West Auckland, dueño de la primera Copa del Mundo

West Auckland, dueño de la primera Copa del Mundo

La primera cita mundialista no se celebró en Uruguay, y ni mucho menos fue en 1930. Fue en Turín y dos décadas antes. O por lo menos así es como narran la historia en West Auckland (Condado de Durham, Inglaterra). Cualquiera que se acerque a la pequeña aldea, ubicada en el lejano noreste del país británico, puede visitar la estatua que conmemora las dos hazañas del mes de abril de 1909 y 1911, fechas en las que el equipo de la ciudad (el West Auckland Town F.C.) se coronó campeón del mundo tras vencer a la Juventus.

¿El West Auckland Town? ¿A la Juventus? ¿Campeón del mundo? Efectivamente, como imaginará el lector, poco sentido común aguardan en estas líneas. Y es que en Turín no se jugó ninguna Copa del Mundo, pero sí un torneo, el Sir Thomas Lipton Trophy, que por entonces acaparó la atención de un círculo futbolístico ausente de competiciones internacionales. La raíz del lío comenzó a crecer en la cabeza del magnate Thomas Lipton (creador de la famosa línea de tés Lipton), un comerciante y filántropo escocés que recibió la Orden al Mérito de la República Italiana y que para demostrar su gratitud ante tal concesión, propuso la organización de un torneo (montó también uno exclusivamente para la selección argentina y uruguaya y otro para los clubes del sur siciliano) en el que se enfrentarían grandes representantes (uno por cada territorio) del país italiano, Gran Bretaña, Suiza y Alemania.

Entre las ediciones de 1909 y 1911 equipos como Juventus, Torino, Stuttgart y el Zurich fueron parte del cuadro. De ahí la proeza de que un anodino como el West Auckland, un conjunto amateur compuesto por mineros de carbón, saliera campeón en ambas ediciones. Cuenta la leyenda, que recoge la obra The Random History of Football de Justyn Barnes, que incluso hubo una confusión en las invitaciones; en vez de seducir al Woolwich Arsenal (entidad dominante en la isla británica a principios de siglo, y que resultaría siendo el Arsenal que conocemos hoy en día) confundieron las siglas del equipo londinense con las del West Auckland. Este capítulo está cómicamente representado en la película A Captain´s Tale (disponible en Youtube). Y es que la gesta fue de tal calado que en ningún caso podía escaparse de la gran pantalla.

”El West Auckland tuvo que empeñar cualquier cosa que tuviera algo de valor, incluidos muebles y anillos de boda, para poder pagar el viaje a Turín” – BBC

Además, no vencieron de cualquier manera; en la final de 1911 el West Auckland defendió el título apaleando a una Juventus que salió derrotada por 1-6 en su propia casa. El campeón de cada edición se llevaba el trofeo a su casa, y como los ingleses ganaron las primeras dos (y únicas) ediciones, reclamaron ser coronados campeones del mundo. Una copa, por cierto, que fue hurtada en 1974 y acabó en paradero aún hoy desconocido (actualmente el club guarda una réplica del trofeo en sus vitrinas, que se elaboró a partir de fotografías y vídeos del pasado).

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Cien años después, en abril de 2009, Juventus y West Auckland rememoraron el momento jugando un amistoso en casa de la escuadra bianconera. Esta última, transformada en un coloso europeo, fue el contrapunto a la esencia humilde del West Auckland, a quien la Federación inglesa tuvo que costear el viaje para poder celebrar el aniversario. El por entonces entrenador del equipo Brian Honour llegó a afirmar que era “la oportunidad de nuestras vidas; para mí y para mis jugadores, que trabajan a doble sesión y a la vez compaginan los entrenamientos con otro trabajo a jornada completa”. Muestra esta última de que, sin necesidad de levantar ningún galardón, continúan siendo unos auténticos campeones del mundo.

Fuente imagen principal: West Auckland.

Las chicas de la Curva

Las chicas de la Curva

Se jugaba un Bologna-Atalanta de Serie A, años setenta, época de cambios radicales y convulsas noticias en la Italia más politizada y tensa desde la II Guerra Mundial. La pancarta rezaba “Bergamaschi?, No, Bergatrans”. Un ofensivo juego de palabras (maschi es “hombres”, “machos”, en italiano) destinado a ofender a los hinchas de la Atalanta. Nos encontramos en pleno auge del movimiento ultra, ya totalmente consolidado y a pesar de los ya relativamente frecuentes episodios violentos, las curvas radicales eran aceptadas como el ingrediente más imprescindible y caliente de los estadios. Faltaba todavía mucho tiempo para la guerra de Thatcher contra el hooliganismo y para la tragedia de Heysel. Las curvas estaban llenas de jóvenes cuya vida giraba en torno al partido del fin de semana. Era un ambiente mayoritariamente masculinizado, donde la anécdota de la pancarta tránsfoba no era algo casual. El fútbol era un entorno sexista en un país tradicionalmente machista. Pero en las curvas también había, hay y habrá mujeres.

Una de esas mujeres es Alberta Prandina, tifosísima del Milan, cuyo padre fundó en 1971 el primer club (los clubes son como las peñas aquí en España) de mujeres apasionadas del club rossonero. En 1977 se crean las Donne Biancazzurra del Pescara. Su presidenta, Nella Grossi, es también la principal dirigente del Anfissc (Associazione Femminile Italiana Sostenitrice Squadre Calcio), una asociación que agrupa a casi 40 clubes, peñas y grupos que tienen en común dos cosas, son mujeres y les encanta el Calcio. En 1986 nacen las Ultra Girl, en una de las curvas más calientes de Italia, la del Napoli. En los 70, en la Curva Maratona del Torino ya existían las S.L.A.S Donne Ultras. Toda la vida lleva animando a la Juventus, Valeria Biscetti, que fundó junto a otras mujeres Dominae, sección femenina de los famosos Drughi. En 2013, un sitio web antes de la Supercoppa entre Lazio y Juve la catalogó como la tifosa más sexy. Ejemplo del machismo al que todavía se enfrentan estas mujeres.

El fútbol ya es una afición habitual entre las mujeres de toda Europa. Según las últimas encuestas, una de cada cuatro italianas se declara interesada, un porcentaje que sube al 35 por ciento cuando se trata de la Nazionale y de una competición internacional

El fútbol ya es una afición habitual entre las mujeres de toda Europa. Según las últimas encuestas, una de cada cuatro italianas se declara interesada, un porcentaje que sube al 35 por ciento cuando se trata de la Nazionale y de una competición internacional. Un estudio de la Universidad de La Sapienza de Roma perfilaba la italiana futbolera tipo en una mujer entre 35 y 45 años, con nivel cultural medio alto y que se había acercado al estadio por primera vez de manos de un hombre cercano, un padre o un novio. Y desde ese día el Calcio se convirtió en una forma de vida como cuenta Nella Grossi para La República “Yo acordé con mi marido la fecha de la boda para poder ver un Milan-Real Madrid”. O como narra en el mismo periódico Milva Pedretti, que fundó en Sondrio el primer club de la Juventus, “en el estadio se me pone la piel de gallina”.

Dentro de la amalgama futbolera italiana existen también mujeres ultras desafiando el estereotipo de macho violento asociado, muchas veces con razón, a este tipo de sectores radicales de los violentos. Caterina Caselli, del Toro, era una de ellas, protagonista del documental más famoso sobre ultras, Ragazzi di Stadio, donde clama que ella era sólo un ultra, Ni la novia de, ni la hija de. Poniendo nombre propio a la afición futbolera. Exigiendo feminismo sin querer en las gradas, reivindicando ser en base a ellas mismas y no a un hombre.

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Algunas de estas mujeres llevan la friolera de 40 años en las gradas, muchas de ellas le han contagiado su pasión a hijas y sobrinas, como Grossi que lleva a su sobrina de 19 años al estadio y parece destinada a ser su heredera. A pesar de la creciente presencia femenina en los estadios, sigue siendo difícil encontrar una destacada y mayoritaria presencia femenina en el fútbol, que sigue siendo un territorio machista y a veces abiertamente hostil hacia las mujeres. Italia cuenta con respetadas periodistas deportivas en prácticamente todos sus medios pero si una busca en Google a mujeres relacionadas con el fútbol los primeros resultados te llevan a fotos íntimas e ilegalmente hackeadas de Diletta Leotta, una atractiva presentadora de programas de Serie B.

Y es que a día de hoy sigue siendo habitual en Italia y en toda España que la periodista deportiva sea ante todo guapa, un busto parlante bonito y ya si eso, que luego sepa algo de fútbol. Hace unos años un documental sobre la cosificación de la mujer en Italia alcanzó gran popularidad. Il Corpo Della Donne retrataba en 25 impactantes minutos la cosificación de las mujeres en la pantalla, relegadas a meros decorados bonitos y empujadas a tener que lucir un físico irreal, extremo, para placer y gusto de los caballeros. Y el fútbol italiano no es excepción, no sólo en sus programas televisivos. Encontrar mujeres en poses provocativas es algo habitual cuando el lector entra las webs de la Gazzetta, Corriere o Tuttosport.

Faltan mujeres en todos los sectores del mundo de fútbol. A pesar de la inmensa cantidad de estudiantes de periodismo que hay, pocas o ninguna mujer acaban de locutoras o analistas en la televisión que las reserva una y otra vez el papel de cara bonita que presenta a los sesudos intelectuales que desgranarán la alineación del Inter. Todos hombres, claro. Gaia Brunelli retransmite desde hace años partidos de la Serie B para Sky, pero sigue siendo una excepción.

Faltan mujeres en todos los sectores del mundo de fútbol. A pesar de la inmensa cantidad de estudiantes de periodismo que hay, pocas o ninguna mujer acaban de locutoras o analistas en la televisión que las reserva una y otra vez el papel de cara bonita que presenta a los sesudos intelectuales que desgranarán la alineación del Inter

Faltan también en el arbitraje, donde en el fútbol occidental sólo en la Bundesliga, a estas alturas, ha dirigido un partido de primera una mujer. Y en las grandes esferas, tanto presidiendo o dirigiendo clubes como en las principales organizaciones que manejan los destinos del fútbol. Para que la imagen del fútbol no sea la de un Blatter acosador manoseando el culo de Hope Solo. Para que el fútbol sea de todos y de todas, como es y debe ser la sociedad. Por Alberta, Nella y Caterina y por las hijas, y nietas que vendrán.

Fuente imagen principal: Fotografía sacada de Toro News. De 1979 / Daniele Segre, del libro Ragazzi di Stadio.

Sánchez Mejías: Toros… y ‘musho Betis’

Sánchez Mejías: Toros… y ‘musho Betis’

El mundo de la tauromaquia, tan criticado como amado en nuestro país en la actualidad, ha tenido en no pocas ocasiones a lo largo de la historia lazos de unión con el del balompié. Hubo una época en la que las plazas de toros en España tenían mayor afluencia que los modestos estadios de fútbol y en la que futbolistas y toreros compartían protagonismo en las páginas de los principales periódicos del país.

Pero, al igual que hay futbolistas cuya influencia va más allá de los terrenos de juego y hay clubes cuya trascendencia sobrepasa lo deportivo, existieron y existen toreros que nunca renunciaron a los colores de su equipo de fútbol y cuya significación con la entidad rebasó a la del simple aficionado. Es el caso de Ignacio Sánchez Mejías… y su Betis. 

En primer lugar conviene ahondar en la figura de Ignacio Sánchez Mejías. Este torero, nacido en Sevilla el 6 de junio de 1891, fue más que un simple matador de toros. Hablan de él, y no me atrevo a rebatirlo, que era una grandísima figura en el toreo de aquella época, pero además de dedicarse a la tauromaquia, Sánchez Mejías era una persona con muchísimas inquietudes, ya que a lo largo de su vida escribió varios ensayos de teatro y se codeó con la Generación del 27, siendo mecenas de algunas de las reuniones que organizaron en Sevilla para conmemorar la muerte de Góngora. Además de interesarse por la literatura y la poesía, Sánchez Mejías fue también actor de cine, jugador de polo, presidente de la Cruz Roja y automovilista.

Sánchez Mejías granjeó una gran amistad con la Generación del 27

En 1928 aparece en su vida el Real Betis Balompié, un club de fútbol que, según él mismo comentaría, le generaba mucha simpatía al “haber coincidido en varias capitales de España, haciéndome pasar con sus actuaciones ratos muy agradables” . Sánchez Mejías, que ya por aquel entonces era una eminencia en Sevilla, era propuesto en los primeros meses del mismo año para tomar la presidencia del club a la que accede en mayo de 1928 tras la celebración de la asamblea de socios. 

Ignacio Sánchez Mejías. Fuente: EFE.

Eran los primeros años del profesionalismo y el Betis había conquistado a principios de año la primera Copa de Andalucía de la historia, el torneo de mayor repercusión de la época en la zona, teniendo en cuenta que la Copa del Rey no era disputada por todos los equipos y que todavía no se había comenzado a disputar el Campeonato Nacional de Liga, que arrancaría la temporada posterior con el conjunto verdiblanco partiendo desde la Segunda División y con el claro propósito de ascender cuanto antes a la máxima categoría.

Sánchez Mejías puso los cimientos del Betis subcampeón de Copa y del primer ascenso a Primera División del cuadro verdiblanco

El presidente-torero estuvo al frente del cuadro bético poco tiempo (abandonó la directiva del club en septiembre de 1929), pero sus decisiones al frente del club fueron de calado. Con Sánchez Mejías de presidente, el Betis inauguró el Campo del Patronato, conocido como Campo de las Tablas Verdes con un campo de entrenamientos anexo. Además trató de promover el deporte en la ciudad mediante el apoyo a las secciones de pedestrismo, ciclismo, frontón, esgrima, boxeo y náutica, consiguió que el Europa, club puntero de la época, disputara un partido en Sevilla ante el conjunto verdiblanco y planeó la construcción de un casino en el que únicamente tenían permitido el accesso los socios del Betis.

Sánchez Mejías era consciente de que el mundo del toro, que tanto le había dado, y el del fútbol, de popularidad creciente en la España de la época, se miraban con recelo, y para limar asperezas organizó una corrida en la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla a la que sólo pudieran acceder socios del club que presidía por aquella época. 

El campo del Patronato, remodelado e inaugurado bajo la presidencia de Sánchez Mejías. Fuente: Manquepierda.com

Durante su época como presidente del Betis, destacó también por pelear contra varias instituciones en busca de la igualdad. Célebres son sus disputas con el Sevilla FC, club del que fue expulsado -era socio de ambos clubes, algo normal en la época-y con las federaciones andaluza -Federación Regional Sur en la época- y española.

Sánchez Mejías fue expulsado como socio del eterno rival por actos realizados en contra del Sevilla FC, acordándose por unanimidad

Curiosa es su relación con el eterno rival, puesto que hay quien afirma que en origen, Sánchez Mejías era sevillista y que reflotó al Betis como un favor a unos amigos. Bajo su presidencia, se llevó a cabo la inauguración por parte del club blanquirrojo del Estadio de Nervión con un partido entre Sevilla y Betis que se acabó llevando el club verdiblanco por 1-2. En la temporada 1928-29, primera del Campeonato Nacional de Liga en la que ambos estaban en Segunda División el Sevilla fue campeón de la categoría y consiguió el ascenso, mientras que el Betis finalizó la temporada en la sexta posición.

Tras abandonar la presidencia fue nombrado presidente de honor del club y tomó parte, ya desde la sombra, de las decisiones del club hasta 1931, año en el que comienza el curso en el cual el Betis consigue el ansiado ascenso a Primera División tras ser subcampeón por primera vez en su historia de la Copa del Rey.

Sánchez Mejías, que se había retirado del mundo del toro antes de tomar el mando del Betis, vuelve al ruedo y en 1934, en una corrida celebrada en Madrid en agosto, fallece tras una cornada. Siete meses después de su muerte, el Real Betis Balompié conseguiría su único título de Liga logrado hasta ahora.

Por su destreza sobre los ruedos, como literato, como persona solidaria, haciendo progresar al Betis o simplemente por su carácter polifacético, Sánchez Mejías sigue siendo recordado a menudo en la ciudad de Sevilla. Como ejemplo, paseando por la famosa Feria de Abril, se puede observar cómo una de las calles del recinto ferial recibe el nombre de este gran personaje de la primera mitad del siglo XX.

Fuente imagen principal: Diario AS. 

Fuente histórica principal:

Dallas Tornado, precursores del verano futbolístico

Dallas Tornado, precursores del verano futbolístico

Cruzar la frontera cavando por debajo de la verja que separa Pakistán de la India, salir abucheados de una plaza de toros en Madrid, recibir una goleada en Córdoba, visitar Vietnam en plena guerra, conseguir comida a cambio de balones… La gira del Dallas Tornado en 1967, además de ser la primera de un club norteamericano por Europa, es la mejor de todas con mucha diferencia sobre las que se organizaron después. Incluidas las de plástico, como las que programan hoy día los clubes.

Todo germinó cuando Lamar Hunt, uno de los más grandes promotores del deporte estadounidense y fundador de la antigua NASL (predecesora de la actual Mayor League Soccer), quedó prendado de la final mundialista que en 1966 enfrentó a Inglaterra con Alemania. Maravillado, quería importar semejante generador de pasiones en su país, Estados Unidos. Así que un año después, en su misión por incluir el soccer en el diccionario futbolístico, Hunt fundó el Dallas Tornado (equipo de la ciudad en la que se crió) para convertirlo en un detonador que obligara a expandir el círculo, aquel que dominaban Europa y Sudamérica a partes iguales. Quiso construir el primer “Cosmos de Pelé” pero se le escapó un detalle: no tenía a Pelé.

“En esa época, Dallas solo era conocido por ser la ciudad en la que dispararon a JFK. Sinceramente hasta entonces no había escuchado nada más acerca de ese lugar.” Mike Renshaw, ex jugador del Manchester United, formó parte de la expedición de 1967

Hunt decidió contratar a Bob Kap para encabezar una gira que consistió en disputar 45 partidos en 19 países diferentes durante un periodo de seis meses y medio. Kap, exiliado tras la Revolución húngara de 1954, era entrenador y ex alumno de la Academia húngara en la que estudió junto a un tal Ferenc Puskas. Su asistente Paul Waters había sido el encargado del trabajo de campo; durante los seis meses anteriores a la gira estuvo cruzando la Tierra a lo largo y ancho del globo. Tocó la puerta de intocables clubes y asociaciones mientras el club cazaba “talentos”. Todo un esfuerzo para cerrar la que sería la gira de sus vidas. La media de edad del equipo no alcanzaba la veintena, y el cuerpo técnico carecía de personal médico para prevenir lesiones.

En resumen, en aquel verano del 67′ el Dallas Tornado se lanzó al mundo con el único propósito de darse a conocer, generar marca, y situar el juego en el último cajón de sus prioridades. El equipo lo conformaban ocho ingleses (en su mayoría descartes de la liga inglesa como John Stewart, de quien Bill Shankly se deshizo, o jugadores amateurs como Bill Crosbie, un ex conductor de autobuses que vio un anuncio en el periódico), cinco noruegos, dos suecos, dos neerlandeses y tan solo un americano (Jay Moore). Sí, de 18 jugadores había tan solo un americano. Y sin embargo, la plantilla tenía la firme orden de lucir un aspecto propiamente yankee. “Eran los 60′, plena era hippie, por lo que muchos de nosotros lucíamos pelo largo. Pero Hunt no quería esa imagen para el equipo. Quería tipos altos, fuertes y totalmente afeitados”, comenta Jan Book, centrocampista sueco del equipo.

“Era una locura. Imagínate un grupo de jugadores como nosotros yendo al Irak de hoy en día. Los organizadores no sabían lo que hacían.” John Stewart (Fuente: FourFourTwo)

Tras una primera parada en Niza, el Dallas Tornado bajó a España para jugar un amistoso frente al Córdoba (el equipo andaluz venció 4-0), enfrentamiento que los estadounidenses afrontaban con un “miedo de muerte, ya que nunca habíamos jugado con luz artificial”, admitía Book recientemente. Días antes habían aprovechado el viaje para visitar Madrid, donde presenciaron una corrida de toros que terminó de la peor manera para el equipo texano; en un momento dado el matador lanzó la montera a la zona en la que estaban sentados los jugadores, y estos tuvieron la mala idea de devolvérsela al torero acto seguido, provocando la consiguiente reacción malhumorada del público local. Pero su paso por la capital también tuvo luces; tuvieron la oportunidad de conocer a la plantilla del Real Madrid debido a la relación que unía a Puskas (por entonces en el equipo blanco) con Kap. Un par de victorias después (ganaron al Alcalá y el Coria FC) cruzaron el estrecho de Gibraltar para derrotar al UD Tanger, partido en el que el árbitro llegó a añadir 15 minutos de descuento. La gira por la península ibérica finalizaría con un partido ante el Real Oviedo, contra el que perderían por 4-0.

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En octubre viajaron a Turquía, donde 25.000 espectadores presenciaron en Estambul un Fenerbahce-Dallas Tornado que finalizó 2-2.Un meritorio empate dado que en el plantel otomano jugaba Lefter Kucukandonyadis (considerado por muchos el mejor futbolista turco de todos los tiempos). Una semana después, estando en Atenas, el Dallas sumaría una nueva anécdota que resultaría ser un mito. Teóricamente el Dallas Tornado perdió un avión que debería haber trasladado al equipo hasta Chipre, para jugar allí un nuevo amistoso. Dicho avión estalló en pleno vuelo por un atentado de bomba dejando 66 muertos. “Nunca antes habíamos escuchado nada sobre explosiones en aviones. […] No es cierto que nosotros tendríamos que haber estado abordo de ese avión, pero es igualmente aterrador”, admite Book.

De Chipre a Irán. En el país pérsico disputaron cinco encuentros en seis días, jugando en mínimos (con varios lesionados) y en las peores condiciones (calor, transporte maltrecho, césped impracticable…) en un lugar donde la gente “se moría en la calle”. “Experiencias así no solo nos sirvieron para crecer no como jugadores, sino como personas”, cuenta Book. Sin ir más lejos, el guardameta del Tornado, Odd Lindberg, que posteriormente defendería la portería del IFK Göteborg que dirigió Sven-Goran Eriksson (1979-82), realizaría años después un doctorado en sociología tras ver escenas que en su querida Oslo hubiera sido impensable poder presenciar. “La gira me ayudó a entender a las nuevas culturas. Ninguno de los que conformábamos aquel equipo estaba preparado para ver lo que vimos”.

Tras Irán, turno de Pakistán. 35.000 espectadores se congregaron en Karachi para ver a su selección nacional enfrentarse a aquellos chicos de porcelana. El Tornado venció el primero de los dos partidos (2-1) y perdió el segundo (4-2). Más adelante, de camino a la India, en la frontera varios jugadores (aquellos que no pertenecían a la Commonwealth) se quedaron sin poder cruzar al otro lado de la valla. Aún peor, lo que parecía que iban a ser un par de horas por un tema burocrático de visados, terminó alargándose. “El pueblo en el que estábamos atrapados era pequeño y creo que los habitantes no habían visto a un blanco en su vida. No teníamos comida, así que la gente nos ofrecía pollo y naranjas a cambio de balones”, cuenta Book. Al día siguiente, cuando creían que la espera llegaba a su fin, la desesperación se estiró un poco más. Era medianoche cuando los agentes recibieron el permiso de dejarles pasar, pero el general al cargo del cuartel estaba dormido, así que no tendrían el OK definitivo hasta la mañana siguiente. “Llevábamos 48 horas sin dormir y algunos jugadores estaban enfermos, pero nos avisaron de que si no obedecíamos e intentábamos cruzar la frontera nos pegarían un tiro”. Ante aquella encrucijada y asumiendo el riesgo de dicha amenaza, decidieron romper parte de la cerca y cavar un agujero por el que atravesar todo el equipaje.

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Una vez en la India, el estado físico había pasado a ser el principal aspecto por el que preocuparse. Los resultados (vencieron un partido de siete disputados), menos importantes, fueron consecuentes. Para más inri en el siguiente destino, Singapur, fueron recibidos al grito de “Go Home, Yankees” y “Kennedy Killers” (el comunismo chino latía con fuerza en el país singapurense). Ante 50.000 almas, el equipo estadounidense abandonó el campo “a pedradas”, tal y como recoge la crónica del partido que jugó contra la selección nacional. El encuentro no pudo llegar al minuto 90, y al igual que sus siguientes compromisos en el país, se suspendió. Los jugadores esperaron durante varias horas en el vestuario hasta que los aficionados locales, que esperaban enfurecidos fuera del estadio, se marcharan. Pero el conflicto no acababa aquí. La próxima parada sería una nueva puerta del infierno: Vietnam esperaba.

“Si veis que hay humo blanco ahí fuera, es el enemigo que nos está disparando. Por lo tanto vamos a volar muy alto y aterrizaremos muy rápido.”

La advertencia del piloto del avión era un pequeño esbozo de lo que se iban a encontrar. “Nada más aterrizar vimos las bolsas que utilizaban para guardar los cuerpos de los caídos”, cuenta Bill Crosbie. En los desplazamientos el equipo viajaba en pequeños grupos para evitar ser un blanco fácil para el enemigo. “La situación era surrealista. Estuvimos sentados hablando con las tropas americanas en plena guerra. Nos dijeron que las cosas no iban muy bien”, apunta Stewart. El Dallas Tornado empató por partida doble contra la selección vietnamita y el Saigon. “En el estadio los soldados se encaraban contra los espectadores con armas mientras nosotros jugábamos a fútbol. Era la parte sur de Vietnam, por lo que la gente era más pacífica, pero era una situación extraña”, comenta Crosbie.

“Estábamos mental y físicamente destrozados”. Bill Crosbie (Fuente: The Guardian)

Terminado el calvario, en las últimas semanas antes de la vuelta a casa, el Dallas Tornado se reencontró con la normalidad visitando países como Taiwan, Japón, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda. Una vez vuelto al continente americano, y a quince días de inaugurarse la primera temporada de la historia de la NASL, el conjunto texano cerró la gira en Centroamérica (Costa Rica, Honduras, Guatemala) sin conquistar ninguna victoria. Exhaustos, comenzaron -y finalizaron, dicho sea de paso- la liga en un estado de forma desconsolador. A la derrota por 6-0 de la primera jornada le seguiría una retahíla de desastres incontrolables (el Tornado venció 4 de los 32 partidos que jugó, con una diferencia negativa de 81 goles al término de la competición). La experiencia “podría haber ido mejor, pero si tuviera que ir de nuevo mañana, lo haría”, confesaba Stewart. En sus palabras y en la de sus compañeros de viaje se advierte un cambio vital en un grupo humano precursor que, con la pelota como excusa, asentaron las primeras bases modernas del verano futbolístico.

Fuente imagen principal: The Nutmeg News.

“¿Inzaghi? Nosotros tenemos a Imbriani”

“¿Inzaghi? Nosotros tenemos a Imbriani”

El fútbol va de goles, paradas, duras entradas, remates acrobáticos, entrenadores, jugadores, aficiones… y de sueños, de cumplir sueños. El pasado 17 de septiembre, en Nápoles, en San Paolo, se cumplía, a pesar de su ausencia, el de Carmelo Imbriani. El conjunto local, el Napoli, se enfrentaba al Benevento en un derbi campano -regional- que jamás se había producido en la Serie A, puesto que el conjunto visitante debuta esta temporada en la máxima categoría del fútbol italiano. Pero, ¿quién era  Imbriani y por qué se cumplía su sueño el pasado 17 de septiembre?

Carmelo Imbriani nació en Benevento, a menos de 80 kilómetros de Nápoles, el 10 de febrero de 1976. Pronto el fútbol se apoderó de él a pesar de que, según cuentan se desempeñó con destreza en otras disciplinas deportivas antes de decantarse por el balompié. El Milan lo siguió de cerca, pero tras comenzar a jugar en su localidad natal fue el Napoli el club que consiguió reclutarlo, y tras comenzar a despuntar en sus categorías inferiores, a las órdenes de Marcello Lippi, con el equipo en plena transformación post-Maradona, debuta con el primer equipo azzurro en 1994. Esa temporada compaginaría sus muy esporádicas apariciones con el primer equipo, con la regularidad que tenía en el Primavera del equipo partenopeo.

Imbriani debutó con el primer equipo del Napoli en 1994, a las órdenes de Lippi, con apenas 18 años

Sería la temporada siguiente, con Boskov, cuando comenzaría a coger peso en el equipo formando parte desde posiciones de ataque de un equipo en el que despuntaban Agostini o Fabio Pecchia -actual técnico del Hellas Verona que fue ayudante de Rafa Benítez en la etapa del madrileño al frente del Napoli-. Tanto se esperaba de él, que el técnico serbio le confió el número ’10’ que pocas temporadas atrás había vestido nada más y nada menos que Diego Armando Maradona, con lo que eso supone en Nápoles. Imbriani responde con goles a la oportunidad que le brinda Boskov y en la temporada 1995/96, un Napoli inmerso en problemas económicos se decide a apostar por Imbriani obteniendo grandes e inesperados resultados.

Boskov le dio el ’10’, de Maradona, a Imbriani

Carmelo, sin sueldo de profesional aún se medía a los mejores delanteros del mundo, y el Napoli, en la parte alta de la tabla, puso contra las cuerdas a toda una Juventus el 1 de octubre de 1995 en un partido en el que se enfrentaban el atacante mejor pagado del campeonato, Vialli, con uno sin sueldo, Imbriani. Precisamente Vialli empató ese partido tras el gol de Pecchia aunque en el recuerdo de los aficionados partenopeos, que ese día vieron a su equipo vestir de amarillo, estará un remate de tacón de Imbriani en la recta final del partido que atrapó Peruzzi sin ningún tipo de problemas. Un gesto de genio, que de haber sido resuelto de manera más sencilla podría haber alimentado, de forma más creíble, el sueño de toda una ciudad.

“Si el muchacho no se deja distraer, el Nápoles e Italia han encontrado un gran delantero”, declaró Boskov tras el partido sobre un Imbriani que, por sus recientes actuaciones y su descaro, mostrado con el celebrado remate de tacón, daría mucho de qué hablar en Italia. Tanto daría de qué hablar que cada tropiezo del Napoli era un tropiezo suyo y la fe en él comenzó a decaer a pesar de que consiguiera firmar su primer contrato como profesional y Boskov declarara con vehemencia que no necesitaban a Inzaghi -con cuyo fichaje se rumoreaba- pues tenían a Imbriani.

“¿Inzaghi? Nosotros tenemos a Imbriani”, diría Boskov

El efecto Imbriani se va diluyendo y con el cambio de entrenador que se produce la siguiente temporada, Carmelo enlaza dos cesiones al Pistoiese y al Casarano – donde forma pareja atacante con Fabrizio Miccoli- dos equipos de divisiones menores en los que no encuentra su mejor rendimiento antes de volver a un Napoli, ya en Serie B, en el que no tiene oportunidades, lo que le ‘obliga’ a marcharse al Genoa para ya no volver a Nápoles.

Con un ‘Grifone’ también venido a menos tampoco consigue recuperar su mejor nivel y comienza a desfilar por equipos de categorías inferiores del fútbol transalpino como Cosenza, Foggia o Salernitana hasta terminar colgando las botas en el Benevento, club de su localidad natal y lugar en el que comenzaría a prepararse para se entrenador. En los últimos años de su carrera como futbolista, las lesiones tampoco le permitieron brillar como en su juventud.

Imbriani comienza a entrenar a equipos de las categorías inferiores del Benevento, hasta que el primer equipo, en graves problemas económicos, recurre a él para que se convierta en el técnico de la primera plantilla que estaba en la Lega Pro Prima Divisione, equivalente a nuestra Segunda B. El equipo se salva con holgura e Imbriani se convierte en un héroe local por lo hecho tanto como jugador, como entrenador.

Comienza la pretemporada de la 2012/13 e Imbriani debe de dejar la concentración del equipo por su alta fiebre. En primera instancia se creía que se trataba de una pulmonía, pero finalmente se le diagnostica linfoma de Hodgkin, lo que golpea gravemente al fútbol italiano y el propio Carmelo afirma en una entrevista publicada por Il Mattino di Napoli el 29 de octubre de 2012 ya con el exfutbolista tratándose de la enfermedad en un hospital de Perugia a la vez que esperaba su tercer hijo, Fernando.

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El mundo del fútbol italiano se volcó con Imbriani y la directora del hospital en el que se recuperaba declaró que nunca habían recibido tantas muestras de apoyo por algún enfermo. ‘Imbriani non mollare’ (Imbriani no te rindas) se convirtió en un lema que recorría todos los campos de Italia y Hamsik, capitán ahora y entonces del Napoli celebró un gol ante el Cagliari enseñando una camiseta con la misma frase. Pero el corazón de Imbriani dijo basta y se apagó el 15 de febrero de 2013. Desde entonces una bandera con el rostro de Carmelo ondea todos los días de partido en las gradas de San Paolo.

‘Imbriani non mollare’ (Imbriani no te rindas) se convirtió en un lema que recorría todos los campos de Italia y Hamsik, capitán ahora y entonces del Napoli celebró un gol ante el Cagliari enseñando una camiseta con la misma frase

Pero lo que no podía imaginar Carmelo, que pasó de joven promesa del fútbol a defenestrado y de defenestrado a héroe e ídolo, era que, tres años después de su muerte, su amado Benevento ascendería por primera vez en su historia a la Serie B, y sólo un año después conseguiría por sorpresa colarse en la Serie A y jugar, por primera vez en su historia ante el Nápoles en la cumbre del fútbol italiano.

El fútbol, que tan injusto había sido con Imbriani, en su juventud por las críticas que recibió tras despuntar en el Náoles y tan injusto había sido en su enfermedad -se llegó a relacionar la enfermedad que padeció con doping- volvió a ser injusto con él tras su muerte. Sus dos equipos del alma, cara a cara, y él no estaba allí para verlo. O sí, en el tercer anillo del San Paolo. 

Fuente imagen principal: Imbrianinonmollare.it

Pasolini, el poeta del Calcio

Pasolini, el poeta del Calcio

El 31 de octubre de 1926 se produjo la inauguración del Stadio Littoriale de Bologna. Hoy, ese estadio es conocido como el Renato Dall`Ara, alberga los partidos de local del equipo de la ciudad y aquella inauguración pasó a los libros de historia. Aquel día estaba presente en los festejos, Benito Mussolini, ya convertido en un poderosísimo hombre, presidente del Consejo de Ministros y líder del Partido Nacional Fascista. El acto había sido concertado dentro de la conmemoración de la Marcha de Roma, pero no sería un día tranquilo para el hombre que abocaría a Italia al desastre años después. Aquella tarde, un chaval de 15 años, de presuntas ideas anarquistas, intentó asesinar a Mussolini con un disparo. Fue detenido e identificado por un oficial de caballería, y linchado por la multitud fascista. El cadáver del muchacho tenía catorce puñaladas, un balazo y signos de estrangulamiento. Nunca se llegó a probar la verdadera culpabilidad del joven. El hecho fue aprovechado por los fascistas para suprimir las libertades y disolver los partidos de la oposición.

El joven linchado se llamaba Anteo Zamboni y hoy, en su recuerdo, una de las principales vías de Bolonia lleva su nombre. En vía Zamboni, en un café homónimo puedes disfrutar del extenso y famoso aperitivo sin límites de la ciudad por ocho euros, y si continúas por la calle llegarás a varias facultades de la universidad más antigua de Europa. Bares, pubs, heladerías y pintadas de marcado carácter izquierdista, pues estamos en el corazón de la Italia roja, completan el paseo en honor de aquel muchacho al que el destino puso en el lugar equivocado. El mismo lugar de aquel oficial de caballería que le identificó. Ese oficial era el padre de Pier Paolo Pasolini, escritor, intelectual, poeta, director de cine, personalidad crítica, hijo predilecto de Bolonia la roja y apasionadísimo del Calcio y de su Bologna.

Pasolini fue uno de los intelectuales más comprometidos políticamente de su época. El poeta era marxista, católico y homosexual, y por encima de todas las cosas un personaje libre y sincero

Pasolini fue uno de los intelectuales más comprometidos políticamente de su época. El poeta era marxista, católico y homosexual, y por encima de todas las cosas un personaje libre y sincero que acabó atrayendo el odio de sectores del país que no le perdonaron ni su vida privada ni sus ideas políticas. Pero mientras alcanzaba fama mundial con una carrera prolífica y multidisciplinar y se convertía en uno de los cineastas más provocadores de la época, con películas que supusieron un escándalo como El Evangelio según Mateo o Saló o los 120 días de Sodoma. Pasolini nunca dejó de amar el fútbol, una pasión que le acompañó toda su vida.

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En los descansos de los rodajes aprovechaba para organizar partidillos de fútbol entre compañeros. Partidos que si perdía se enfadaba como aquella famosa anécdota de un encuentro disputado entre los miembros del rodaje de Saló y los de Novecento, del afamado Bernardo Bertolucci. El equipo de Pasolini perdió y el poeta, airado, se marchó enfadadísimo. No hay amistosos cuando de calcio se trata.

Tifoso reconocido del Bologna, Pasolini escribió durante toda su vida artículos analizando el fútbol. Durante 20 años, el poeta expuso sus ideas sobre futbol, ciclismo, boxeo o las Olimpiadas de Roma de 1960 en diferentes artículos. Estos escritos fueron recopilados en un libro publicado hace un par de años por la Editorial Contra, titulado Sobre el Deporte. Uno de los textos más famosos de Pasolini fue el que escribió en 1971 para el periódico Il Giorno explicando las razones por las que Italia había perdido la final del Mundial’70 contra Brasil, haciendo una analogía literaria en la que los azzurri jugaban en prosa y los cariocas en poesía.

Tifoso reconocido del Bologna, Pasolini escribió durante toda su vida artículos analizando el fútbol. Durante 20 años, el poeta expuso sus ideas sobre futbol, ciclismo, boxeo o las Olimpiadas de Roma de 1960 en diferentes artículos

También tuvo la oportunidad en su momento de conocer a las estrellas del balón. Pasolini coincidió en su infancia con el mejor Bologna de la historia, que entre 1920 y 1940 consiguió ganar seis ligas italianas. En 1964, fecha del último scudetto, Pasolini entrevistó a sus jugadores para la televisión italiana. El hombre que con su prosa, su brillante acidez y su sinceridad estaba poniendo patas arriba el status quo italiano actuaba como un niño ilusionado ante la visión de los jugadores de su equipo del alma. De entre todos, su favorito era Bulgarelli, capitán eterno del Bologna que hoy nombra a una de las curvas del estadio. El día que le conoció, cuentan los conocidos, Pasolini “se quedó sin habla”. El fútbol no tenía sentido sin ídolos ni sin amar a un equipo favorito. Aquel Bologna cosió en la zamarra el Scudetto tras derrotar al Inter en casa por dos cero. El título fue el homenaje póstumo a Renato Dall`Ara, el presidente más importante de la historia del club que había fallecido cuatro días atrás a causa de un infarto. El estadio, el mismo recinto donde Zamboni fue apuntado por el padre de Pasolini y asesinado por la multitud, fue renombrado en homenaje al dirigente.

Desde entonces, el Bologna no ha vuelto a estar entre los grandes clubes del país, e incluso hace tres años el equipo descendió. Hoy día navega en media tabla bajo la batuta de Roberto Donadoni, mientras la dirigencia norteamericana que compró el club hace unos años planea reformar el viejo estadio. La historia del Bologna se seguirá escribiendo eternamente. La de Pier Paolo Pasolini tuvo un trágico final. La versión oficial cuenta que Pasolini fue asesinado en un descampado de Ostia, localidad costera cercana a Roma, por un chapero llamado Pino Pelosi. El joven, de tan sólo 17 años, argumenta que el escritor intentó abusar de él. El cadáver aparece desfigurado y terriblemente torturado. La versión oficial parece una farsa de mal gusto. Hoy día la verdadera historia sigue siendo un misterio. Pelosi imploró años después su inocencia y se barajaron diversas hipótesis, desde un crimen homófobo hasta por cuestiones políticas. Unos dicen que era víctima de un chantaje por parte de unos delincuentes que le habían robado cintas de películas, otros aseguran que el intelectual iba a desvelar en un libro el nombre del asesino del industrial Enrico Mattei y que quisieron callarlo. Lo que es seguro es que la Italia más intolerante y rancia tenía en su punto de mira al escritor. Pelosi falleció de un tumor este verano. La verdad de aquella triste noche en Ostia se la llevó a la tumba.

Fuente imagen principal: VITTORIANO RASTELLI (CORBIS/GETTY IMAGES)