Pasolini, el poeta del Calcio

Pasolini, el poeta del Calcio

El 31 de octubre de 1926 se produjo la inauguración del Stadio Littoriale de Bologna. Hoy, ese estadio es conocido como el Renato Dall`Ara, alberga los partidos de local del equipo de la ciudad y aquella inauguración pasó a los libros de historia. Aquel día estaba presente en los festejos, Benito Mussolini, ya convertido en un poderosísimo hombre, presidente del Consejo de Ministros y líder del Partido Nacional Fascista. El acto había sido concertado dentro de la conmemoración de la Marcha de Roma, pero no sería un día tranquilo para el hombre que abocaría a Italia al desastre años después. Aquella tarde, un chaval de 15 años, de presuntas ideas anarquistas, intentó asesinar a Mussolini con un disparo. Fue detenido e identificado por un oficial de caballería, y linchado por la multitud fascista. El cadáver del muchacho tenía catorce puñaladas, un balazo y signos de estrangulamiento. Nunca se llegó a probar la verdadera culpabilidad del joven. El hecho fue aprovechado por los fascistas para suprimir las libertades y disolver los partidos de la oposición.

El joven linchado se llamaba Anteo Zamboni y hoy, en su recuerdo, una de las principales vías de Bolonia lleva su nombre. En vía Zamboni, en un café homónimo puedes disfrutar del extenso y famoso aperitivo sin límites de la ciudad por ocho euros, y si continúas por la calle llegarás a varias facultades de la universidad más antigua de Europa. Bares, pubs, heladerías y pintadas de marcado carácter izquierdista, pues estamos en el corazón de la Italia roja, completan el paseo en honor de aquel muchacho al que el destino puso en el lugar equivocado. El mismo lugar de aquel oficial de caballería que le identificó. Ese oficial era el padre de Pier Paolo Pasolini, escritor, intelectual, poeta, director de cine, personalidad crítica, hijo predilecto de Bolonia la roja y apasionadísimo del Calcio y de su Bologna.

Pasolini fue uno de los intelectuales más comprometidos políticamente de su época. El poeta era marxista, católico y homosexual, y por encima de todas las cosas un personaje libre y sincero

Pasolini fue uno de los intelectuales más comprometidos políticamente de su época. El poeta era marxista, católico y homosexual, y por encima de todas las cosas un personaje libre y sincero que acabó atrayendo el odio de sectores del país que no le perdonaron ni su vida privada ni sus ideas políticas. Pero mientras alcanzaba fama mundial con una carrera prolífica y multidisciplinar y se convertía en uno de los cineastas más provocadores de la época, con películas que supusieron un escándalo como El Evangelio según Mateo o Saló o los 120 días de Sodoma. Pasolini nunca dejó de amar el fútbol, una pasión que le acompañó toda su vida.

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En los descansos de los rodajes aprovechaba para organizar partidillos de fútbol entre compañeros. Partidos que si perdía se enfadaba como aquella famosa anécdota de un encuentro disputado entre los miembros del rodaje de Saló y los de Novecento, del afamado Bernardo Bertolucci. El equipo de Pasolini perdió y el poeta, airado, se marchó enfadadísimo. No hay amistosos cuando de calcio se trata.

Tifoso reconocido del Bologna, Pasolini escribió durante toda su vida artículos analizando el fútbol. Durante 20 años, el poeta expuso sus ideas sobre futbol, ciclismo, boxeo o las Olimpiadas de Roma de 1960 en diferentes artículos. Estos escritos fueron recopilados en un libro publicado hace un par de años por la Editorial Contra, titulado Sobre el Deporte. Uno de los textos más famosos de Pasolini fue el que escribió en 1971 para el periódico Il Giorno explicando las razones por las que Italia había perdido la final del Mundial’70 contra Brasil, haciendo una analogía literaria en la que los azzurri jugaban en prosa y los cariocas en poesía.

Tifoso reconocido del Bologna, Pasolini escribió durante toda su vida artículos analizando el fútbol. Durante 20 años, el poeta expuso sus ideas sobre futbol, ciclismo, boxeo o las Olimpiadas de Roma de 1960 en diferentes artículos

También tuvo la oportunidad en su momento de conocer a las estrellas del balón. Pasolini coincidió en su infancia con el mejor Bologna de la historia, que entre 1920 y 1940 consiguió ganar seis ligas italianas. En 1964, fecha del último scudetto, Pasolini entrevistó a sus jugadores para la televisión italiana. El hombre que con su prosa, su brillante acidez y su sinceridad estaba poniendo patas arriba el status quo italiano actuaba como un niño ilusionado ante la visión de los jugadores de su equipo del alma. De entre todos, su favorito era Bulgarelli, capitán eterno del Bologna que hoy nombra a una de las curvas del estadio. El día que le conoció, cuentan los conocidos, Pasolini “se quedó sin habla”. El fútbol no tenía sentido sin ídolos ni sin amar a un equipo favorito. Aquel Bologna cosió en la zamarra el Scudetto tras derrotar al Inter en casa por dos cero. El título fue el homenaje póstumo a Renato Dall`Ara, el presidente más importante de la historia del club que había fallecido cuatro días atrás a causa de un infarto. El estadio, el mismo recinto donde Zamboni fue apuntado por el padre de Pasolini y asesinado por la multitud, fue renombrado en homenaje al dirigente.

Desde entonces, el Bologna no ha vuelto a estar entre los grandes clubes del país, e incluso hace tres años el equipo descendió. Hoy día navega en media tabla bajo la batuta de Roberto Donadoni, mientras la dirigencia norteamericana que compró el club hace unos años planea reformar el viejo estadio. La historia del Bologna se seguirá escribiendo eternamente. La de Pier Paolo Pasolini tuvo un trágico final. La versión oficial cuenta que Pasolini fue asesinado en un descampado de Ostia, localidad costera cercana a Roma, por un chapero llamado Pino Pelosi. El joven, de tan sólo 17 años, argumenta que el escritor intentó abusar de él. El cadáver aparece desfigurado y terriblemente torturado. La versión oficial parece una farsa de mal gusto. Hoy día la verdadera historia sigue siendo un misterio. Pelosi imploró años después su inocencia y se barajaron diversas hipótesis, desde un crimen homófobo hasta por cuestiones políticas. Unos dicen que era víctima de un chantaje por parte de unos delincuentes que le habían robado cintas de películas, otros aseguran que el intelectual iba a desvelar en un libro el nombre del asesino del industrial Enrico Mattei y que quisieron callarlo. Lo que es seguro es que la Italia más intolerante y rancia tenía en su punto de mira al escritor. Pelosi falleció de un tumor este verano. La verdad de aquella triste noche en Ostia se la llevó a la tumba.

Fuente imagen principal: VITTORIANO RASTELLI (CORBIS/GETTY IMAGES)

Las camisetas de Lopera

Las camisetas de Lopera

Nos situamos en el 27 de febrero de 1994. El Real Betis se presenta en Toledo, en el Salto del Caballo, necesitado de puntos para subir en la tabla. Ya son muchos años en Segunda División. El Club Deportivo Toledo, igualado con los béticos en esa jornada, sigue queriendo sumar para continuar en la parte alta de la clasificación. Partido declarado de alto riesgo con un Salto del Caballo abarrotado -y estrenando tribuna- y más de mil aficionados desplazados desde Sevilla. Sin embargo, al final, el fútbol fue lo de menos.

El colegiado del encuentro, Contador Crespo, avisó a capitanes y delegados de que el cambio de pantalón no era suficiente para disputar el encuentro: las camisetas verdes del Toledo se parecían demasiado a las verdiblancas del Betis, y por tanto no eran compatibles. No debería haber habido mayor problema de no haber sido por una planificación impropia de un equipo de la entidad del Real Betis: solo habían llevado su primera indumentaria. El Toledo, en buena lid, le ofrece jugar con su segunda. Aquí debió terminar todo, pero salió a la palestra la figura que embarraría el encuentro: Manuel Ruíz de Lopera.

El encuentro de alto riesgo se caldearía aún más debido a Manuel Ruíz de Lopera y el lío de las camisetas

Cuando el por aquel entonces Consejero Delegado del Real Betis descubrió que la segunda equipación del Toledo era blanca, se negó en rotundo a hacer vestir a su Betis como a un palangana, un apodo con el que se conoce a los aficionados del máximo rival: el Sevilla FC. Comentó también en 2014 José Luis Olivares, delegado del CD Toledo aquel día, que Lopera afirmó que su Betis era un club más antiguo y que por ello no jugarían con otra camiseta.

Los ánimos se caldearon en el Salto del Caballo. La afición, con Komandos Verdes -el grupo “ultra” del CD Toledo- a la cabeza, amenazaba con irse, mientras en las altas esferas el delegado de gobierno, Daniel Romero, medió en todo este entuerto al avisar a Emiliano Carballo, presidente por aquel entonces del Toledo, que la responsabilidad así como las consecuencias de una suspensión del encuentro y la seguridad tras este hecho caería totalmente sobre el club verdiblanco. Con el campo y el palco lleno -se había acercado a ver el encuentro José Bono, presidente manchego por aquel entonces- Emiliano Carballo decidió ceder y permitir al Real Betis jugar con su indumentaria habitual, relegando a los locales a usar su segunda equipación, esa blanca que Lopera se negó a usar. También llegó a declarar Emiliano Carballo que ofrecieron una camiseta azul al Betis, hecho que Lopera desmintió.

Con el campo y el palco lleno -se había acercado a ver el encuentro José Bono, presidente manchego por aquel entonces- Emiliano Carballo decidió ceder y permitir al Real Betis jugar con su indumentaria habitual

Por si la situación no fuera suficiente, ya se habían producido conversaciones poco cordiales entre Carballo y Lopera antes del encuentro, dado que uno recriminó al otro el pago de cien entradas reservadas por una peña verdiblanca, las cuales no fueron adquiridas momentos antes del encuentro. Con todo esto sobre la mesa comenzaba el encuentro, el cual llegaba al descanso con victoria parcial de los locales por un tanto a cero.

Pero no quedó todo ahí. Volvieron los ánimos a caldearse por parte del consejero delegado bético, que le recriminó a Carballo la actuación arbitral acusándole de bajar a la caseta del colegiado “a que le piten dos penaltis”. Carballo estalló y expulsó a Lopera del palco del Salto del Caballo: “Usted está loco”, se oía en aquella zona del estadio. No ayudó a calmar los ánimos de Lopera que el Toledo acabara ganando el encuentro por dos tantos a cero, con un expulsado local pero dos expulsados para su equipo -además de su segundo entrenador-. La tensión no terminó ahí, ya que en el programa Supergarcía, de la Cadena Cope, Emiliano Carballo acusó a Lopera de “ladrón” por haber usurpado a su equipo de vestir con su camiseta habitual, a lo que el propio Ruiz de Lopera respondió alegando que el señor Carballo era “un presidente de Tercera”.

Poco importó el fútbol aquel día en Toledo. Al final todos salieron damnificados. Unos por su honor, otros por la imagen dada por su consejero delegado. Y Sergio Kresic, entrenador del Real Betis, por perder su puesto de trabajo.

Fuente imagen principal: CD Toledo.

De Wembley a Lens, la década cafetera

De Wembley a Lens, la década cafetera

La droga y el narcotráfico viajaban de la mano allá por la década de los 80 en Colombia. El fútbol se veía como una forma eficaz y sencilla para el blanqueo de dinero, compraventa de jugadores, colegiados, partidos, apuestas ilegales y desgraciadamente, muertes. Así nacería el denominado Narcofútbol colombiano.

Desde 1987 y hasta 1990, Francisco Pacho Maturana sería el encargado de dirigir los años más brillantes de Nacional de Medellín; Liga, Copa y Libertadores. Desde entonces su nombre se asociaría a la selección colombiana, aquel enorme plantel que hizo las delicias de un país y alejó en muchos casos a la población de la pobreza y la delincuencia en la que estaban inmersos. Al menos, el balón sirvió como vía de escape, quizás momentánea en algún caso; en otros fue algo más, una salida, otra forma de vida desconocida. Colombia, fútbol….

“Estábamos en la época de la violencia y la agresividad, era un país que vivía unos gravísimos problemas sociales que evidentemente no podían ser ajenos al balón. El narcotráfico toca a todo, es un pulpo. Sin embargo ahí estaba el fútbol, ¿es una isla? No. Pero llegado el momento citaba a los 22 jugadores, sacaba mi lista y la entregaba a la Federación. Ellos, un grupo que quiere a su país, era nuestro país y con el fútbol lo íbamos a defender” – Pacho’ Maturana.

En boca del propio técnico, hasta entonces el fútbol en Colombia no existía. Pero todo cambiaría. La primera decisión del profesor Maturana sería la de incorporar a un chico de las inferiores de Nacional, Andrés Escobar. Con él comienza nuestra historia un año más tarde.

Wembley sería testigo de un gol que no daría un título, ni siquiera significaba la victoria en un partido oficial, sin embargo ese día, aquel 24 de mayo de 1988 en tierras inglesas y en un escenario único, el que para muchos ha sido el mejor defensa en la historia de la selección de Colombia, el joven Andrés Escobar, con apenas un año sobre los campos profesionales, remataría un córner provocado por Reyes y Valderrama, sacado por Alexis García. Ponía las tablas en el marcador.  Aquel empate, aquel gol, no suponía otra cosa que hacer que Colombia creyese en ese deporte, en unos jugadores que llevarían a su país a participar en un Mundial 28 años después.
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Para lograr el billete a Italia, Colombia sufrió. No fue hasta la repesca (por aquel entonces frente a un equipo europeo) en Israel donde firmaría su viaje al mayor escenario del fútbol de selecciones. Argentina, Uruguay y Brasil se clasificaron de forma directa, por su parte los colombianos en botas del Palomo Usuriaga ganarían al combinado europeo en Barranquilla, con dicha victoria y el empate sin goles en Ramat Gan, los de Sudamérica eran equipo mundialista. Aquel campeonato de 1990 significó la vuelta de la selección cafetera al panorama del balón.

En tierras transalpinas Colombia logró la que hasta el momento es la mejor posición en un Mundial de fútbol, lograron avanzar hasta octavos de final donde caerían en manos de la Camerún liderada por el gran Roger Milla

En tierras transalpinas Colombia logró la que hasta el momento es la mejor posición en un Mundial de fútbol, lograron avanzar hasta octavos de final donde caerían en manos de la Camerún liderada por el gran Roger Milla. Pero aquella eliminatoria que aún es historia vino precedida de un gol que sigue en la mente del buen aficionado al balón. Corrían los últimos minutos del partido frente a Alemania, a la postre campeona del Mundo, y el resultado no se había movido, a dos del final y pese al dominio sudamericano, Littbarski anotó para el conjunto europeo. Cuando todo parecía perdido y rozaba la eliminación, en la agonía del partido, en un minuto 92 inolvidable, Freddy Rincón pasaría a los textos del deporte colombiano. Empataba la contienda, nada pudo hacer Illgner… Colombia era historia y el país explotó. Gracias Dios mío, Viva Colombia” gritó el narrador cafetero William Vinasco, quién minutos antes exclamó tras el tanto alemán: “No hay derecho, no nos lo merecíamos”. Esa tarde el fútbol fue justo con Colombia.

Cuatro años más tarde y en E.E.U.U, quien acogería por primera vez un Mundial de fútbol, la selección de Maturana volvería a estar presente. Pese a las expectativas enormes de aquel combinado, incluso llegó a salir en muchas apuestas como campeón, Colombia no daría la talla, no pasaría la primera fase en un grupo donde eran los grandes favoritos. Tal vez ese enorme listón con el que viajó el conjunto desde tierras colombianas fue uno de los causantes de aquel terrible desenlace. El resto viene ahora.

Antes de conocer que Suiza, Rumanía y el anfitrión Estados Unidos serían los rivales, Colombia paseó su bandera por el continente sudamericano y con él, aquel juego que cautivó al fútbol, aquella magia que hacía sonreír al mundo del esférico, un plantel a recordar, quizás el mejor de la historia del país, esa generación que hizo soñar a un pueblo en la que los problemas asolaban por todos sus rincones. Una vez más el deporte separó las dificultades cotidianas y unió a jóvenes y veteranos.

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A las órdenes del Profe estaban Higuita, Leonel Álvarez, Córdoba, Mondragón, Lozano, De Avila, Adolfo Valencia, Aristizabal, Luis Carlos Perea, Barrabás Gómez, Mendoza, René Valenciano, Herrera, Valderrama, Asprilla, Andrés Escobar Freddy Rincón, entre otros. Una plantilla que no sólo logró la clasificación a tierras americanas sino que además lo hizo de manera espectacular.

Por siempre será recordada la victoria ante Argentina en Buenos Aires por cinco goles a cero que terminó con el público argentino ovacionando a los jugadores cafeteros y convenciendo a Maradona para regresar a defender la diez argentina para la repesca frente Australia. Era el 5 de septiembre de 1993 y tras dicha goleada, Colombia certificaba el pase al Mundial y su candidatura al mismo. Repito, con Alemania, Italia, Brasil o la propia Argentina, tal vez un techo demasiado alto.

Ya en el primer encuentro del grupo A, Colombia sufrió un duro traspiés del que no se levantaría. Rumanía con Hagi y Raducioiu a la cabeza doblegaron por tres tanto a uno a la selección de Maturana. Tras esta derrota debían jugar frente a los anfitriones un partido que se consideró en Colombia a vida o muerte. La sombra de los narcotraficantes y las amenazas a gran parte de la plantilla y el cuerpo técnico fue una cruel invitada a la concentración del combinado colombiano. Aquel partido con una tensión externa  imposible de doblegar supuso el final de Andrés Escobar, el jefe de la zaga, el capitán que acababa de firmar por el Milan y quien intentando despejar un centro se introdujo el esférico en su marco. La victoria ante Suiza el último partido fue insuficiente, Colombia regresaba a casa y el pánico volvió. Escobar fue asesinado con seis disparos en el pecho, murió rumbo al hospital y con él la ilusión de muchos, el ídolo de otros y la sensación de que nada había cambiado. El hombre que lo inició todo en Wembley, que hizo que muchos colombianos se enganchasen a la vida se despedía cruelmente de la misma. Con Andrés empecé a escribir estas líneas, su gol ante Inglaterra significó la ilusión por el fútbol de un país, su autogol en 1994 cerraría todo de un portazo.

Escobar fue asesinado con seis disparos en el pecho, murió rumbo al hospital y con él la ilusión de muchos, el ídolo de otros y la sensación de que nada había cambiado.

Cuatro años más tarde, Colombia volvió a caer en la primera fase de un Mundial, esta vez en Francia, en Lens. Y de nuevo en un grupo con Rumanía, con Túnez, la última selección a la que los sudamericanos vencieron en un campeonato del Mundo y quien si no, Inglaterra, con quienes se despedirían en 1998, diez años después del gol de Andrés Escobar en Wembley. Cruel sentencia y un final poco acorde a la historia de un equipo, una selección que mantuvo al pueblo con ganas de vivir. Lo que el fútbol unió nadie debió separarlo nunca. Una década a recordar, aquella década cafetera.

Fuente imagen principal: Shaun Botterill (ALLSPORT)

*Alineación de Colombia en el encuentro de Copa del Mundo 1994 ante Estados Unidos.

Vigo Foot-Ball Club, la semilla del Celta

Vigo Foot-Ball Club, la semilla del Celta

El Real Club Celta de Vigo es uno de los equipos más llamativos del panorama futbolístico español en nuestros días. Jugadores como Mazinho, Mostovoi, Revivo, Karpin o más recientemente Borja Oubiña y Iago Aspas pusieron al equipo en el escaparate español y europeo. Los últimos proyectos del Celta, de la mano de Luis Enrique Martínez o Eduardo Berizzo, todavía están calientes en la memoria del aficionado celtiña. Sin embargo, no todos conocen el surgimiento de este equipo. Hoy nos disponemos a contarlo.

Los primeros contactos de la ciudad de Vigo con el fútbol surgieron en 1873. Los trabajadores –ingleses- de la empresa del Cable Inglés, encargada del telégrafo, comenzaron a jugar a fútbol en los muelles de Vigo por diversión. Como algunos viajantes procedentes de las islas británicas también conocían este deporte, se acabó fundando una institución deportiva, el Exiles Cable Club, para jugar de manera organizada contra aquellos que venían de fuera. Este nombre (Exiles, exiliados) lo recibían porque la empresa de Cable Inglés iba a muchos países a instalar la red de telégrafo y sus empleados ya se quedaban a vivir allí. No era un apodo peyorativo, puesto que las relaciones que mantenían estos “centros” en cada uno de los países dependía directamente de la sede en Cornualles, y los que estaban fuera no lo hacían en condición de exiliados políticos ni en otro tipo de circunstancia. De hecho, la fundación del Exiles Cable Club les permitió a esos operarios del telégrafo volver a ver a sus familias, con la excusa de esas reuniones para la práctica deportiva.

A través de esto, el fútbol se fue popularizando en la ciudad, y la sociedad viguesa ya no era ajena a este fenómeno. Quería participar de forma activa en él, y por eso en 1903, tal y como ocurrió antes en Barcelona, se crearon dos equipos en la ciudad: el Vigo Foot-Ball Club y el Fortuna Foot-Ball Club, de los cuales surgió una gran rivalidad. El Vigo FC, que comenzó jugando en el campo del Exiles y que posteriormente se mudaría al Campo de Coia, se impuso en los primeros duelos y pronto se erigió como el equipo puntero de la ciudad. Asimismo, impulsó la creación de un torneo a nivel regional con la intención de que este diera paso a competir a un equipo en el Campeonato de España (lo que hoy conocemos como la Copa del Rey actual). Este fue el Campeonato de Galicia, llamado Copa del Rey (nada que ver con la actual) en su primera edición, en 1905, en honor a Alfonso XIII, quien entregaba una insignia de plata al campeón de esta competición. Durante muchos años, sus finalistas siempre pertenecieron a la ciudad de Vigo. El club se alzó victorioso de este campeonato en múltiples ocasiones, pero esos títulos carecían de validez y reconocimiento oficial, ya que, por aquel entonces, aún no existía la Federación Gallega de Fútbol para regularlos. En aquella primera edición, la de 1905 y como era de esperar, se enfrentaron el Vigo FC y el Fortuna FC, saliendo los primeros como vencedores.

El hito más grande de este ‘proto – Celta’ fue el subcampeonato de España en 1908, contra el Madrid F.C

En los enfrentamientos posteriores, sobre todo desde el Campeonato de Galicia de 1906, su enemistad se acrecentó. A mediados de octubre del año 1905 se enfrentaron en un partido muy reñido en el que el Fortuna anotó un gol tras un control con la mano de su delantero Creighton. El jurado del partido (porque en ese entonces los partidos tenían jurado) decidió ocho meses después –La Correspondencia Gallega, diario de Pontevedra, publicaba la noticia el 25 de junio de 1906- que el gol sería dado por válido. Sin embargo, el Fortuna propuso la repetición del partido dado que, a su entender, tardaron demasiado en la resolución del caso. El partido se volvió a suceder y el Fortuna se alzaría campeón del Campeonato de Galicia, avivando una rivalidad que sería tal hasta 1923.

Para contextualizar ligeramente, era común que los equipos contaran con varios jugadores ingleses, ya que ellos fueron quienes inventaron e importaron a España este deporte y, por tanto, su presencia daba prestigio a los equipos. También nos parece curioso mencionar el tratamiento de la prensa de la época hacia los deportistas, a quienes nombraban con el apelativo de ‘Don’, o de ‘Mr’ si eran ingleses. Para muestra, el once que sacó El Noticiero de Vigo en su número del 16/10/1905, tras el partido que hemos comentado previamente del Campeonato de Galicia, en el que el periodista enunciaba así los onces del Vigo FC y del Fortuna FC:

Onces del Vigo FC – Fortuna FC en la final del Campeonato de Galicia. Fragmento de El Noticiero de Vigo, 16/10/1905.

En aquel entonces era muy frecuente la fusión de clubes de menor entidad para formar otros más fuertes, así como la absorción de equipos más pequeños que pasaban a ser parte de otros más grandes. Esto último es lo que ocurrió en 1906 con el New Club de Vigo, club de reciente surgimiento que pasó al seno del Vigo FC. Pero no fue la única. En 1910 absorbería al Club Español de Foot-Ball, y en 1913 al Sporting Club de Vigo, pasando a llamarse Vigo Sporting Club, y cambiando incluso parte de su indumentaria habitual. De vestir, bajo los colores del Vigo FC, una camiseta mitad roja, mitad blanca, con pantalón blanco y medias blancas, el Vigo Sporting pasó a vestir la misma camiseta mitad roja, mitad blanca, pero con pantalones azules y medias oscuras. Posteriormente, el equipo recibiría de parte de Alfonso XIII de Borbón el apelativo de ‘Real’, el cual acuñó al inicio del nombre del equipo pasando a llamarse Real Vigo Sporting Club, y añadió una corona a su escudo. Esta fue, hasta la posterior unión de los dos grandes de la ciudad, la fusión más importante entre equipos gallegos.

El color del Club Celta de Vigo, en sus inicios, fue el rojo, como lo fue para el Vigo FC. Pero en 1924 se decidió cambiar al azul celeste, color icónico de Galicia, para representarla y defenderla cuando jugaran por toda España

Pero no adelantemos acontecimientos. Previo a fundirse con el Club Español de Foot-Ball, en 1908 el Vigo FC, ya fusionado con New Club de Vigo, pasó a disputar el Campeonato de España tras ganar el año de antes el Campeonato de Galicia. El torneo se disputó a partido único, dado que, por diferentes motivos, los equipos habituales se negaron a jugarla: el Athletic Club de Bilbao declinó la invitación porque la actitud del público en algunos partidos del torneo del año anterior no gustaron, siendo la primera vez que este histórico club no participaba en la competición; otros clubes, como el X Sporting Club, declinaron la oferta por el alto coste económico del desplazamiento a Madrid. En definitiva, los dos únicos clubes inscritos en el campeonato fueron el Madrid y el Vigo, disputándolo el 12 de abril de 1908 en el Estadio de O’Donnell de Madrid. En el partido, resuelto por 2-1 a favor de los blancos, Antonio Neyra anotó el 1-0 muy cerca del descanso, y ya en la segunda parte el jugador de Guatemala Federico Revuelto puso el 2-0 para los madrileños. En el Vigo CF, casi llegando al final, Posada acortó distancias y puso el 2-1 definitivo. La copa se quedaría en Madrid, pero este subcampeonato sería el hito más importante del Vigo FC hasta su transformación en 1923. Bajo el nombre de Vigo Sporting Club volvió a disputar el Campeonato de España, pero nunca quedaría tan cerca de lograrla como en 1908.

Sin embargo, grandes personalidades de la sociedad viguesa pensaron que, si tenían dos equipos que ya eran fuertes a nivel regional, ¿por qué no unirlos y formar uno solo todavía mejor para competir a nivel nacional? La fusión entre el Real Vigo Sporting y el Fortuna de Vigo se veía como la mejor solución, con Manuel de Castro ‘Hándicap’ y el abogado Juan Baliño Ledo como principales impulsores de esta decisión. Sin embargo, esta no fue nada fácil. Había que conseguir el beneplácito de la Federación Gallega de Fútbol. Además, los problemas económicos que acuciaban uno y otro club no se solventarían con la fusión, sino que darían origen a un club más grande en lo social, pero pobre en lo económico. Tampoco contarían a corto plazo con recursos para uno de los principales proyectos de este nuevo equipo: la creación de un gran estadio. Para más inri, algunos jugadores del Fortuna desestimaban esta unión dado que sus minutos de juego se verían reducidos. Otros, en cambio, hicieron las maletas rumbo a algunos clubs canarios con los que jugó el Fortuna poco antes de aquellas fechas, según el Mundo Deportivo del 13 de agosto de 1923. Entre otras cuestiones, se decidió en torno al nombre del equipo y la indumentaria que vestirían los jugadores. El día 23 de ese mismo mes, se aprobarían los estatutos y se constituiría la primera junta directiva del finalmente llamado Celta de Vigo. El club quedaría presidido, en primera instancia, por Don Manuel Bárcena de Andrés, Conde de Torrecedeira. Además, fue solicitada al rey Alfonso XIII el apelativo de ‘Real’, tal y como ya concedió al Vigo Sporting. Respecto a los colores, en primera instancia se utilizó el rojo, color que Vigo FC y Fortuna compartían en su escudo. Posteriormente se decidió utilizar el celeste, color más icónico de Galicia, a la cual querían representar allá donde viajaran, haciendo ver así que se trataba del club más fuerte de la región. Junto a la camiseta, el escudo, rojo como la vestimenta en la creación del club, también cambió al azul celeste en 1924.

La rivalidad histórica con el Deportivo de la Coruña se debió a que, junto a otros clubes, no reconoció sus orígenes en el Vigo Sporting, lo cual no le permitió participar en la LFP desde su creación, viéndose relegado a jugar en la Segunda División de España

El día 24 de agosto de 1923, el Mundo Deportivo recogía en su número de aquel día una forma muy particular de anunciar el nacimiento de este club: en lugar de noticiar el surgimiento de esta entidad, la noticia fue la, según palabras del propio diario, “genial idea del Athletic de Bilbao: invitar a jugar un partido a San Mamés los días 1 y 4 de noviembre”. Es decir: para ellos el suceso noticioso no fue el nacimiento de un nuevo club, sino la invitación por parte de un histórico como el Athletic a jugar en San Mamés. Anécdota curiosa la que nos encontramos revisando documentos. No obstante, entendemos que esa solicitud fue o bien pospuesta, o bien rechazada, ya que en esas fechas el Celta de Vigo disputaba un partido contra el FC Barcelona, el cual perdería por 3-0. Habría sido reseñable que el primer partido de este Celta de Vigo hubiera sido en San Mamés. Sin embargo, el primer partido que disputó el combinado celeste, según su web oficial, data del 23 de septiembre de 1923 en el Campo de Coia, ya que el estadio de Balaídos no fue terminado e inaugurado hasta el 30 de diciembre de 1928. En aquel partido endosó un 8-2 al Boavista portugués. Después, jugaron contra el Cracovia, ganando también. Sin embargo, ambos partidos eran amistosos. Sus primeros rivales oficiales datan de octubre de 1923, cuando el Celta se inscribe en el Campeonato de Galicia. En él, ante rivales como Unión Sporting, Elriña de Pontevedra y Rácing de Ferrol, se pasea y consigue alzarse campeón, con 29 goles a favor y solo 3 en contra en los seis partidos de competición. Su primera vez en el campeonato nacional fue el 23 de marzo de 1924, en la Copa de España, a doble partido, contra el Athletic de Bilbao. La ida en Vigo se saldó con 1-1, pero la vuelta el Celta perdió por 6-1, al parecer, con sendas actuaciones polémicas del árbitro. Su primera confrontación contra el eterno rival, el Deportivo de la Coruña, tendría lugar en la temporada 1924-25, en la que ambos equipos se ganaron el uno al otro como locales por 3-0. Ese año el Celta, empatado a 16 puntos con el Deportivo, resultaría campeón de Galicia por el goal average. Aunque la rivalidad entre estos dos clubes no surgió en este punto, sino en la temporada 28-29. El Celta subcampeonó en Galicia, por detrás del Deportivo. Ese mismo año se creó la Liga Profesional de Fútbol a nivel nacional. Varios clubes, entre ellos el Deportivo, no reconocieron al Celta sus orígenes en el Real Vigo Sporting y, por tanto, no le permitieron formar parte, desde el inicio, de la Primera División. Por tanto se vio obligado a disputar un torneo de promoción para ocupar una de las plazas vacantes que quedaban. Sin embargo caerían en las semifinales contra el Sevilla y se vieron relegados a jugar en la todavía lactante Segunda División. Desde entonces la rivalidad con el Deportivo de la Coruña, manifiesta desde que se disputaban el campeonato gallego cada temporada, se vio acentuada y se convirtieron en enemigos íntimos.

Los orígenes del Real Club Celta de Vigo son bastante curiosos. Un equipo que se acostumbró a ser campeón en su región, pero que  una cuestión de orígenes difusos para algunos clubes y un posterior traspié le privaron de competir desde su creación en la Primera División Española. Luego subieron, bajaron, volvieron a subir… Y a día de hoy están entre esos clubes a la cabeza de LaLiga, esos que viajan por Europa, como ellos querían, representando a una región, a un país, y haciéndolo de fábula. Y que dure, esperamos.

Fuente imagen principal: Del Berbés hacia arriba.

El Lobo

El Lobo

Aunque para los más jóvenes puede resultar un desconocido, este genio de la estrategia es uno de los más ilustres y reconocidos personajes en la historia del fútbol del Este. Unas líneas dedicadas a un pionero, a alguien que revolucionó el fútbol soviético. No con sus goles, ni sus centros, aunque podría haberse dado el caso, sino desde fuera del rectángulo de juego. No puede ser otro que el gran Valeri Lobanovsky. Pero como toda historia es mejor empezarla por el principio. Pocos meses antes de estallar la Segunda Guerra Mundial en la Unión Soviética, más concretamente en Kiev, nacía quién a la postre resultaría decisivo para el devenir del fútbol en aquella zona de Europa. Un niño de nombre Valeri que desde pronto descubrió que su vida estaba en torno a un balón.

Aquel chico creció, y desde el extremo izquierdo llegó a debutar con el club de su ciudad, el Dinamo de Kiev, donde pasaría seis temporadas consiguiendo una Liga y una Copa soviética. También pasó por el otro equipo referencia en Ucrania, el Shakhtar Donetsk. Aunque puso fin a su carrera como futbolista con tan solo 29 años de edad, nos dejó unos números bastante sorprendentes, llegando a anotar 78 goles y siendo internacional por la URSS en dos ocasiones.

Valeri Lobanovsky llegó a debutar con el Dinamo de Kiev y cosechó una Liga y una Copa soviética

Como todo fuera de serie, fue capaz de eclipsar sus propias gestas, aquellas de jugador que como entrenador pronto quedaron olvidadas. Al poco de finalizar su carrera en los terrenos de juego le llegó la oportunidad de dirigir al Dnipro, donde permaneció cuatro años hasta dar el salto al club con el que todos le recordamos, el de sus amores. Los de Kiev volvían a llamar a la puerta del Lobo para que les hiciese campeones tras tres temporadas de sequía. Pues bien, al primer año doblete, Liga y Copa soviéticas en la temporada de 1974. No contento con este hito, la temporada siguiente fue a la conquista europea, se alzó con la Recopa de Europa, convirtiéndose en el primer equipo soviético que se hacía con un título en el Viejo Continente. Título que refrendó con la Supercopa de Europa. Pero si todo esto supiese a poco, en 1986 repitió consecución de trofeo con una nueva Recopa.

Sus éxitos no se quedan solo en logros a nivel doméstico y europeo, Lobanovsky dirigió al combinado soviético en varias etapas, logrando la medalla de bronce en la olimpiada del 76 o cayendo en Octavos en el Mundial de México. Aunque, sin duda, el mayor triunfo se logró en la Eurocopa del 88, en Alemania Federal con en un ambiente hostil durante todo el campeonato, los de Lobanovsky se hicieron con un puesto en la final de Munich, pero no pudieron con Rijkaard, Gullit, Van Basten, Koeman… los de Rinus Michels se imponían por 0-2 y el trofeo volaba con los tulipanes.

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Tras probar suerte con selecciones de menor repercusión futbolística como Emiratos Árabes y Kuwait, volvía al club de su vida. El Dinamo le esperaba con los brazos abiertos y Lobanovsky recompensaría sumando al palmarés de Kiev cinco títulos de Liga ucraniana consecutivos, así como tres Copas también de manera continuada. Era la época de una estrella emergente, Andriy Shevchenko, el brazo ejecutor del Lobo sobre el terreno de juego y quienes juntos a punto estuvieron de llevar a su plantel a la final de la Liga de Campeones en 1999. El Bayern se cruzó en el camino de los de Kiev privándolos de escribir en mayúsculas una historia que probablemente lo merecía.

El Dinamo de Kiev de Lobanovsky y Shevchenko se quedó a un paso de la final de Liga de Campeones de 1999

La última etapa de Valeri en los banquillos fue como seleccionador nacional de su país, aunque fue cesado del cargo al caer en la repesca que daba acceso al Mundial de Corea frente a Alemania. Mundial que no llegó a ver, ya que la muerte le alcanzó apenas un mes antes de la cita asiática tras un delicado estado de salud. Al poco de morir, como suele pasar, llegaron los reconocimientos. Se le nombró ‘héroe de Ucrania’, la mayor condecoración que puede recibir un ciudadano individual de manos del gobierno nacional. Por si fuera poco, hoy el terreno de juego del Dinamo de Kiev es el Estadio Lobanovsky Dynamo. Pero Shevchenko supo cómo hacerle ganar el título que se dejó en el tintero, y es que la Champions de 2003 conquistada en Milan voló hacía Ucrania brindando a su persona la soñada Copa de Europa al monumento dedicado a la memoria de ‘su padre futbolístico’, lo mismo haría después con el Balón de Oro. El gran legado del Lobo, el fútbol del Este debe dar gracias. Valeri Lobanovsky.

Fuente imagen principal: Gary M Prior (Allsport)

Alguien voló sobre el nido de El Buitre

Alguien voló sobre el nido de El Buitre

En la película Alguien voló sobre el nido del cuco (basada en la novela homónima de Ken Kesey) podemos ver como un recién llegado a una institución es capaz de revolucionar el lugar en la que vive, redimir a sus compañeros y desatar la locura. Salvando las distancias entre aquel psiquiátrico en Oregón y el madridismo, lo cierto es que todo madridista a principio de los ochenta era un tarado en potencia capaz de comprar entradas para el filial antes que para el primer equipo. Porque era eso, era cosa de locos que los amantes del fútbol acudieran en masa a ver los partidos del filial del Real Madrid hasta el punto de tener que trasladar los encuentros del Real Madrid Castilla al Santiago Bernabéu para dar cabida a todos esos dementes que eran atraídos por El Buitre y su quinta.

Cuando hablamos de la quinta del Buitre, el término quinta no se refiere a las cinco ligas consecutivas ganadas, o a que fueses cinco los miembros que originaron el nombre. Se refiere la quinta del Buitre a una generación de jugadores nacidos en el mismo año, en este caso casi todos, y cuyo máximo representante fue Emilio Butragueño, El Buitre. Fueron un grupo de jugadores que se formaron en las categorías inferiores del Real Madrid y que jugando en el Real Madrid Castilla lo hicieron campeón de Segunda División, único filial en conseguirlo, aunque sin opciones de ascenso debido a que el primer equipo del club ya militaba en Primera. Ya en el Castilla, y antes de que los jugadores de este grupo ascendieran al primer equipo, fue cuando el periodista Julio César Iglesias les bautizó como la quinta del Buitre en un artículo periodístico publicado en el diario El País en noviembre de 1983, y justo ese mismo año algunos de estos jugadores pasarían a militar en las filas del primer equipo. Una temporada después la quinta del Buitre al completo comenzó a jugar en primera división con el Real Madrid.

Se refiere la quinta del Buitre a una generación de jugadores nacidos en el mismo año, en este caso casi todos, y cuyo máximo representante fue Emilio Butragueño, El Buitre

El nombre de todos ellos es imposible de olvidar a menos que te llames Bertín Osborne. Estos cinco jugadores provenientes de la cantera fueron, amén de Emilio Butragueño jugando de delantero, Manuel Sanchís que jugaba como defensa central, Miguel González, Michel, centrocampista por la derecha, Rafael Martín Vázquez centrocampista ofensivo y, nosotros no nos olvidamos, Miguel Pardeza jugando como extremo.

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Era una delicia verlos jugar, no sólo por que fuesen buenos jugadores, que lo eran, sino porque quien más y quien menos llevaba jugando con los demás desde su infancia, es decir, se conocían mejor que los parches del balón. Sabían con antelación el cómo, cuándo y porqué de cada toque, pase y movimiento. Era un fútbol rápido, al primer toque, pero “al primer toque con pases de cincuenta metros” como decían algunos periodistas y comentaristas de esa década. Entre ellos no tenían que leer el juego que realizaban, se lo sabían de a pies juntillas, se cubrían las espaldas unos a otros, con sus carencias y sus puntos fuertes hacían un bloque compacto, único, como una falange romana donde un soldado cubre el hueco del compañero, formaron un engranaje en el que lograron encajar a la perfección jugadores que llegaron con posterioridad, o les hizo fácil adaptarse a los ya veteranos Camacho, Santillana y compañía. Fueron estos veteranos, según palabras del mismo Emilio Butragueño, los que les transmitieron ese espíritu tan renombrado instaurado hace tiempo por Santiago Bernabéu y Di Estéfano dentro y fuera del campo, ese señorío del que sólo los auténticos madridistas pueden presumir. Valores de constancia, perseverancia, sacrificio, amor al escudo y respeto al rival. Sentimientos que, en mi opinión, sólo se obtienen cuando vives el club como parte de ti, cuando creces en él o cuando mamas los colores desde pequeño. Valores que, según mi punto de vista, se han perdido en la actualidad, en parte a causa de contratar jugadores que provienen de otros clubes antes de confiar en la cantera. Pero centrémonos en el estandarte de la quinta, hablemos de El Buitre.

Emilio Butragueño Santos (Madrid, 22 de julio de 1962), hijo de padre madridista, tanto que el día siguiente a su nacimiento ya le hizo socio del Real Madrid. Comenzó sus primeros contactos con el fútbol en el equipo de su colegio de por aquellos entonces, el San Antón. Hasta que años más tarde cambió de vivienda por motivos familiares y de colegio. Su nuevo destino fue el Calasancio, donde Emilio cambiaría el fútbol por el baloncesto por muy sorprendente que pueda parecer. Deporte que practicó durante unos tres años jugando en la posición de base, medía 1,78m, aunque para regocijo de los futboleros, volvió a practicar el deporte rey tras este affaire con el baloncesto. No obstante, hubiese sido interesante verlo triunfar en el deporte de los gigantes.

En el Calasancio, Emilio cambiaría el fútbol por el baloncesto por muy sorprendente que pueda parecer. Deporte que practicó durante unos tres años jugando en la posición de base

Ya en el Calasancio despuntaba como un enorme centrocampista, su gran visión de juego, su espíritu de unidad y su increíble control del balón le hacían un perfecto organizador para el fútbol del equipo. Esto cambió con su llegada al equipo de cadetes donde adelantó el puesto para jugar como extremo izquierdo. Según sus propias palabras, Emilio nunca pensó en dedicarse al fútbol de manera profesional, lo hacía por diversión y como hábito saludable. Mas sin él saberlo ya había ojeadores al acecho, su popularidad como jugador había sobrepasado las paredes del colegio. Real Madrid y Atlético de Madrid ya estaban dispuestos a hacer probar su valía en las canteras de ambos clubes. Primero fue el Madrid, que tras probarlo no optó por su incorporación. Era bueno, pero no tanto se dijo en aquel momento. De este modo el Atlético tendría las puertas abiertas para hacerse con sus servicios. Probó en la cantera colchonera y se le consideró apto para acoplarse al equipo rojiblanco. Pero se encontraron con un problema. El madridismo que profesaba su familia. Su padre le preguntaba: “¿Cómo vas a fichar por el Atlético si somos del Madrid?”. Sonaba un poco a traición, padre e hijo eran socios del Madrid, Emilio desde casi su mismo día de nacimiento. Y tampoco era de recibo jugar en un club cuando tus sentimientos son para el equipo rival de tu ciudad. Siendo esto así, Butragueño padre, por medio de otro padre, el de un tal Juanito, que ya militaba en el Castilla, consiguió una segunda oportunidad en el Madrid y, ahora sí, fue fichado por el club blanco.

Con dieciocho años Emilio Butragueño jugaba en el Madrid de Tercera división, combinando entrenamientos y partidos con el servicio militar. Al año siguiente comenzó su andadura por el Real Madrid Castilla, en Segunda división, realizando una campaña espectacular, forzando a periodistas a incluirlo dentro de sus crónicas y terminando la temporada en primer lugar. Su debut en primera división fue contra el Cádiz C.F. en diciembre de 1984, en el que hizo un partido enorme. Después del descanso, con 2-0 en contra, saltó Butragueño al terreno de juego por orden de Di Estéfano. Cuando sonó el pitido final el resultado era de 2-3 para el Real Madrid. Emilio marcó dos de los goles merengues y dio el pase del tercero. Mención especial para uno de los goles que nos regaló El Buitre. No me cansaré de verlo. Después de una serie de rechaces, Butragueño se hace con el balón a un metro o dos de la esquina del área pequeña, con una finta exquisita deja la cintura de un defensor para el arrastre, llega a la línea de fondo y entre la línea del área chica y el primer palo, con dos recortes hacia adentro, vuelve a hospitalizar a un segundo defensa y al portero por rotura de cintura y coxis, apuntilló empujando el cuero ajustado al primer palo y posteriormente recibiendo la enhorabuena de compañeros y rivales, aún atónitos con lo que acababan de presenciar. Gol antológico. Comenzaba así una carrera fulgurante en la que El Buitre consiguió 194 goles, seis ligas, cuatro supercopas de España, dos copas del rey, una copa de la liga, dos copas de la UEFA, dos trofeos Bravo, dos balones de bronce y un Pichichi. Todo esto en un total de 548 partidos, sumando sus clubes y la selección nacional, en los cuales no recibió ninguna tarjeta roja. Con la selección española, la que aún estaba maldita, consiguió participar en dos Mundiales de fútbol y dos Eurocopa de naciones.

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En todo este tiempo hay dos partidos que siempre quedarán en la memoria de Emilio, para siempre.

El primero fue un partido de octavos de final de la Copa de la UEFA. contra el Anderlecht belga. El Madrid perdió 3-0 en el partido de ida en Bélgica poniendo la eliminatoria en un imposible. Periodistas y aficionados dudaban seriamente del posible pase a cuartos. Incluso en el vestuario blanco había algunas dudas. Hace 30 años las ligas europeas y sus equipos no estaban tan desigualadas como actualmente y el Anderlecht era un hueso duro. Butragueño cuenta que en esa noche aprendió mucho sobre lo que es el madridismo. Él mismo decía así en una entrevista: “Habíamos perdido 3-0 en Bélgica. Y claro, 3-0 contra un equipo muy poderoso, iban primeros en la liga belga y llevaban cinco meses sin perder un partido. Y como actuó Camacho durante esas dos semanas hasta el partido de vuelta a mí nunca se me olvidará. Si fuimos capaces de darle la vuelta a ese marcador tan adverso y pasar la eliminatoria fue fundamentalmente por Camacho y por el espíritu que él tuvo y fue capaz de arrastrar a todo el grupo. Fue verdaderamente admirable. Nosotros estábamos muy abatidos y él, quizá porque lo aprendió de la generación anterior, de Pirri, de Benito y demás. Dijo que no, que no. Que aquello era el Real Madrid y en el partido de vuelta íbamos a ganar la eliminatoria… Al principio nosotros decíamos, ¡Éste está loco! Pero a medida que se acercaba el partido de vuelta la gente se iba convenciendo. Hasta el punto de que el día del partido el grado de excitación que tenía el equipo era tal que no había nadie que dudase de nuestra clasificación… Esa noche entendí lo que es el Real Madrid”. El resultado final fue de 6-1 para el Real Madrid con un hat-trick de Butragueño.

El Real Madrid remontó un 3-0 adverso en Copa de la UEFA con hattrick de Emilio Butragueño

El segundo partido fue un encuentro con la selección disputado durante el mundial de México de 1986 en el que España se enfrentó a Dinamarca en octavos de final. Una Dinamarca en la que jugaba un tal Laudrup y que había sido campeona de su grupo en el Mundial venciendo a Alemania 2-0 y 6-1 contra Uruguay. España pasaba como segunda de grupo tras Brasil. Hablándome sobre este partido, un amigo mío me cuenta que, supongo como muchos niños de entonces, vio el partido sólo delante del televisor. Se jugaba de madrugada y los padres y madres de familia, los que más como los que menos, se habían ido a dormir para ir a trabajar temprano al día siguiente. Pero fue tal el partido, tal la exhibición, que despertó a toda la familia dando saltos y celebrando los goles del Buitre. No hay mejor nana para ir a dormir a un futbolero que cantar los goles de tu equipo. Al día siguiente en el colegio todos los niños se peleaban diciendo “yo soy Butragueño” para jugar en el patio del recreo. Todos menos él. Él siempre fue muy fiel y no entró en la pelea porque se eligió a Míchel, por el que sentía debilidad por cómo las ponía desde la banda. Me imagino a mi amigo Juan poniendo balones desde la banda para que rematasen diez mini-Buitres.

Tras toda una vida en el Real Madrid, Emilio terminó sus días como jugador de fútbol en México. Concretamente en el Atlético Celaya, un modesto club que realizó su mejor temporada con Butragueño en sus filas. Y es que hasta en las Américas enamoró el Buitre en donde le llamaban el caballero de la cancha por su juego correcto y por su entrega. Su último partido fue el cinco de abril de 1998 contra el Nexaca.

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El sobrenombre de El Buitre no le viene precisamente porque fuese un carroñero del balón, ni mucho menos. Emilio, además de tener gol, era un especialista en la ayuda al compañero. No solo con asistencias, sino abriendo huecos, llevándose a los defensas o despistando a la zaga con su regate neutro. Es decir, se quedaba totalmente quieto durante un segundo y cuando el defensa quería darse cuenta e intentar pararle, ya estaba el balón en el fondo de las mayas. Aunque podríamos decir que Emilio tenía una similitud con el animal que le da su apodo, igual que los buitres huelen la muerte a kilómetros de distancia, Butragueño era también capaz de oler el gol ates que nadie. Siempre estaba en el sito justo en el momento preciso. Era Emilio una especie de prestidigitador capaz de sacarse un sombrero de la manga y un túnel del sombrero para dejar rotos a los defensores. Todo esto con los pies. Al no ser un jugador corpulento su estabilidad y su capacidad para revolverse en poco espacio eran increíbles, Cruyff decía que él era capaz de hacer en una moneda lo que los demás hacen en un lago. Fue un jugador perfeccionista y muy exigente consigo mismo. Podía pasarse las noches sin dormir después de realizar un mal partido, dando vueltas una y otra vez a la jugada en la que quizá otra opción hubiese sido mejor. Para mí la mejor opción fue que dejase el baloncesto para dedicarse al fútbol.

Para cerrar me gustaría remarcar otro paralelismo entre la película dirigida por Milos Forman y la historia de la histeria generada por este otro grupo de futbolistas. Serían los cinco títulos de liga consecutivos ganados por el Real Madrid y los cinco Premios Oscar ganados por la película. Si aún no lo habéis hecho, os recomiendo ver las dos cosas: la película protagonizada por Jack Nicholson y ver jugar a Emilio Butragueño. No quedaréis defraudados.

Fuente imagen principal: FABRICE COFFRINI (AFP/Getty Images)