. ”¿No parece ser eso un pequeño incendio?”, preguntaba simultáneamente John Helm, comentarista de la televisión de Yorkshire, a la par que su dedo señalaba la tribuna principal del Valley Parade.

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“Había una atmósfera de carnaval antes del saque inicial, pero al final se convirtió en un día horrible” – Jackson, capitán del Bradford City, en el Bradford Royal

El fuego alarmó a los aficionados que presenciaban el encuentro y pronto invadieron el terreno de juego. Aquellos que intentaron salvar su vida por los tornos quedaron en el intento al quedarse atascados y las llamas los calcinaron. La rápida propagación del fuego por la grada principal dejó 56 fallecidos y 250 heridos. Hasta Margareth Thatcher, primera ministra del Reino Unido por entonces, se desplazó al estadio para informar al resto del Estado del suceso.

Los jugadores observaban con impotencia cómo el fuego devoraba Valley Parade y de qué forma las llamas tomaban la posesión de la fiesta que habían montado hace penas 45 minutos. Muchos de los componentes de la plantilla hicieron más personal la historia de aquel infierno. Entre muchos de los héroes anónimos que ayudaron a calmar el pánico se encontraba Terry Yorath, entrenador del Bradford City, quién ayudó a evacuar a los aficionados del estadio pero que perdió a su hija y esposa en la tragedia. Ambas estaban presentes en el foco donde se originó el fuego, una grada reservada aquella tarde para los familiares de jugadores y cuerpo técnico.

Otro de los nombres propios que también fue preso de que el fuego le arrebatase a una persona querida fue Don Goodman, delantero del club. Como referente en ataque, quiso llevar más familiares a su encuentro y una de las entradas que obtuvo para repartir fue para su ex novia. Finalmente, fue una de las 56 personas que perdieron la vida. “Había una atmósfera de carnaval antes del saque inicial, pero al final se convirtió en un día horrible”, expuso Jackson en el Bradford Royal. El capitán del Bradford City tomó la palabra por toda la población de aquella ciudad.

Entre los fallecidos se encontraba Sam Firth, un antiguo socio del club cuya vida giraba en torno al club local

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Días después, policías y forenses revelaron la causa del incendio. No fue otra cosa que una colilla de cigarro mal apagada. Algo tan insignificante a priori, pero que provocó uno de los recuerdos más tristes en la historia del fútbol inglés. La colilla cayó sobre las bolsas de basura, lo que inició el fuego. Esto, unido a la madera de las infraestructuras del estadio, dio lugar al terrible incendio.

En cuanto a los tornos, fue el factor humano lo que provocó el fallecimiento de aquellas personas. La gran entrada a Valley Parade provocó que los dirigentes y delegados del Bradford City cerrasen los accesos para impedir la entrada de gente sin billete. Esto tuvo su repercusión en el futuro y tras las tragedias de Heysel y Hillsborough, los estadios se vieron obligados a reestructurar sus infraestructuras colocando vigas de aluminio en lugar de las de madera y butacas para los espectadores.

Después de la tragedia, el Bradford City tuvo que mudarse a casi catorce kilómetros de su casa para continuar jugando. Ellan Road, hogar del Leeds United, acogió a The Bantams (Los Gallos) hasta que en 1986 volvió a casa. Para su vuelta, la ciudad homenajeó a las víctimas y supervivientes de la tragedia con un monumento en pleno Valley Park para conmemorar el ascenso más triste de la historia del fútbol.

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British Ladies Football, el embrión del fútbol femenino

British Ladies Football, el embrión del fútbol femenino

Nettie Honeyball siempre imaginó un mundo donde el fútbol y la mujer eran uno. La londinense era una soñadora en una sociedad en la que por desgracia, hasta hoy, la total integración es propiedad más de la fantasía que de la realidad. Basta comprobar el desconocimiento sobre su figura, para entender que la obra de Honeyball es su legado: fue la fundadora del primer club de fútbol femenino, el British Ladies Football Club. 

“Fundé el equipo el año pasado con la firme intención de demostrar al mundo que las mujeres no son las criaturas ornamentales e inútiles que el hombre ha caricaturizado. Debo admitir que mis convicciones en torno a todo tipo de temas acerca de los sexos están a favor de la emancipación, y quiero que llegue el día en que las mujeres puedan sentarse en el parlamento y tengan voz en todo tipo de cuestiones, especialmente en aquellas que aborden temas importantes.” – Palabras de Honeyball en una entrevista concedida al Daily Sketch, en febrero de 1895

Fundado a finales de 1894, el club convocó a través de un anuncio en la prensa a todas aquellas que quisieran abrir un hueco al fútbol femenino. Hasta 30 mujeres se presentarían para la causa. En sus inicios, el British Ladies FC fue presidido por Florence Dixie, hija del Marqués de Queesbury y reconocida feminista que se dejó convencer por Honeyball para ocupar dicho cargo. En la parte técnica, el ex jugador del Tottenham J.W. Julian sería quien las entrenara dos veces por semana en el terreno adyacente al Alexandra Park. La rápida estructuración de aquella iniciativa no pasó desapercibida por la prensa:

El diario The Sketch publicó en 1984 unos borradores sobre cómo deberían vestir y comportarse las futbolistas, ejerciendo su poder para cosificar a las mujeres. Fuente: www.donmouth.co.uk.

El primer partido se celebró en la tarde de un sábado 23 de marzo en Crouch End, en el norte londinense. Y así relataba el acontecimiento el diario The Sketch a la mañana siguiente:

“El panorama en Crouch End en la tarde el sábado era asombroso. La gente local se frotaba los ojos y se pinchaba los brazos porque no daban crédito. El visitante extranjero podría imaginar que aquello se trataba de algún evento organizado por el Estado. Durante toda la tarde llegaban coches de trenes repletos de gente excitada procedente de todas partes; la cantidad de carros, coches y otros vehículos marcaron un récord en la historia del fútbol. Toda esa enorme multitud se ha reunido para presenciar el primer partido del British Ladies Football Club”

El encuentro consistió en un enfrentamiento entre un equipo norte y sur de la capital inglesa, siendo el nivel del juego lo menos importante de la jornada dado el significado de su contexto. Por desgracia, hay quienes no pensaban lo mismo. El propio reportero de The Sketch eligió una manera “particular”, por no decir vergonzante, de resumir el juego: “Sería ocioso intentar hacer una descripción del juego. Los primeros minutos fueron suficientes para comprobar que el fútbol no es para mujeres. El futbolista necesita velocidad, juicio, habilidad y coraje. Ninguna de estas cuatro características apareció el sábado. La mayoría de las jugadoras se movían sin sentido por el campo y a trote. Además de jugó con un balón más pequeño de lo habitual, y a pesar de ello la jugadora más fuerte apenas podía desplazarlo unas pocas yardas. […] El árbitro Mr. Squires pasó por una experiencia agonizante”, sentenciaba.

Relacionado con esto, y en palabras de Richard McBrearty, director del Salón de la Fama del Fútbol Escocés, la directiva de la federación escocesa desprestigiaba continuamente las capacidades de las mujeres: “No hay lugar para las mujeres en un deporte de hombres, decían. Solo hace falta echar un vistazo a la federación de aquellos tiempos, compuesta únicamente por hombres. La idea de ver a mujeres jugando fútbol era inimaginable, se referían al fútbol como un deporte masculino”, cuenta McBrearty. Y añade: “Aunque por encima de todo lo peor era ver cómo la prensa deportiva cedía ante dicha filosofía, afirmando que las mujeres no deberían jugar a fútbol”.

Representación del primer partido disputado en Crouch end. En el centro de la imagen aparece la capitana y fundadora del British Ladies Football Club, Nettie Honeyball. Fuente: Lloyds Weekly Newspaper.

La constante estigmatización y burdos comentarios fue lo que convirtió una buena cogida del estreno en términos de volumen (unas 10.000 personas se acercaron al lugar) y repercusión (en ciudades como Birmingham comenzaron a imitar la iniciativa del Bristish Ladies FC) en un gran motivo reivindicativo. Conviene apuntar que el partido de Crouch End no fue en realidad el primero disputado por mujeres (equipos femeninos se habrían creado con anterioridad), sino el primero en romper las primeras cadenas y sacar a la luz un debate ridículo -o debería- en los tiempos de hoy, pero necesario entonces. Manchester, Newcastle, Glasgow, Brighton, Greenwich, Sheffield, Cardiff, Dublin… no fue precisamente corta la lista de destinos en los que congregaron a miles de personas durante los próximos meses. Más aún, además de luchar contra un círculo periodístico viciado de tintes machistas, las jugadoras del British Ladies disputaban muchos de los encuentros por causas solidarias.

“Creo realmente que el público tiene una errónea visión de las futbolistas. Estas están universalmente satirizadas sin piedad alguna. Por supuesto que todo el mundo sabe que no practican un buen fútbol. ¿Pero quién podría imaginar lo contrario? Si seleccionáramos aleatoriamente a un grupo de futbolistas que no saben nada del juego y les pedimos que actúen ante un gran público sucedería exactamente lo mismo. Es verdad, los hombres podrían correr más y chutar más fuerte, pero aparte de eso, no me puedo creer que pudieran ofrecer mayor conocimiento del juego o una mejor ejecución. No procede toda esta cantidad de artículos escritos por hombres viejos que no sienten simpatía ni por el fútbol ni por las aspiraciones de las mujeres jóvenes” – Sporting Man (abril de 1895)

El camino del club fue breve porque en seguida la FA prohibiría el fútbol femenino, no sin señalar que aquello era demasiado rudo para ellas. El máximo organismo del fútbol inglés no devolvería su merecido espacio hasta los años 70, cuando el embrionario proyecto de las British Ladies, siglo y medio después, continuaría con éxito. No propiamente ellas, porque la entidad desapareció para siempre, pero otras recogerían el testigo. Sus nombres, que persistirán en el anonimato, nunca serán tan importantes como su propósito de haber querido romper con lo establecido. Un impulso de orgullo que ha permitido que desde hace décadas la presencia femenina en el fútbol está garantizada.

Fuente imagen principal: Agencias.

Albrighton, un gran secundario

Albrighton, un gran secundario

Cuando algún equipo tiene éxito (y eso no siempre implica ganar un título, aunque en ocasiones ambas cosas coincidan), las razones que lo explican pueden ser muchas. Hay casos en los que ese buen rendimiento se produce principalmente por la existencia de una estrella que hace a determinado conjunto llegar a cotas que, sin él, no serían posibles. Un ejemplo de ello podría ser Gales junto a un Bale que desde la fase de clasificación para la Eurocopa de 2016 estuvo empeñado en hacer historia con su país: intervino en prácticamente todos los goles de los de aquella entrenados por Chris Coleman. Estaba rodeado de algunos buenos jugadores (como pueden ser Ben Davies, Joe Allen o, sobre todo, Aaron Ramsey), pero, sin Gareth, llegar a semifinales de la competición europea de selecciones más importante habría sido imposible. Incluso el hecho de clasificarse se habría puesto en duda.

En la otra cara de la moneda tenemos el hito del Leicester City, fraguado gracias, principalmente, a un gran colectivo. Todos iban a una. Algunos jugaron mejor que otros, pero en líneas generales todos fueron partícipes aunque fuera mínimamente. El aficionado neutral se quedó con los goles, la insistencia y la historia de Vardy; con las fintas y las maravillas técnicas de Mahrez; con los tentáculos de Kanté; o, incluso, con el toque de Drinkwater y los reflejos de Schmeichel. Podríamos decir que este grupo de futbolistas fueron los primarios, los más importantes, pero para que una institución aparentemente tan pequeña como el Leicester logre romper el status quo y llevarse la Premier League es necesario contar con varios secundarios que aporten su(s) granito(s) de arena. Dentro de estos últimos seguramente el más importante (y el mejor) fue Marc Albrighton.

La historia de Albrighton empezó como el típico cuento de hadas en el que determinado jugador pasa de ser un aficionado a formar parte del equipo que siempre ha sido su vida. Albrighton solía pedir autógrafos a los futbolistas del primer equipo y acabó siendo él quien los firmaba

Muchos de los integrantes de los foxes habían sido rechazados por sus respectivos equipos en años anteriores y Marc entra en esta categoría. Su historia empezó como el típico cuento de hadas en el que determinado jugador pasa de ser un aficionado a formar parte del equipo que siempre ha sido su vida. Albrighton solía pedir autógrafos a los futbolistas del primer equipo y acabó siendo él quien los firmaba. Estuvo en los dos lados. Sin embargo, después de 16 años en la disciplina de los villanos, en 2014 el club decidió que no iba a renovarle. Marc no se lo esperaba:Fue una sorpresa (irme). Me llevaron a pensar que iba a conseguir un contrato ahí. No sé de quién fue la decisión (entrenador, presidente, director ejecutivo). En ese momento debieron de pensar que podían conseguir a alguien mejor“.

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Uno podría creer, a sabiendas de que Albrighton siempre ha sido del Aston Villa, que esto le dolió. Más bien al contrario: Funcionó para mí. Irme ha sido lo mejor, porque estaba empezando a ser un poco complaciente. Había estado allí 16 años y llega un punto en el que los caminos se tienen que separar. Cuando supo que el Leicester iba detrás de él, y que el Aston Villa ya no le quería, la decisión era obvia.

El resto, como quien dice, ya es historia. El Leicester se salvó de manera milagrosa con Nigel Pearson al mando tras un arreón final en la 2014/2015, y la temporada siguiente ganó la liga inglesa con Claudio Ranieri en el banquillo. Como se dijo, Albrighton, sin ser el mejor, aportó. Y ahora que muchos rendimientos han vuelto a la normalidad (Morgan, Vardy) uno de los grandes alicientes para ver a los de Puel es Albrighton. Veamos por qué.

Hablábamos en un artículo anterior sobre Heung-Min Son, sobre cómo sin balón presionaba de manera intensa y eso le hacía importante en esa fase para el Tottenham. En Albrighton la cosa es parecida, aunque juegue en un sistema muy distinto. No escatima ningún tipo de esfuerzo y se pasa todo el partido corriendo. Arriba y abajo. Ayudando al lateral cuando toca defender y llegando a línea de fondo cuando toca atacar. En ese sentido es como un soldado, alguien en quien los entrenadores pueden confiar para que, independientemente de su nivel, se deje todo lo que tiene en el campo.

Después de haber explicado lo relacionado con su actitud, toca hablar de lo que hace con la pelota en el pie; lo que hace vistoso a cualquier atacante, al fin y al cabo. La cuestión es que una cosa se relaciona con la otra. Con el esférico también es muy, muy enérgico. No para quieto. Generalmente, cuando recibe, busca verticalizar, acercar a su equipo a la portería contraria. Lo hace a base de desbordes simples, hacia dentro o hacia fuera, con una gran aceleración y una buena velocidad sostenida que no permite a los defensas tomarse descansos. Su jugada favorita, ya sea mirando a línea de fondo o al portero rival, es centrar. De hecho, si a alguien le preguntas por la principal virtud de Albrighton, te dirá que es el golpeo del balón. Con razón.

La jugada favorita de Albrighton, ya sea mirando a línea de fondo o al portero rival, es centrar. De hecho, si a alguien le preguntas por la principal virtud de Albrighton, te dirá que es el golpeo del balón.

Marc cuenta con la ventaja de que sus centros son casi tan buenos con la izquierda como con la derecha, de manera que no importa la banda en la que juegue. Puede buscar centros con rosca hacia la portería o al contrario. Cualquier punta agradecería este tipo de servicios. Por otra parte, algo bastante obvio, suele llevar peligro tanto en faltas laterales colgadas al área como en saques de esquina. Ha declarado en más de una ocasión que su ídolo era David Beckham… Visto lo visto, no extraña.

De todos modos, aunque lo que más hace es arrancar en conducción hacia delante, su juego va un pelín más allá: goza de una lectura de juego bastante buena. Ve, por ejemplo, si un lateral le dobla o si puede dar un pase sencillo en ventaja a un compañero, pero en este aspecto hay dos cosas que destacan por encima de cualquier otra y que, además, se relacionan con su principal virtud: los cambios de orientación y los pases a Vardy a la espalda de la defensa. Cuando casi todos los jugadores han basculado hacia su lado, suele encontrar a Mahrez en el lado débil gracias a su golpeo de balón. De la misma manera, si el oponente tira la línea adelantada y Vardy se desmarca, sirve grandes pases por alto.

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En resumidas cuentas, estamos ante un futbolista enfocado al desequilibrio (simple) que cuenta con un punto de pausa que le hace muy interesante. Su IQ de este juego no es unidimensional. No solo sabe hacer una cosa. Y eso es importante.

Sus estadísticas (2 goles y 7 asistencias en 30 partidos) son buenas partiendo desde una banda y teniendo en cuenta que casi nunca llega a zona de remate desde atrás o busca portería cuando recorta hacia dentro desde el lado siniestro. Probablemente se encuentre en el mejor momento de su vida y una llamada con la selección inglesa no estaría de más a sabiendas de que Welbeck y Young acaban de ser llamados por Southgate. Albrighton no es ninguna maravilla, no está entre los mejores de la liga, pero eso no quita que sea bastante bueno.

Los secundarios no reciben titulares, artículos o reconocimiento… y hay algunos, como Albrighton, que lo merecen. Hablemos más de él.

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La Premier League espera a James Maddison

La Premier League espera a James Maddison

Hay muchas cosas que damos por hechas sin ponernos a pensar en el motivo que las explican. Un ejemplo de ello sería el porqué nos emociona tanto ver a los más jóvenes en determinado deporte, independientemente de la disciplina. Esto quizás se produzca porque esperamos que lo que nos está llamando tanto la atención en este mismo instante seguirá evolucionando hasta convertirse en algo grande, y nosotros podremos decir que llevábamos siguiendo a ese chaval desde hace no sé cuántos años por no sé qué motivo en particular. Entonces, una opción en caso de aburrimiento (o al menos eso es algo que yo he hecho en numerosas ocasiones) es ver vídeos con la intención de incrustar en nuestra mente un nuevo nombre que recordar al día siguiente. Una ventaja de las divisiones inferiores inglesas es que suben todos los resúmenes de sus partidos, de manera que, si algún atacante está destacando, te darás cuenta observando esos pequeños clips de dos minutos de duración.

Ese momento concreto en el que tu mente hace click con algún futbolista muchas veces no necesita más que unas décimas de segundo. Hay ocasiones en las que ver cómo controla la pelota, cómo la doma, te da a entender lo que va a venir después. Y, antes de que hayas procesado esa casi irracional sensación, el jugador en cuestión ya ha hecho algo que confirma lo que pensaste de primeras. Esto le debió de ocurrir a mucha gente con James Maddison.

Todo empezó en el Coventry City, una institución en una situación complicada que, pese a los problemas, sigue produciendo buenos futbolistas. James es uno de ellos y su talento era tan obvio que hizo su debut con el club de su vida en agosto de 2014

Todo empezó en el Coventry City, una institución en una situación complicada que, pese a los problemas, sigue produciendo buenos futbolistas. James es uno de ellos y su talento era tan obvio que hizo su debut con el club de su vida en agosto de 2014, en la Capital One Cup, cuando tenía únicamente 17 años. Pronto jugaría su primer partido en League One y anotaría su primer gol, un lanzamiento de falta que no sirvió para evitar la derrota de su equipo por 4-1.

Aunque ya estemos relativamente acostumbrados a ver a chicos jóvenes debutar muy pronto, eso no quiere decir que para ellos sea algo sencillo. Para Maddison no lo fue: “Siempre tiene que haber un momento en el que des el salto. Estaba dentro [del equipo] pronto y fue duro dar ese salto, pero el entrenador creía en mí y arranqué desde ahí. Cuanto más juegas y entrenas con adultos, siendo muy joven, más aprendes; y aprendes muy rápido. Siempre y cuando estés centrando y trabajes duro, cosa que hice”.

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James siempre había soñado con jugar de número 10 en el equipo de su ciudad, pero los sueños no siempre pueden cumplirse. Su potencial fue avistado por varios equipos de la Premier League, Liverpool y Tottenham entre ellos, y el Coventry no iba a ser capaz de rechazar las posibles ofertas. Los de Klopp hicieron una, pero Maddison se negó. No quería jugar con el filial, así que aceptó la propuesta del Norwich City. Quedó cedido hasta final de temporada en el Coventry con vistas de unirse a los de aquella entrenados por Alex Neil en verano.

Cuando llegó la etapa estival y el técnico escocés vio a James, consideró que no estaba preparado todavía para Championship, algo con lo que él inglés no estaba de acuerdo. Creía que su habilidad era suficiente como para probarse en el segundo escalafón del fútbol inglés. Sin embargo, dado que no quería estancarse, salió cedido. Pudo irse a League One, la división de la que procedía, pero decidió probar en Escocia. Un nuevo desafío esperaba en el horizonte.

De todos modos, lo que se encontró en la Scottish Premier League con el Aberdeen no fue muy diferente a lo que ya había sufrido en League One: una competición dura y física. A sabiendas de que Maddison es un futbolista al que le gusta tener el balón en el pie, no extraña que le pegaran mucho allí. Es a lo que te arriesgas jugando de esa manera. En un partido ante el St Johnstone le hicieron 10 u 11 faltas. No obstante, también hubo experiencias positivas y que nunca olvidará, como jugar delante de 60.000 personas en Celtic Park o delante de 50.000 en una final de copa en Hampden Park.

Solo estuvo allí cuatro meses y disputó 17 partidos, pero, para él, esta etapa tuvo más importancia de la que pueda parecer desde fuera: “Ese periodo definitivamente me mejoró como jugador. Como ya dije, con 19 y 20 años tienes que estar jugando partidos. La única manera de mejorar es jugando partidos y aprendiendo, siendo un fijo semana tras semana. Derek McInnes (entrenador del Aberdeen) me dio la plataforma para demostrar lo que sé hacer, así que estoy agradecido”.

Para tener la oportunidad con el Norwich, necesitaba un entrenador que confiara en él, algo que logró en el verano de 2017, cuando Daniel Farke fue nombrado técnico del primer equipo

Para tener la oportunidad con el Norwich, necesitaba un entrenador que confiara en él, algo que logró en el verano de 2017, cuando Daniel Farke fue nombrado técnico del primer equipo. El alemán venía con una experiencia similar a la de David Wagner cuando este último firmó por el Huddersfield: había entrenado al filial del Borussia Dortmund. Tras firmar un nuevo contrato con los canaries y ver cómo Farke explicaba su filosofía, Maddison tuvo la sensación de que iba a cuajar con su nuevo entrenador: “Simplemente tuve la sensación de que la manera en la que quería jugar es la que me gusta a mí: fluido; fútbol de toque; basado en posesión; dominando partidos. Se ajusta a mis características”.

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Maddison empezó jugando en el centro del campo en un 4-1-4-1, hasta que Daniel cambió el sistema a 4-2-3-1 y colocó al inglés en su posición preferida: la de mediapunta. Ahí es donde ha terminado de explotar definitivamente. Antes de entrenar a analizar su juego, no está de más dejar constancia, en sus palabras, de cuál es su trabajo durante los partidos: “Tengo que ir a los pequeños espacios que los otros no ven”. Siempre jugando entre líneas y sin abusar de venir a buscar la pelota.

Como ya fue comentado al inicio, no hace falta mucho tiempo para darse cuenta de que James Maddison es un futbolista de talento y sensibilidad especial, simplemente por cómo trata la pelota. Jugando entre líneas, esperando la mayoría del tiempo a que el balón le llegue, consigue recibir y, a partir de ahí, generar cosas. En caso de que reciba de espaldas, cuenta con la capacidad para girarse y arrancar; en cuanto está de cara a portería, un abanico de posibilidades se abren.

No hace falta mucho tiempo para darse cuenta de que James Maddison es un futbolista de talento y sensibilidad especial, simplemente por cómo trata la pelota

Los jugadores de 3/4 que juegan por dentro necesitan tener virtudes relacionadas con el golpeo, el pase o el regate. Es una división muy esquemática y que deja de lado la toma de decisiones y aspectos relacionados con el cerebro futbolístico, pero es certera. La gran virtud de Maddison es que cuenta potencial en las tres, de ahí que habláramos antes de “abanico de posibilidades”.

Cuando James entra en contacto con la pelota, dando por hecho que sea relativamente cerca del área, puede buscar filtrar un último pase al delantero si este tira un desmarque, un penúltimo pase a un jugador de banda para que este centre, una descarga a la banda para descongestionar el juego o una asociación en espacio reducido para que aparezcan nuevos huecos. Tiene facilidad para encontrar a sus compañeros.

Por otro lado, algo que le gusta hacer mucho es pegar a portería. Al partir por dentro, a poco que se haga espacio, la opción de buscar el gol aparece. No siempre lo hace y tampoco abusa de ello, pero es una tónica que se repite en su fútbol. Desde la frontal es mortal. Además, no creo que nadie se queje: ha marcado verdaderos golazos de esa manera y, en algunos casos, desde bastante fuera del área, consiguiendo tantos de jugadas en las que no había “nada”. También pone su golpeo al servicio de jugadas a balón parado, ya sea para tirar él de manera directa o para poner centros muy peligrosos.

En tercer lugar está su regate. Maddison tiene una conducción bastante rápida y lleva el balón cerquita del pie, lo que siempre dificulta a los oponentes. Cuando encara a estos, los sortea con suma facilidad, a través de recortes y cambios de dirección. Como añadido cuenta con esa habilidad para sacarse trucos de la manga si la situación lo demanda (un caño, una croqueta, un taconazo).

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Todo lo expuesto en los párrafos anteriores parte de una situación en la que Maddison reciba en 3/4, ya sea de espaldas o de cara, pero no todo su fútbol se resume en eso. Le gusta intervenir, por lo que de vez en cuando se viene casi a la altura del doble pivote para entrar en contacto con la pelota. Desde esa ubicación algo más atrasada es capaz de ver líneas de pase interiores y filtrar el pase a algún compañero, al igual que puede arrancar y avanzar metros con el esférico en su bota.

Más allá de que albergue todas estas virtudes (golpeo, pase, regate), sin un cerebro que entienda el fútbol y tome buenas decisiones todo se queda en (casi) nada. La cuestión es que Maddison es un chico con criterio que entiende que no siempre tiene que verticalizar, pese a que pueda regatear y disparar con mucha facilidad. Entiende el juego, por eso esta variedad en sus cualidades lo hacen tan divertido. Hace bastantes cosas y todas, generalmente, en el momento ideal. Verle abusar de la conducción, del regate, del disparo o de ir siempre hacia arriba es muy complicado.

Hace bastantes cosas y todas, generalmente, en el momento ideal. Verle abusar de la conducción, del regate, del disparo o de ir siempre hacia arriba es muy complicado

No extraña nada que, de nuevo, equipos de la Primera División inglesa estén dejando constancia de su interés en él. Ya no es una cuestión de disfrutar viéndole; es que, además, suma a todo eso unas buenas cifras (ya ha llegado a los 10 goles, además de haber firmado bastantes asistencias). En verano, a buen seguro, muchos se pelearán por contratar sus servicios (al igual que por los de Sessegnon) y quien logre incorporarlo se llevará una joya. La Premier League le espera.

Fuente imagen principal: Stephen Pond (Getty Images)

Son, la sonrisa del Tottenham

Son, la sonrisa del Tottenham

El ser humano es un animal social. Quizás sea una sentencia demasiado fuerte, quizás no todo el mundo coincida con ella, pero, en líneas generales, cualquier persona tiende a relacionarse con otras. Es muy complicado (por no decir imposible) pasar una vida entera solo, sin nadie que te acompañe. Te acabas llevando con alguien cercano a ti casi hasta sin querer. Dentro de esta gente que te rodea, se encuentran muchos caracteres distintos. Incluso cuando hay dos personalidades muy parecidas no son exactamente iguales; cualquier matiz ya provoca que, en lugar de un 100%, haya un 99% de semejanza. Seguramente tú, que estás leyendo esto, tengas a personas cerca que son eminentemente positivas o negativas; que tienden a estar contentos antes que tristes o y viceversa; que piensa poco o que piensa mucho. En la variedad, en este caso, está la virtud.

Comentaba Harry Kane en The Players Tribune que, más allá de la filosofía y temas futbolísticos, lo que ha conseguido Pochettino es que el Tottenham sea un equipo en el sentido más puro de la palabra; que estén unidos; que sean todos amigos entre ellos. No estamos dentro del vestuario para saberlo a ciencia cierta, pero desde fuera parece que, dentro de ese grupo de amigos, el que siempre está feliz, y el que siempre transmite alegría y energía positiva a todos, es Heung-Min Son. Lo curioso es que esto también se puede extrapolar a lo que ocurre en el terreno de juego.

Thierry Henry, que ahora trabaja en Sky Sports, le entrevistó y una de las cosas que le preguntó fue el motivo por el que siempre está sonriendo. La respuesta fue bastante simple: “Estoy en mi sueño. Estoy viviendo mi sueño, pero no me lo termino de creer. Simplemente me siento feliz por estar en Inglaterra y jugar en la Premier League”. Alcanzar ese sueño, no obstante, fue un proceso complicado.

Cualquier tipo de adaptación, por mínima que sea, nos cuesta. Ahora imaginemos lo que debió de ser para Son dejar Corea del Sur para irse a Alemania, al Hamburgo, con 16 años. La diferencia cultural es abismal. No estaba acostumbrado a vivir fuera de su país. Y, como añadido, no tenía ni idea de inglés ni de alemán

Cualquier tipo de adaptación, por mínima que sea, nos cuesta. Ajustar nuestra mentalidad para cualquier mínimo cambio supone un esfuerzo. Ahora imaginemos lo que debió de ser para Son dejar Corea del Sur para irse a Alemania, al Hamburgo, con 16 años. La diferencia cultural es abismal. No estaba acostumbrado a vivir fuera de su país. Y, como añadido, no tenía ni idea de inglés ni de alemán. Sin embargo, eso no le iba a parar. Tenía muy claro cuál era su sueño e iba a hacer los sacrificios suficientes como para cumplirlo. Lo logró.

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Tras pasar por Hamburgo y Bayer Leverkusen, el Tottenham lo fichó a pocos días de que cerrara el mercado veraniego de 2015. Era una incorporación, cuanto menos, interesante. Un futbolista que ya había demostrado en el país germano de lo que era capaz y cuyas cualidades casaban bien, a priori, con la Premier League (por su velocidad y verticalidad). Sus números en su primera temporada en las islas se quedaron cortos: ocho goles y cinco asistencias en cuarenta y dos partidos. Notó el cambio de país, pese a que no fuera tan grande como el de Asia a Europa. Este primer curso complicado provocó que las dudas aparecieran en su cabeza. Le llegó a comentar a Pochettino que quizás debería salir del club. Finalmente, por el bien de todos, se quedó. Y acabó rindiendo, en la campaña siguiente, como se le presuponía cuando puso pie en Hotspur Way: veintiún goles y diez asistencias en cuarenta y siete partidos. La mejora fue muy notoria.

En la temporada que estamos viviendo ahora mismo, la tónica continúa siendo positiva. Si no se lleva tantos titulares, como comentó Mauricio en rueda de prensa, es porque tiene a Kane al lado, cosa que favorece en tema resultados o receptor de asistencias, pero no en cuanto a reconocimiento. Ahora bien, ¿qué es lo que da el coreano al Tottenham para ser importante? Lo primero que debería ser mencionado es su energía. En un conjunto que intenta tener el balón casi todo el tiempo, el trabajo que se hace sin él es muy relevante. La presión, independientemente de la altura a la que se haga, está a la orden del día en los Spurs y Son es un pilar importante aquí. No tanto porque sepa meter el pie o por robar balones, sino por una cuestión de actitud, de intensidad y de, como ya fue mencionado al principio de este párrafo, energía. Se lo deja todo en el campo. Es generoso en el esfuerzo.

El surcoreano, dicho de manera simple, acelera las jugadas. Cuando la posesión es lenta y monótona, él cambia el ritmo. Y lo hace arriba, cerca de la portería, donde puede hacer daño. No siempre es preciso y, si tiene un día malo, puede llegar a desesperar, pero su importancia, al igual que en el caso de Dembélé, se explica por ser el más distinto, en este caso entre Dele, Eriksen y Kane

En segundo lugar, hay que explicar de manera breve el contexto en el que se encuentra habitualmente. Como ya comentamos en el artículo dedicado a Dembélé hace unas semanas, el Tottenham suele sufrir un planteamiento reactivo de los rivales. Esperan atrás, tapan líneas de pase, acumulan gente por dentro y, por ende, hacen que el esférico se mueva mucho más lento, a sabiendas de las dificultades que presentan los de Pochettino cuando se enfrentan ante estas circunstancias. Decíamos también que Mousa era el único de la plantilla que tenía capacidad para desbordar y eliminar rivales desde el centro del campo, algo que favorecía la labor de Son, nuestro protagonista de hoy. El surcoreano, dicho de manera simple, acelera las jugadas. Cuando la posesión es lenta y monótona, él cambia el ritmo. Y lo hace arriba, cerca de la portería, donde puede hacer daño. No siempre es preciso y, si tiene un día malo, puede llegar a desesperar, pero su importancia, al igual que en el caso de Dembélé, se explica por ser el más distinto, en este caso entre Dele, Eriksen y Kane.

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En tercer lugar, hay que extenderse un poco más en su desborde. No es el futbolista con más regate del mundo, pero el hecho de que siempre ponga la directa cuando recibe complica mucho a los defensores. Les hace preguntas y les da poco tiempo para que den respuestas. Teniendo en cuenta su ambidextrismo, puede salir por cualquiera de los dos lados. Aguantarlo no es nada fácil. Si arranca desde izquierda, puede salir por fuera y centrar o irse hacia dentro y tener perfil de disparo. Nada raro para un diestro, pero es que si parte por la derecha la situación es la misma pero al revés. Esto le da bastante imprevisibilidad. Además, en espacio reducido, tiene eso que en Inglaterra llaman footwork: una croqueta, un cambio de dirección repentino.

Para continuar, aunque no sea su principal virtud, se tiene que hacer mención a su capacidad asociativa. Sabe juntarse con sus compañeros; tira paredes; e, incluso, habiendo hecho la diagonal hacia dentro, es capaz de filtrar algún buen último pase. Seguramente, si dentro de su paleta de recursos no estuviera la posibilidad de asociarse con sus compañeros, no sería tan importante.

Aunque no sea su principal virtud, se tiene que hacer mención a su capacidad asociativa. Sabe juntarse con sus compañeros; tira paredes; e, incluso, habiendo hecho la diagonal hacia dentro, es capaz de filtrar algún buen último pase

Por último, llega lo más vistoso y por lo que la gente le viene destacando últimamente: su productividad directa de cara a gol. Puede pegarle con ambas piernas y eso dificulta también la tarea del portero. Si tú le ves por primera vez y golpea el balón con la izquierda, te crees que es zurdo; si es al contrario, lo mismo. No se nota la diferencia. Desde fuera del área, sobre todo en las inmediaciones, es un peligro. Por otro lado, se desenvuelve mejor en definiciones más instintivas, cuando ha hecho un desmarque y tiene que definir rápido, que si tiene tiempo para pensar lo que hacer. No resulta raro verle errar en mano a mano con el guardameta rival.

Dicho de manera resumida, lo que da Son al Tottenham es desborde en tres cuartos de campo, uno de los grandes déficits de la plantilla (ahora algo más subsanado con la incorporación de Lucas Moura) y mucho gol, algo necesario para complementar las cifras de Kane.

A Son todos le quieren. Su alegría es contagiosa fuera del campo y necesaria dentro de él. Cuando recibe la pelota, la velocidad aumenta; cuando habla, las sonrisas se dibujan en todas nuestras caras. Es la sonrisa del Tottenham.

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Dembélé, el distinto del Tottenham

Dembélé, el distinto del Tottenham

Con Gareth Bale, en el Real Madrid, la situación por momentos resulta difícilmente sostenible. No se debe a que los aficionados piensen que de verdad es malo; más bien al contrario. Saben lo que puede dar (recuerdan su año 2016 tirando del carro) y si sus constantes lesiones enfadan tanto es por eso. Las pocas veces que logra ponerse al 100% genera ilusión y, sobre todo en los últimos meses, el Madrid lo necesita. Proporcionaría (siempre dando por hecho que rindiera a su máximo nivel) autosuficiencia en el ataque, además de agresividad de cara a portería. Dicho de otra forma: daría algo al colectivo que, sin él, no existe. Algo parecido, aunque en menor escala, sucede con Mousa Dembélé en el Tottenham.

De pequeño, sin embargo, no tenía ninguna aspiración de llegar a jugar a este nivel, ni mucho menos de ser tan importante para su equipo. Le gustaba el fútbol, lógicamente, y en el salón de su casa refinaba su exquisito control de balón. Rompía cosas y su madre lo sabía, pero no se enfadaba, sino que le daba otra pelota para que siguiera practicando. No obstante, no albergaba esa ambición de convertirse en futbolista profesional. Fue con 17 años cuando un entrenador del Germinal Beerschot le vio y le invitó a jugar con su equipo.

Llegó al mundo Premier después de estar cinco años en la Eredivisie, donde fue entrenado cuatro de ellos por Louis van Gaal en el AZ, en 2010. Fue el Fulham el club que le firmó

Llegó al mundo Premier después de estar cinco años en la Eredivisie, donde fue entrenado cuatro de ellos por Louis van Gaal en el AZ, en 2010. Fue el Fulham el club que le firmó. Mousa eligió Londres porque era una ciudad que le gustaba y que estaba cerca de Bélgica. Además, había visto jugar al conjunto londinense y le parecía que contaba con un buen nivel. De todos modos, desde el primer momento, esperaba que su paso por el Fulham le permitiera llegar a una institución mayor. Así fue y fichó por el Tottenham en 2012.

Su primer curso con los Spurs, el 2012/2013, vio al Tottenham pelear por la cuarta posición hasta la última jornada. Fue cuando Bale, precisamente, explotó de manera definitiva y se ganó un traspaso millonario al verano siguiente. Más allá del galés, Dembélé se erigió como una de las figuras más importantes para Villas-Boas. Así lo atestiguan los datos: jugó 36 partidos de 38 posibles en competición doméstica y en solo dos de ellos entró desde el banquillo.

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Lo lógico era pensar que de esa pelea por los puestos de Champions League se podía construir algo bonito y duradero, pero la marcha de Bale y la mala elección de los fichajes lo hizo imposible. Villas-Boas fue destituido en los primeros meses y Tim Sherwood asumió el cargo. Dentro de este contexto tan convulso, lo cierto es que Dembélé destacaba. El problema era que lo hacía más bien con acciones puntuales y en actuaciones irregulares que no lograban durar los 90 minutos. Su sobresaliente técnica e imponente físico llamaban la atención de cualquiera, pero no se le veía capaz de saber potenciar sus cualidades al 100%.

Afortunadamente para el belga, y realmente para toda la institución, Mauricio Pochettino asumió el cargo de técnico para el curso 2014/2015. Lo hizo tras firmar una temporada por encima de las expectativas en el Southampton. El entrenador argentino colocó a Mousa tanto en el doble pivote como algo más adelantado y en ambas ubicaciones su principal defecto salía a la luz: se excedía en la conducción. Ralentizaba la circulación de balón si partía desde posiciones más atrasadas y desperdiciaba buenas situaciones cerca del área porque sobaba demasiado la pelota. Le faltaba un último toque que a veces ni siquiera existía. Hubo rumores que lo situaban fuera de White Hart Lane, incluso en el mercado invernal, pero finalmente nada fructificó. Se quedó una temporada más.

Pochettino colocó a Mousa tanto en el doble pivote como algo más adelantado y en ambas ubicaciones su principal defecto salía a la luz: se excedía en la conducción. Ralentizaba la circulación de balón si partía desde posiciones más atrasadas y desperdiciaba buenas situaciones cerca del área porque sobaba demasiado la pelota

Empezó la 2015/2016 jugando en zonas bastante adelantadas y dejando unas sensaciones distintas en comparación con momentos pasados. Caído a la derecha en 3/4, aprendió a soltarla más y aumentó su trabajo defensivo una barbaridad. Se lesionó contra el Everton en casa y uno podía pensar que llegaba en el peor momento posible, pero justo después de esos problemas físicos fue cuando asistimos, sin duda, a la mejor versión del belga. Pasó al doble pivote, posición en la que parecía imposible verlo, y simplemente se salió. Jugó 29 partidos en total (tuvo alguna lesión y dos partidos de sanción al final de la campaña) y fue, seguramente, el mejor centrocampista de toda la liga solo por detrás de N’Golo Kante, uno de los protagonistas de la hazaña del Leicester City.

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Explotado por fin su tremendo potencial, siguió a este nivel en la siguiente temporada, aunque comenzaron a aparecer molestias físicas que aún a día de hoy están presentes. De hecho, el propio Dembélé admitió que nunca juega totalmente libre de dolor y que eso ya no será posible en un futuro. Y es aquí donde podemos comprender el paralelismo con Bale.

Si miramos las estadísticas, no avistaremos un número especialmente bajo de partidos jugados, independientemente de la temporada que escojamos, pero es cierto que en muchos encuentros Mousa jugó limitado físicamente. En lo que va de temporada, por ejemplo, no está teniendo tanto protagonismo porque le está costando acercarse a su 100%. El proceso está siendo lento y, de hecho, es Winks el que ha llamado más la atención hasta ahora. Harry es fantástico y tiene un futuro brillante, como pudo demostrar en cierta manera ante el Real Madrid en el Bernabéu, pero no tiene las cualidades concretas que hacen a Mousa indispensable en determinados contextos.

Si miramos las estadísticas, no avistaremos un número especialmente bajo de partidos jugados, independientemente de la temporada que escojamos, pero es cierto que en muchos encuentros Mousa jugó limitado físicamente

Siempre dando por hecho que Dembélé esté al 100%, tenemos que tener en cuenta a lo que se enfrenta el Tottenham habitualmente. En el fútbol, si haces las cosas bien, la gente se fija en ti. En cómo juegas, en cuáles son tus puntos fuertes y en cuáles son tus puntos débiles. La mayoría de equipos saben que la mejor manera de limitar el potencial del Tottenham es implementando un bloque bajo, cerrando líneas de pase por dentro, estando muy juntos y, en general, minimizar los espacios que puedan ser atacados por su rival. Los de Pochettino, en estos casos, suelen caer en la monotonía, en un ritmo parsimonioso y lento que permite al adversario mantener el orden sin dificultad. Se necesita a gente que aumente la velocidad. Son, por ejemplo, lo hace, pero cuando está cerca del área. Para él es más fácil si ya hay algo de desorden antes de que él reciba, porque si no tiene que hacer demasiado trabajo solo. Aquí emerge la figura de Dembélé.

Comentaba Ginola hace algo más de un mes que Pochettino le dijo que necesitaba un jugador como él, alguien que cogiera la pelota y avanzara con ella para crear espacios para él o para los demás. De ahí se pueden entender los rumores que situaban a Barkley en la órbita del Tottenham y, más aún, los que decían que Mauricio veía a Ross como un futuro sustituto de Mousa.

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El belga es el único en plantilla capaz de coger la pelota en el centro del campo y conducirla hasta el otro sin perderla, con el añadido de que tiene mucho más dominado el momento de soltarla. Si le presionan, la protege como un maestro. Cuenta con la capacidad para hacer fintas y quebrar la cintura de los defensores, además de que su conducción es potente y difícil de parar. Sus virtudes son únicas, porque combinan talento técnico (De Bruyne dijo que en fútbol sala Dembélé sería el mejor del mundo) y un físico impresionante. Gracias a esto último marca diferencias en defensa, sobre todo en situaciones de transición defensiva, tan presentas en una competición como la Premier League.

El belga es el único en plantilla capaz de coger la pelota en el centro del campo y conducirla hasta el otro sin perderla, con el añadido de que tiene mucho más dominado el momento de soltarla. Si le presionan, la protege como un maestro

Quizás lo expuesto antes, que Mousa esta temporada no esté brillando, explique el sufrimiento del Tottenham en ataque posicional ante rivales encerrados. Cuando estaba bien, si había alguna limitación en este sentido, no se notaba. En caso de que el Tottenham quiera acercarse a cumplir sus objetivos, necesitará a un Mousa al que las lesiones le respeten. El Mousa que marca diferencias por ser el más distinto de la plantilla.

Fuente imagen principal: Michael Regan (Getty Images)