Nuevas Franquicias en la MLS

Nuevas Franquicias en la MLS

El sueño del ascenso de categoría y la pesadilla del descenso rondan desde siempre las mentes de jugadores y aficionados al fútbol. Una temporada mala y te vas a la B, un gran año y das el salto a una de esas muchas ligas patrocinadas por la banca donde el dinero de la TV todo lo inunda. Así se mueve el fútbol y es ésta una máxima interiorizada desde su más tierna infancia por aquellos que enloquecen con el balón en los 5 continentes. Sin embargo, como en muchos otros órdenes de la vida, para esto también hay excepciones. EE.UU y Canadá son ajenos a estos usos y costumbres y no dudan a la hora de plegar los mismos a su afán por corporativizar, haciendo ligas cerradas, todos los deportes profesionales. El fútbol, como era de esperar, no es una excepción.

La Major League Soccer (“MLS”), creada en 1996, es una organización cerrada. Una liga cuyos miembros son intocables y que, salvo la conjunción de fracaso deportivo, financiero y social, disfrutan sine die del derecho a jugar en la máxima competición de fútbol de EE.UU. y Canadá. Las temporadas finalizan sin dramas, no hay descensos y las únicas lágrimas son de alegría y no vienen sólo del equipo que se alza con la MLS Cup sino que también provienen de aquellos clubs que logran incorporarse al selecto grupo de la MLS. Las franquicias de expansión, tal y como se denomina a aquellos clubs que no formaban parte de los 10 equipos que dieron lugar a la primera MLS, obtienen el derecho a jugar en esta liga lejos de los terrenos de juego. Es una labor de despacho, una tarea más próxima a la que desempeñan las ciudades candidatas a ser sede olímpica que a la propia de un club de fútbol que ansía crecer en Europa o Suramérica.

La figura del equipo descendido no existe en la MLS. Es una liga cerrada donde los equipos no temen verse relegados a divisiones inferiores

Actualmente la MLS la componen 22 franquicias, 11 por Conferencia, siendo las 2 últimas en unirse a la fiesta del balón Atlanta United y Minnesota United. El crecimiento de esta liga es claro, no sólo en número de equipos sino también en asistencia a los estadios, donde se ha pasado de una entrada media de 14.000 personas a superar los 22.000 este curso, pero el Comisionado Don Garber quiere ir más allá. El objetivo públicamente anunciado es alcanzar una MLS con 28 equipos pero hay quien apunta a números todavía mayores. Para empezar, el año que viene se contará con una nueva franquicia, Los Ángeles FC (con el mexicano Carlos Vela, por ahora, como fichaje estrella) y también se espera, aunque genera algunas dudas debido a los retrasos en la construcción del nuevo estadio, dar cabida antes o después a la franquicia promovida por David Beckham en Miami. Con éstos dos, ya serán 24 los equipos de la MLS y es precisamente en estos días cuando las dos siguientes ciudades que serán bienvenidas a la liga norteamericana serán anunciadas. Las franquicias 25 y 26 están en juego y por eso es buen momento para explicar qué factores influyen en esta decisión que cambiará, para siempre, la vida de los aficionados al fútbol de dos ciudades de EE.UU.

Columbus, Dallas, Kansas, Washington, New England, Nueva York, Tampa, Colorado, Los Ángeles y San José acogieron a las primeras 10 franquicias de la MLS

Tras un proceso competitivo que incluyó a 12 ciudades ahora son sólo 4 las finalistas y de ellas únicamente 2 serán las elegidas en esta ronda de expansión. Cincinnati, Detroit, Nashville y Sacramento son las urbes que se disputan el honor, y el negocio, de formar parte de la MLS a partir de 2020. El precio a pagar por las candidaturas finalmente seleccionadas está fijado en USD 150 MM, concepto que funciona como una especie de matrícula o coste hundido por pertenecer a la MLS (expansion fee) y cuyo importe hace palidecer a los USD 10 MM que en 2007 pagó Toronto FC por este mismo derecho. Hasta aquí, todas las candidaturas están en igualdad de condiciones siendo factores más subjetivos los que decantan la balanza a favor de unas u otras.

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Históricamente el criterio en el que basaba su decisión el órgano director de la MLS era fundamentalmente geográfico. Aquellos mercados sin explotar comercialmente y donde podía existir una masa de aficionados suficientemente numerosa y desatendida por la MLS eran los buscados para el desarrollo de nuevas franquicias. Así Chicago, Seattle y Philadelphia, Nueva York y más recientemente Atlanta se incorporaron poco a poco, y bajo este criterio de localización, a la MLS vía las franquicias de expansión. Hoy, tras 21 años de MLS, la liga comienza a dar síntomas de madurez y aunque todavía existen mercados que alimentar (especialmente el MidWest) los parámetros por los que se rige la estrategia a corto y medio plazo de la MLS no son estrictamente geográficos.

La experiencia reciente muestra que son las franquicias con una estructura accionarial más poderosa en lo económico y más comprometida con el desarrollo de la MLS las que están haciendo avanzar a la liga. Seattle Sounders, New York City, Toronto FC, Orlando City y Atlanta United son claros ejemplos de clubs que apuestan por la MLS y que no dudan a la hora de invertir importantes cantidades de dinero en sus franquicias. Designated players de nivel mundial (“jugadores franquicias” no sujetos al límite salarial por los que se apuesta como Miguel Almirón (Atlanta United), David Villa (New York City), Sebastian Giovinco (Toronto FC)), soccer specific stadiums (estadios puramente de fútbol como el construido por Orlando City con un coste de USD 155 MM), instalaciones deportivas modernas (Atlanta United invirtió USD 60 MM en las suyas) e inversión en las categorías inferiores son aspectos que diferencian a las franquicias exitosas de las que fracasan y de ello es plenamente consciente la MLS. Por ello, en esta nueva ronda de expansión el peso de la decisión ha migrado desde la localización hacia el compromiso y la capacidad financiera de los propietarios de las franquicias. Se está yendo hacia un modelo que prima el have vs el have not (los que tienen recursos vs los que no los tienen)

La MLS busca franquicias sólidas financieramente y dispuestas a invertir en soccer

La decisión final se espera antes de fin de año y aunque las apuestas están abiertas sí se empiezan a ver candidaturas mejor posicionadas que otras. De forma breve mostramos a continuación las principales fortalezas y debilidades de cada una de las ciudades en lucha por esas ansiadas plazas en la MLS

NASHVILLE I Nashville SC

Fortalezas: Equipo en USL a partir de 2018 (teórica segunda división del fútbol en EEUU y Canadá), estructura accionarial sólida (dueño de Minnesota Vikings – NFL), plan de inversión en estadio propio (USD 275 MM y 27.500 espectadores), apoyo municipal y buena acogida local a los partidos de la Gold Cup disputada este verano (47.622 espectadores)
Debilidades: 3º mercado de TV entre los candidatos

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SACRAMENTO I Sacramento Republic

Fortalezas: Exitoso equipo en la USL (campeón en 2014), estructura accionarial sólida (CEO de Hewlett-Packard, CEO de San Francisco 49ers – NFL, accionista minoritario de Sacramento Kings – NBA, etc.), plan de construcción de estadio propio (inversión privada por USD 226 MM y 20.000 espectadores)

Debilidades: 2º mercado de TV entre los candidatos

CINCINNATI I FC Cincinnati

Fortalezas: Exitoso equipo en USL (record de asistencia en la competición y semifinalista en la Open Cup 2017) y plan de inversión en estadio propio (inversión privada por USD 200 MM y 21.000 espectadores),
Debilidades: Mercado de TV más reducido de entre los candidatos (competencia casi directa con la franquicia existente de Columbus Crew distante en poco más de 100 millas), localización del estadio no definida y apoyo financiero municipal inferior al esperado

DETROIT I Se eligió un nombre, pero tuvo que ser desechado al estar registrado por un equipo amateur

Fortalezas: Estructura accionarial sólida (Familia Ford, Dueños de Cleveland Cavaliers y Detroit Pistons – NBA) y mayor mercado de TV entre los candidatos
Debilidades: Ausencia de planes para estadio propio ofreciendo como alternativa el Ford Field de los Detroit Lions – NFL (65.000 espectadores) y ausencia de equipo en divisiones inferiores

La decisión final no se hará esperar y serán el Comisionado Don Garber y el Comité de Expansión de la MLS, formado por representantes de New England Revolution, Chicago Fire, Columbus Crew, Orlando City y Philadelphia Union, quienes la tomen. Nashville y Sacramento son las ciudades que hoy parten como favoritas pero la MLS mira hacia el futuro, buscando incorporar aquellas franquicias que más puedan aportar al fútbol de EE.UU. y Canadá durante las próximas décadas. En pocas semanas tendremos la decisión final y posiblemente ésta nos ayudará a entender mejor hacia dónde quiere ir la MLS.

Fuente imagen principal: Adidas.

Clásicos de la MLS (III): Derby del Río Hudson

Clásicos de la MLS (III): Derby del Río Hudson

Nueva York ejerce de forma simbólica como capital del mundo del ocio. La ciudad más populosa de Estados Unidos es un escaparate único que dota de proyección mundial a los eventos que allí tienen lugar y, por ello, el deporte siempre ha tenido en la ciudad del los rascacielos a su más fiel compañera. Sólo Nueva York, de entre todas las ciudades de Estados Unidos, cuenta con dos equipos en cada una de las grandes ligas norteamericanas, dejando bien a las claras su papel preferencial en el deporte nacional. Rangers vs Islanders (NHL), Yankees vs Mets (MLB), Giants vs Jets (NFL), Knicks vs Nets (NBA) y City FC vs. Red Bulls en la Major League Soccer (MLS) son las grandes rivalidades que alimentan la pasión de los aficionados neoyorquinos.

La relación de la Gran Manzana con el fútbol se remonta a comienzos de los años 70 cuando el Cosmos de Pelé y Beckenbauer era capaz de juntar a 70.000 personas en el estadio de los Giants (Mick Jagger y Hery Kissinger eran habituales en las gradas The Meadowlands). Arrastrado por el fracaso de la North American League Soccer, este conjunto de ensueño dijo adiós en 1985 no siendo hasta la siguiente década cuando Nueva York volvió a contar con un equipo en la élite del fútbol nacional. En paralelo a la creación de la MLS y al abrigo del gran éxito del Mundial disputado dos años antes en Estados Unidos, nació en 1996 New York / New Jersey Metrostars. La ausencia de rival situó a la nueva franquicia en una posición de dominio absoluto en la ciudad, siendo su evidente potencial de crecimiento el causante de que en 2006 la compañía austriaca de bebidas energéticas Red Bull se hiciera con la propiedad de la misma.

New York / New Jersey Metrostars pasó a llamarse en 2006 New York Red Bulls tras ser adquirido por la multinacional austriaca

Se cambió el nombre, New York Red Bulls, pero se respetó el color rojo característico de Metrostars y se apostó por la franquicia construyendo en 2010 el Red Bull Arena en Harrison (Nueva Jersey), segundo soccer specific stadium más grande de la MLS tras el Stub Hub de Los Ángeles Galaxy. Todo estaba listo para que New York Red Bulls fuera el equipo de todo Nueva York pero la MLS tenía otros planes. De esta manera, y bajo la dirección del Comisionado de la MLS Don Garber, El 21 de mayo de 2013 se anunció que la franquicia número 20 de la liga, ahora son 22, sería New York City FC. Un grupo inversor formado por el fondo de Abu Dhabi propietario del Manchester City y los dueños de los Yankees entraba a formar parte de la MLS y lo hacía desde el corazón mismo de Nueva York. La singularidad de New York Red Bulls tocaba a su fin. La rivalidad estaba servida y la lucha por la hegemonía en la capital del ocio, ya presente en el resto de los grandes deportes, alcanzaba definitivamente al fútbol.

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Un recién llegado a la MLS puede afirmar que New York Red Bulls y New York City son sólo las dos caras de una misma moneda y, hasta cierto punto, no se equivocará ya que el ADN de ambos equipos guarda ciertas similitudes. No en vano, ambos clubs son sólo un eslabón más de corporaciones futbolísticas de enormes dimensiones. Red Bull (Red Bull Salzburg, RB Leizpig, Red Bull Brasil y Red Bull Ghana) y City Football Group (Manchester City, Melbourne City, Yokohama Marinos, Girona y Club Atlético Torque) son grupos empresariales cuyo ámbito de influencia se extiende por diferentes clubs de fútbol localizados en latitudes muy diversas. Sin embargo, y sobre todo para un aficionado de Nueva York, hasta ahí llegan las similitudes entre Red Bulls y City.

Ambas franquicias forman parte de conglomerados deportivos cuyos tentáculos se extienden por diferentes continentes

La incorporación formal de New York City a la MLS tuvo lugar en la temporada 2015, sólo hace 3 cursos, pero escuchando hablar a los aficionados de los sky blue y de los toros parece que el enfrentamiento entre los dos equipos de Nueva York se remontase al principio de los tiempos. El motivo por el que unos y otros han interiorizado de forma tan acelerada sus colores puede resultar sorprendente pero el hecho es que los aficionados más ruidosos de ambas franquicias se profesan una animadversión casi total. Este rechazo tan evidente, pocas veces expresado de forma tan clara dentro del mundo del deporte en Estados Unidos, ha provocado en varias ocasiones altercados violentos sofocados por la intervención de la policía.

Los aficionados de New York Red Bulls se vanaglorian de haber estado siempre ahí y tachan, de forma despectiva, de recién llegados a los vecinos del City. Por ello, y a modo de bienvenida a la MLS, en el primer partido disputado entre ambos conjuntos en territorio de Red Bulls, un fondo del estadio lucía una pancarta que decía “20 años tarde y sin estadio”. Una clara referencia al carácter primigenio de Metrostars y al hecho de que New York City juega sus partidos de prestado en el estadio de los Yankees (New York City es la única franquicia de la MLS que disputa sus encuentros como local en un campo de béisbol). Por contra, y en el proceso de búsqueda de una personalidad propia, imprescindible para cualquier equipo de fútbol, aquellos que viven por y para New York City apuntan que ellos son el único equipo verdaderamente de Nueva York. Afirmación hasta cierto punto razonable ya que al contrario que el Red Bull Arena (Harrison, Nueva Jersey), los de azul ejercen como local en el mismo Bronx siendo éste parte de los 5 barrios originales de Nueva York (five boroughs).

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A pesar de que todavía ni Red Bulls ni City han logrado alzar la MLS Cup ambas conjuntos se posicionan entre las franquicias más poderosas en lo económico. Esa fuerza en los despachos, unida al atractivo que para muchos jugadores internacionales tiene la Gran Manzana, les ha permitido a lo largo de los años articular sus plantillas a través de figuras de renombre mundial como Thierry Henry, Roberto Donadoni y Youri Djorkaeff (Metrostars/Red Bulls) y Andrea Pirlo, Frank Lampard y David Villa (New York City). El hecho de que las dos franquicias formen parte de multinacionales del fútbol y cuenten por tanto con abundantes recursos económicos apuntaría a aficionados tipo similares en el Bronx y en Harrison. Sin embargo, no es así. La masa social de unos y otros se presenta diferenciada de tal forma que los grupos más ultras de los del toro están mayoritariamente formados por descendientes de europeos mientras que en el Bronx abundan aficionados latinoamericanos y de origen polaco. El motivo, no está claro, pero hay quien apunta que la segmentación entre aficionados de uno y otro equipo sigue un patrón similar al existente dentro de Nueva York con el resto de los grandes deportes.

Pirlo, Henry, Villa, Djorkaeff, Lampard…¿quién será la siguiente estrella en llegar a Nueva York?

La elite del deporte de Nueva York está conformada por los Yankees, Knicks, Giants y Rangers y todos ellos emparentan con New York City en, al menos dos aspectos. El primero de ellos es la vinculación existente entre estos equipos y los five boroughs de Nueva York y el segundo el predominio del color azul en sus equipaciones (sin olvidar la relación especial entre Yankees y New York City). Por contra, Mets, Nets, Jets e Isles, históricamente los hermanos pobres del deporte de Nueva York, son los equipos de los suburbios. Equipos alejados de lo que los millones de turistas que inundan Manhattan considerarían Nueva York y por tanto enfrentados a una realidad similar a la de New York Red Bulls cuyo estadio se levanta alejado del Nueva York de las películas. ¿Existirán aficionados de los Mets que apoyen a New York City? Es posible, pero seguro que son los menos aunque en el fútbol nunca se sabe…

El derby del Rio Hudson, como se conoce al enfrentamiento entre estos dos equipos por el rio que separa Nueva Jersey de Nueva York, se ha disputado sólo en diez ocasiones siendo hasta la fecha New York Red Bulls el equipo más victorioso con seis triunfos. Sin embargo, tras un inicio arrollador por parte de los del toro (especialmente sangrante el 0-7 cosechado en el Yankee Stadium en mayo de 2016) parece que las tornas empiezan a cambiar. Los dirigidos por Patrick Viera acumulan, de la mano de David Villa, dos victorias y un empate en los últimos enfrentamientos y esto hace que los aficionados de New York Red Bulls empiecen a tomarse este derbi muy en serio. DC United, histórico rival de New York / New Jersey Metrostars, es un partido importante para ellos (durante años el partido del año para Red Bulls) pero mucho más importante es ganar a los vecinos del New York City. Nueva York puede ser roja o azul, quien se haga primero con la MLS Cup seguro que teñirá la Gran Manzana con sus colores. Este año, por segunda temporada consecutiva, ambos equipos han caído en semifinales de Conferencia por lo que el trono del soccer en Nueva York todavía está a la busqueda de dueño.

Fuente imagen principal: Agencias.

Dallas Tornado, precursores del verano futbolístico

Dallas Tornado, precursores del verano futbolístico

Cruzar la frontera cavando por debajo de la verja que separa Pakistán de la India, salir abucheados de una plaza de toros en Madrid, recibir una goleada en Córdoba, visitar Vietnam en plena guerra, conseguir comida a cambio de balones… La gira del Dallas Tornado en 1967, además de ser la primera de un club norteamericano por Europa, es la mejor de todas con mucha diferencia sobre las que se organizaron después. Incluidas las de plástico, como las que programan hoy día los clubes.

Todo germinó cuando Lamar Hunt, uno de los más grandes promotores del deporte estadounidense y fundador de la antigua NASL (predecesora de la actual Mayor League Soccer), quedó prendado de la final mundialista que en 1966 enfrentó a Inglaterra con Alemania. Maravillado, quería importar semejante generador de pasiones en su país, Estados Unidos. Así que un año después, en su misión por incluir el soccer en el diccionario futbolístico, Hunt fundó el Dallas Tornado (equipo de la ciudad en la que se crió) para convertirlo en un detonador que obligara a expandir el círculo, aquel que dominaban Europa y Sudamérica a partes iguales. Quiso construir el primer “Cosmos de Pelé” pero se le escapó un detalle: no tenía a Pelé.

“En esa época, Dallas solo era conocido por ser la ciudad en la que dispararon a JFK. Sinceramente hasta entonces no había escuchado nada más acerca de ese lugar.” Mike Renshaw, ex jugador del Manchester United, formó parte de la expedición de 1967

Hunt decidió contratar a Bob Kap para encabezar una gira que consistió en disputar 45 partidos en 19 países diferentes durante un periodo de seis meses y medio. Kap, exiliado tras la Revolución húngara de 1954, era entrenador y ex alumno de la Academia húngara en la que estudió junto a un tal Ferenc Puskas. Su asistente Paul Waters había sido el encargado del trabajo de campo; durante los seis meses anteriores a la gira estuvo cruzando la Tierra a lo largo y ancho del globo. Tocó la puerta de intocables clubes y asociaciones mientras el club cazaba “talentos”. Todo un esfuerzo para cerrar la que sería la gira de sus vidas. La media de edad del equipo no alcanzaba la veintena, y el cuerpo técnico carecía de personal médico para prevenir lesiones.

En resumen, en aquel verano del 67′ el Dallas Tornado se lanzó al mundo con el único propósito de darse a conocer, generar marca, y situar el juego en el último cajón de sus prioridades. El equipo lo conformaban ocho ingleses (en su mayoría descartes de la liga inglesa como John Stewart, de quien Bill Shankly se deshizo, o jugadores amateurs como Bill Crosbie, un ex conductor de autobuses que vio un anuncio en el periódico), cinco noruegos, dos suecos, dos neerlandeses y tan solo un americano (Jay Moore). Sí, de 18 jugadores había tan solo un americano. Y sin embargo, la plantilla tenía la firme orden de lucir un aspecto propiamente yankee. “Eran los 60′, plena era hippie, por lo que muchos de nosotros lucíamos pelo largo. Pero Hunt no quería esa imagen para el equipo. Quería tipos altos, fuertes y totalmente afeitados”, comenta Jan Book, centrocampista sueco del equipo.

“Era una locura. Imagínate un grupo de jugadores como nosotros yendo al Irak de hoy en día. Los organizadores no sabían lo que hacían.” John Stewart (Fuente: FourFourTwo)

Tras una primera parada en Niza, el Dallas Tornado bajó a España para jugar un amistoso frente al Córdoba (el equipo andaluz venció 4-0), enfrentamiento que los estadounidenses afrontaban con un “miedo de muerte, ya que nunca habíamos jugado con luz artificial”, admitía Book recientemente. Días antes habían aprovechado el viaje para visitar Madrid, donde presenciaron una corrida de toros que terminó de la peor manera para el equipo texano; en un momento dado el matador lanzó la montera a la zona en la que estaban sentados los jugadores, y estos tuvieron la mala idea de devolvérsela al torero acto seguido, provocando la consiguiente reacción malhumorada del público local. Pero su paso por la capital también tuvo luces; tuvieron la oportunidad de conocer a la plantilla del Real Madrid debido a la relación que unía a Puskas (por entonces en el equipo blanco) con Kap. Un par de victorias después (ganaron al Alcalá y el Coria FC) cruzaron el estrecho de Gibraltar para derrotar al UD Tanger, partido en el que el árbitro llegó a añadir 15 minutos de descuento. La gira por la península ibérica finalizaría con un partido ante el Real Oviedo, contra el que perderían por 4-0.

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En octubre viajaron a Turquía, donde 25.000 espectadores presenciaron en Estambul un Fenerbahce-Dallas Tornado que finalizó 2-2.Un meritorio empate dado que en el plantel otomano jugaba Lefter Kucukandonyadis (considerado por muchos el mejor futbolista turco de todos los tiempos). Una semana después, estando en Atenas, el Dallas sumaría una nueva anécdota que resultaría ser un mito. Teóricamente el Dallas Tornado perdió un avión que debería haber trasladado al equipo hasta Chipre, para jugar allí un nuevo amistoso. Dicho avión estalló en pleno vuelo por un atentado de bomba dejando 66 muertos. “Nunca antes habíamos escuchado nada sobre explosiones en aviones. […] No es cierto que nosotros tendríamos que haber estado abordo de ese avión, pero es igualmente aterrador”, admite Book.

De Chipre a Irán. En el país pérsico disputaron cinco encuentros en seis días, jugando en mínimos (con varios lesionados) y en las peores condiciones (calor, transporte maltrecho, césped impracticable…) en un lugar donde la gente “se moría en la calle”. “Experiencias así no solo nos sirvieron para crecer no como jugadores, sino como personas”, cuenta Book. Sin ir más lejos, el guardameta del Tornado, Odd Lindberg, que posteriormente defendería la portería del IFK Göteborg que dirigió Sven-Goran Eriksson (1979-82), realizaría años después un doctorado en sociología tras ver escenas que en su querida Oslo hubiera sido impensable poder presenciar. “La gira me ayudó a entender a las nuevas culturas. Ninguno de los que conformábamos aquel equipo estaba preparado para ver lo que vimos”.

Tras Irán, turno de Pakistán. 35.000 espectadores se congregaron en Karachi para ver a su selección nacional enfrentarse a aquellos chicos de porcelana. El Tornado venció el primero de los dos partidos (2-1) y perdió el segundo (4-2). Más adelante, de camino a la India, en la frontera varios jugadores (aquellos que no pertenecían a la Commonwealth) se quedaron sin poder cruzar al otro lado de la valla. Aún peor, lo que parecía que iban a ser un par de horas por un tema burocrático de visados, terminó alargándose. “El pueblo en el que estábamos atrapados era pequeño y creo que los habitantes no habían visto a un blanco en su vida. No teníamos comida, así que la gente nos ofrecía pollo y naranjas a cambio de balones”, cuenta Book. Al día siguiente, cuando creían que la espera llegaba a su fin, la desesperación se estiró un poco más. Era medianoche cuando los agentes recibieron el permiso de dejarles pasar, pero el general al cargo del cuartel estaba dormido, así que no tendrían el OK definitivo hasta la mañana siguiente. “Llevábamos 48 horas sin dormir y algunos jugadores estaban enfermos, pero nos avisaron de que si no obedecíamos e intentábamos cruzar la frontera nos pegarían un tiro”. Ante aquella encrucijada y asumiendo el riesgo de dicha amenaza, decidieron romper parte de la cerca y cavar un agujero por el que atravesar todo el equipaje.

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Una vez en la India, el estado físico había pasado a ser el principal aspecto por el que preocuparse. Los resultados (vencieron un partido de siete disputados), menos importantes, fueron consecuentes. Para más inri en el siguiente destino, Singapur, fueron recibidos al grito de “Go Home, Yankees” y “Kennedy Killers” (el comunismo chino latía con fuerza en el país singapurense). Ante 50.000 almas, el equipo estadounidense abandonó el campo “a pedradas”, tal y como recoge la crónica del partido que jugó contra la selección nacional. El encuentro no pudo llegar al minuto 90, y al igual que sus siguientes compromisos en el país, se suspendió. Los jugadores esperaron durante varias horas en el vestuario hasta que los aficionados locales, que esperaban enfurecidos fuera del estadio, se marcharan. Pero el conflicto no acababa aquí. La próxima parada sería una nueva puerta del infierno: Vietnam esperaba.

“Si veis que hay humo blanco ahí fuera, es el enemigo que nos está disparando. Por lo tanto vamos a volar muy alto y aterrizaremos muy rápido.”

La advertencia del piloto del avión era un pequeño esbozo de lo que se iban a encontrar. “Nada más aterrizar vimos las bolsas que utilizaban para guardar los cuerpos de los caídos”, cuenta Bill Crosbie. En los desplazamientos el equipo viajaba en pequeños grupos para evitar ser un blanco fácil para el enemigo. “La situación era surrealista. Estuvimos sentados hablando con las tropas americanas en plena guerra. Nos dijeron que las cosas no iban muy bien”, apunta Stewart. El Dallas Tornado empató por partida doble contra la selección vietnamita y el Saigon. “En el estadio los soldados se encaraban contra los espectadores con armas mientras nosotros jugábamos a fútbol. Era la parte sur de Vietnam, por lo que la gente era más pacífica, pero era una situación extraña”, comenta Crosbie.

“Estábamos mental y físicamente destrozados”. Bill Crosbie (Fuente: The Guardian)

Terminado el calvario, en las últimas semanas antes de la vuelta a casa, el Dallas Tornado se reencontró con la normalidad visitando países como Taiwan, Japón, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda. Una vez vuelto al continente americano, y a quince días de inaugurarse la primera temporada de la historia de la NASL, el conjunto texano cerró la gira en Centroamérica (Costa Rica, Honduras, Guatemala) sin conquistar ninguna victoria. Exhaustos, comenzaron -y finalizaron, dicho sea de paso- la liga en un estado de forma desconsolador. A la derrota por 6-0 de la primera jornada le seguiría una retahíla de desastres incontrolables (el Tornado venció 4 de los 32 partidos que jugó, con una diferencia negativa de 81 goles al término de la competición). La experiencia “podría haber ido mejor, pero si tuviera que ir de nuevo mañana, lo haría”, confesaba Stewart. En sus palabras y en la de sus compañeros de viaje se advierte un cambio vital en un grupo humano precursor que, con la pelota como excusa, asentaron las primeras bases modernas del verano futbolístico.

Fuente imagen principal: The Nutmeg News.

Clásicos de la MLS (II): Derby 401 (desde Toronto)

Clásicos de la MLS (II): Derby 401 (desde Toronto)

Encontrar justificación para un viaje a Canadá no resulta difícil. Una vez que se vence la pereza asociada a la lejanía y al consiguiente gasto asociado al desplazamiento, Canadá es un destino que difícilmente resultará anodino.  Naturaleza desbordante, ciudades cuidadas hasta el más mínimo detalle y lugareños percibidos como parientes lejanos a los que nos sentimos culturalmente muy próximos. Eso, y mucho más, convierte a Canadá en un destino inmensamente atractivo. Si bien, para gustos están los colores, y siempre hay quien encuentra motivos adicionales, por mucho que éstos no aparezcan en las guías de viaje, por los que pisar el país de la hoja de arce. ¿Canadá y fútbol? ¿En serio? ¿Por qué no?.

Los clásicos de la MLS, uno a uno, en Underground Football

Canadá nunca se ha llevado demasiado bien con el fútbol. De hecho, su última participación en un Mundial se remonta a 1986 y, como bien puede atestiguar Benito Floro, ex seleccionador nacional de Canadá, tampoco el Mundial de Rusia 2018 contará con su presencia.  Sin lugar a dudas se trata, en lo que al fútbol masculino se refiere, de una nación menor (la selección femenina alcanzó la medalla de bronce en las dos últimas Olimpiadas). ¿Cuántos aficionados al fútbol puede nombrar a uno o dos jugadores canadienses? Pocos. Sin embargo eso no significa que el fútbol en Canadá no exista. Al contrario, es un deporte en claro crecimiento y que, de la mano de la participación de 3 equipos canadienses en la Major League Soccer (“MLS”) y de una población cada vez más abierta al mundo, va camino de coger una relevancia sustancialmente mayor. No en vano, el deporte más practicado por la juventud en Canadá es el fútbol, desplazando a entre otros el hockey sobre hielo, deporte nacional por antonomasia, el beisbol y el baloncesto.

La selección másculina de Canadá no ha estado presente en un Mundial desde 1986 y tampoco estará en Rusia 2018

Un poco por ese afán de entender qué hace que un canadiense se vuelva loco por el fútbol y otro poco por ganas de sentir en primera persona cómo de diferente se ve un partido en San Mamés y en el BMO Field, decidimos poner rumbo a Toronto. Allí, justo donde hace un año se decidió el título de la MLS, queríamos presenciar el conocido como Derby de la 401. Toronto FC y Montreal Impact, las dos principales ciudades del Este de Canadá frente a frente, anglófonos contra francófonos,  Giovinco contra Piatti… En definitiva, la repetición en fase regular del brutal partido que el curso pasado llevó a Toronto FC a disputar su primera MLS Cup tras derrotar a Montreal Impact por 5-2.

Hace 10 o 20 años comprar entradas para un partido en otro continente hubiera sido tarea titánica pero hoy día esto no es un problema. Entrar en la página web de Toronto FC, seleccionar partido, elegir asientos y ya las tienes en tu ordenador. En menos de 15 minutos garantizas tu presencia en la grada del BMO Field de Toronto. El precio, para los que vivimos y sufrimos el coste del acceso al fútbol en España, es muy asequible. Por 32 dólares canadienses (poco más de 21 euros) teníamos nuestro sitio en la tribuna principal. Vivir la Major League Soccer en directo y hacerlo además viendo al considerado por muchos como el mejor equipo de la historia de la competición frente a sus rivales de Montreal Impact era sin duda un planazo.

El Derby de la 401 enfrenta a Toronto FC y Montreal Impact. A pesar de tratarse de una rivalidad joven su intensidad es reflejo de la escasa afinidad existente entre los habitantes de ambas ciudades

Toronto, como la mayoría de ciudades de Norteamérica, vive por y para sus equipos deportivos. Toronto Maple Leafs (hockey), Toronto Blue Jays (beisbol), Toronto Raptors (baloncesto) y Toronto FC (fútbol) son en mayor o menor medida el orgullo de una ciudad que la revista Rolling Stone catalogó este año como posiblemente “the next great sport city in North America”.  El último gran título para la ciudad vino de la mano de los Toronto Blue Jays, en 1993 vencieron en las series mundiales de beisbol, pero la ciudad va a más y el curso pasado tanto Toronto FC (subcampeón de la MLS) como los Raptors (finalista en la Conferencia Este) y los Blue Jays (subcampeón de la Liga Americana, equivalente a la final de conferencia) contribuyeron a alimentar la pasión que en Toronto sienten por sus equipos. En este entorno  llegó el día de partido y desde primera hora decidimos lucir por la ciudad nuestra recién adquirida camiseta de Toronto FC.

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No esperábamos una marea de camisetas rojas desde primera hora, a fin de cuentas el partido era en miércoles, pero sí que guardábamos la esperanza de que los aficionados de Toronto FC se dejasen sentir por la ciudad durante el día. No pudimos estar más equivocados. Una señora con la camiseta de Toronto FC y un señor con una gorra fue todo el color rojo que vimos por la mañana y teniendo en cuenta que en Norteamérica el uso de gorras está a la orden del día, no parecía un gran botín. Eso sí, al entrar en un bar a pedir la clave del wifi, previa consumición por supuesto, y gracias tanto a mi inglés como a la camiseta de Toronto FC, llamé la atención lo suficiente como para tener la suerte de mantener una apasionada charla sobre fútbol y Toronto con un aficionado local. Él estaba sorprendido de que alguien que puede disfrutar de la liga española fuese a Toronto a ver fútbol y yo no podía entender que, a pesar de las buenas críticas que la prensa especializada está haciendo de él, me dijera que la clave de Toronto FC no está en Sebastián Giovinco (54 goles y 37 asistencias en sus 3 temporadas) sino en el español Víctor Vázquez, recién llegado a la MLS de la Liga MX. Le sorprendió tanto nuestra presencia que hasta nos presentó al dueño del bar…

Toronto ha crecido animando a Maple Leafs (hockey), Blue Jays (beisbol) y Raptors (baloncesto) pero desde hace unos años ha asimilado también como propio a su franquicia en la MLS  

En Norteamérica, al contrario de lo que sucede en la mayoría de ciudades en Europa, un buen número de los llamados soccer specific stadiums (estadios construidos fundamentalmente para la práctica del fútbol) suelen estar localizados fuera de los núcleos urbanos. El motivo es evidente, son estadios más o menos nuevos y el suelo en el centro es escaso y caro. Si bien, Toronto se puede decir que es casi una excepción a ello. El BMO Field no está en el centro pero pudimos llegar a éste por medio de un agradable paseo de 30 minutos por la orilla del Lago Ontario. Esta accesibilidad, sin duda, ayuda a arrastrar a más aficionados al fútbol pero, aun así, éstos siguen en desventaja frente a los muy céntricos Rogers Centre (hogar de Toronto Blue Jays) y Air Canada Centre (hogar de Toronto Raptors y Toronto Maple Leafs). Posiblemente por ello, y por la coincidencia de horario entre los partidos de Toronto FC y Toronto Blue Jays, la zona turística estaba poblada de las camisetas azules del equipo de beisbol local.

El BMO Field, al igual que buena parte de la ciudad de Toronto, surge junto al Lago Ontario. Allí, soportado por una estructura de tubos que a ojos de alguien no experto en construcciones resulta algo endeble (de hecho ésta no para de tambalearse cuando la afición local decide animar golpeando sus pies en el suelo) surge el conocido como Estadio Nacional de Canadá. Levantado en 2007 y con una capacidad actual de 30.226 espectadores, el Bank of Montreal Field (curioso que un banco originario de Montreal bautice el estadio de sus rivales de Toronto) es el hogar tanto de Toronto FC como de Toronto Argonauts de fútbol canadiense. Propiedad de la Ciudad de Toronto y de hierba natural, el BMO Field ha sido sede del mundial de fútbol sub 20 de 2007 y ha visto sobre su césped, entre otros, al Real Madrid entrenado por Manuel Pellegrini en 2009. Se trata de un estadio con características similares a las de muchos de los otros estadios de la MLS. Dos tribunas elevadas flanqueadas por fondos más bajos en los que se concentran buena parte de los aficionados más ruidosos.

La mayoría de los soccer specific stadiums tienen capacidad para entre 20.000 y 30.000 espectadores situándose el BMO Field, tras la última ampliación, ligeramente por encima de estas cifras

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Tal y como ocurre en todo el deporte norteamericano, el partido entre Toronto FC y Montreal Impact comenzó con el himno canadiense entonado desde cerca del área técnica por un varón de buenos pulmones. A un español esto le suena raro pero no dejó de ser muy emotivo ver el respeto con el que el público se puso en pie y acompañó, a capela en muchos momentos, el apasionado himno conocido como O Canada (precisamente en 2017 se cumplen 150 años de la fundación de Canadá). El fútbol, a pesar de ser un muchos aspectos el lenguaje más universal que existe, se entiende y se vive de diferentes maneras en función del sitio y Canadá no podía ser una excepción. Estábamos ante un derby, un partido que en Europa o en Latinoamérica hubiera hecho que el estadio estuviera hasta la bandera desde mucho antes del comienzo y que los ojos de los aficionados brillasen como sólo lo hacen en los días más especiales, sin embargo habíamos viajado a Canadá y aquello era distinto.

Como si se tratase de una película de cine en Madrid y los primeros diez minutos fuesen para visualizar trailers aburridos, con el pitido inicial el estadio apenas superaba la media entrada y no fue hasta aproximadamente el cuarto de hora cuando los allí reunidos superamos los 28.000 espectadores.  El ritmo pausado con el que tomaron su asientos fue, de alguna manera, motivo de castigo ya que en cuestión de 10 minutos los visitantes ganaban 0-2. De esta forma daba comienzo un partido loco que finalizó con sorprendente victoria de Montreal Impact por 3-5. Era la primera derrota de la temporada en casa de Toronto FC, al que las bajas de sus estrellas Sebastian Giovinco, Jozy Altidore y, cómo no, Víctor Vázquez, le impidieron ser suficientemente competitivos frente a los liderados por el argentino Ignacio Piatti.

La liturgia del aficionado al fútbol cambia mucho de un lugar a otro y el aficionado canadiense está todavía lejos de ser tan apasionado y crítico como el de otras latitudes

90 minutos dan para mucho. Ver fútbol, comerse un hot dog y hacer un análisis concienzudo de todo lo que rodea un partido es posible en esa hora y media. El público que nos rodeaba en la tribuna era mayoritariamente caucásico, rara vez superaba los 50 años y, me atrevería a decir, que se situaba en una escala social media-alta. Muchos de ellos portaban camisetas del equipo local, no acompañada de ningún otro elemento decorativo bien sea banderas o bufandas, y disfrutaban del partido con una tranquilidad sorprendente. Que Toronto FC recibía un gol en propia puerta nada más comenzar, no pasa nada. Que Toronto FC recibía cinco goles en casa, ni un atisbo de protesta. Y eso sí, cada vez que los suyos se acercaban a la portería rival emoción máxima como si el resultado global no les llevase al más hondo desánimo. La calma era tal que a más de uno y de dos el cuarto gol de Montreal Impact les pilló en la cola de algún puesto de comida sin que por ello estos amagasen con darse la vuelta o farfullaran algo sobre el delantero rival. Sin lugar a dudas, otra forma de ver y sentir el fútbol (al menos durante la fase regular, concepto muy arraigado en Norteamérica pero poco generalizado en el mundo del fútbol).

El futuro del fútbol en Canadá se presenta ilusionante. Es cierto que hay limitaciones pero su creciente repercusión mediática, el poder económico de sus franquicias en la MLS, la presencia en el país de jugadores de renombre como Sebatian Giovinco y Didier Drogba (hasta el año pasado en Montreal Impact), una base social joven y fiel y una selección nacional que empieza a dar síntomas de un futuro más prometedor animan a pensar que Canadá tiene mucho que aportar al mundo del fútbol en la próxima década.

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Jon Bakero: ”Los jugadores tienen 4 años para mejorar y, a la vez, sacarse la carrera”

Jon Bakero: ”Los jugadores tienen 4 años para mejorar y, a la vez, sacarse la carrera”

“Trataré de hacerlo en esta semana, no tardaré mucho más tiempo. Para estos días te las respondo”. Quien pronuncia estas palabras es Jon Bakero, hijo de Jon Mari, fantástico ex jugador español que dejó su huella en el FC Barcelona. El joven de 21 años siguió su legado y también se decantó por el deporte, aunque lo más probable es que usted no le conozca. Es lógico, pues ladeó al sistema convencional y persiguió su sueño de una manera distinta. Ingresó al circuito universitario norteamericano y actualmente defiende los colores de Wake Forest University en la División I de la NCAA. En los papeles, es un jugador amateur, pero disfruta de menos tiempo libre que cualquier muchacho de su edad en España que pertenezca a las inferiores de un club, por eso la tardanza a la hora de poder concretar la entrevista. En Estados Unidos exprimen sus capacidades y preparan para, en el futuro, dar el salto al fútbol profesional. Mientras, los deportistas estudian una carrera y acuden a clase como lo hace cualquier otro alumno. En esta nota, que pudimos hacer aprovechándonos del pequeño hueco que tenía en su agenda, desmenuzamos gran parte de la interesantísima estructura estadounidense junto a una de sus principales figuras.

Cuando uno repasa tu corta (pero fructífera) carrera, rápidamente divisa que no tomaste el camino convencional. Como muchos otros hijos de ex futbolistas mundialmente conocidos, te decantaste por seguir los pasos de tu padre, pero lo hiciste de una forma atípica: migrando al fútbol universitario estadounidense. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión y cómo fue el proceso?

Al acabar el Bachillerato aún me quedaba un año de juvenil, y tenía opciones para quedarme en mi país natal, España. Pero al mismo tiempo surgió la oportunidad de poder venir a jugar en Estados Unidos, donde también podía estudiar, y hablando con mis padres, decidimos que era la mejor opción. Aquí tenía la oportunidad de competir a un muy buen nivel a la vez que me preparaba para el futuro estudiando una carrera que me agrada. Fue un proceso duro con todo el papeleo para poder venir, pero definitivamente valió la pena.

”Aquí (Estados Unidos) tenía la oportunidad de competir a un muy buen nivel a la vez que me preparaba para el futuro estudiando una carrera que me agrada. Fue un proceso duro con todo el papeleo para poder venir, pero definitivamente valió la pena”

Ya vamos a estar hablando de tus características como futbolista, pero primero me gustaría hacer hincapié en el tópico del sistema donde te encuentras jugando. Tu universidad, Wake Forest, campeonó en el torneo ACC, el más complicado de la nación. ¿Como es el día a día siendo un ‘student athlete’ (como lo llaman en Estados Unidos; estudiante-atleta en español) y que tan competitivo es la División I del torneo NCAA?

Pues ser un Student-Athlete quiere decir que no hay mucho tiempo libre. Entrenamos todos los días de la semana y aparte de eso nos exigen asistir a clase como a cualquier otro alumno. Es intenso pero muy satisfactorio. Y bueno, en cuanto al nivel de la NCAA, te puedo decir que es muy competitiva, viniendo de España no sabía muy bien que esperar pero la verdad que me sorprendió para bien.

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Algunos medios destacan tu labor como centrocampista, mientras que otros remarcan tu facilidad para jugar de delantero. Tus números son completos, puedes asistir y anotar. Si fueses un ojeador y tuvieras que hacer un perfil de tu juego, ¿qué rescatarías del mismo y qué cosas piensas que podrías mejorar antes de dar el salto al próximo nivel?

Antes de venir a Estados Unidos jugaba de mediocampista, pero al llegar empecé a subir posiciones en el campo y a hacerlo de delantero. Ahora mismo diría que me siento más cómodo jugando arriba, pero creo que mis características de juego son compatibles con las tareas desempeñadas en el centro del campo. Si quisiera seguir jugando en este país tendría que continuar trabajando en el aspecto físico, una característica propia del juego local.

Te codeaste con jugadores europeos por doquier y también adquiriste experiencia batallando todas las semanas con el típico futbolista norteamericano. ¿Qué diferencias, ya sean tácticas, de habilidad o físicas, notas entre el balompié estadounidense y el europeo?

Pues como te decía en la pregunta anterior, aquí es un juego más físico, aunque poco a poco va evolucionando en las otras facetas. En España, al haber tantos jugadores de calidad, todo se centra más en lo táctico y no tanto en el porte del futbolista, aunque paulatinamente eso aquí también va cambiando.

Te encuentras en Wake Forest (Winston-Salem, Carolina del Norte) desde tu primer año universitario, allí llamado ‘Freshman year’. ¿Costó hacer ese cambio de mentalidad y dejar Barcelona para poder perseguir este sueño de ser futbolista?

Siempre es difícil hacer un cambio de vida. Pero en mi caso estoy acostumbrado a moverme, aunque como todo, al principio costó un poco. Más que nada por el hecho de estar sin la familia tanto tiempo al año. Sin embargo, una vez que empecé a jugar todo fue mucho más fácil.

Hace apenas unos meses, en Underground Football, publicamos un artículo analizando el sistema de NCAA y contrastandolo con el de las academias europeas. Tu eres una persona que conoce ambas, gracias a tu paso por el Barcelona B, donde hiciste la pretemporada pasada. ¿A tu manera de verlo, son sistemas comparables? Y si lo son, ¿cuál te parece más acertado y el que más potencia a los jóvenes?

En Estados Unidos el fútbol está creciendo a una velocidad increíble. De todas formas, para la cantidad de gente que juega, no están teniendo los resultados que quisieran. Yo creo que la mayor diferencia que hay con España es el nivel de los técnicos, donde son significativamente superiores. Lo bueno que tiene el sistema universitario es que los jugadores que vienen a la NCAA tienen 4 años en los que pueden seguir mejorando y a la vez sacarse la carrera. En España hay muchos jugadores que suelen dejar los estudios por el fútbol y a veces el resultado no es el esperado. Yo creo que el sistema aquí ayuda a los jugadores a tener un futuro después del deporte, lo cual es clave, porque la vida no acaba cuando el jugador se retira.

”En Estados Unidos el fútbol está creciendo a una velocidad increíble. De todas formas, para la cantidad de gente que juega, no están teniendo los resultados que quisieran”

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Todo apunta a que quieres ser futbolista profesional, por lo que algunos planes debes tener en mente. Te encuentras en tu año ‘Senior’ universitario, es decir, el último. ¿Tienes pensado presentarte al SuperDraft de la MLS y probar suerte en la Major League Soccer, o prefieres regresar a España y buscarte un equipo de por allá? 

Todo depende de como me vaya en esta temporada. Mi sueño desde pequeño siempre ha sido ser jugador profesional. Si tengo la oportunidad de presentarme en el Draft y jugar aquí me encantaría, y volver a Europa también es una opción que me apetece. Yo siempre digo que si se me presenta la oportunidad de trabajar haciendo lo que me gusta, no me importa donde tenga que hacerlo.

Los atletas de División I, a pesar de ser puramente amateurs, se someten a entrenamientos dignos de equipos profesionales. Esto sin distinguir deporte, pues sucede en el football, ‘soccer’, baseball, baloncesto, y demás. Este entrenamiento del que hablo, ¿es tan así como la gente se lo imagina desde fuera? Y de serlo, ¿como se hace para combinarlo con el estudio, para lo que, en teoría, ustedes van a la universidad?

La verdad es que aquí es todo muy profesional. Es difícil de explicar porque en España no existe nada así, esto no se asemeja a nada de lo que se conoce allí. Como comentaba antes, entrenamos cada día, jugamos en un estadio con 5000 personas de media, viajamos en avión para jugar en otros estados norteamericanos, entre otras tantas cosas. Nos tratan como profesionales pero a la vez esperan que trabajemos y respondamos como ellos. Hay que trabajar muchísimo, pero la recompensa es ampliamente mayor.

Fuente imagen principal: Facebook Jon Bakero.

*Jon Bakero, el primero empezando por la derecha.

Clásicos MLS (I): Cali Clásico

Clásicos MLS (I): Cali Clásico

El fútbol, al igual que ocurre con muchos otros deportes, se explica frecuentemente a partir de la confrontación. La rivalidad, el enemigo común y recurrente alimenta el fútbol hasta tal punto que nos resulta difícil entenderlo sin él. Basta con pasear por Triana para empaparse de odio al Sevilla, cruzar tres frases con un hincha de Corinthians para percibir menosprecio a los herederos del gran Raí, bucear por un foro del Saint Etienne para entender que nada bueno hay en la ribera del Ródano… El fútbol sin rivalidad se queda vacío, pierde su esencia y por eso todo aficionado que se precie anhela tanto una victoria propia como una derrota de sus íntimos enemigos.

La Major League Soccer es una competición joven, surgió en 1996, pero desde el comienzo tuvo claro que su consolidación estaba vinculada a la rivalidad que fuese capaz de generar. Bien sea de forma natural, promoviendo la competencia entre ciudades próximas y exportando al fútbol rivalidades de otros deportes con más poso en Norte América o de forma artificial, a través de la Heineken Rivalry Week, fecha en la que de forma simultánea coinciden varios derbys de la MLS, la liga norteamericana está logrando enganchar a los aficionados. Son muchos los enfrentamientos calificados como derbys pero hay algunos que están a otro nivel.

La Major League Soccer es una competición joven, surgió en 1996, pero desde el comienzo tuvo claro que su consolidación estaba vinculada a la rivalidad que fuese capaz de generar

En varias piezas separadas os contamos dónde y cuándo hierve más fuerte la sangre de los aficionados al fútbol en Norteamérica.

CALI CLÁSICO

Los partidos entre San José Earthquakes y Los Ángeles Galaxy conforman el derby más antiguo de la MLS. Las dos ciudades están presentes en la MLS desde sus orígenes por lo que las rencillas acumuladas entre ambas llenan las mochilas de aficionados y jugadores. NoCal (California del Norte) vs. SoCal (California del Sur), Liberales vs. Conservadores, Sillicon Valley vs. Hollywood… el Cali Clásico, tal y como se le conoce en Estados Unidos en un claro guiño a otros clásicos más globales, es sólo otra expresión más del fuerte choque social y cultural que existe entre el norte y el sur del llamado Estado Dorado.

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La distancia que separa a estas dos ciudades no alcanza los 600 kilómetros, prácticamente ciudades vecinas en escala norteamericana, por lo que en los más de 75 enfrentamientos ocurridos hasta la fecha la presencia de aficionados visitantes en uno y otro estadio ha sido una constante. A ojos europeos, o de aquel recién llegado a la MLS, la mayor notoriedad de Los Ángeles Galaxy resulta evidente, si bien esto no siempre fue así. En los inicios de este siglo tanto la franquicia angelina como la del sur de la Bahía de San Francisco conformaban la nobleza de la MLS, alzándose entre ambas de forma alterna con 4 MLS Cups en 5 temporadas (6 si se incluye el periodo de 2 años en los que, por causas extradeportivas, San José Earthquakes se trasladó a Houston y en los que jugó bajo el nombre de Houston Dynamo).

Aquellos tiempos de igualdad es cierto que ya quedaron atrás y en estos últimos años Los Ángeles Galaxy, sí aparece con claridad como el primer equipo de California. Su poderío deportivo, es el equipo más laureado de la MLS, va también unido a su poderío económico (la masa salarial de los Galaxy multiplica varias veces a la de San José Earthquakes). Este diferencial convierte el Cali Clásico en lo que muchos ahora llaman el partido del Haves vs Have not (los que tienen contra los que no tienen). Una suerte de David contra Goliat que tuvo su máxima expresión en 2005 cuando la estrella de los victoriosos San José Earthquakes, Landon Donovan (apodado Capitán América y posiblemente el mejor futbolista estadounidense de la historia), abandonó San José para recalar en Los Ángeles Galaxy. De ídolo a judas, de hijo pródigo a un Figo cualquiera. La reacción de la afición de San José fue algo pocas veces visto en el fútbol norteamericano. El primer tailgate de la era post Donovan llegó a contar con una piñata representativa del jugador angelino y el chico que con un bate rompió la piñata fue portada del diario San José Mercury News… Pura pasión.

El poderío deportivo de los Galaxy, es el equipo más laureado de la MLS, va también unido a su poderío económico: la masa salarial de los Galaxy multiplica varias veces a la de San José Earthquakes

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Son muchos años cruzándose en el camino por lo que las historias que rodean el Cali Clásico no escasean. Por ello, el imaginario de los aficionados de San José está lleno de partidos imborrables y entre aquellos que hoy llenan el Avaya Stadium se marcan en rojo dos grandes hitos. El primero, el que dio a San José Earthquakes su primera MLS Cup el 21 de octubre de 2001. Frente a sus odiados Galaxy y en terreno neutral, el conjunto de la Bahía logró hacerse con el título de campeón de la MLS mediante el gol de oro conseguido en la prórroga por el canadiense Dwayne de Rosario. Gol de oro y título frente a los Galaxy, el sueño de cualquier Quake. El segundo hito llegó dos años más tarde, en eliminatoria de play offs, y fue considerado durante mucho tiempo como el mejor partido de la historia de la MLS. Tras ganar 2 a 0 en la ida y verse 0 a 2 arriba al inicio del partido de vuelta, Los Ángeles Galaxy tenía pie y medio en la siguiente ronda. Sin embargo, el desenlace fue tan inesperado que el encuentro finalizó con victoria de San José Earthquakes por 5 a 2 para locura de los que entonces sí abarrotaban el vetusto Spartan Stadium de San José. Se trata únicamente de dos partidos, si bien, éstos, junto a otras grandes tardes del conjunto de la Bahía, contribuyen a alimentar entre los aficionados de San José la esperanza de volver a hacerse con el liderazgo del fútbol en California. Esta temporada, gracias al desastroso año de los Galaxy, los Quakes sí finalizarán por encima de éstos pero está por ver que este hecho no quede en anécdota.

El curso que viene Los Ángeles Galaxy tendrán un nuevo rival, todavía más próximo, en Los Ángeles FC. El impacto que su llegada tendrá en la animosa rivalidad norte y sur de California es una incógnita para muchos. ¿Aguantará el Cali Clásico como el derby por excelencia del sur de Estados Unidos? Apuesto que sí. En el pasado las Chivas USA no pudieron con él y estoy seguro que los aficionados de San José seguirán honrándolo de tal manera que nadie podrá obviar que los mejores partidos del clásico californiano se juegan al sur de la Bahía de San Francisco. Como si de un aviso a navegantes se tratara, este mes de julio más de 50.000 personas se juntaron en el campo de la Universidad de Stanford para asistir a una nueva edición del Cali Clásico. A ver de qué es capaz el nuevo Los Ángeles FC de Carlos Vela y Bob Bradley.

Fuente imagen principal: Thearon W. Henderson (Getty Images)