El sueño de Julian Nagelsmann

El sueño de Julian Nagelsmann

Se sospecha que la toponimia del río Neckar, en el estado de Baden-Württemberg, proviene de la palabra celta Nikros, cuyo significado es bravo. Y bravos han de ser cuando, a lo largo de su historia, han terminado siendo uno de las regiones económicas más importantes de Europa; en Stuttgart se juntan empresas de la talla de Porsche, Daimler, HugoBoss o IBM, entre otras tantas. Con ese impulso económico, amén de la preocupación por desarrollar el uso de energías renovables, no cabe duda de que se sienten muy orgullosos de una zona que funciona razonablemente bien.

Ese impulso económico, de hecho, también ha tocado al balompié. El fútbol, como deporte rey alemán que es, ha tenido un desarrollo importante en esta zona. Tras el fracaso del año 2000, y la enorme preocupación por el futuro de un deporte que genera mucho dinero y satisfacción a partes iguales, la federación alemana decidió otorgar más protagonismo de la cantera, proporcionándoles más importancia a esos hijos de emigrantes que llegaron a Alemania buscando trabajo. En la región de Baden-Würrtemberg no fue muy diferente de lo que, por ejemplo, se hizo en Berlín, siendo ciudades totalmente distintas. De esta región, no obstante, proceden los grandes “revolucionarios” o “impulsadores” de un modelo de juego mucho más atractivo para el público, con la promesa de que si no se gana (que sería muy difícil no hacerlo) por lo menos el espectador se entretendría con ello. Ralf Rangnick es uno de los protagonistas de este cambio que, sin ir demasiado lejos, logró con el modesto Ulm. De esta región también son Jürgen Klinsmann y Joachim Löw, quienes formaron tándem en el Mundial que organizaron los alemanes en 2006. Fue el resurgir futbolístico de una nación que, sin embargo, nunca pareció estar futbolísticamente muerta. Esto es algo que destacan en un capítulo de Franz.Jürgen, Pep los autores del libro, Axel Torres y André Schön.

Tras el fracaso del año 2000, y la enorme preocupación por el futuro de un deporte que genera mucho dinero y satisfacción a partes iguales, la federación alemana decidió otorgar más protagonismo de la cantera, proporcionándoles más importancia a esos hijos de emigrantes que llegaron a Alemania buscando trabajo

CONTEXTO-HISTORIA

Este desarrollo e impulso económico también tuvo su efecto en una empresa informática llamada SAP, de la que Dietmar Hopp es su máximo dirigente. Hopp, que en su juventud fue futbolista de un club que nunca pasó de categoría regional, decidió devolverle a dicha institución deportiva -una de las más antiguas de Alemania- su agradecimiento de forma económica. De esta manera, el distrito de Hoffenheim jamás volvería a ser el mismo. A través de una fuerte inversión económica y deportiva, el TSG 1899 Hoffenheim fue subiendo fulgurantemente de categorías desde que, en 1999, Hopp se hiciera cargo del club. En apenas dos años subió dos categorías hasta llegar, por entonces la tercera división: la Regionalliga Süd. Durante varias temporadas encadenaron buenos resultados (entre quintos y séptimos puestos), llegando a hacerse un nombre en la competición copera nacional al llegar, en la temporada 2005-06, hasta los cuartos de final. Fue cuando los ojos miraron hacia el sur y a un modesto equipo de una ciudad bien comunicada (Sinsheim), pero igualmente pequeña. Poco tiempo después de la heroica actuación de Copa, y tras fracasar el intento de fusión entre Sandhausen, Astoria Waldhorf y el propio Hoffe, Hopp decide dar un golpe de timón para potenciar el proyecto: fichar a Ralf Rangnick.

A través de una fuerte inversión económica y deportiva, el TSG 1899 Hoffenheim fue subiendo fulgurantemente de categorías desde que, en 1999, Hopp se hiciera cargo del club

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Ello implicó dotar de mayores recursos económicos al club y, por tanto, también darle más margen de maniobra a Rangnick. El resultado es conocido por todos: Rangnick asciende al Hoffenheim (año 2008) a la máxima categoría, tras haber ascendido la temporada anterior a 2.Bundesliga. Durante el primer tramo de la temporada en primera división, el Hoffenheim sorprendió a propios y extraños con una mezcla de juventud y veteranía, llegando a liderar la tabla clasificatoria. Aquel pequeño equipo, de aquella pequeña región al norte de Baden-Würrtemberg, acabaría por establecerse. Y lo hizo con una filosofía de juego meridiana; fútbol ofensivo, a pesar de los costes en términos resultadistas.

Al final de la temporada 2010-11, Rangnick se despidió de Sinsheim tras desacuerdos deportivos con el que, hasta ese momento, formaba un tándem que parecía funcionar en Bundesliga. La marcha del profesor fútbol dejó su huella: una fuerte red de ojeadores, inversión en masías para realizar esa famosa formación dual que tanto se puso de moda desde la federación alemana y un trabajo, así como su filosofía correspondiente, que se siguieron mostrando hasta hoy en día. No obstante, hasta hace no mucho tiempo, el Hoffenheim alternaba temporadas con buenas intenciones, pero con malos resultados. Entrenadores como Markus Babbel o su tocayo Gisdol, nunca lograron enderezar del todo el objetivo de una nave que, en cierta manera, parecía abocada a pasar sin pena ni gloria por la máxima categoría. Tanto es así, que la temporada 2015/16, una malísima primera vuelta situaba al Hoffenheim en la cola de la tabla. Huub Stevens sustituyó a Gisdol, pero el veterano técnico neerlandés tuvo que dejarlo a las pocas semanas debido a problemas de salud. Así que la llegada de Julian Nagelsmann se adelantó unos meses. Se trataba de un entrenador desconocido que, había sido segundo de Gisdol en su etapa y procedía del equipo juvenil, con el que se proclamó campeón nacional 2016.

Nagelsmann era un entrenador desconocido que, había sido segundo de Gisdol en su etapa y procedía del equipo juvenil, con el que se proclamó campeón nacional 2016

¿QUIÉN ES JULIAN NAGELSMANN?

Si hubiese que estereotipar a alguien de procedencia germana por su físico, el técnico del Hoffenheim sería una representación fidedigna de dicho ideal: rubio, con cara seria y una impresión de carácter fuerte en apariencia. Sin embargo, si se ponen en una balanza, son más que los defectos del máximo responsable de los destinos del Hoffenheim sobre el terreno de juego.

A sus casi 30 años, Nagelsmann bate récords: estuvo más de toda una primera vuelta del campeonato sin perder, es el entrenador profesional más joven de en el más de medio siglo de existencia en competición oficial, llevando al pequeño (pero bien organizado y estructurado) Hoffenheim a clasificarse para la Liga de Campeones por primera vez en su historia. Todo en menos de 18 meses. ¿Dónde está el truco? Pues en el trabajo, en el sacrificio y en la empatía que transmite a sus jugadores. Para Nagelsmann es más importante hacer que los jugadores entrenen su intelecto, su velocidad en la toma de decisiones cuando están en acción y en la capacidad de los jugadores para interpretar el juego respondiendo preguntas sencillas, que a su vez tienen una explicación más compleja: cómo, cuándo, dónde y para qué. Tomar decisiones y reacciones, así como tener una visión más periférica del juego, entre otros muchos atributos mentales que, en el fútbol, pasan por alto o desapercibidos muchos otros entrenadores y equipos. Existen dos herramientas que entrenan estas vicisitudes: Footbonaut y Helix.

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La primera de estas herramientas entrena, básicamente, la mejora en la toma de decisiones bajo presión, algo que se ve constantemente en cada encuentro, en cada choque con otro futbolista, o en el pressing del rival. Footbonaut consiste en una caja con máquinas que escupen balones desde todos los ángulos (64 balones siendo exactos), para que entrene el control y pase rápido o más ágil, pudiendo alcanzar hasta 100 km de máximo (siendo unos 60 kilómetros la velocidad más habitual) cuando el dispositivo envía balones al jugador. La máquina le ha costado al Hoffenheum unos tres millones de euros y no es el único equipo de la Bundesliga que la tiene en propiedad. El Borussia Dortmund también posee este innovador sistema.

El Helix, por su parte, es un instrumento creado por SAP, cuya empresa está liderada por el máximo accionista y dueño del Hoffenheim, Dietmar Hopp. SAP la ha desarrollado (aún por pulir) y sirve para entrenar la visión periférica del futbolista. Esto implica poner al futbolista en una situación que se da con frecuencia en la realidad de un partido. Se hace en un entorno simulado, donde el futbolista interactúa con figuras animadas por ordenador (sean rivales o de su propio equipo), en una pantalla curva de 180º. Dichas figuras animadas se van moviendo constantemente, mientras que el futbolista humano ha de analizar rápidamente e identificar a cada uno de los jugadores. En una situación de juego real, muchos futbolistas cometen pérdidas de balón para malas entregas, al haber demasiados jugadores rivales y compañeros juntos. Este sistema, aún en fase beta, también entrenan la capacidad de concentración para seguir el juego.

El entrenador del Hoffenheim reconoce usar esta tecnología para mejorar en múltiples disciplinas que están íntimamente relacionadas con el juego. El fútbol es un juego de errores, donde el que más acierta en todas las facetas, gana. Y la ambición por adquirir los mejores resultados están íntimamente ligados, no solo al modelo de juego que pretende implantar Nagelsmann en el club, sino también con el uso de la tecnología para perfeccionar todo factor humano, en el que solo la ciencia no puede intervenir. Una ambición que resulta fundamental para entender qué entrañas tiene un club que ha crecido y ha ganado en experiencia, pese al rumbo perdido tras la marcha de Ralf Frangnick. Nagelsmann ha devuelto, a los poco más de 30 mil habitantes de la pequeña localidad de Sinsheim, una ilusión inusitada e imperecederas cuando llegan a la élite más absoluta.

¿CÓMO JUEGAN?

Xavier Tamarit define como idea (modelo) de juego es “(…) el tipo de fútbol que el entrenador tiene en su mente y desearía que su equipo realice.” Si hubiera que definir el modelo de juego de Julian Nagelsmann, éste se respondería muy fácil: su idea es ser el equipo que controle la posesión del balón y, por tanto, el que marque las directrices del juego. Su esquema es un, generalmente, un 1-3-4-2-1. Dicho esquema potencia la profundidad por los costados, una salida de balón muy directa donde bien se bata líneas siendo directos (envíos del portero al mediapunta-interior más adelantado o delantero), o una salida hacia uno de los centrocampistas; este medio baja a recibir y tiene posibilidad de, ante presión rival, salir hacia el lateral, hacia centrales (y mantener una posesión más larga), o arriesgar y buscar la opción más adelantada. En cualquier caso, se trata del comportamiento con balón (también sin él) que tiene el TSG 1899 Hoffenheim.

Si hubiera que definir el modelo de juego de Julian Nagelsmann, éste se respondería muy fácil: su idea es ser el equipo que controle la posesión del balón y, por tanto, el que marque las directrices del juego

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Como los dibujos tácticos solo ayudan a descubrir la ubicación de los jugadores, así como desde donde parten en un momento inicial, Nagelsmann transmite un mensaje de un equipo altamente dinámico y vertical, por regla general, en situaciones de ataques más organizados. Estos se realizan, casi constantemente, en la búsqueda del tercer hombre. En fase de creación hay diferentes caminos para intentar llega ra la portería, obviamente, pero la forma de hacerlo es lo que marca la diferencia. Nagelsmann da una prioridad especial a los carrileros. No solo se usan para dar amplitud y profundidad al juego, sino para dividir atenciones en salida y circulación. Esto implica que, en salida de balón, los centrales se abren mucho para advertir a los rivales de la presencia de carrileros e interiores. Salvo casos extremos, el Hoffenheim generalmente realiza esta salida de forma correcta el 90% de las veces. Sean Vogt, Hübner o Bicakcic quienes realizan esta función, la suelen hacer de forma correcta y sin mayores problemas. Eso suele implicar una salida limpia; de lo contrario, si un rival realiza labores de pressing más agresivo, la precisión en el pase cobra un sentido aún mayor. Para ello se necesita centrales o libres (líberos) con buen pie, alguien que permita realizar envíos directos hasta los interiores e incluso los mediapuntas en situación ventajosa. Es otra manera de saltarse líneas de presión, cuando el rival ocupa bien los espacios e interpreta o permite al rival dejar salir, bloqueando así a los jugadores que reciben. Casualmente, estos jugadores suelen ser los que tienen más jerarquía. Bien por experiencia, bien por condiciones físicas/futbolísticas, se trata de una figura que se adaptó del voleibol al fútbol y sirvió, ente otras cosas, para elevar a los cielos al elegido del fútbol alemán de los setenta: Franz Beckenbauer.

A partir de aquí, el equipo se ordena por su mediocentro y dos interiores. Posicionalmente, el mediocentro está a la misma altura que los laterales, pero esto no es más que una mera formalidad. Lo cierto es que los laterales son extremos yo-yo que llegan, están o ambas cosas. Uno de los medioscentros (la temporada pasada Sebastian Rudy) es el que pone un poco de orden. Se reparte alturas con otro de los interiores (el que más y mejor range de pase tiene) para intentar influir en campo contrario. Durante la temporada pasada, Süle era el central izquierdo que daba desahogo en salida y un pase más directo, mientras que Rudy era el jefe organizativo del equipo. Aportaba equilibrio, serenidad, pero también peligro cuando se sumaba al ataque, mientras uno de los interiores le hacía la cobertura. Con la marcha de ambos al Bayern, el Hoffenheim ha de matizar el plan; pese a contratar a Florian Grillitsch y contar con un mediocentro posicional clásico como Eugen Polanski, Nagelsmann ha optado por darle algo más de peso a Kerem Demirbay como elemento de orden en el centro del campo. Sus probaturas para mezclar con Lukas Rupp (realizando este el papel del propio Demirbay) y con Kramaric (que ha llegado a hacer de Nadiem Amiri), para gestionar zonas intermedias y darle un poco más de sentido al juego de posición. En la búsqueda de ese mediocentro necesario para no tocar demasiado lo que funcionaba el año pasado, el técnico del Hoffenheim ha intentado compensar con talento creativo u asociativo, en perjuicio de jugadores como Amiri. El mediapunta es un jugador enfocado más hacia la aceleración de la jugada y el último pase; puede que sea un motivo más que justificado para no darle un papel más cercan a la base de la jugada, siendo más un activador de jugadores como el propio Kramaric, Wagner, Demirbay e incluso los laterales.

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Otra de las figuras importantes de este Hoffenheim es Andrej Kramaric. El internacional croata es un jugador muy atípico, de esos que no se sabe muy bien donde ubicarlos posicionalmente, pero que te cumplen en cada rol que ejerza

Otra de las figuras importantes de este Hoffenheim es Andrej Kramaric. El internacional croata es un jugador muy atípico, de esos que no se sabe muy bien donde ubicarlos posicionalmente, pero que te cumplen en cada rol que ejerza. Generalmente es un delantero que no tiene una relación muy directa con el gol; colabora más en la aceleración y suele ser un habilitador excelente para que un delantero más clásico como Wagner, defina. Juega mucho de espaldas a puerta, arrastra a pares, orienta esos toques en zona intermedias para dar, siempre que se pueda, un punto más de velocidad pese a su (engañosa) corpulencia. Es un futbolista inteligente y muy difícil de marcar, lo que genera cierto caos entre las marcas zonales de los defensas rivales. Y, pese a todo, tampoco se puede decir que sea un mal finalizador (si atendemos a sus cifras realizadoras del pasado curso). En cualquier caso, se trata de un futbolista que ha encontado un ambiente y contexto idílico donde le hace brillar más de lo que se le pudo ver en otros destinos: se ha revalorizado y es algo que la selección croata agradece.

OBJETIVOS Y METAS

Hace no mucho tiempo, Dietmar Hopp comentaba que, pese a no dejar de invertir en el proyecto, iba a pasar a un segundo plano como gestor de la entidad. Seguiría siendo el máximo accionista, pero le daría más peso a gente como Alexander Rosen, director deportivo del club. Lo cierto es que el Hoffenheim cumple casi diez temporadas en primera división sin haber cumplido con las expectativas para las que se orientó el club. El abrupto corte de relaciones entre Rangnick y Hopp en su día terminaron dando al Hoffenheim un papel más secundario de lo que ambicionaban en un principio. La filosofía de contratación del club, la gestión de las distintas escuelas de formación y el equipo de captación para jóvenes talentos sigue funcionando a las mil maravillas en la pequeña ciudad de Sinsheim.

Sin embargo, solo Julian Nagelsmann ha hecho que la cosa cambiase de una preocupante deriva en el aspecto de resultados deportivos, a competir por las plazas europeas. La continuidad de Nagelsmann al frente del proyecto, pese a renovar contrato, está en entredicho. Su labor no ha pasado desapercibida en Alemania. Esto quiere decir que, posiblemente, se le pueda ver al frente de algún club con aspiraciones y exigencias más altas que las que tiene ahora mismo. Llámese Bayern o Dortmund su destino en un futuro a medio plazo, lo cierto es que le ha dado un propósito y una base deportiva sobre la que crecer. Para así, venga quien venga, siga cumpliendo los objetivos cada temporada. En esta, el Hoffenheim tendrá que lidiar con tres competiciones al mismo tiempo (Europa, Liga y Copa). Y si bien llegar es difícil, mantenerse lo es más aún. La exigencia es que Julian Nagelsmann mantenga el nivel competitivo y vuelva a meter al achtzehn en la terna europea. La consolidación de un proyecto empieza por una idea y, el ideólogo, parece que no durará demasiado tiempo en su banquillo. Lo grande siempre atraen a los grandes, sean en el terreno de juego o fuera de él.

Fuente imagen principal: OLI SCARFF (AFP/Getty Images)

Eigendorf, 1983

Eigendorf, 1983

Los 80 fue una década que cambió el devenir del mundo, y Alemania no fue una excepción. El caso Lutz Eigendorf no fue sino el principio del fin de una Alemania que no quería vivir separada. Nunca más. Sin embargo, política y deporte sí tomaron una peligrosa senda en común: el Estado, primero. La Stasi quiso llevar un férreo control sobre su vecino del oeste a través del fútbol, hasta que un talento del este se cansó de ser otra cobaya más en un país cuyas libertades brillaban por su ausencia.

Hay un punto en común en los distintos significados que tiene la palabra “claroscuros”. Existe una unanimidad que afecta a todos ellos: el contraste. Tanto si es en pintura, como si lo es en la escritura y en un uso vitalmente más abstracto, siempre hay un blanco/luz y un negro/oscuro como protagonistas ineludibles; un ying/yang que, para muchos, se antoja necesario para explicarlo absolutamente todo. No obstante, también es de recibo recordar que, entre tantos blancos y negros, existe una escala de grises, tantos como matices tiene una pintura, una escritura o un simple punto de vista.

Antonio Gramsci lo tenía claro: Sin él quererlo, el fundador del PCI (Partido Comunista Italiano) había creado una metáfora perfecta para sugerir que, en los tiempos de cambio, es donde más aparecen los defectos de fondo y/o forma en política. Para cada individuo, esta metáfora engloba un espacio tan grande como el tiempo que puede abarcar la denominación -siempre subjetiva- entre el viejo y el nuevo mundo. Hace más de medio siglo, lo “viejo” y lo “nuevo” tenían mucho que ver con las formas de estado presentes tras la finalización de la II Guerra Mundial. Surgieron las teorías de Keynes (New Deal) para intentar desarrollar y amoldar una teoría económica en la que el Estado era, en parte, mediador de casi toda competencia que atañe a un país. Al principio fue suficiente, pero con el desarrollo de la Unión Soviética como rival de Estados Unidos por liderar el mundo, los Chicago Boys -liderados por Milton Friedman y Arnold Herberger– comenzaron a emprender medidas liberales, lo que ayudó al endurecimiento de la Guerra Fría. Corrían los años setenta y el mundo, cada vez más, se partía más entre “buenos” y “malos”, según lo afín que se fuese a unos y otros. Mientras tanto, en la URSS el desarrollo del bienestar era total, aunque eso no implicaba una libertad para elegir representantes para el pueblo. Con todas las necesidades cubiertas y con el lema “trabajo para todos y todas”, la libertad personal (excluyendo la del pensamiento crítico con lo establecido) era plena. Los informes de la CIA reflejaban cómo no había problemas de hambruna y sí un gran número de universitarios graduados que, además, encontraban acomodo laboral muy rápido, de forma general.

La confrontación (in)directa que vivían los dos países por ser “el rey del mundo” se desarrolló de forma mucho más intensa en Alemania. Una nación que dividieron en dos mitades y que, a la larga, terminó notando la diferencia en el aspecto socio-económico. La influencia estatal comunista en la RDA la llevó a ser imagen y semejanza de la URSS. No había libertades políticas o de expresión, pero sí el resto de libertades que, aún hoy, siguen siendo desconocidas o un misterio para muchos Estados que se suponen democráticos. A priori, el socialismo -tal como lo entendían en el este de Europa- funcionaba. La realidad, sin embargo, era muy distinta de puertas para dentro; a los disidentes políticos se les aplicaban los castigos más severos por delitos tales como sedición o traición a la patria. La educación, aun siendo gratuita y garantizada para todo individuo, era estricta y adoctrinada con la ideología reinante. El talento, aun siendo escogidos como ejemplo de la buena imagen formativa que proyectaba al resto del mundo, estaba “secuestrada” al servicio del estado.

Documental: La vida en la RDA (castellano)

[pullquote]La RDA no dejaba que sus mayores talentos en el deporte abandonarán el país por miedo a la deserción[/pullquote]

Como suele ocurrir en estos casos, la política no fue ajena al deporte. El Estado socialista no dejaba salir a sus mejores exponentes al extranjero. No querían correr el riesgo de que conociesen un mundo de oportunidades que, en su tierra, eran muy distintas y, probablemente, más limitadas. Muchos deportistas se dopaban para las competiciones olímpicas e internacionales en atletismo; el fútbol no era diferente. Si se traspasaba la frontera que dividía la RDA de la RFA, era con motivos políticos: la mayoría de futbolistas que salían fuera de sus límites territoriales, lo hacían siempre eran con intenciones de recabar información del “enemigo”. Obviamente, no todos estaban preparados para la tarea y, muchos de ellos, aspiraban a salir de la disciplina de sus equipos para, una vez alcanzada su liberación, dejar de lado sus obligaciones como “soldado” de la RDA; en términos prácticos: desertar.

Con el fútbol como excusa, el objetivo de la República Democrática de Alemania era que Berlín fuese el centro de las miradas por los éxitos que traería. Habiendo una lucha encarnizada por el título en Occidente, las cosas por Oriente eran muy distintas. Los primeros años de la Oberliga, el Dynamo Berlín no conseguía destacar entre otros equipos (Magdeburg) y rivalizaban entre sí con el Dynamo Dresden. Ambos eran equipos controlados por el aparato estatal; mientras el Dynamo Berlín era el equipo de la Stasi, los de Dresden eran controlados por la Policía Popular de la RDA (algo que constaba incluso en su nombre fundacional). Unidos por el cordón de papá Estado se sospecha que, tras el triunfo del Magdeburg o Dresden en la década de los 70, se empezó a desvirtuar la competición permitiendo fichar al equipo de la Stasi (o mejor dicho, reclutar) a gran parte de los mejores jugadores que tenía el entonces fútbol del país. Durante diez años, el dominio del Dynamo Berlín en la Oberliga parecía estar íntimamente vinculado a partidos amañados, arbitrajes favorables y otros hechos de dudosa legalidad. Todo lo necesario para que Berlín fuera el centro visible del triunfo futbolístico en Alemania Oriental.

En esa dinámica por tener lo mejor de lo mejor, el Dynamo encontró en Brandenburgo a un joven futbolista que tenía un talento especial para el balompié. Se trataba de un joven con un look característico de finales de los setenta a nivel mundial: un pelo lacio medio alborotado, con pelusilla en la zona del bigote y una mirada que transmitía confianza en sí mismo. Se trataba de Lutz Eigendorf, alguien a quién habían seguido de cerca en su club natal, el Süd Brandeburgo, desde muy pequeño. Igual de temprano fue cuando le descubrieron la gente del Dynamo: con 14 años. Siendo adolescente, y con la promesa de tener los estudios de ingeniería garantizados, Lutz decidió enrolarse en la mecánica de la Stasi. Siguió todos los pasos necesarios: instrucción, servicio militar y un cargo de oficina en el ministerio. Todo ello mientras jugaba al fútbol para el Dynamo. En el primer equipo debutó con 18 años. Durante cuatro años, ayudó a construir un equipo que parecía en evolución. Lo dirigía un viejo conocido en las huestes berlinesesas: Harry Niepert. El BFC Dynamo se quedaba a las puertas del título en repetidas veces, lo que significaba fracaso para sus aspiraciones y expectativas. Todo cambió con la llegada de alguien que sería “histórico” para la entidad: Jürgen Bogs, quien ganaría diez títulos consecutivos para el Dynamo.

[pullquote]Después de ganar el primer campeonato, Eigendorf emprendió su marcha de Berlín[/pullquote]

El último año de Eigendorf, quién estaba casado y con una vida cómoda en el lado oriental, casaría con el primero de Bogs. Después de ganar el primer campeonato, Eigendorf emprendió su marcha de Berlín. Corría marzo de 1979 cuando los berlineses cruzaron la frontera para jugar un amistoso ante el Kaiserslautern en la ciudad de Gießen (70 kms al norte de Frankfurt). Eigendorf lo tenía claro: Iba a dejar Berlín porque no se sentía cómodo en el estado comunista. Así que desapareció de la concentración del Dynamo y se refugió en la RFA. Nunca volvió. Un desaire que dolió mucho a Mielke y que, incluso la UEFA, no dejó pasar sin castigo: Lutz fue sancionado un año sin poder disputar partidos de fútbol de carácter oficial. Cosa aparte fue la reacción de Erich Mielke: la Stasi realizó un divorcio express y obligó a la entonces esposa de Eigendorf a casarse con alguien del partido comunista, a modo de vigilancia. Con el estatus de refugiado político concedido por la Alemania Occidental, Eigendorf volvió a casarse y tuvo un hijo mientras jugaba al fútbol en Kaiserslautern, equipo por el que fichó tras cumplir la sanción correspondiente.

Seguro de sí mismo, Eigendorf no dejó de reivindicar nunca las condiciones de vida que se daban en la RDA. Nunca mantuvo silencio, sin hacer caso a los consejos de otros exiliados en la República Federal alemana. Dos años después de llegar a Kaiserslautern, Eigendorf fichó por el Eintracht Braunschweig. Era el año 1982 y el Kaiserslautern de Briegel o Brehme visitaba competiciones europeas con frecuencia, al mismo tiempo que el Hamburgo de Magath o Kaltz le disputaba la ensaladera al Colonia de Schumacher o Littbarski. Lutz Eigendorf, entonces, marchó a Braunschweig con la promesa de consolidarse en la élite del fútbol nacional, a pesar de que su nivel futbolístico había bajado notablemente. Pero nada que no pudiese recuperar siendo indiscutible en un equipo que quería volver a ser el de la década pasada. Meses después, el 5 de marzo de 1983, Eigendorf había quedado con un amigo para tomar algo en un local de la ciudad. Sobre las 22.30 abandonó el bar de Braunschweig y se subió en su flamante Alfa Romeo para regresar a su casa. Algo que nunca volvió a hacer: sobre las 23 horas, Eigendorf había estrellado su coche contra un árbol. Dos días después, el centrocampista de Brandeburgo fallecía víctima de las heridas producidas a raíz del accidente.

[pullquote]Había la sensación, en toda Alemania Federal, que el accidente no fue tal, sino una orden directa de la Stasi[/pullquote]

Sin embargo, el misterio nunca acabó con el trágico hecho consumado. La versión oficial relacionaba al accidente del futbolista con la excesiva ingesta de alcohol en ese bar de Braunschweig. La analítica reflejaba un 0.22 % de alcohol en sangre, muy por encima de los límites legales permitidos por aquél entonces. No obstante, la fiscalía sospechaba que el asesinato del jugador pudiera tener tintes políticos. Se abrió una exhaustiva línea de investigación sobre el suceso: analizaron pormenorizadamente el motor y sus engranajes, así como el interior del vehículo, buscando algún tipo de sustancia o veneno (bien fuera polonio o algún tipo de elemento químico análogo) e intentar relacionarlo con la -entonces sospechosa- forma de ejecutar a los traidores y desertores por parte de los agentes infiltrados de la República Democrática. No consiguieron hallar nada que probase la teoría y archivaron el caso. Había la sensación, en toda Alemania Federal, que el accidente no fue tal, sino una orden directa de la Stasi.

Documental sobre la muerte de Lutz Eigendorf

El caso cayó en el olvido colectivo, aunque no en el caso del periodista Herbert Schwan, quien realizó un documental a comienzos del presente siglo. Titulado “Muerte al traidor” (Tod dem Verräter) , Schwan emitió ese documental, a raíz de una exhaustiva recopilación de documentos extraídos del archivo de la RDA. Uno de esos archivos policiales tenía el nombre de Lutz Eigendorf. En él se contenían numerosos informes de hasta 50 agentes distintos, todos ellos infiltrados en la RDA, donde se hacía referencia a la vigilancia del centrocampista. Aparte, se encontró un documento titulado “Verlitzen, Eigendorf”. Al parecer, “Verlitzen” tenía el significado de una forma de ejecutar atentados “sutiles” por parte de la policía política. Ese método consistía en el deslumbramiento cegador de un vehículo en dirección contraria al objetivo, lo que provocaba una pérdida de control del conductor, causando así un accidente de apariencia fortuita. Se probaba, de alguna forma, que la RDA estaba detrás del accidente mortal.

Aunque el caso nunca podrá cerrarse del todo, ya que faltan hechos recogidos en documentos desaparecidos o destruidos por la Stasi. La hipótesis que recoge Schwan en su documental no solo culparía a la RDA del asesinato de Eigendorf, sino que explica un método planificado hasta el último detalle. Esta teoría recoge que, el amigo con el que estaba Eigendorf era, en realidad, un agente infiltrado en la República Federal y que este le drogó u obligó a consumir grandes cantidades de alcohol (el jugador no era alcohólico), permitiendo conducir el coche en estado de relativa embriaguez. Para completar la misión, un vehículo en sentido contrario y con un foco lo suficientemente deslumbrante, hicieron que el futbolista perdiera el control de su vehículo y se estrellase de frente contra un árbol.  Lo único que queda claro, y es algo que un antiguo agente de la Stasi reveló en 2010, es que existía la orden de atentar contra Eigendorf, aunque el propio agente confesó que no había podido completar la misión.

[pullquote]El misterio y la incertidumbre sobre este caso siguen estando vigentes en Alemania[/pullquote]

El misterio y la incertidumbre sobre este caso siguen estando vigentes en Alemania. Algo que parece que, salvo reconocimiento implícito de los involucrados, no se conocerá en los próximos años. Algunos antiguos oficiales han negado o declinado hacer declaraciones al respecto y, más de 26 años después de la disolución de la RDA, probablemente terminen llevándose consigo el secreto de una muerte causada por la política. Un daño colateral de la Guerra Fría, en pocas palabras. Gramsci lo tuvo claro a comienzos del siglo XX, cuando pronunció la frase que encabeza el presente artículo. Al fin y al cabo, los claroscuros seguirán siéndolo para quienes aún se preguntan qué le sucedió, realmente, a Lutz Eigendorf, mientras resuena en su cabeza aquél 1983 en la que “Nena” cantaba 99 Luftballons y el Hamburgo se proclamaba campeón de Europa.

Fuente imagen principal: Alchetron.

Lutz Elgendorf, durante un partido.

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Berlín, capital sin trono

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Cuesta posicionarse, a veces, en el sempiterno debate entre la causalidad y la casualidad. No es algo raro o extraño encontrarnos de bruces con las dudas en la justificación de nuestras acciones; si eso que ocurre es únicamente producto de las acciones que se realizan o si, por el contrario, existe un plan que se ha de seguir, algo que marca el camino y que explica todo lo que pasa en nuestra vida. Ese eterno debate se cierne sobre la idiosincrasia de un lugar como Berlín. La capital alemana es una ciudad acostumbrada al cambio constante, como por ejemplo: ser la capital, por consenso, de toda una nación que ha sufrido mucho por sus constantes movimientos políticos en la historia. En menos de siglo y medio, lo que hoy es la nación alemana, ha tenido significativos cambios en los modelos de estado y denominaciones al capricho del líder de turno. Berlín, a día de hoy, no es más que el producto de un ayer tumultuoso y un presente que desea conseguir un futuro primoroso.

Berlín, a día de hoy, no es más que el producto de un ayer tumultuoso y un presente que desea conseguir un futuro primoroso

[pullquote]De entre todas las cosas que se pueden hacer en la capital germana, ir al Estadio Olímpico suele ser una de las visitas obligadas[/pullquote]

De entre todas las cosas que se pueden hacer en la capital germana, ir al Estadio Olímpico suele ser una de las visitas obligadas. Construido para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, y reformado a lo largo de las décadas, hoy es el hogar del Hertha Berlín. El club -que debe su nombre y colores al barco que atravesaba el río Havel- es de los más veteranos de toda Alemania. Conocido en sus comienzos por “BFC Hertha 92”, fue uno de los grandes dominadores en los comienzos del torneo amateur que se disputaba a nivel nacional en la Alemania de principio de siglo, donde fue campeón por partida doble. Tras la llegada de Hitler y el estallido de la II Guerra Mundial, el Hertha desapareció del primer plano futbolístico hasta la fundación de la Bundesliga, en 1963. Protagonista, por diversas razones, en la década de los setenta, en los ochenta rozó la desaparición por motivos económicos y deambuló por la tercera división la mayor parte del tiempo, hasta la final de Copa de 1993. En el siglo XXI, el Hertha pasó de ser un equipo habitual de la zona media-alta de la tabla (llegando a participar en Champions League), a ser un equipo “ascensor” en la siguiente década. Los problemas económicos siguieron rondando al equipo berlinés, hasta que vendió parte del accionariado a un grupo de inversores norteamericanos para liquidar la deuda que tenían. Entonces… ¿por qué Berlín no tiene un equipo que gana títulos y es de los más grandes de Alemania? Una pregunta abierta y distintas causas o razones que han influido en la ausencia de títulos.

MOTIVOS GEOPOLÍTICOS

[pullquote]La construcción del Muro de Berlín fue la confirmación que Alemania, en 1961, se partía por la mitad[/pullquote]

Alemania ha tenido un discurrir azaroso en este apartado. Tras la conquista de Berlín por parte de los aliados y su posterior reparto territorial, se formaron dos estados que separaban formas de ver el mundo. Intereses encontrados. La construcción del Muro de Berlín fue la confirmación que Alemania, en 1961, se partía por la mitad. Esto también había partido al fútbol de la posguerra y, por tanto, al Hertha Berlín. Conociendo la localización de la base social de la institución blanquiazul, el club formó parte de Berlín Occidental. A pesar de aprovecharse de muchos emigrantes que pudieron llegar desde el Este, entre 1949 y 1961, no tuvo prácticamente repercusión deportiva. Berlín Occidental era una ciudad aislada en el corazón de la RDA. Esto supuso mayor dificultad para viajar y estar en contacto con los equipos que, geográficamente, estaban en la RFA. Era difícil que los futbolistas llegasen a esa zona de Berlín y muy sencillo que saliesen destino a otros clubes más potentes de la época. Su enclave geopolítico condicionó mucho la posibilidad de que Berlín optase a algún título nacional y europeo, a pesar de su buen desempeño en la década de los setenta, así como los distintos intentos que hicieron con el Tennis Borussia Berlín o el mérito deportivo del Blau und Weiß 90 Berlín. A esto hay que unir el desarrollo que tuvo el fútbol en Renania del Norte-Westfalia y el norte (Hamburgo, Bremen) donde se establecieron tropas británicas al terminar la II Guerra Mundial. La influencia, en términos de popularidad y desarrollo económico, hizo posible que los equipos del oeste tuviesen más posibilidades de luchar por conquistar títulos.

Su enclave geopolítico condicionó mucho la posibilidad de que Berlín optase a algún título nacional y europeo, a pesar de su buen desempeño en la década de los setenta

MOTIVOS ECONÓMICOS

El Hertha Berlín nunca fue un equipo “rico” en Alemania. A pesar de la popularidad en Berlín Occidental, mediáticamente no tuvo la misma repercusión que su enemigo del este: el Dynamo Berlín. Éste estaba “subvencionado” por el Estado socialista. Esto implicaba recursos (casi) ilimitados a la hora de fichar jugadores, siendo, en algunos casos, por decreto u obligación estatal. Mientras tanto, el Hertha era una entidad privada, con lo que siempre sufrió problemas económicos en los momentos previos a la formación de la Bundesliga, así como en sus fracasos deportivos. Los blanquiazules perdieron un peso importante en la década de los 80 y cuando volvieron a participar en competiciones europeas no eran el mismo club de hacía 30 años. Tardaron mucho en recuperarse económicamente. Aún hoy, tras varios ascensos y descensos, la deuda contraída por el club tuvo que ser subsanada con la venta de una buena parte importante de las acciones vendibles (49 %). Entrar en Europa y conseguir buenos, a la par que estables, patrocinadores repercutía a la hora de retener jugadores.

MOTIVOS DEPORTIVOS

Otro de los motivos que podrían explicar por qué Berlín no tiene un equipo ganador. A pesar de ganar en la década de los 30, los berlineses no volvieron a estar en la cúspide del fútbol de élite, cayendo incluso a segunda o divisiones regionales, donde no era sencillo promocionar o llegar a altas cotas de éxito. La década de los sesenta fue dominada casi en exclusiva por Colonia y los equipos bávaros, antes de las grandes apariciones de dos archirrivales: Borussia Mönchengladbach y Bayern Múnich. No solo eran los equipos más exitosos y potentes del país, sino que apenas permitieron al resto, en la primera mitad de la década de los setenta, alcanzar los primeros puestos. Aparte está el hecho de que los berlineses se vieron inmersos en los dos grandes escándalos del fútbol nacional, algo que no ayudó a su imagen. Penalizados por corrupción en los sesenta y por amaño de partidos en 1971, al Hertha le costó resarcirse, alcanzando tres años después el subcampeonato ante el desplome liguero del Bayern Múnich. Unos años más tarde, el gol de Miloš Šestić en el partido de vuelta en Berlín les dejó fuera de la final contra el Borussia Mönchengladbach, ganador del entorchado europeo. También se le escaparon dos DFB Pokal en la misma era gloriosa y de mayor notoriedad; no volverían a repetir subcampeonato copero hasta 1993, cuando jugaron con el equipo filial toda la competición, estando el equipo senior en tercera división. Algo que constituyó un hito e hizo cambiar las reglas a la federación germana. Ganarían dos torneos más: la Intertoto y dos Copas de la Liga, torneo que fue relativamente breve y eliminado por la federación. Esos primeros compases del siglo XXI dieron la sensación de repetir las gestas de Georg Kessler o Kuno Klötze. No establecer grandes ciclos deportivos y continuados, en los últimos 40 años, han hecho que no hayan conseguido ser uno de los aspirantes a ganar títulos.

FALTA UN PROYECTO SÓLIDO

El Hertha Berlín es uno de los equipos que más trabaja la cantera en Alemania y que más fruto da, no obstante es el tercer equipo en títulos juveniles a nivel nacional. No solo se aprovecha de la demografía (en la zona hay muchos hijos de norteamericanos, una gran colonia turca y muchos emigrantes), sino que también suele dar muchas oportunidades en el primer equipo. Sin embargo, y este es su gran “pero”, no le suele ofrecer la confianza y/o continuidad que demandan las jóvenes perlas o bien éstos se ven tentados a abandonar el equipo en la búsqueda de cotas mayores a nivel económico o deportivo.

Los hermanastros Boateng son los grandes ejemplos en este aspecto. Pero no es el único: triunfar en el Hertha Berlín suele ser un paso previo a los grandes equipos. Jugadores como Sebastian Deisler, Raffael o Lukasz Piszczsek son algunos casos cuyo paso por el Hertha fue corto dado que grandes equipos se fijaron en ellos. Esa incapacidad para retener a grandes estrellas, parece ser otra causa más para no poder optar a cotas mayores. A día de hoy, el Hertha que bien relanza carreras, suponen un cobijo para futbolistas con experiencia y carencia de oportunidades en sus clubes o para jóvenes con proyección que no surgen de su cantera. Una política que les está dando, de momento, buenos resultados bajo la batuta del ex-jugador Michael Preetz. Todo esto desemboca en una falta, hasta ahora, de un proyecto sólido y consolidado que pueda mantenerse constante en la lucha por puestos europeos. La inestabilidad en el banquillo berlinés podría definirse como diversos giros de timón. Algo que parece seguir un rumbo más fijo desde que Pal Dardai pasase a ser técnico principal -renunciando así a la selección de Hungría- desde hace casi 2 años.

(…) Triunfar en el Hertha Berlín suele ser un paso previo a los grandes equipos. Jugadores como Sebastian Deisler, Raffael o Lukasz Piszczsek son algunos casos (…)

FALTA DE APOYO SOCIAL

[pullquote]El Hertha es de los pocos equipos de la Bundesliga que no llena de forma habitual su estadio[/pullquote]

Quizá sea el punto que más dudas genere entre las causas que expliquen porque Berlín no tiene un equipo reinando en lo más alto del país y de Europa. Lejos de la capital, el Hertha no tiene muchos apoyos. Es posible que esto tenga que ver con el hecho de no ganar, ni estar presente en las grandes citas de manera frecuente. Berlín, además, es una ciudad cosmopolita y demográficamente muy dividida. El Hertha es de los pocos equipos de la Bundesliga que no llena de forma habitual su estadio porque, probablemente, no tenga el apoyo unánime que tienen equipos como el Borussia Dortmund, el Hoffenheim o el Werder Bremen, equipos que representan el sentir de toda una ciudad. Berlín, como Hamburgo (y su Sankt Pauli) o Múnich (y el 1860), comparte ciudad con un equipo muy diferente a él y con un carisma especial: el Unión Berlín, heredero de toda la cultura y melancolía socialista tras la desaparición del Dynamo Berlín. Con ellos se han vivido derbis intensos en segunda y la ciudad permanece aún dividida en muchos aspectos, pese a la reunificación hace 27 años.

Berlín, como París, Moscú o Viena, sueña con que el Hertha esté en lo más alto. Darle la corona de campeón europeo (y nacional) que merece por importancia. Hoy son, sin dudarlo, una capital sin trono.

Fuente imagen principal: Matthias Kern/Bongarts/Getty Images
Los jugadores del Hertha Berlín celebran con sus aficionados en el Olympiastadion tras el partido ante el Bayer Leverkusen de la Bundesliga del 20 de mayo de 2017 en Berlín, Alemania. 

 

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Yussuf Poulsen, la pantera danesa

Yussuf Poulsen, la pantera danesa

Cuando el dueto formado por Stan Lee y Jack Kirby diseñó el número 52 de “The fantastic four”, pocos podrían imaginar que apareciese un superhéroe de raza negra. Fue muy “de repente”, lo que supuso algo transgresor y que captó la atención de muchos afroamericanos que, por aquél entonces, sufrían discriminación racial en los Estados Unidos. El país lo presidía Lyndon B. Johnson y transcurría la década más revolucionaria para un cambio de rumbo y pensamiento a nivel mundial. Los míticos dibujantes de cómics dieron vida a T’Challa en julio de 1966, apenas unos meses antes de la fundación de los “Panteras Negras”, un hecho que puede que fuese (o no) casual, pero sí importante para que el cómic tuviese bastante relevancia: fue el primer gran héroe de raza negra y trajo consigo el desembarco de otros tantos (Luke Cage, Falcon, Tyroc o The Black Lighting) al universo de Marvel y DC respectivamente.

Los orígenes de Luke Charles (uno de sus alias) son del todo conocidos: heredero al trono de Wakanda tras el fallecimiento de su padre, asesinado por defender un gran secreto que guardaba en una montaña de su nación ante un poderoso enemigo. Cuando supo que su destino era suceder al primer “Pantera Negra”, T’Challa no defraudó los deseos de su padre (T’Chaka) y se erigió un gran defensor de su nación, cuando conoció al Capitán América, quien insistió en que se uniera a su causa. “Black Panther” tiene, además de una gran responsabilidad, grandes cualidades que le hacían ser un guerrero francamente difícil de batir: sumamente ágil, sobrenaturalmente veloz, inteligente, gran estratega y capacidad de la lucha cuerpo a cuerpo, entre otras muchas habilidades. En definitiva: Marvel había creado un ídolo sobre el que pivotar un nexo de unión en “Los Vengadores” e, incluso, con los “X-Men”, a través de su romance con “Tormenta”.

Ciertamente, hay muy pocas cosas para que el mundo futbolístico no acepte el nacimiento de una “Pantera Negra” en la Bundesliga. Muchos quisieron darle ese sobrenombre a distintos futbolistas de origen africano como Eusebio, Weah o Eto’o, pero en el este del territorio germano está produciéndose una revolución con alas llamada Yussuf Poulsen. Las diferencias que hay entre sus orígenes y/o antecedentes, virtudes y filiaciones, son escasas entre superhéroe y futbolista. Comenzando por su infancia: el padre de Yussuf era un marinero tanzano que hizo vida en Dinamarca y mantuvo relación con una ciudadana danesa. Fruto de esa relación, Yussuf nace en Copenhague durante la disputa del Mundial de Estados Unidos. Así que ambos tienen ascendencia africana y nacieron en un reino. T’Chaka fallece cuando T’Challa aún es un niño, como el padre de Poulsen (su padre, Shihe Yurary falleció cuando Yussuf contaba con 6 años). Ambos se prepararon duramente en una nación pequeña y destinada al aislamiento del continente que les rodeaba; al menos Dinamarca fue así en lo futbolístico mientras los Laudrup y Schmeichel nublasen la fama del resto en la selección del país, dentro de lo que es la memoria del aficionado nórdico.

El delantero danés se formó entre Copenhague y Lgnby, mientras pasaba de ser central (por su corpulencia) a ser delantero. Compartió muchas tardes de gloria con Kenneth Zohore, hoy delantero del Cardiff City de la Premiership inglesa. Con el primer equipo del Lyngby debutó cuando aún era un adolescente; era convocado por el entrenador con 15-16 años para jugar en la segunda división danesa. No fue hasta mediados de 2013, con el RB Leipzig en la 3.Liga, cuando Poulsen dio el salto a un equipo extranjero. Terminó el bachillerato y quería estudiar algo relacionado con los números, “por si no me sale bien lo del fútbol”, declaraba en la revista oficial del club alemán, asegurando además que “se me dan bien las matemáticas aplicada a la empresa”. Red Bull le aseguraba minutos y un equipo construido en torno a sus potencialidades. Prefería jugar más a menudo en un equipo de inferior categoría, que estar en el banquillo y no jugar tanto, a pesar de no tener ofertas de primera división. Un club que ha crecido con él en estos tres años: ha pasado de ser un recién ascendido a 3.Liga, a ser líder de la 1º división, superando a equipos tan poderosos como Borussua Dortmund, Bayer Leverkusen e incluso Bayern Múnich, donde matuvo una relación de amistad con Joshua Kimmich, mientras ambos jugaban en el RB Arena:Es un chico tranquilo, sociable y sonriente fuera del terreno de juego; afortunadamente tenemos dos cuartos de baño separados, porque si no, se nos haría tarde casi siempre mientras él intenta domar su pelo” comentaba sonriente hace unos años el hoy internacional alemán.

En lo futbolístico, Ralf Rangnick siempre tuvo muy buena opinión de las condiciones futbolísticas de Yussuf: “Somos conscientes de sus condiciones: su físico, su fuerza y a la velocidad a la que piensa la jugada, es una combinación de características muy rara/difícil de ver. Nos dimos cuenta muy rápido de que encajaba con nuestro estilo de juego, porque siempre persigue el balón y eso encaja con nuestra capacidad de pressing”. Los ojeadores le habían traído a Rangnick muy buenas referencias y decidió, esta vez, irlo a ver “in-situ” a un partido de la sub-19 danesa contra Portugal: “Es muy maduro para su edad. Eso, unido a sus cualidades físicas, son sus armas. Con nosotros podrá desarrollarse paso a paso en el campo técnico-táctico” comentaba Rangnick aquél año. Lo cierto es que, una vez más, el director deportivo del RB Leipzig tenía razón.

Sus condiciones físicas no son sus únicas armas, sino que ha desarrollado una inteligencia y lectura del juego que asombra a la élite del fútbol alemán. Su más de 1,90 le convierten en uno de los puntos de referencia para Ralph Hasenhüttl, quién lo usa como recurso básico cuando el equipo se atasca o se ve dificultado por el rival en campo contrario. Un envío de Gulacsi, Orban o Compper suelen encontrar destinatario en el delantero nórdico, que no duda en caer a banda si eso favorece el desarrollo colectivo de su equipo. Su juego de espaldas le permite ser un punto de apoyo en el que Keita, Forsberg o Halstenberg pueden encontrarle cuando cae a banda izquierda. Es ágil, veloz y, sobre todo, tiene una zancada que le hace ir siempre un paso por delante de los defensas rivales más rápidos. El RB Leipzig juega con él y con Timo Werner en la delantera, precedido de un 4-4-2 asimétrico. El equipo hoy dirigido por el ex técnico del Ingolstadt, es un equipo flexible en lo táctico. Sin balón, el pressing que ejecutan es escalonado, lo que garantiza (siempre que salga bien) que el equipo recupere rápido su posicionamiento, dificultando también que el equipo rival ataque o inicie jugada con comodidad. Con el esférico, Poulsen es el principal receptor cada vez que el equipo quiere atacar por izquierda. Su corpulencia le permite ganar casi todos los duelos por alto, así como por raso cuando anticipa a leer la acción del defensa. Casi siempre da el toque oportuno para establecer al equipo en campo contrario. Cabe decir que el RB Leipzig no es el equipo que más practique el juego de posesión, todo lo contrario: siempre busca el espacio mediante la opción más directa. Razón por la que juega con dos delanteros, algo que ha beneficiado más a Poulsen que jugar como único delantero, cosa que también ha hecho.

Los delanteros (…) no pueden vivir desconectados del juego colectivo; el equipo necesita de ese punta y viceversa

Los delanteros han dejado de ser figuras aisladas o anárquicas que solo estaban en el área para rematar a gol. Hoy no pueden vivir desconectados del juego colectivo; el equipo necesita de ese punta y viceversa. La consecuencia más directa de que uno de los delanteros se abra para recibir o recepcionar un pase largo, es que el otro vaya a zona de remate. Pero no va solo, los extremos de tendencia interior y centrocampistas se unen al remate. En este sentido, siempre se encontrará a Poulsen como una referencia mucho más certera que a su compañero en la delantera: Timo Werner. Sobre el ex-Stuttgart recae la función de ganar por velocidad e ir directo hacia portería. Pero no es el único: Sabitzer, Forsberg e incluso Naby Keita suelen aparecer desde segunda línea habilitados por los dos delanteros. Keita es el jugador que organiza el ataque del RB Leipzig y encuentra en Poulsen, habitualmente, como receptor de sus pases. En pocas palabras: Poulsen juega muy parecido a como lo hacía Patrick Kluivert. Sus controles y toques orientados casi siempre ayudan a que el RB Leipzig esté atacando el rival, mientras que contribuye al pressing para que el equipo recupere rápido su posicionamiento de inicio. Sus cifras lo demuestran en toda su carrera de profesional: en 152 partidos, solo ha marcado 41 goles, pero ha dado 22 asistencias. Un dalentero completo cuya función o rol potencia al colectivo. Poulsen ha formado pareja con David Selke (un jugador que es un paso intermedio entre él y Werner), amén de ser reemplazado en ocasiones por el escocés Burke (un extremo que juega más con la pelota pegada al pie). Así que no solo demuestra agilidad, velocidad y condiciones atléticas como T’Challa, sino que además muestra inteligencia, lectura de juego y un carácter ganador de guerras, más que de batallas sobre el verde.

Yussuf Poulsen honra así a su padre, como también lo ha hecho T’Challa: creciendo y siendo capaz de ser mejor futbolista a cada paso que da. Eso beneficiará a Leipzig (o Wakanda) para llevar a la ciudad a lo más alto que se pueda aspirar. La pantera negra siempre aguarda, con sigilo y paciencia, para anotar, asistir y participar a la victoria de una guerra, más allá de ganar batallas personales.

Fuente imagen principal: Boris Streubel (Bongarts/Getty Images)

La noche más oscura de la Bundesliga

La noche más oscura de la Bundesliga

Por extraño que parezca, la historia siempre nos enseña a cómo no cometer en el futuro los errores del pasado. También se aprende a cómo explotar esos errores y convertirlos en aciertos plenos. Ya se sabe: “el único deber que tenemos con la historia es reescribirla”, dijo Oscar Wilde.

Algo parecido ocurrió por Alemania a comienzos de los setenta. Es necesario contextualizar por qué un suceso tan bochornoso terminó tornándose en lo que -algunos llaman hoy en día- una de las mejores ligas del mundo. La Bundesliga alcanzaba su octava temporada y, por aquél entonces, no había un claro dominador por encima del resto. Colonia, Werder Bremen, Eintracht Braunschweig, un incipiente Bayern Múnich o un futuro coloso como el Borussia Mönchengladbach, alternaban el olimpo de la novel competición. Sin embargo, había muchas pegas al formato; no tanto por la Bundesliga, sino por el cómo se ascendía o descendía y, especialmente, lo que ello suponía. La profesionalidad aún estaba en pañales y dedicarse al fútbol era, en aquellos tiempos, algo para gente muy afortunada. Por eso, estar en la 1.Bundesliga de la República Federal de Alemania lo suponía todo. El estatus que tenían las divisiones inferiores causaba un desequilibrio enorme entre ambas categorías: no era el mismo dinero, la misma motivación y, desde luego, tampoco era la misma competición. Cinco grupos correspondientes a cinco zonas geográficas de la entonces Alemania Occidental formaban la segunda división, así los campeones de cada zona geográfica jugaban una liguilla. Los dos primeros, ascendían; mientras que el tercer clasificado de dicha liguilla jugaba contra el antepenúltimo de la 1.Bundesliga, una eliminatoria a ida y vuelta. Lo que hoy en día se conoce como “Relegation” o “promoción”. Conociendo este hecho, ascender de las segundas categorías a la élite era una tarea harto complicada para más de ochenta clubes de todo el estado. Sin embargo, el cambio -que se produciría en 1974- tuvo origen en al temporada 1970-71.

Los dos primeros, ascendían; mientras que el tercer clasificado de dicha liguilla, jugaba contra el antepenúltimo de la 1.Bundesliga, una eliminatoria a ida y vuelta. Ascender a la élite era muy complicado.

El seis de junio de 1971, Horst-Gregorio Canellas (hijo de empresario español y madre alemana) cumplía cincuenta años. Para ello, convocó una conferencia de prensa. Todo normal por aquellos tiempos, de un presidente que dirigía un club modesto, pero con un gran impacto a principios de la temporada anterior. El Kickers Offenbach había ganado la Copa nacional al Colonia por 2:1 y consiguieron el ascenso a la élite. Un 2×1 inimaginable para un ciudad limitrofe -así como gran rivalidad- con Frankfurt del Meno. Canellas sabía que su equipo tenía que luchar por no descender; mantenerse era la prioridad. Pero fue demasiado alternar la Recopa y la Bundesliga: en Europa cayó en la primera ronda ante el Brujas y en la competición doméstica pasaron tres técnicos desde su comienzo en la máxima categoría. El club vivía en una incertidumbre: su trayectoria había sido toda una montaña rusa, aunque nada comparado con lo que estaba por llegar. Fue entonces cuando allí, a los oídos de todo el que quisiera escuchar un poco lo que allí ocurría, estalló la bomba: Canellas había grabado conversaciones dónde, por una suma de dinero, un rival se habría ofrecido a “esforzarse más” para beneficiar de forma indirecta al Kickers mediante una suma de dinero. En estas grabaciones se escucharían nombres como el de Bernd Patzke o Mamfred Mangiltz, otrora internacionales con la selección nacional. Se había levantado la alfombra y toda la porquería saldría a relucir.

Este asunto no quedó indemne y, obviamente, llegaría a las oficinas de la DFB. El fiscal jefe representante de la federación, Hans Kindermann, había investigado otros partidos dónde habría sospechas de amaños. Partidos donde el Schalke y, sobre todo, el Arminia Bielefeld estuvieron involucrados. Once partido y once equipos fueron investigados, cincuenta y dos jugadores, dos entrenadores y seis directivos de tres clubes distintos fueron sancionados de por vida por la federación nacional. Hertha Berlín, Schalke 04, Arminia Bielefeld, MSV Duisburgo y Eintracht Braunschweig (estos últimos por aceptar primas de terceros, cosa que también estaba prohibida), terminaron con todos sus jugadores sancionados. El Hertha ya había estado involucrado en otro escándalo, pero los peor parados fueron el Kickers Offenbach, el Schalke y el Arminia Bielefeld. El Schalke tuvo a muchos de sus jugadores (entre ellos a una de las que posteriormente sería una de las grandes estrellas de la Bundesliga y máximo goleador histórico de la competición, Klaus Fischer) sancionados casi dos años, el Arminia Bielefeld fue condenado a bajar tras terminar la temporada 71-72, independientemente de si hubiese mantenido la categoría o no. El Offenbach, como ya había descendido deportivamente, se quedó sin participar en la élite. Estuvo casi 10 años sin subir de categoría, para volver a bajar a comienzos de los ochenta. La honestidad, no sirvio de mucho.

El impacto fue muy negativo: los aficionados estaban decepcionados y dejaron de acudir en masa las temporadas siguientes, pese a que la selección nacional vivía una época de crecientes éxitos bajo el mando de Helmut Schön. No fue hasta el mundial de 1974 que conseguiría Alemania cuando todo cambió. Los estadios volvieron a llenarse y los aficionados empezaron a confiar más en los jugadores. Por su parte, la DFB hizo la reforma más importante de todas: a partir de 1974, desaparecerían los cinco grupos de segunda división y se agruparían en dos grupos de 20 equipos: pasarían de 80 equipos que conformaban la 2º categoría, a 40. Con la entrada en la década de los 80, la segunda división solo se quedaría en un simple grupo de 20 participantes y aparte, se estableció como una liga profesional. El 3 de agosto de 1974, tuvo lugar el primer partido de la 2º división entre el Saarbrücken y el Darmstadt 98, inaugurando así una próspera etapa que vieron nacer a muchísimos futbolistas, entrenadores y campeones del mundo. El resto es historia.

No cabe duda que hay una moraleja importante en todo esto: errar es lo normal. Pero además, es el primer paso para cambiar, acertar y volver a ganar. Si eso le ocurrió a algo tan grande como la Bundesliga… ¿cómo no puede pasarte a ti?.

Fuente imagen principal: Getty Images.

El proyecto de Ralf (II)

El proyecto de Ralf (II)

Lunes, 9 de mayo de 2016. Son las diez de la mañana. La mayoría de los habitantes de Leipzig sintonizan la 91.3 para ponerse al día con la actualidad semanal de la urbe. “Leipzig der Arbeit” suena en Radio Leipzig, sintonía que conocen bien en el millonario campo de entrenamiento que ha construido Red Bull en Cottaweg, al otro lado del estadio, cruzando el lago Elsterbecken.

EL PROYECTO DE RALF (PARTE I)

El centro fue estrenado hace poco tiempo (se inauguró en agosto del año pasado) y tuvo un coste de 33 millones de €uros. Construido por los mismos arquitectos que realizaron el del Borussia Dortmund, tiene unos de 13,500 metros cuadrados; es muy funcional y se encuentra situado justo al lado de los campos de entrenamiento. Un lugar tranquilo, casi idílico, para el crecimiento de jóvenes futbolistas. Piscina, gimnasio y saunas para el uso de los profesionales, como de los que están en la academia y filiales del club. No hay nada que se deje al azar, y todo ello dirigido por Ralf Rangnick: director deportivo y entrenador durante esta temporada. La ausencia de un candidato firme, o que entrase dentro del gusto del antiguo técnico del Schalke, ha hecho que vuelva a los banquillos durante la 2015-16, una temporada que ha terminado con final feliz: el RB Leipzig es equipo de primera división. La fiesta se alargó durante toda la noche, ya que el mister les dio el día libre. Solo el hombre del pelo canoso y su staff deportivo/técnico se reunieron en las oficinas del RB Arena, al otro lado del lago.

En Alemania existe una fuerte concienciación en que la Bundesliga no se convierta en una competición de jeques.

Resoplidos de alivio y suspiros de felicidad por el éxito conseguido. Así es el estado actual de la plantilla de profesionales del RB Leipzig. Siete años y cuatro ascensos después, los toros rojos siguen acumulando mucho rechazo social en la mayoría del país. En Alemania existe una fuerte conciencia en que la Bundesliga no se convierta en una competición de jeques, o clubes arruinados por gestiones económicas inasumibles, y que puedan derivar en un rotundo fracaso. Tienen experiencias que, aún a día de hoy, siguen teniendo efectos en clubes como el Hamburgo. En esa etapa de consenso, la federación germana se ha encargado de sanear a todos los clubes sin que eso supusiera una pérdida de ingresos significativos: el 51 % de las acciones en las sociedades deportivas eran de los socios, mientras que el restante 49 % quedaba a expensas del club; los socios accionistas primero, el club después. Una razón que explica muchas cosas, como el abrumante dominio económico del Bayern sobre el resto, el paulatino enriquecimiento del Borussia Dortmund, los equipos sostenidos por multinacionales, o la diferencia de estos con el resto de clubes con políticas partidarias de “lo tradicional”. A medio camino entre el odio y el miedo de que la Bundesliga pudiera parecerse a lo que fue a principios del siglo XXI, o siguiendo otros ejemplos de clubes europeos (no ingleses) que han sucumbido al dinero fácil y rápido, para acabar en una zanja (o categoría) tan profunda, que parece casi imposible que vuelvan a ser lo que eran. Mientras Alemania se enfrenta a esta dicotomía, Red Bull se ha lanzado a por todas en un mercado competitivo de primer nivel, razón para que muchos se hayan mostrado en contra de ellos a lo largo de todas las categorías que han jugado. Desde Sankt Pauli hasta Kaiserslautern, pasando por el viejo “Frosterei” berlinés, todos han mostrado su rechazo a un modelo capitalista que detestan. En Red Bull, Ralf Rangnick se sacude las críticas, aduciendo que este proyecto hace mucho bien por el desarrollo sostenible de los futbolistas jóvenes.

En una entrevista al prestigioso magazine “11 Freunde”, Rangnick asevera que: “cuando hablo con él (Dieter Mateschitz), él se preocupa principalmente por desarrollar al jugador joven; a mí nunca me ha dado la impresión de que él quiere lograr el éxito por la vía rápida, y poder vender más latas». Un argumento innovador que choca con las impresiones que tienen los clubes tradicionales, quienes denuncian quiénes se sienten “atracados” cuando el RB Leipzig se interesa en sumar a gente joven al proyecto.

Rangnick: ”Si hay un jugador que viene a Red Bull solo por el dinero, entonces les digo a esos jugadores que no son adecuados para el proyecto”.

Criticados muchas veces por el hecho de parecer una especie de “oligopolio futbolístico” entre la factoría Red Bull austriaco, alemán y del FC Liefering, Rangnick se defiende así: ”esto no es como la antigua URSS. No les obligamos a ir a otros equipos por decreto, sino que ellos entienden que forman parte de su desarrollo; se trata de hacerle ver al jugador que ha de seguir los pasos correctos; no solo funciona para nosotros, funciona para todos. No obstante, si hay un jugador que viene a Red Bull solo por el dinero, cosa que noto por sus agentes o su mentalidad, entonces les digo a esos jugadores que no son adecuados para el proyecto”. Esa formación no es exclusiva para jugadores, sino también para futuros técnicos: ”es ventajoso para los entrenadores, ya que ellos también se pueden formar dentro del club”.

Pese a esta defensa a ultranza, el RB Leipzig es un club que ha gastado más de cincuenta millones en los últimos siete años, además de copar el top de fichajes más caros de la historia en segunda división, con 8 de 10 jugadores en dicho ránking, algo inasumible para equipos más humildes. El dinero bien invertido y traducido en resultados deportivos atrae la ilusión a unos aficionados huérfanos del fútbol de élite desde hace más de 20 años. Además, desde que Rangnick es director deportivo de la entidad (también ejerció en Austria), tiene un gusto predilecto por el fútbol ofensivo. Atrajo a Roger Schmidt a Salzburgo, un entrenador que había apuntados cosas en el Paderborn la temporada anterior a entrenar en la factoría, algo que le hizo ser contratado por el Bayer Leverkusen. Cuando Rangnick vuelve a Leipzig, le da continuidad a Alexander Zorniger, quién asciende al equipo a 2º, pero no consiguió el reto de llevarlo a primera, la primera temporada de su historia: se quedó a las puertas.

Todos los entrenadores contratados por Rangnick tienen una forma de entender el fútbol, quien aprendió mucho de Lobanovsky y Sacchi.

Todos los entrenadores contratados por Rangnick tienen un mismo sabor, una forma de ver el fútbol determinada por el propio director deportivo. En “Die Zeit” confiesa que siempre fue diferente a la hora de ver fútbol, y que aprendió muchísimo del técnico soviético Lobanovsky a la hora de situarse con la pelota en los pies y mandar en los partidos, pero también a presionar arriba y recuperar rápido el esférico, como hacía el Milan de Arrigo Sacchi. Un estilo que viste de mucha juventud, algo que le dota maleabilidad para alcanzar cotas altas. No obstante, Rangnick confiesa que, para llegar a las cotas más altas, ha de afrontarse objetivos cada “x” plazo de tiempo. Al menos eso es lo que ha reconocido en el Diario Marca, donde asegura que todavía están un peldaño por debajo de los más grandes. El objetivo es mantenerse y dar continuidad a una plantilla de gente joven y, a la vez, experimentada en la primera división; pero esto es solo el comienzo. El propio Mateschitz ha comentado en más de una ocasión que no quisiera llegar a los ochenta años y no ver al RB Leipzig campeón de Alemania, una empresa difícil de lograr para Rangnick y el nuevo técnico, Ralph Hansehüttl, pero no imposible; Leipzig y el fútbol alemán se lo merecen.

Fuente imagen principal: Ronny Hartmann (Bongarts/Getty Images)