Los hermanos que hicieron soñar a Dinamarca

Los hermanos que hicieron soñar a Dinamarca

El fútbol en Dinamarca no se puede entender sin los hermanos Laudrup. La importancia de Michael y Brian para que los escandinavos dieran un salto de calidad a nivel internacional es innegable; hijos de Finn Laudrup, seleccionado danés en la década de los Setenta, dieron muestras de su talento desde que debutaron en el Brondby IF.

Michael Laudrup, el mayor de los dos, tuvo una carrera prolífica en clubes europeos. Formó parte del dream team del Barcelona a principios de los Noventa, previo paso por la Lazio y la Juventus en Italia; tras jugar con el club blaugrana fichó por el Real Madrid y tras dos temporadas con los merengues llegó al Vissel Kobe japonés, para finalmente retirarse vistiendo la camiseta del Ajax.

Michael Laudrup tuvo una carrera prolífica. Jugó en clubes como el Barcelona, la Lazio, la Juventus o el Real Madrid

El menor de los Laudrup también jugó en clubes de renombre a nivel europeo. Bayern Munich, Fiorentina, AC Milan y Chelsea fueron algunos de los equipos donde participó, aunque fue en el Glasgow Rangers escocés donde vivió algunos de sus mejores momentos. Siguiendo los pasos de su hermano mayor, Brian culminó su carrera en el Ajax. Jugando como mediocampista ofensivo, Michael ganó rápido reconocimiento gracias a la calidad que demostraba con su visión de juego y sus pases milimétricos. Brian, por su parte, se desempeñaba como delantero y destacó por su velocidad y técnica.

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La década de los Ochenta representó una transformación del fútbol danés a nivel de selecciones. Hasta ese momento Dinamarca solo había participado en un torneo internacional, la Eurocopa 1964; el regreso a la competición continental se dio en 1984 y con ello la convocatoria de Michael Laudrup apenas a sus 19 años. El mayor de los Laudrup también fue considerado para la primera participación danesa en un Mundial. México 86 fue el escenario; Dinamarca calificó como primer lugar de grupo, con Michael en gran forma, pero cayó en octavos de final al ser goleada por España.

Por curiosidades del destino, Brian debutó también a los 18 años con la selección danesa, en 1987. Cinco años después disputó su primer torneo internacional, la Eurocopa 1992, donde Dinamarca hizo historia al coronarse tras llegar como reemplazo de Yugoslavia; a pesar de no marcar, Brian Laudrup fue uno de los jugadores más destacados del cuadro escandinavo. Tuvieron que pasar 12 años para que Dinamarca volviera a una Copa del Mundo. Los daneses terminaron como primer lugar de su sector en la eliminatoria; sus rivales en Francia 98 serían el anfitrión, Sudáfrica y Arabia Saudita.

Por curiosidades del destino, Brian debutó también a los 18 años con la selección danesa, en 1987. Cinco años después disputó su primer torneo internacional, la Eurocopa 1992, donde Dinamarca hizo historia al coronarse tras llegar como reemplazo de Yugoslavia

Michael Laudrup estaba cerca del retiro, pero no dudó en aceptar la convocatoria para participar en el Mundial. Su hermano Brian también fue convocado: por primera vez los hermanos Laudrup compartirían vestidor en un torneo internacional con la selección danesa. La fase de grupos terminó con Dinamarca en segundo lugar del sector, aunque el desempeño dejó algunas dudas. Victoria por la mínima ante los árabes, empate a un gol contra los africanos y derrota 2-1 frente al anfitrión. Un gol de Michael ante Francia y una asistencia de Brian fueron el saldo para los Laudrup tras tres partidos.

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En octavos el rival sería Nigeria. Las expectativas no eran altas para los daneses, pero de los botines de los hermanos Laudrup llegó la explosión. Apenas al minuto tres cayó el 1-0 por conducto de Moller, a pase de Michael Laudrup tras un control magistral; diez minutos después Brian aprovechó un rechace del arquero rival para ampliar la ventaja. Otra asistencia maravillosa del mayor de los Laudrup permitió a Ebbe Sand marcar al 60 y Thomas Helveg incrementó la cuenta al 76; Babangida descontó por los nigerianos para el 4-1 definitivo.

Brasil sería la siguiente prueba para los escandinavos. La presencia danesa en octavos ya era de por sí histórica, y ante ellos se presentaba la posibilidad de dar otra sorpresa. Contra todo pronóstico, Dinamarca tomó ventaja al inicio del juego por conducto de Jorgensen. Los brasileños se mostraban desconcertados por el mazazo inicial y los daneses soñaban con el triunfo. El cuadro sudamericano se sobrepuso pronto y remontó antes del descanso, en parte gracias a un Rivaldo que jugaba a su mejor nivel. A cinco minutos de iniciado el complemento, Brian Laudrup empató el partido y dio esperanza de nueva cuenta a Dinamarca, misma que Rivaldo se encargó de terminar al 60’ con el 3-2 final. El partido ante Brasil representó el fin de la carrera del mayor de los Laudrup.

Brasil sería la siguiente prueba para los escandinavos. La presencia danesa en octavos ya era de por sí histórica, y ante ellos se presentaba la posibilidad de dar otra sorpresa

El Mundial de Francia 1998 se convirtió en un recuerdo muy preciado para el fútbol danés, al alcanzar su mejor resultado en un Mundial hasta la fecha. La posibilidad de ver jugar juntos a Michael y Brian en selección cumplió el sueño de muchos, que disfrutaron la calidad de dos históricos. Cerca de concretar su clasificación a la siguiente ronda de Rusia 2018, los seleccionados daneses buscarán emular el recuerdo de los hermanos Laudrup.

Fuente imagen principal: Agencias.

Polonia 1974 o una selección para la historia

Polonia 1974 o una selección para la historia

El Mundial de 1974 celebrado en Alemania Occidental (República Federal de Alemania) dejó momentos históricos y recuerdos que perduran hasta los días más actuales. Como es lógico, el partido más recordado es la final, donde la anfitriona y posterior vencedora del Mundial se enfrentó a la Holanda de Cruyff. Un partido por todo lo alto entre dos grandes potencias futbolísticas. Pero más allá del aprecio por estos dos combinados que brillaron en Europa, el Mundial de de 1974 dejó a una selección histórica en la memoria del fútbol: Polonia.

Era la segunda participación de Polonia en un evento de tal magnitud como un Mundial y los objetivos que terminaron alcanzando no coincidían ni mucho menos con los que presuponían que conseguirían

Los antecedentes de la selección polaca no invitaban a pensar que darían la sorpresa en un escenario como lo era el Mundial de 1974. Era la segunda participación de Polonia en un evento de tal magnitud y los objetivos que terminaron alcanzando no coincidían ni mucho menos con los que presuponían que conseguirían. Y para mayor desconfianza, Wodzimierz Lubanski, estrella de la selección y delantero del Gornik que más tarde pasaría por Bélgica y Francia, se lesionó para viajar a Alemania y se perdió la Copa del Mundo. La cosa no quedó ahí y es que en la fase de grupos, Polonia quedó encasillada en el Grupo 4, junto a Argentina, Italia y Haití, por lo que los presagios indicaban que Polonia lucharía por el tercer lugar de la honra con Haití, dejando paso a dos grandes selecciones como lo eran la Argentina de Mario Kempes y la Italia de Gianni Rivera. Esto chocaba notablemente con la Polonia de… Faltaba un referente que liderada aquel combinado formado por 22 jugadores de la liga polaca.

Pues bien, Polonia se abrió paso ante Argentina, Italia y Haití para acabar la primera fase como líder. Venció por 3-2 a la albiceleste en el primer partido dando un golpe sobre la mesa, arrolló a Haití en la segunda jornada por 0-7, demostrando su contundencia, y volvió a ganar en el último choque ante Italia, dejando fuera del Mundial a la selección transalpina. Un pleno de victorias que hacían ver las orejas al lobo.

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Por entonces, el formato del Mundial estipulaba que los dos primeros clasificados accediesen a otra fase de grupos donde, por partido único, el primero de cada grupo se clasificaba para la gran final y los segundos se disputaban el tercer y cuarto puesto. El camino hasta el partido clave de Polonia fue muy convincente ya que no tenía un grupo nada sencillo. Un 0-1 ante Suecia y un 2-1 ante Yugoslavia en las dos primeras jornadas de la fase final ponían a Polonia como rival directo de Alemania Federal para acceder a la final. Y en la última jornada, ambos combinados se vieron las caras. A dicha altura de la competición, a nadie le hubiera sorprendido que la revelación del Mundial venciese a la anfitriona y lograse un puesto en la final. Pero un gol de Gerd Müller en el minuto 76 dejó a Polonia sin el merecido premio de disputar una final histórica.

Estos hechos no se explican sin los componentes de aquella selección. El artífice de este gran combinado fue Kazimierz Górski. El seleccionador polaco ideó un fútbol brillante y vistoso que acaparó la atención del resto desde la primera fase. El esquema que se dibujó en el campo fue un 4-3-3, poco común en aquella época y aún más en una selección sin tanta tradición futbolística.

La defensa empezaba de la portería. Con Jan Tomaszewski de cancerbero, Polonia solo recibió cinco goles en aquel Mundial entre las dos fases. También fueron muy importantes Jerzy Gorgon y Wladyslaw Zmuda, la pareja habitual de centrales. Mostraron un sobrio nivel, contundente y físicamente difíciles de superar.

La joya de esta selección se basada en la linea de tres cuartos. Con nombres propios que tomaron los roles de estrellas y lideraron a Polonia a base de calidad y velocidad

Aunque la joya de esta selección se basada en la linea de tres cuartos. Con nombres propios que tomaron los roles de estrellas y lideraron a Polonia a base de calidad y velocidad. Robert Gadocha y Grzegorz Lato eran los encargados de las bandas, izquierda y derecha respectivamente, en la parte ofensiva. Gadocha otorgaba a Polonia mucha profundidad y verticalidad en el carril zurdo mientras que Lato brillaba por otras grandes cualidades. Cierto es que Lato era un jugador muy rápido, pero su olfato goleador, el trabajo sin balón y su capacidad técnica de dar un plus a Polonia lo convirtieron en la gran figura de aquella selección. Acabó el Mundial como máximo goleador del torneo con 7 goles.

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Andrzej Szarmach era el referente en ataque. Demostró su facilidad para hacer goles y destacó como un hombre de área. Hizo cinco tantos en el Mundial y se destapó como el futbolista referencia de Górski, por delante de Władysław Żmuda, quien acabó el torneo siendo nombrado como mejor jugador joven. Y como enganche entre el centro del campo y la delantera, actuando de interior y mediapunta según si Górski apostaba por un 4-3-3 o un 4-4-2, se encontraba Kazimierz Deyna, un elegante y fino futbolista dotado de un gran disparo desde fuera del área. Era quien aportaba la creación y el sentido del juego a Polonia.

La selección polaca puso el fútbol en Alemania Occidental durante aquel Mundial. Pese a que no salieron victoriosos, dieron una verdadera lección de este deporte. La resolución de Polonia en el Mundial fue el tercer puesto al vencer a Brasil por 0-1 con gol de Lato. Un final que pudo ser mejor y privó al fútbol de ver un apasionante duelo entre Holanda y Polonia, dos selecciones que proclamaban el balón por doquier. En aquel Mundial, Polonia hizo historia y se convirtió en referencia para las generaciones venideras. Nada es imposible en este mundo.

Fuente imagen principal: Blog Soccernostalgia.

Houseman, un wing ilusionista

Houseman, un wing ilusionista

Un pueblo no olvida a quien lo ilusiona. René Houseman entusiasmó a cada argentino en los albores de la década del ‘70. Sus gambetas eran indescifrables, se escapaba de la marca como en un acto de magia y desbordaba por las bandas. Era impredecible cuando tomaba la pelota, los espectadores se levantaban de sus asientos para asistir a otra de sus acciones desequilibrantes. Por lo generado en aquel tiempo se explica, aún en estos tiempos donde todo es urgencia y la noticia algo efímero, el vacío que causó su fallecimiento a los 64 años en el último mes de marzo. Quienes lo vieron destacar, lo despidieron con honores, incluso cuando hacía tiempo que estaba alejado de los grandes focos.

Sus gambetas eran indescifrables, se escapaba de la marca como en un acto de magia y desbordaba por las bandas. Era impredecible cuando tomaba la pelota, los espectadores se levantaban de sus asientos para asistir a otra de sus acciones desequilibrantes

Su nombre era sinónimo del talento de potrero, ese que adquirió en las villas donde se crió y llevó luego a las canchas de primera división. Más allá de que su época de esplendor no abarcó un gran espacio temporal, sí alcanzó para deleitar a propios y extraños, como sucedió en el Mundial de Alemania 1974. Convocado por el entrenador Vladislao Cap, Houseman llevó a tierra europea sus quiebres de cintura, su dinámica cada vez que entraba en juego. Formaba parte por ese año de un Huracán que había conseguido ganar un campeonato meses antes, mientras César Luis Menotti se despedía de su cargo de entrenador para revolucionar el fútbol argentino desde la Selección Nacional. Años luego, René y Menotti se unirían nuevamente para consagrarse.

Durante el campeonato disputado en lares germanos, anotó un gol antológico ante Dino Zoff, el arquero de Italia que archivó su nombre en los libros de historia. Con un gesto técnico propio de su depurada técnica, colocó la pelota por encima de la figura del guardavalla. Tuvo una actuación soberbia ante el combinado transalpino e ilusionaba a los argentinos, pero aquel equipo quedó eliminado en segunda fase. René hacía un arte del engaño. Eran épocas en las cuales los citados del fútbol doméstico se imponían sobremanera en número a los que provenían del fútbol extranjero (recién en aquella Copa del Mundo del ‘74, aparecieron los tres primeros argentinos del ‘exterior’), y el hombre del club de Parque Patricios era una gran figura nacional.

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Desnivelaba una y otra vez. Jugaba con las medias bajas, sin canilleras que protegieran sus piernas, sufriendo una y otra vez los embates de defensores rivales. De cualquier manera, era casi imposible atraparlo una vez cambiaba el ritmo, se deshacía con facilidad de sus perseguidores y patentó varias jugadas. Una de ellas era el caño de costado, cuando aguardaba la llegada del marcador y pasaba la pelota entre sus piernas para irse en libertad hacia dentro. En la otra, se enfrentaba a dos defensores, inventaba una finta inesperada y se escapaba mientras sus adversarios chocaban entre sí.

Su llama, no obstante, comenzó a apagarse de a poco. Fue poco menos de un lustro a gran nivel, partiendo desde la posición del wing. Aún así, Huracán aún lo disfrutaba al tiempo que se mantenía en los lugares de vanguardia del fútbol argentino. Menotti lo conocía tras el título conseguido juntos en 1973, y lo citó para el Mundial del ‘78 en que Argentina sería local. Pese a que se entregó en cuerpo y alma a la causa, su talento fue esporádico y sólo anotó un gol, en la ciudad de Rosario ante Perú. Argentina venció en la final a Holanda con la maravillosa actuación de Mario Kempes, y Houseman alzó la copa. Sus gambetas no tenían ya la asiduidad de antaño, pero había logrado subir al podio, ese sitio por el que tantos méritos había hecho.

Llegó a la élite, se mantuvo y fue pieza importante en la consecución del trofeo más preciado. Se había criado en la ciudad de La Banda, en Santiago del Estero, y pronto se radicó en una villa de Buenos Aires. Era ese su lugar, donde se sentía cómodo y se movía como pez en el agua

Proveniente de una familia de bajos recursos, el hombre casa, como lo bautizó una conocida publicidad, representaba el triunfo de aquellos que siempre quisieron ser y no han podido. Llegó a la élite, se mantuvo y fue pieza importante en la consecución del trofeo más preciado. Se había criado en la ciudad de La Banda, en Santiago del Estero, y pronto se radicó en una villa de Buenos Aires. Era ese su lugar, donde se sentía cómodo y se movía como pez en el agua. Vivía alejado de las estridencias, fuera de las grandes escenas y entregado al fútbol. De hecho, sostuvo alguna vez que compraría una villa en caso de contar con el dinero que quisiese. En entrevista con El Gráfico, durante la pasada década, manifestó: “Vivir ahí fue lo mejor que me pasó. En ningún lugar estaba tan tranquilo como en la villa. Yo era un pibe feliz al que no le faltaba nada, me pasaba el día entero pateando contra un paredón”:

Hacía referencia a la periferia de la ciudad, esos lugares muchas veces discriminados por la sociedad y que suelen trascender por fuera de las grandes luces. Allí, Houseman no necesitaba mucho para crecer haciendo lo que sabía. Jugaba diferentes torneos por plata, e incluso lo hizo siendo jugador profesional. Una tarde, Menotti no lo encontró en el predio de concentración y fue a buscarlo. Le preguntó qué hacía allí apenas arribó a la cancha de tierra y escaso césped; René, sentado en el banco de suplentes, contestó “qué quiere que haga, mire cómo la mueve el wing nuestro”.

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Inclusive, convirtió un gol estando borracho, según comenta en el libro “Esto (también) es fútbol”, de Javier Tabares y Eduardo Bolaños. “Fue contra River, en 1977, jugando para Huracán. Había sido el cumpleaños de mi viejo y llegué a la concentración el día del partido a las 11 de la mañana, totalmente dado vuelta. Me dieron doscientas duchas de agua fría y como mil termos de café. Un poco despabilado quedé, jugué un tiempo y 20 minutos. Hice el gol, pedí el cambio y me fui”, relató.

En aquella nota que le realizara la mítica revista argentina, decía tener miedo a morir. También expresaba ya no tener problemas con el alcohol, un hábito que lo alejó de las canchas conforme a ir deteriorando su vida. Sin un gran sostén económico, recibió pocas ayudas. Sí fue amado en Excursionistas, una institución del ascenso argentino que primero no lo quiso en sus filas de joven, aunque luego lo cobijó en los últimos compases de su carrera. Años antes, había pasado por River, Independiente, el fútbol chileno y hasta el sudafricano.

Lejos del profesionalismo extremo, fue adorado porque siempre cultivó a los fanáticos. Daba muestras en cada intervención de que algo mágico podía suceder. Y eso, todavía en sus horas bajas, era oro para quienes se ilusionaban con su brillantez.

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El ascenso más triste de la historia

El ascenso más triste de la historia

¿Alguna vez te has parado a pensar en lo rápido que puede cambiarte la vida? ¿Y el llamado efecto mariposa? Este concepto acuña que el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo. Nada alejado de la realidad. Esta concepción está dentro de la teoría del caos. Y justo eso, desgraciadamente, fue lo que vivió la población de Bradford hace 33 años y tres días. Una tragedia que marcó al fútbol británico. Donde una celebración histórica se convirtió en una de las páginas más tristes del deporte, recordado como el ascenso más negro de la historia del fútbol. Aunque, en este caso, no fue una mariposa lo que causó el caos.

El 11 de mayo de 1985, la ciudad de Bradford, situada en el condado de West Yorkshire, se vestía de gala para festejar el primer título desde hacía 56 años. Un día especial donde el Bradford City iba a ser el gran protagonista. Enfrente estaba el Lincoln City y ambos jugaban la última jornada de la Third Division. La cita estaba escrita para festejar el ascenso del Bradford City a la Second Division (actual Football League One). Fue por ello que las gradas del Valley Parade se completaron con más de once mil personas para celebrar aquel magnífico logro deportivo.

Y todo comenzó según lo previsto. El capitán, Peter Jackson, ofreció el título liguero a todo el graderío antes de comenzar el partido. Pero el propio Jackson no era consciente de lo que minutos después sucedería. El balón echó a rodar y cinco minutos antes del descanso, Don Shaw, árbitro del partido, gracias al aviso de uno de sus asistentes, se percató de que algo no iba bien. ”¿No parece ser eso un pequeño incendio?”, preguntaba simultáneamente John Helm, comentarista de la televisión de Yorkshire, a la par que su dedo señalaba la tribuna principal del Valley Parade.

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“Había una atmósfera de carnaval antes del saque inicial, pero al final se convirtió en un día horrible” – Jackson, capitán del Bradford City, en el Bradford Royal

El fuego alarmó a los aficionados que presenciaban el encuentro y pronto invadieron el terreno de juego. Aquellos que intentaron salvar su vida por los tornos quedaron en el intento al quedarse atascados y las llamas los calcinaron. La rápida propagación del fuego por la grada principal dejó 56 fallecidos y 250 heridos. Hasta Margareth Thatcher, primera ministra del Reino Unido por entonces, se desplazó al estadio para informar al resto del Estado del suceso.

Los jugadores observaban con impotencia cómo el fuego devoraba Valley Parade y de qué forma las llamas tomaban la posesión de la fiesta que habían montado hace penas 45 minutos. Muchos de los componentes de la plantilla hicieron más personal la historia de aquel infierno. Entre muchos de los héroes anónimos que ayudaron a calmar el pánico se encontraba Terry Yorath, entrenador del Bradford City, quién ayudó a evacuar a los aficionados del estadio pero que perdió a su hija y esposa en la tragedia. Ambas estaban presentes en el foco donde se originó el fuego, una grada reservada aquella tarde para los familiares de jugadores y cuerpo técnico.

Otro de los nombres propios que también fue preso de que el fuego le arrebatase a una persona querida fue Don Goodman, delantero del club. Como referente en ataque, quiso llevar más familiares a su encuentro y una de las entradas que obtuvo para repartir fue para su ex novia. Finalmente, fue una de las 56 personas que perdieron la vida. “Había una atmósfera de carnaval antes del saque inicial, pero al final se convirtió en un día horrible”, expuso Jackson en el Bradford Royal. El capitán del Bradford City tomó la palabra por toda la población de aquella ciudad.

Entre los fallecidos se encontraba Sam Firth, un antiguo socio del club cuya vida giraba en torno al club local

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Días después, policías y forenses revelaron la causa del incendio. No fue otra cosa que una colilla de cigarro mal apagada. Algo tan insignificante a priori, pero que provocó uno de los recuerdos más tristes en la historia del fútbol inglés. La colilla cayó sobre las bolsas de basura, lo que inició el fuego. Esto, unido a la madera de las infraestructuras del estadio, dio lugar al terrible incendio.

En cuanto a los tornos, fue el factor humano lo que provocó el fallecimiento de aquellas personas. La gran entrada a Valley Parade provocó que los dirigentes y delegados del Bradford City cerrasen los accesos para impedir la entrada de gente sin billete. Esto tuvo su repercusión en el futuro y tras las tragedias de Heysel y Hillsborough, los estadios se vieron obligados a reestructurar sus infraestructuras colocando vigas de aluminio en lugar de las de madera y butacas para los espectadores.

Después de la tragedia, el Bradford City tuvo que mudarse a casi catorce kilómetros de su casa para continuar jugando. Ellan Road, hogar del Leeds United, acogió a The Bantams (Los Gallos) hasta que en 1986 volvió a casa. Para su vuelta, la ciudad homenajeó a las víctimas y supervivientes de la tragedia con un monumento en pleno Valley Park para conmemorar el ascenso más triste de la historia del fútbol.

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La fiesta del fútbol italiano en Old Trafford

La fiesta del fútbol italiano en Old Trafford

Milan y Juventus se han ganado por derecho ser dos de los clubes con más tradición en la Champions League, Si los milaneses tienen siete entorchados europeos, los bianconeri acumulan 9 finales disputadas con dos trofeos de este calibre en sus vitrinas.

Como equipos de gran reconocimiento en la Europa futbolística, en la edición de la 2002/03, ambos equipos se enfrentaron en la final del campeonato en una de las temporadas más italianizadas en este certamen que se recuerdan ya que el Inter de Milán -con tres títulos de este tipo en su sala de trofeos- también alcanzó las semifinales y fue apeado de las mismas por sus vecinos rossoneri. Actualmente, ambos equipos no alcanzan ni la sombra de lo que en su día fueron en Europa y luchan por, poco a poco, recuperar el terreno perdido y volver a hacerse fuertes en el Viejo Continente.

Aquella campaña fue la última en la que se disputaron dos fases de grupos previas a las rondas eliminatorias saltándose de este modo los octavos de final. Antes de todo aquello, el Milan de Carlo Ancelotti, sufrió más de lo esperado para dejar en la cuneta en la previa del torneo al Slovan Liberec checo. Los rossoneri superaron el turno gracias al gol anotado como visitante y a pesar de caer 2-1 a domicilio, hicieron bueno el 1-0 de la ida en tierras italianas gracias a la regla de los goles fuera de casa.

En la primera fase de grupos, tanto Milan como Juventus, Roma e Inter lograron acabar la ronda entre los dos primeros demostrando la buena salud de la que gozaba el fútbol italiano en la época. Para el recuerdo de aquellas fases de grupos quedarán la victoria de la Roma en el Santiago Bernabéu (0-1) o las dos conseguidas por el Milan ante Deportivo (0-4) -la posterior temporada se daria aquella remontada histórica para los gallegos ante los milaneses- y Bayern de Múnich (1-2) ambas a domicilio, que lo colocaron tras el susto inicial como uno de los favoritos para hacerse con la copa.

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La segunda fase de grupos se cobraría a la Roma como víctima y a punto estuvo de dejar por el camino también a la Juventus, a la postre finalista, que quedó empatada a puntos con Deportivo y Basilea, pero que accedió a cuartos por mejor golaverage general.

El Milan ya en cuartos de final volvió a las andadas, y tras un 0-0 en el partido de ida ante el Ájax en Amsterdam, salvó el pescuezo en San Siro en los minutos finales de la eliminatoria cuando Tomasson -precisamente un ex Feyenoord-, en el descuento, deshizo el 2-2 que le habría dado el pase a los neerlandeses.

No sufrió menos la Juventus, que tuvo que acceder a las semifinales gracias a la prórroga después de empatar a un gol tanto en la ida como en la vuelta ante el Barcelona. Marcelo Zalayeta se erigió como héroe silenciando el Camp Nou en el minuto 114.

La Juventus dejaría atrás en el camino hacia Old Trafford a Deportivo, Barcelona
y Real Madrid dejando claro que el fútbol italiano se imponía en esta ocasión al español 

Eliminaría después el cuadro de Lippi a otro de los gigantes del fútbol español como el Real Madrid en unas semifinales que quedarían para el recuerdo ya que los blancos se impusieron en el Santiago Bernabéu en el duelo de ida por 2-1 y los turineses fueron capaces de darle la vuelta a la eliminatoria en Delle Alpi con un inicio fulgurante y una actuación estelar de Buffon, que paró un penalti a Figo. Zidane, en las postrimerías del encuentro, pondría los nervios a flor de piel en la que fuera su casa, pero el 3-1 no se vería alterado más y los de Del Bosque no pudieron alcanzar la que hubiera sido su segunda final consecutiva tras tocar el cielo en Glasgow un año atrás.

Si la que disputaron Real Madrid y Juventus fue una semifinal disputada, complicado es de definir lo que aconteció en el otro emparejamiento. Se medían por un puesto en la final, Milan e Inter, o lo que es lo mismo un derbi della Madonina a todo o nada con Manchester en el horizonte y un duelo en el que los rossoneri alcanzarían la final de nuevo por el valor doble de los goles ‘fuera de casa’ peculiarmente sin ni siquiera salir de su ciudad. Shevchenko y Oba Martins harían los goles del 1-1 que daría el pase a los de Ancelotti tras el 0-0 de la ida.

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Nadie dijo que llegar a una final de la Champions League fuera fácil, y los caminos de Milan y Juventus -que no contaría con una pieza clave como Nedved en la finalísima por sanción- hasta Manchester así lo demostraron. Las calles de la industrial urbe inglesa, al igual que el fútbol europeo -la Lazio también sería semifinalista de la Copa de la UEFA- se convirtieron en territorio italiano durante el 28 de mayo de 2003 y los días que lo precedieron y los más de 63.000 espectadores que abarrotaron Old Trafford presenciaron un gran espectáculo entre dos de los grandes equipos del panorama europeo -así lo atestiguan ambas alineaciones- que aun así, tuvieron dificultades para encontrar el arco rival, en parte por el gran nivel defensivo que rozó el rival y por el miedo a perder tras haber sufrido tanto para llegar allí que hizo difícil que la balanza se inclinara hacia alguna de las partes.

Juventus: Buffon; Thuram, Ferrara, Montero, Tudor; Camoranesi, Tacchinardi, Davids, Zambrotta; Trezeguet y Del Piero

Milan: Dida; Kaladze, Nesta, Costacurta, Maldini; Gattuso, Seedorf, Pirlo, Rui Costa; Shevchenko e Inzaghi

Ambos equipos aun así tuvieron claras oportunidades de gol (Shevchenko vio cómo le anulaban un gol al poco de comenzar el encuentro, Buffon salvó de forma milagrosa un cabezazo de Rui Costa, Antonio Conte golpeó el larguero con un cabezazo…), pero poco a poco, conforme se iba acercando el final, el miedo a perder se fue apoderando de ambos clubes y tanto es así, que, como atestigua la prórroga, casi exenta de ocasiones de gol, ambos equipos dieron por bueno el empate y el entregarse a la lotería de los penaltis en la que se batirían Dida y Buffon en duelo.

El brasileño se llevaría el gato al agua atajando tres (Trezeguet, Birindelli y Montero) de los cinco penaltis lanzados por los jugadores juventinos, mientras que Buffon, a pesar de que pararía dos (Serginho y Kaladze), se quedaría sin la orejona tras anotar Shevchenko -que pidió ser el último en lanzar- el penalti decisivo, que sería la primera para Ancelotti y la sexta para el club lombardo – que cuatro años más tarde conquistaría la séptima-. Por su parte, la Juventus enlazaría su tercera final consecutiva con derrota y hasta la fecha ha añadido dos más (ante Barcelona y Real Madrid) dejando su palmarés en dos Copas de Europa.

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Pocos recuerdan aquel partido como un encuentro entretenido e incluso hay quien la cataloga como una de las finales más aburridas de la historia, pero lo cierto es que fue “la fiesta del fútbol italiano en Old Trafford” como recordaría Ambrosini en declaraciones recogidas en el libro ‘El Milan de Berlusconi’, la constatación de que el fútbol de la Serie A gozaba de una buena salud y grandísima reputación en el primer lustro del siglo XXI y quizás un pico en esa escalada hacia la cima del fútbol europeo a partir de la cual se produjo un descenso progresivo de calidad y competitividad que ha llevado a la competición a perder una plaza para la Champions -que la próxima temporada recuperará- y a grandes entidades a perder una de sus características casi inherentes al escudo que representan, que no es otra que la de estar cada temporada entre los mejores equipos de Europa. Volverán. Estamos seguros de que volverán.

Fuente imagen principal: Laurence Griffiths (Getty Images)

British Ladies Football, el embrión del fútbol femenino

British Ladies Football, el embrión del fútbol femenino

Nettie Honeyball siempre imaginó un mundo donde el fútbol y la mujer eran uno. La londinense era una soñadora en una sociedad en la que por desgracia, hasta hoy, la total integración es propiedad más de la fantasía que de la realidad. Basta comprobar el desconocimiento sobre su figura, para entender que la obra de Honeyball es su legado: fue la fundadora del primer club de fútbol femenino, el British Ladies Football Club. 

“Fundé el equipo el año pasado con la firme intención de demostrar al mundo que las mujeres no son las criaturas ornamentales e inútiles que el hombre ha caricaturizado. Debo admitir que mis convicciones en torno a todo tipo de temas acerca de los sexos están a favor de la emancipación, y quiero que llegue el día en que las mujeres puedan sentarse en el parlamento y tengan voz en todo tipo de cuestiones, especialmente en aquellas que aborden temas importantes.” – Palabras de Honeyball en una entrevista concedida al Daily Sketch, en febrero de 1895

Fundado a finales de 1894, el club convocó a través de un anuncio en la prensa a todas aquellas que quisieran abrir un hueco al fútbol femenino. Hasta 30 mujeres se presentarían para la causa. En sus inicios, el British Ladies FC fue presidido por Florence Dixie, hija del Marqués de Queesbury y reconocida feminista que se dejó convencer por Honeyball para ocupar dicho cargo. En la parte técnica, el ex jugador del Tottenham J.W. Julian sería quien las entrenara dos veces por semana en el terreno adyacente al Alexandra Park. La rápida estructuración de aquella iniciativa no pasó desapercibida por la prensa:

El diario The Sketch publicó en 1984 unos borradores sobre cómo deberían vestir y comportarse las futbolistas, ejerciendo su poder para cosificar a las mujeres. Fuente: www.donmouth.co.uk.

El primer partido se celebró en la tarde de un sábado 23 de marzo en Crouch End, en el norte londinense. Y así relataba el acontecimiento el diario The Sketch a la mañana siguiente:

“El panorama en Crouch End en la tarde el sábado era asombroso. La gente local se frotaba los ojos y se pinchaba los brazos porque no daban crédito. El visitante extranjero podría imaginar que aquello se trataba de algún evento organizado por el Estado. Durante toda la tarde llegaban coches de trenes repletos de gente excitada procedente de todas partes; la cantidad de carros, coches y otros vehículos marcaron un récord en la historia del fútbol. Toda esa enorme multitud se ha reunido para presenciar el primer partido del British Ladies Football Club”

El encuentro consistió en un enfrentamiento entre un equipo norte y sur de la capital inglesa, siendo el nivel del juego lo menos importante de la jornada dado el significado de su contexto. Por desgracia, hay quienes no pensaban lo mismo. El propio reportero de The Sketch eligió una manera “particular”, por no decir vergonzante, de resumir el juego: “Sería ocioso intentar hacer una descripción del juego. Los primeros minutos fueron suficientes para comprobar que el fútbol no es para mujeres. El futbolista necesita velocidad, juicio, habilidad y coraje. Ninguna de estas cuatro características apareció el sábado. La mayoría de las jugadoras se movían sin sentido por el campo y a trote. Además de jugó con un balón más pequeño de lo habitual, y a pesar de ello la jugadora más fuerte apenas podía desplazarlo unas pocas yardas. […] El árbitro Mr. Squires pasó por una experiencia agonizante”, sentenciaba.

Relacionado con esto, y en palabras de Richard McBrearty, director del Salón de la Fama del Fútbol Escocés, la directiva de la federación escocesa desprestigiaba continuamente las capacidades de las mujeres: “No hay lugar para las mujeres en un deporte de hombres, decían. Solo hace falta echar un vistazo a la federación de aquellos tiempos, compuesta únicamente por hombres. La idea de ver a mujeres jugando fútbol era inimaginable, se referían al fútbol como un deporte masculino”, cuenta McBrearty. Y añade: “Aunque por encima de todo lo peor era ver cómo la prensa deportiva cedía ante dicha filosofía, afirmando que las mujeres no deberían jugar a fútbol”.

Representación del primer partido disputado en Crouch end. En el centro de la imagen aparece la capitana y fundadora del British Ladies Football Club, Nettie Honeyball. Fuente: Lloyds Weekly Newspaper.

La constante estigmatización y burdos comentarios fue lo que convirtió una buena cogida del estreno en términos de volumen (unas 10.000 personas se acercaron al lugar) y repercusión (en ciudades como Birmingham comenzaron a imitar la iniciativa del Bristish Ladies FC) en un gran motivo reivindicativo. Conviene apuntar que el partido de Crouch End no fue en realidad el primero disputado por mujeres (equipos femeninos se habrían creado con anterioridad), sino el primero en romper las primeras cadenas y sacar a la luz un debate ridículo -o debería- en los tiempos de hoy, pero necesario entonces. Manchester, Newcastle, Glasgow, Brighton, Greenwich, Sheffield, Cardiff, Dublin… no fue precisamente corta la lista de destinos en los que congregaron a miles de personas durante los próximos meses. Más aún, además de luchar contra un círculo periodístico viciado de tintes machistas, las jugadoras del British Ladies disputaban muchos de los encuentros por causas solidarias.

“Creo realmente que el público tiene una errónea visión de las futbolistas. Estas están universalmente satirizadas sin piedad alguna. Por supuesto que todo el mundo sabe que no practican un buen fútbol. ¿Pero quién podría imaginar lo contrario? Si seleccionáramos aleatoriamente a un grupo de futbolistas que no saben nada del juego y les pedimos que actúen ante un gran público sucedería exactamente lo mismo. Es verdad, los hombres podrían correr más y chutar más fuerte, pero aparte de eso, no me puedo creer que pudieran ofrecer mayor conocimiento del juego o una mejor ejecución. No procede toda esta cantidad de artículos escritos por hombres viejos que no sienten simpatía ni por el fútbol ni por las aspiraciones de las mujeres jóvenes” – Sporting Man (abril de 1895)

El camino del club fue breve porque en seguida la FA prohibiría el fútbol femenino, no sin señalar que aquello era demasiado rudo para ellas. El máximo organismo del fútbol inglés no devolvería su merecido espacio hasta los años 70, cuando el embrionario proyecto de las British Ladies, siglo y medio después, continuaría con éxito. No propiamente ellas, porque la entidad desapareció para siempre, pero otras recogerían el testigo. Sus nombres, que persistirán en el anonimato, nunca serán tan importantes como su propósito de haber querido romper con lo establecido. Un impulso de orgullo que ha permitido que desde hace décadas la presencia femenina en el fútbol está garantizada.

Fuente imagen principal: Agencias.