Houseman, un wing ilusionista

Houseman, un wing ilusionista

Un pueblo no olvida a quien lo ilusiona. René Houseman entusiasmó a cada argentino en los albores de la década del ‘70. Sus gambetas eran indescifrables, se escapaba de la marca como en un acto de magia y desbordaba por las bandas. Era impredecible cuando tomaba la pelota, los espectadores se levantaban de sus asientos para asistir a otra de sus acciones desequilibrantes. Por lo generado en aquel tiempo se explica, aún en estos tiempos donde todo es urgencia y la noticia algo efímero, el vacío que causó su fallecimiento a los 64 años en el último mes de marzo. Quienes lo vieron destacar, lo despidieron con honores, incluso cuando hacía tiempo que estaba alejado de los grandes focos.

Sus gambetas eran indescifrables, se escapaba de la marca como en un acto de magia y desbordaba por las bandas. Era impredecible cuando tomaba la pelota, los espectadores se levantaban de sus asientos para asistir a otra de sus acciones desequilibrantes

Su nombre era sinónimo del talento de potrero, ese que adquirió en las villas donde se crió y llevó luego a las canchas de primera división. Más allá de que su época de esplendor no abarcó un gran espacio temporal, sí alcanzó para deleitar a propios y extraños, como sucedió en el Mundial de Alemania 1974. Convocado por el entrenador Vladislao Cap, Houseman llevó a tierra europea sus quiebres de cintura, su dinámica cada vez que entraba en juego. Formaba parte por ese año de un Huracán que había conseguido ganar un campeonato meses antes, mientras César Luis Menotti se despedía de su cargo de entrenador para revolucionar el fútbol argentino desde la Selección Nacional. Años luego, René y Menotti se unirían nuevamente para consagrarse.

Durante el campeonato disputado en lares germanos, anotó un gol antológico ante Dino Zoff, el arquero de Italia que archivó su nombre en los libros de historia. Con un gesto técnico propio de su depurada técnica, colocó la pelota por encima de la figura del guardavalla. Tuvo una actuación soberbia ante el combinado transalpino e ilusionaba a los argentinos, pero aquel equipo quedó eliminado en segunda fase. René hacía un arte del engaño. Eran épocas en las cuales los citados del fútbol doméstico se imponían sobremanera en número a los que provenían del fútbol extranjero (recién en aquella Copa del Mundo del ‘74, aparecieron los tres primeros argentinos del ‘exterior’), y el hombre del club de Parque Patricios era una gran figura nacional.

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Desnivelaba una y otra vez. Jugaba con las medias bajas, sin canilleras que protegieran sus piernas, sufriendo una y otra vez los embates de defensores rivales. De cualquier manera, era casi imposible atraparlo una vez cambiaba el ritmo, se deshacía con facilidad de sus perseguidores y patentó varias jugadas. Una de ellas era el caño de costado, cuando aguardaba la llegada del marcador y pasaba la pelota entre sus piernas para irse en libertad hacia dentro. En la otra, se enfrentaba a dos defensores, inventaba una finta inesperada y se escapaba mientras sus adversarios chocaban entre sí.

Su llama, no obstante, comenzó a apagarse de a poco. Fue poco menos de un lustro a gran nivel, partiendo desde la posición del wing. Aún así, Huracán aún lo disfrutaba al tiempo que se mantenía en los lugares de vanguardia del fútbol argentino. Menotti lo conocía tras el título conseguido juntos en 1973, y lo citó para el Mundial del ‘78 en que Argentina sería local. Pese a que se entregó en cuerpo y alma a la causa, su talento fue esporádico y sólo anotó un gol, en la ciudad de Rosario ante Perú. Argentina venció en la final a Holanda con la maravillosa actuación de Mario Kempes, y Houseman alzó la copa. Sus gambetas no tenían ya la asiduidad de antaño, pero había logrado subir al podio, ese sitio por el que tantos méritos había hecho.

Llegó a la élite, se mantuvo y fue pieza importante en la consecución del trofeo más preciado. Se había criado en la ciudad de La Banda, en Santiago del Estero, y pronto se radicó en una villa de Buenos Aires. Era ese su lugar, donde se sentía cómodo y se movía como pez en el agua

Proveniente de una familia de bajos recursos, el hombre casa, como lo bautizó una conocida publicidad, representaba el triunfo de aquellos que siempre quisieron ser y no han podido. Llegó a la élite, se mantuvo y fue pieza importante en la consecución del trofeo más preciado. Se había criado en la ciudad de La Banda, en Santiago del Estero, y pronto se radicó en una villa de Buenos Aires. Era ese su lugar, donde se sentía cómodo y se movía como pez en el agua. Vivía alejado de las estridencias, fuera de las grandes escenas y entregado al fútbol. De hecho, sostuvo alguna vez que compraría una villa en caso de contar con el dinero que quisiese. En entrevista con El Gráfico, durante la pasada década, manifestó: “Vivir ahí fue lo mejor que me pasó. En ningún lugar estaba tan tranquilo como en la villa. Yo era un pibe feliz al que no le faltaba nada, me pasaba el día entero pateando contra un paredón”:

Hacía referencia a la periferia de la ciudad, esos lugares muchas veces discriminados por la sociedad y que suelen trascender por fuera de las grandes luces. Allí, Houseman no necesitaba mucho para crecer haciendo lo que sabía. Jugaba diferentes torneos por plata, e incluso lo hizo siendo jugador profesional. Una tarde, Menotti no lo encontró en el predio de concentración y fue a buscarlo. Le preguntó qué hacía allí apenas arribó a la cancha de tierra y escaso césped; René, sentado en el banco de suplentes, contestó “qué quiere que haga, mire cómo la mueve el wing nuestro”.

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Inclusive, convirtió un gol estando borracho, según comenta en el libro “Esto (también) es fútbol”, de Javier Tabares y Eduardo Bolaños. “Fue contra River, en 1977, jugando para Huracán. Había sido el cumpleaños de mi viejo y llegué a la concentración el día del partido a las 11 de la mañana, totalmente dado vuelta. Me dieron doscientas duchas de agua fría y como mil termos de café. Un poco despabilado quedé, jugué un tiempo y 20 minutos. Hice el gol, pedí el cambio y me fui”, relató.

En aquella nota que le realizara la mítica revista argentina, decía tener miedo a morir. También expresaba ya no tener problemas con el alcohol, un hábito que lo alejó de las canchas conforme a ir deteriorando su vida. Sin un gran sostén económico, recibió pocas ayudas. Sí fue amado en Excursionistas, una institución del ascenso argentino que primero no lo quiso en sus filas de joven, aunque luego lo cobijó en los últimos compases de su carrera. Años antes, había pasado por River, Independiente, el fútbol chileno y hasta el sudafricano.

Lejos del profesionalismo extremo, fue adorado porque siempre cultivó a los fanáticos. Daba muestras en cada intervención de que algo mágico podía suceder. Y eso, todavía en sus horas bajas, era oro para quienes se ilusionaban con su brillantez.

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El ascenso más triste de la historia

El ascenso más triste de la historia

¿Alguna vez te has parado a pensar en lo rápido que puede cambiarte la vida? ¿Y el llamado efecto mariposa? Este concepto acuña que el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo. Nada alejado de la realidad. Esta concepción está dentro de la teoría del caos. Y justo eso, desgraciadamente, fue lo que vivió la población de Bradford hace 33 años y tres días. Una tragedia que marcó al fútbol británico. Donde una celebración histórica se convirtió en una de las páginas más tristes del deporte, recordado como el ascenso más negro de la historia del fútbol. Aunque, en este caso, no fue una mariposa lo que causó el caos.

El 11 de mayo de 1985, la ciudad de Bradford, situada en el condado de West Yorkshire, se vestía de gala para festejar el primer título desde hacía 56 años. Un día especial donde el Bradford City iba a ser el gran protagonista. Enfrente estaba el Lincoln City y ambos jugaban la última jornada de la Third Division. La cita estaba escrita para festejar el ascenso del Bradford City a la Second Division (actual Football League One). Fue por ello que las gradas del Valley Parade se completaron con más de once mil personas para celebrar aquel magnífico logro deportivo.

Y todo comenzó según lo previsto. El capitán, Peter Jackson, ofreció el título liguero a todo el graderío antes de comenzar el partido. Pero el propio Jackson no era consciente de lo que minutos después sucedería. El balón echó a rodar y cinco minutos antes del descanso, Don Shaw, árbitro del partido, gracias al aviso de uno de sus asistentes, se percató de que algo no iba bien. ”¿No parece ser eso un pequeño incendio?”, preguntaba simultáneamente John Helm, comentarista de la televisión de Yorkshire, a la par que su dedo señalaba la tribuna principal del Valley Parade.

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“Había una atmósfera de carnaval antes del saque inicial, pero al final se convirtió en un día horrible” – Jackson, capitán del Bradford City, en el Bradford Royal

El fuego alarmó a los aficionados que presenciaban el encuentro y pronto invadieron el terreno de juego. Aquellos que intentaron salvar su vida por los tornos quedaron en el intento al quedarse atascados y las llamas los calcinaron. La rápida propagación del fuego por la grada principal dejó 56 fallecidos y 250 heridos. Hasta Margareth Thatcher, primera ministra del Reino Unido por entonces, se desplazó al estadio para informar al resto del Estado del suceso.

Los jugadores observaban con impotencia cómo el fuego devoraba Valley Parade y de qué forma las llamas tomaban la posesión de la fiesta que habían montado hace penas 45 minutos. Muchos de los componentes de la plantilla hicieron más personal la historia de aquel infierno. Entre muchos de los héroes anónimos que ayudaron a calmar el pánico se encontraba Terry Yorath, entrenador del Bradford City, quién ayudó a evacuar a los aficionados del estadio pero que perdió a su hija y esposa en la tragedia. Ambas estaban presentes en el foco donde se originó el fuego, una grada reservada aquella tarde para los familiares de jugadores y cuerpo técnico.

Otro de los nombres propios que también fue preso de que el fuego le arrebatase a una persona querida fue Don Goodman, delantero del club. Como referente en ataque, quiso llevar más familiares a su encuentro y una de las entradas que obtuvo para repartir fue para su ex novia. Finalmente, fue una de las 56 personas que perdieron la vida. “Había una atmósfera de carnaval antes del saque inicial, pero al final se convirtió en un día horrible”, expuso Jackson en el Bradford Royal. El capitán del Bradford City tomó la palabra por toda la población de aquella ciudad.

Entre los fallecidos se encontraba Sam Firth, un antiguo socio del club cuya vida giraba en torno al club local

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Días después, policías y forenses revelaron la causa del incendio. No fue otra cosa que una colilla de cigarro mal apagada. Algo tan insignificante a priori, pero que provocó uno de los recuerdos más tristes en la historia del fútbol inglés. La colilla cayó sobre las bolsas de basura, lo que inició el fuego. Esto, unido a la madera de las infraestructuras del estadio, dio lugar al terrible incendio.

En cuanto a los tornos, fue el factor humano lo que provocó el fallecimiento de aquellas personas. La gran entrada a Valley Parade provocó que los dirigentes y delegados del Bradford City cerrasen los accesos para impedir la entrada de gente sin billete. Esto tuvo su repercusión en el futuro y tras las tragedias de Heysel y Hillsborough, los estadios se vieron obligados a reestructurar sus infraestructuras colocando vigas de aluminio en lugar de las de madera y butacas para los espectadores.

Después de la tragedia, el Bradford City tuvo que mudarse a casi catorce kilómetros de su casa para continuar jugando. Ellan Road, hogar del Leeds United, acogió a The Bantams (Los Gallos) hasta que en 1986 volvió a casa. Para su vuelta, la ciudad homenajeó a las víctimas y supervivientes de la tragedia con un monumento en pleno Valley Park para conmemorar el ascenso más triste de la historia del fútbol.

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La fiesta del fútbol italiano en Old Trafford

La fiesta del fútbol italiano en Old Trafford

Milan y Juventus se han ganado por derecho ser dos de los clubes con más tradición en la Champions League, Si los milaneses tienen siete entorchados europeos, los bianconeri acumulan 9 finales disputadas con dos trofeos de este calibre en sus vitrinas.

Como equipos de gran reconocimiento en la Europa futbolística, en la edición de la 2002/03, ambos equipos se enfrentaron en la final del campeonato en una de las temporadas más italianizadas en este certamen que se recuerdan ya que el Inter de Milán -con tres títulos de este tipo en su sala de trofeos- también alcanzó las semifinales y fue apeado de las mismas por sus vecinos rossoneri. Actualmente, ambos equipos no alcanzan ni la sombra de lo que en su día fueron en Europa y luchan por, poco a poco, recuperar el terreno perdido y volver a hacerse fuertes en el Viejo Continente.

Aquella campaña fue la última en la que se disputaron dos fases de grupos previas a las rondas eliminatorias saltándose de este modo los octavos de final. Antes de todo aquello, el Milan de Carlo Ancelotti, sufrió más de lo esperado para dejar en la cuneta en la previa del torneo al Slovan Liberec checo. Los rossoneri superaron el turno gracias al gol anotado como visitante y a pesar de caer 2-1 a domicilio, hicieron bueno el 1-0 de la ida en tierras italianas gracias a la regla de los goles fuera de casa.

En la primera fase de grupos, tanto Milan como Juventus, Roma e Inter lograron acabar la ronda entre los dos primeros demostrando la buena salud de la que gozaba el fútbol italiano en la época. Para el recuerdo de aquellas fases de grupos quedarán la victoria de la Roma en el Santiago Bernabéu (0-1) o las dos conseguidas por el Milan ante Deportivo (0-4) -la posterior temporada se daria aquella remontada histórica para los gallegos ante los milaneses- y Bayern de Múnich (1-2) ambas a domicilio, que lo colocaron tras el susto inicial como uno de los favoritos para hacerse con la copa.

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La segunda fase de grupos se cobraría a la Roma como víctima y a punto estuvo de dejar por el camino también a la Juventus, a la postre finalista, que quedó empatada a puntos con Deportivo y Basilea, pero que accedió a cuartos por mejor golaverage general.

El Milan ya en cuartos de final volvió a las andadas, y tras un 0-0 en el partido de ida ante el Ájax en Amsterdam, salvó el pescuezo en San Siro en los minutos finales de la eliminatoria cuando Tomasson -precisamente un ex Feyenoord-, en el descuento, deshizo el 2-2 que le habría dado el pase a los neerlandeses.

No sufrió menos la Juventus, que tuvo que acceder a las semifinales gracias a la prórroga después de empatar a un gol tanto en la ida como en la vuelta ante el Barcelona. Marcelo Zalayeta se erigió como héroe silenciando el Camp Nou en el minuto 114.

La Juventus dejaría atrás en el camino hacia Old Trafford a Deportivo, Barcelona
y Real Madrid dejando claro que el fútbol italiano se imponía en esta ocasión al español 

Eliminaría después el cuadro de Lippi a otro de los gigantes del fútbol español como el Real Madrid en unas semifinales que quedarían para el recuerdo ya que los blancos se impusieron en el Santiago Bernabéu en el duelo de ida por 2-1 y los turineses fueron capaces de darle la vuelta a la eliminatoria en Delle Alpi con un inicio fulgurante y una actuación estelar de Buffon, que paró un penalti a Figo. Zidane, en las postrimerías del encuentro, pondría los nervios a flor de piel en la que fuera su casa, pero el 3-1 no se vería alterado más y los de Del Bosque no pudieron alcanzar la que hubiera sido su segunda final consecutiva tras tocar el cielo en Glasgow un año atrás.

Si la que disputaron Real Madrid y Juventus fue una semifinal disputada, complicado es de definir lo que aconteció en el otro emparejamiento. Se medían por un puesto en la final, Milan e Inter, o lo que es lo mismo un derbi della Madonina a todo o nada con Manchester en el horizonte y un duelo en el que los rossoneri alcanzarían la final de nuevo por el valor doble de los goles ‘fuera de casa’ peculiarmente sin ni siquiera salir de su ciudad. Shevchenko y Oba Martins harían los goles del 1-1 que daría el pase a los de Ancelotti tras el 0-0 de la ida.

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Nadie dijo que llegar a una final de la Champions League fuera fácil, y los caminos de Milan y Juventus -que no contaría con una pieza clave como Nedved en la finalísima por sanción- hasta Manchester así lo demostraron. Las calles de la industrial urbe inglesa, al igual que el fútbol europeo -la Lazio también sería semifinalista de la Copa de la UEFA- se convirtieron en territorio italiano durante el 28 de mayo de 2003 y los días que lo precedieron y los más de 63.000 espectadores que abarrotaron Old Trafford presenciaron un gran espectáculo entre dos de los grandes equipos del panorama europeo -así lo atestiguan ambas alineaciones- que aun así, tuvieron dificultades para encontrar el arco rival, en parte por el gran nivel defensivo que rozó el rival y por el miedo a perder tras haber sufrido tanto para llegar allí que hizo difícil que la balanza se inclinara hacia alguna de las partes.

Juventus: Buffon; Thuram, Ferrara, Montero, Tudor; Camoranesi, Tacchinardi, Davids, Zambrotta; Trezeguet y Del Piero

Milan: Dida; Kaladze, Nesta, Costacurta, Maldini; Gattuso, Seedorf, Pirlo, Rui Costa; Shevchenko e Inzaghi

Ambos equipos aun así tuvieron claras oportunidades de gol (Shevchenko vio cómo le anulaban un gol al poco de comenzar el encuentro, Buffon salvó de forma milagrosa un cabezazo de Rui Costa, Antonio Conte golpeó el larguero con un cabezazo…), pero poco a poco, conforme se iba acercando el final, el miedo a perder se fue apoderando de ambos clubes y tanto es así, que, como atestigua la prórroga, casi exenta de ocasiones de gol, ambos equipos dieron por bueno el empate y el entregarse a la lotería de los penaltis en la que se batirían Dida y Buffon en duelo.

El brasileño se llevaría el gato al agua atajando tres (Trezeguet, Birindelli y Montero) de los cinco penaltis lanzados por los jugadores juventinos, mientras que Buffon, a pesar de que pararía dos (Serginho y Kaladze), se quedaría sin la orejona tras anotar Shevchenko -que pidió ser el último en lanzar- el penalti decisivo, que sería la primera para Ancelotti y la sexta para el club lombardo – que cuatro años más tarde conquistaría la séptima-. Por su parte, la Juventus enlazaría su tercera final consecutiva con derrota y hasta la fecha ha añadido dos más (ante Barcelona y Real Madrid) dejando su palmarés en dos Copas de Europa.

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Pocos recuerdan aquel partido como un encuentro entretenido e incluso hay quien la cataloga como una de las finales más aburridas de la historia, pero lo cierto es que fue “la fiesta del fútbol italiano en Old Trafford” como recordaría Ambrosini en declaraciones recogidas en el libro ‘El Milan de Berlusconi’, la constatación de que el fútbol de la Serie A gozaba de una buena salud y grandísima reputación en el primer lustro del siglo XXI y quizás un pico en esa escalada hacia la cima del fútbol europeo a partir de la cual se produjo un descenso progresivo de calidad y competitividad que ha llevado a la competición a perder una plaza para la Champions -que la próxima temporada recuperará- y a grandes entidades a perder una de sus características casi inherentes al escudo que representan, que no es otra que la de estar cada temporada entre los mejores equipos de Europa. Volverán. Estamos seguros de que volverán.

Fuente imagen principal: Laurence Griffiths (Getty Images)

British Ladies Football, el embrión del fútbol femenino

British Ladies Football, el embrión del fútbol femenino

Nettie Honeyball siempre imaginó un mundo donde el fútbol y la mujer eran uno. La londinense era una soñadora en una sociedad en la que por desgracia, hasta hoy, la total integración es propiedad más de la fantasía que de la realidad. Basta comprobar el desconocimiento sobre su figura, para entender que la obra de Honeyball es su legado: fue la fundadora del primer club de fútbol femenino, el British Ladies Football Club. 

“Fundé el equipo el año pasado con la firme intención de demostrar al mundo que las mujeres no son las criaturas ornamentales e inútiles que el hombre ha caricaturizado. Debo admitir que mis convicciones en torno a todo tipo de temas acerca de los sexos están a favor de la emancipación, y quiero que llegue el día en que las mujeres puedan sentarse en el parlamento y tengan voz en todo tipo de cuestiones, especialmente en aquellas que aborden temas importantes.” – Palabras de Honeyball en una entrevista concedida al Daily Sketch, en febrero de 1895

Fundado a finales de 1894, el club convocó a través de un anuncio en la prensa a todas aquellas que quisieran abrir un hueco al fútbol femenino. Hasta 30 mujeres se presentarían para la causa. En sus inicios, el British Ladies FC fue presidido por Florence Dixie, hija del Marqués de Queesbury y reconocida feminista que se dejó convencer por Honeyball para ocupar dicho cargo. En la parte técnica, el ex jugador del Tottenham J.W. Julian sería quien las entrenara dos veces por semana en el terreno adyacente al Alexandra Park. La rápida estructuración de aquella iniciativa no pasó desapercibida por la prensa:

El diario The Sketch publicó en 1984 unos borradores sobre cómo deberían vestir y comportarse las futbolistas, ejerciendo su poder para cosificar a las mujeres. Fuente: www.donmouth.co.uk.

El primer partido se celebró en la tarde de un sábado 23 de marzo en Crouch End, en el norte londinense. Y así relataba el acontecimiento el diario The Sketch a la mañana siguiente:

“El panorama en Crouch End en la tarde el sábado era asombroso. La gente local se frotaba los ojos y se pinchaba los brazos porque no daban crédito. El visitante extranjero podría imaginar que aquello se trataba de algún evento organizado por el Estado. Durante toda la tarde llegaban coches de trenes repletos de gente excitada procedente de todas partes; la cantidad de carros, coches y otros vehículos marcaron un récord en la historia del fútbol. Toda esa enorme multitud se ha reunido para presenciar el primer partido del British Ladies Football Club”

El encuentro consistió en un enfrentamiento entre un equipo norte y sur de la capital inglesa, siendo el nivel del juego lo menos importante de la jornada dado el significado de su contexto. Por desgracia, hay quienes no pensaban lo mismo. El propio reportero de The Sketch eligió una manera “particular”, por no decir vergonzante, de resumir el juego: “Sería ocioso intentar hacer una descripción del juego. Los primeros minutos fueron suficientes para comprobar que el fútbol no es para mujeres. El futbolista necesita velocidad, juicio, habilidad y coraje. Ninguna de estas cuatro características apareció el sábado. La mayoría de las jugadoras se movían sin sentido por el campo y a trote. Además de jugó con un balón más pequeño de lo habitual, y a pesar de ello la jugadora más fuerte apenas podía desplazarlo unas pocas yardas. […] El árbitro Mr. Squires pasó por una experiencia agonizante”, sentenciaba.

Relacionado con esto, y en palabras de Richard McBrearty, director del Salón de la Fama del Fútbol Escocés, la directiva de la federación escocesa desprestigiaba continuamente las capacidades de las mujeres: “No hay lugar para las mujeres en un deporte de hombres, decían. Solo hace falta echar un vistazo a la federación de aquellos tiempos, compuesta únicamente por hombres. La idea de ver a mujeres jugando fútbol era inimaginable, se referían al fútbol como un deporte masculino”, cuenta McBrearty. Y añade: “Aunque por encima de todo lo peor era ver cómo la prensa deportiva cedía ante dicha filosofía, afirmando que las mujeres no deberían jugar a fútbol”.

Representación del primer partido disputado en Crouch end. En el centro de la imagen aparece la capitana y fundadora del British Ladies Football Club, Nettie Honeyball. Fuente: Lloyds Weekly Newspaper.

La constante estigmatización y burdos comentarios fue lo que convirtió una buena cogida del estreno en términos de volumen (unas 10.000 personas se acercaron al lugar) y repercusión (en ciudades como Birmingham comenzaron a imitar la iniciativa del Bristish Ladies FC) en un gran motivo reivindicativo. Conviene apuntar que el partido de Crouch End no fue en realidad el primero disputado por mujeres (equipos femeninos se habrían creado con anterioridad), sino el primero en romper las primeras cadenas y sacar a la luz un debate ridículo -o debería- en los tiempos de hoy, pero necesario entonces. Manchester, Newcastle, Glasgow, Brighton, Greenwich, Sheffield, Cardiff, Dublin… no fue precisamente corta la lista de destinos en los que congregaron a miles de personas durante los próximos meses. Más aún, además de luchar contra un círculo periodístico viciado de tintes machistas, las jugadoras del British Ladies disputaban muchos de los encuentros por causas solidarias.

“Creo realmente que el público tiene una errónea visión de las futbolistas. Estas están universalmente satirizadas sin piedad alguna. Por supuesto que todo el mundo sabe que no practican un buen fútbol. ¿Pero quién podría imaginar lo contrario? Si seleccionáramos aleatoriamente a un grupo de futbolistas que no saben nada del juego y les pedimos que actúen ante un gran público sucedería exactamente lo mismo. Es verdad, los hombres podrían correr más y chutar más fuerte, pero aparte de eso, no me puedo creer que pudieran ofrecer mayor conocimiento del juego o una mejor ejecución. No procede toda esta cantidad de artículos escritos por hombres viejos que no sienten simpatía ni por el fútbol ni por las aspiraciones de las mujeres jóvenes” – Sporting Man (abril de 1895)

El camino del club fue breve porque en seguida la FA prohibiría el fútbol femenino, no sin señalar que aquello era demasiado rudo para ellas. El máximo organismo del fútbol inglés no devolvería su merecido espacio hasta los años 70, cuando el embrionario proyecto de las British Ladies, siglo y medio después, continuaría con éxito. No propiamente ellas, porque la entidad desapareció para siempre, pero otras recogerían el testigo. Sus nombres, que persistirán en el anonimato, nunca serán tan importantes como su propósito de haber querido romper con lo establecido. Un impulso de orgullo que ha permitido que desde hace décadas la presencia femenina en el fútbol está garantizada.

Fuente imagen principal: Agencias.

Agostino di Bartolomei, ‘Il capitano’ marcado por la tragedia

Agostino di Bartolomei, ‘Il capitano’ marcado por la tragedia

La Roma nunca estuvo tan cerca de alcanzar la gloria como el 30 de mayo de 1984. Después de ganar su segundo Scudetto en la temporada 1982-83, La Loba calificó por primera vez a la Copa de Campeones de Europa. En el máximo escenario continental sorprendieron y se colaron hasta la final, que tenía designada como sede el Stadio Olimpico, casa de los romanos. De la mano del entrenador sueco Nils Liedholm, los italianos despacharon al Goteborg, al CSKA Sofia y al Dinamo de Berlín para llegar a semifinales. Su rival, el Dundee United, sorprendió con un 2-0 en la ida; en la vuelta, la Roma consiguió el 3-0 que les dio el pase al duelo decisivo, en un partido que se vio envuelto en polémica por sospechas de amaño.

Su rival en la final sería el Liverpool, campeón de Europa en 1977, 1978 y 1981, que llegaba tras echar al Odense, al Athletic de Bilbao, al Benfica y al Dinamo de Bucarest en una intensa serie de semifinales. Para los ingleses, la final representaba la posibilidad de conseguir el primer triplete de su historia, tras ganar la Football League y la Football League Cup esa temporada.

Su rival en la final sería el Liverpool, campeón de Europa en 1977, 1978 y 1981, que llegaba tras echar al Odense, al Athletic de Bilbao, al Benfica y al Dinamo de Bucarest en una intensa serie de semifinales

Aquella Roma era capitaneada por un emblema del club. Agostino di Bartolomei entró a los catorce años a las filas de La Loba y poco después pasó a formar parte del primer equipo, para posteriormente convertirse en el primer capitán de origen romano en la historia del equipo.  Il capitano se ganó el cariño de los aficionados, parte por sus actuaciones dentro del campo, parte por compartir origen. Serio fuera de las canchas, Ago disfrutaba estando dentro del rectángulo verde: aseguraba que le pagaban por divertirse, por lo que su trabajo era ‘’uno de los mejores del mundo’’.

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El escenario del 30 de mayo era ideal también para di Bartolomei. La escena: el primer capitán romano, levantando la primera Copa de Europa de La Loba. Y en suelo romano. Todo estaba destinado para que esa noche Roma se cubriera de gloria.

La salida de los equipos al campo en esa noche asemejó a un Coliseo romano que buscaba intimidar a su inminente víctima. Pero al Liverpool le sentaba bien el Stadio Olimpico, en el que se coronó en la final de 1977; los Reds se adelantaron en el marcador apenas al minuto trece y pudieron irse arriba 0-2 de no ser por un gol anulado minutos después. Roberto Pruzzo empató antes del descanso y el marcador no se movió en el tiempo regular ni en tiempo extra. Por primera vez una final de la Copa de Europa se definiría desde el punto de penal.

Steve Nicol falló el primer disparo del Liverpool y los aficionados de la Roma se ilusionaron con el título. Di Bartolomei se acercó a cobrar y con clase adelantó a su equipo en la serie, pero a la postre sería inútil. Cuatro disparos correctos de los ingleses y dos fallas italianas sellaron el destino de aquella final. Liverpool se coronaba campeón por cuarta vez y la Roma se quedaba con las manos vacías.

Para la siguiente temporada Sven Goran Eriksson llegó al banquillo de la Roma y con ello se dio la salida de Di Bartolomei, después de disputar 300 partidos con los giallorossi

Para la siguiente temporada Sven Goran Eriksson llegó al banquillo de la Roma y con ello se dio la salida de Di Bartolomei, después de disputar 300 partidos con los giallorossi. Su siguiente destino sería el Milan, donde estuvo tres años. En su primer duelo frente a su ex equipo, Ago marcó y lo festejó de forma efusiva, cosa que no sentó bien a los aficionados de la Roma que habían lamentado su partida.

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Del Milan pasó al Cesena de la Serie B y después al Salernitana, con el que ascendió a segunda. A los 35 años decidió retirarse y cambió su residencia a Castellabate, un pequeño pueblo de pescadores al sur de Roma. Alejado de los reflectores, realizó diversas inversiones, entre ellas una academia de fútbol, que no resultaron exitosas y le trajeron problemas financieros.

Il capitano salió al balcón de su residencia la mañana del 30 de mayo de 1994, diez años después de la derrota en el que definió como el ‘’juego de su vida’’, y de un disparo al corazón se quitó la vida. En su cartera se encontraron tres imágenes: de su familia, de un santo y de la Curva Sur del Stadio Olimpico.

“Me siento encerrado dentro de un agujero”, rezaba la nota encontrada en su bolsillo. Los problemas económicos y la lejanía del fútbol lo llevaron al suicidio, para el que eligió una fecha que marcó su vida y la de miles de aficionados romanistas.

Los problemas económicos y la lejanía del fútbol lo llevaron al suicidio, para el que eligió una fecha que marcó su vida y la de miles de aficionados romanistas

Jugadores y aficionados se unieron en un solo lamento por la partida de un ícono de la Roma. Una calle en Castellabate y un campo en el centro deportivo del equipo de sus amores fueron bautizados con su nombre, a manera de homenaje. Esta noche, cuando la Roma busque la hazaña frente al Liverpool, el recuerdo de Agostino di Bartolomei se hará presente entre los hinchas giallorossi*.

*Artículo publicado el 2 de mayo de 2018, en la previa del Roma – Liverpool de semifinales de la Champions League 2017/18.

Fuente imagen principal: iogiocopulito.it.

Los cachirules, la vergüenza del fútbol mexicano

Los cachirules, la vergüenza del fútbol mexicano

La astucia y la picardía, para bien o para mal, son características de la forma de ser del mexicano. A través de ellas, logramos sacar ventaja en escenarios de la vida diaria donde de otra forma no conseguiríamos lo que buscamos. Aspiramos a obtener beneficios saltando alguna que otra regla, y confiamos en que gozaremos los resultados sin que se den cuenta de las trampas realizadas.

La selección mexicana se ha convertido, en años recientes, en uno de los equipos más constantes en cuanto a calificar a la Copa del Mundo se refiere. Para dar con la última ocasión en la que el Tricolor no participó en una justa mundial, hay que ir hasta 1990, cuando la participación en el torneo disputado en Italia se vio evitada por uno de los escándalos más grandes en la historia del balompié mexicano, producto de esa tendencia a desafiar los reglamentos y jugársela a no ser descubiertos.

La selección mexicana se ha convertido, en años recientes, en uno de los equipos más constantes en cuanto a calificar a la Copa del Mundo se refiere

El escenario inicial del escándalo fue Guatemala. La fecha, abril de 1988. El país centroamericano sería sede del Premundial sub-20 de la CONCACAF, con miras al mundial de la categoría a disputarse el año entrante en Arabia Saudita. México, tras albergar la Copa del Mundo de 1986, sentía la necesidad de posicionarse como una selección fuerte en todas las categorías, por lo que llegaba a Guatemala con la firme intención de llevarse el título.

Sin embargo, los resultados pasaron a segundo plano en el transcurso de la competición. Una columna sin firma del diario Ovaciones dio a conocer irregularidades en las fechas de nacimiento de cuatro jugadores registrados en la sub-20. Antonio Moreno, periodista mexicano detrás de la publicación, salió días después a profundizar la nota inicial: el anuario del Fútbol Mexicano 1987, regalado a la prensa por la Federación Mexicana de Fútbol (FMF), mostraba las fechas reales de nacimiento de cuatro jugadores, las cuales diferían de las enviadas a la CONCACAF para el registro de los convocados.

Mientras el balón rodaba en Guatemala, Aurelio Rivera, Gerardo Jiménez, José de la Fuente y José Luis Mata se convertían en los cuatro nombres más repetidos por la prensa deportiva en México. Rafael del Castillo Ruiz, presidente de la FMF, y Francisco Avilán, director de la selección juvenil, acaparaban también los titulares que buscaban responsables de lo ocurrido. La movilización no era para menos: Joao Havelange, mandamás de la FIFA en ese entonces, advirtió meses antes de sanciones a las selecciones que inscribieran a jugadores que superaran la edad permitida, práctica común en los torneos de categorías inferiores.

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A pesar de las posibles repercusiones, las investigaciones periodísticas sacaron a la luz más evidencias. Antonio Moreno fue el primero en exhibir en Ovaciones el acta de nacimiento de uno de los involucrados, José Luis Mata; José Ramón Fernández, periodista de la cadena Imevisión, donde también trabajaba Moreno, develó las actas de Gerardo Jiménez y José de la Fuente; y finalmente, en el diario La Jornada dieron a conocer el documento real de Aurelio Rivera.

El polémico caso es conocido hasta la fecha como Los cachirules, término que tiene dos supuestos significados: el primero, referente a un personaje de la televisión mexicana de nombre Cachirulo, que se hacía pasar por alguien de menor edad a la del actor; el segundo, proveniente de la palabra cachirul, usada en el siglo XX para referirse a cosas de dudosa calidad y que después se usaría en los campos de fútbol amateur para identificar a jugadores que participaban sin tener un registro válido.

Rafael Castillo fue señalado como la mente detrás de Los cachirules. “¿Por qué México no puede ser mañoso en este tipo de actitudes cuando otros países lo hacen como algo normal?” fue una de las declaraciones que soltó, una mezcla de impotencia y enojo, más por saberse descubierto primero que otros, que por las repercusiones venideras. De acuerdo a Miguel Ángel Ramírez, periodista de Ovaciones que participó en la investigación, los miembros de la federación tenían tan claro el fraude realizado, que instruían a los jugadores a aprenderse bien la fecha de nacimiento falsa, “por si venía gente de la FIFA a preguntarles”.

Para algunos, lo publicado por la prensa tenía como motivación un duelo de intereses: Televisa, la cadena televisiva más importante de México, acaparaba a la selección y el golpeteo respondía a la intención de Imevisión para competir por los derechos de transmisión

Para algunos, lo publicado por la prensa tenía como motivación un duelo de intereses: Televisa, la cadena televisiva más importante de México, acaparaba a la selección y el golpeteo respondía a la intención de Imevisión para competir por los derechos de transmisión; para otros, la polémica surgió de parte de Joaquín Soria, mexicano que presidía la CONCACAF, y que veía en Del Castillo un rival que podía derrocarlo del puesto.

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Con el respaldo periodístico a la mano, las federaciones de Guatemala y Estados Unidos presentaron en mayo de 1988 una queja ante la FIFA. El organismo rector del fútbol investigó y confirmó la trampa realizada por la FMF, y decidió suspender por dos años a la selección sub-20, quitándoles la posibilidad de asistir al mundial en Arabia Saudita, tras haber finalizado como segundo lugar del cuadrangular final del Premundial guatemalteco.

La astucia y picardía mencionadas al inicio del texto vuelven a aparecer en este escenario del escándalo. La sanción estaba definida y no era tan dolorosa, pero Rafael del Castillo decidió tentar a su suerte; sabía que la presencia de Guillermo Cañedo, cercano a Havelange y cercano a Televisa, podía inclinar la balanza a su favor, eliminar la suspensión y borrar la pequeña travesura que implicaba la falsificación de documentos oficiales

Confiado, el presidente de la FMF emprendió el viaje a Suiza con una comitiva. En los cuarteles de la FIFA se llevó a cabo la discusión debida y el resultado fue contundente: el castigo no solo se mantenía, sino que se extendía a todas las categorías. Esto traducido implicaba tres golpes durísimos: adiós Arabia Saudita 1989, adiós Juegos Olímpicos de Seúl 1988, adiós Copa del Mundo de Italia 90.

El castigo se extendió a todas las categorías. Esto traducido implicaba tres golpes durísimos: adiós Arabia Saudita 1989, adiós Juegos Olímpicos de Seúl 1988, adiós Copa del Mundo de Italia 90

Las sanciones individuales se limitaron a la suspensión de algunos miembros de la FMF a ocupar puestos de la CONCACAF. Aunque no recibieron algún castigo, los cuatro jugadores señalados vieron su carrera trastocada. Aurelio Rivera fue el que tuvo más éxito en el fútbol mexicano, aunque la marca de Los cachirules no dejó de seguirlo. El Coreano pasó dos años en la cárcel producto del atropello a dos ciclistas cuando conducía en estado de ebriedad; en entrevista al diario Excelsior, afirmó que le resultó peor el escarnio sufrido producto de Los cachirules, que el par de años encarcelado, ya que el primer castigo lo pagó sin tener nada qué ver.

Gerardo Shaggy Jiménez es claro en las repercusiones que trajo todo el escándalo: “Nunca me sobrepuse a esa palabra. Es algo que te estigmatiza para siempre, nos cambió la vida, porque la gente piensa que eres un tramposo para todo. Hasta para comprar en la tienda te miraban feo. La Federación nos partió la vida en dos”. Tanto él como José Luis Mata tuvieron una carrera modesta en el fútbol, como jugadores y directores técnicos, mientras que José Luis de la Fuente se alejó por completo de las canchas.

Aficionados y futbolistas sufrieron una gran decepción al quedarse sin posibilidad de participar en la justa más importante del balompié; los culpables al final lograron salirse con la suya, ya que nunca hubo un castigo directo. Con Hugo Sánchez en su mejor momento, una generación que igualó en 1986 el mejor resultado obtenido en un Mundial, y un grupo de jugadores que destacarían a nivel selección a finales de los 80’s y posteriormente en 1994, el caso de Los cachirules es quizá el ‘¿qué hubiera pasado?’ más grande en la historia del fútbol mexicano.

Fuente imagen principal: Televisa.