Vincenzo Paparelli, muerte en las gradas

Vincenzo Paparelli, muerte en las gradas

A finales de los años setenta la violencia política dominaba la sociedad italiana. El país transalpino estaba inmerso en un clima radical que manchaba de sangre las calles. Sangre de un neofascismo que campaba a sus anchas. Sangre de unas Brigadas Rojas que usaban el terror para imponer su ideología. Los estadios de fútbol italianos no eran ajenos a ese clima violento que asolaba la península. Los años setenta son la década donde el fenómeno ultra consigue tal grado de poder que aún a día de hoy siguen incrustados en los equipos y en el Calcio italiano. Desgraciadamente, ha habido demasiadas muertes relacionadas con el fútbol en Italia. Una de las más trágicas por el impacto que produjo fue la de un aficionado lazial de 33 años que falleció mientras esperaba el comienzo de un derby romano el 28 de octubre de 1979.

SERIAL – AUGE Y CAÍDA DE LA SERIE A: Años dorados, violencia, crack de la burbuja, doping, Calciopoli, futuro… 

Durante la dictadura fascista de Benito Mussolini, “Il Duce” tuvo la intención de unificar todos los equipos que existían en la capital para de esta manera crear una poderosa escuadra que pudiera competir con los poderosos del norte. La oposición del entonces presidente de la federación italiana, Giorgio Vaccaro, fascista y rendido seguidor de la Lazio, permitió a la escuadra del águila no unirse a la fusión. Desde entonces la rivalidad con la Roma fue encarnizada. Desde el principio esa rivalidad estuvo marcada por tintes políticos que se agudizaron en los años setenta. El derby romano es uno de los más peligrosos del mundo y año tras año se registran incidentes entre las facciones más radicales de las aficiones ante la impotencia de las fuerzas del Estado incapaces de parar la violencia y bajo la complacencia de las directivas de ambos equipos.

[pullquote]Vincenzo Paparelli, casado y padre de dos hijos, fue la víctima injusta e inocente de esa absurda guerra[/pullquote]

Vincenzo Paparelli, casado y padre de dos hijos, fue la víctima injusta e inocente de esa absurda guerra. Poco antes de que comenzara el derby, mientras Vicenzo comía un bocadillo junto a su esposa, sentado en la grada del Olímpico, una bengala disparada desde el sector ultra de la Roma atraviesa el cielo del estadio y acaba clavándose mortalmente en Paperelli. 160 metros separaban ambas curvas. Su mujer, desesperada, intenta arrancársela pero es imposible, se quema las manos, no hay nada humano que se pueda hacer. Poco después, el médico que atendió al desafortunado hincha diría que parecía una herida de guerra. Una herida de guerra en un simple campo de fútbol durante un encuentro dominical mientras te comes un bocadillo. Paparelli no pudo superarlo. El estadio entero es testigo de una muerte en directo. Los ultras de la Lazio intentan impedir que el derby se juegue. Finalmente, el capital laziale, Pino Wilson, consigue calmarlos un poco y el encuentro se disputa tras enfrentamientos entre los ultras y la policía y bajo un clima surrealista. Durante el resto del día hay graves desórdenes en toda Roma. Paparelli era la segunda víctima mortal provocada por el movimiento ultra en Italia.

Poco después, un muchacho de apenas 19 años se entrega a la policía. Es Giovanni Fiorillo, un fanático de la Roma y él compró y lanzó la dichosa bengala. En la cárcel, el joven ultra denuncia que sus compañeros de aventuras, sus colegas le han abandonado. Hasta la novia, dice, le ha dejado. El grupo ultra de la Roma “Commando Ultrà Curva Sud” es señalado y durante los años posteriores oculta su identidad entre la infinidad de los grupos radicales del fondo.

[pullquote]El mundo del fútbol mostró inmediatamente su pesar tras la muerte de Paparelli[/pullquote]

El mundo del fútbol muestra inmediatamente su pesar. La viuda de Paparelli recibe decenas de mensajes de condolencia, desde el capitán Pino Wilson hasta el alcalde, Luigi Petroselli, del Partido Comunista. Toda la plantilla de la Lazio acude al funeral. La Roma también iba a ir pero ese día tiene un enfrentamiento de Coppa de Italia y el club manda a los chicos de la Primavera. Toda Roma debía decir que no a la violencia. Meses después de la muerte de Paparelli el fútbol italiano intentó tomar medidas para atajar la creciente violencia en los estadios. Tras meses de debate, durante el cual se llegaron a plantear medidas tan absurdas como prohibir la moviola de las televisiones, se prohibió el acceso al estadio con banderas, pancartas o bengalas. Unas medidas que jamás se han llegado a aplicar.

Hoy en día, en casi todos los estadios italianos se ven bengalas y petardos. Y sin duda, el que más espectáculo de pirotécnica ofrece es precisamente el derby romano. Un enfrentamiento que desde hace unos años está prohibido que se dispute de noche como otro recurso simplón contra la violencia. Nada parece que vaya a cambiar el clima tenso de los Roma-Lazio donde se han presenciado escenas bochornosas en los últimos años. En la temporada 1998-1999 los ultras de la Lazio, de extrema derecha y considerados de los más peligrosos de Europa, desplegaron una vergonzante pancarta dirigida a la afición de la Roma donde se leía “Auswichtz es tu ciudad, los hornos son tu casa”. En el 2000, el criminal de guerra serbio, Zeljko Raznatovic “Arkan” fue homenajeado con otra pancarta por los mismos ultras. Debido al vínculo que tuvo Mussolini con la Lazio, de la cual era seguidor confeso, y por la ideología radical que muestran los ultras, el equipo laziale es presentado en muchos sectores como una escuadra profascista. Más allá del injusto estereotipo que no representa a unas de las aficiones más grandes de Italia, el problema existe en las gradas. Al igual que sus vecinos de la Roma, cuyo sector más radical también es de extrema derecha y sus acciones violentas poco tienen que envidiar a los violentos de la Lazio. En 2005 los ultras consiguieron suspender el derby amenazando a los jugadores si lo disputaban. La excusa fue el rumor de una presunta muerte de un niño fallecido en medio de los enfrentamientos con la policía. Una mentira, Un simple rumor que bastó para mostrar delante de las cámaras que los violentos mandan y seguirán mandando en el Calcio.

Fuente imagen principal: CHRISTOPHE SIMON/AFP/Getty Images.

Centenares de aficionados ultras italianos italianos se manifestaron el 14 de noviembre de 2009 en contra de la tessera del tifoso, que los aficionados deberían mostrar antes de entrar a los estadios desde el 1 de enero de 2010. Las tarjetas serán entregadas por los clubes a los aficionados que no sean vetados por la policía.

Auge y caída de la Serie A (VI): El futuro

Auge y caída de la Serie A (VI): El futuro

La UEFA anunció a finales de agosto los cambios que se introducirán en la Champions League a partir del año 2018, modificaciones que han sido acordadas tras la amenaza de varios clubes importantes con crear una competición paralela, una especie de Superliga entre los equipos más poderosos y cerrada a los humildes. Ante el temor de perder el suculento pastel económico de la competición de clubes más importante, la UEFA se ha puesto del lado de los más poderosos y, entre otros cambios, destaca uno sobre el resto: las cuatro principales ligas europeas se aseguran cuatro equipos fijos en fase final. Si hay una liga que sale beneficiada con creces esa es, sin duda, la italiana. En 2018, gracias al cambio, pasará de tener sólo dos equipos directos y uno en play-off a tener cuatro asegurados. Teniendo en cuenta cómo han ido las últimas eliminatorias de agosto, con todos los equipos italianos eliminados desde 2013, el nuevo formato es un regalo para un Calcio que quiere poco a poco despertar de su letargo.

Los italianos estuvieron representados en las negociaciones con la UEFA por el AC Milan y la Juventus. Es sobre todo esta última la que parece destinada a encabezar un proceso de modernización en el Calcio. Desde 2011 disfruta de su propio estadio, hecho que ha sido todo un éxito ya que el Juventus Stadium se llena partido tras partido. Tener un estadio propio parece el camino más corto a modernizar el fútbol italiano y tras la Juventus varios equipos han decidido seguir su ejemplo. El primero en disfrutarlo ha sido el Udinese que ya juega en el moderno y coqueto Dacia Arena, un recinto para 25.000 almas. La Roma parecía que sería el próximo pero su proyecto de estadio, ya aprobado y presentado, está teniendo dificultades tras la llegada a la alcaldía de Roma del partido político “Cinque Stella”, que detectó irregularidades en el proyecto. Las últimas reuniones mantenidas por el Campidoglio y la directiva romana han sido, no obstante, positivas. Seguramente el proyecto sufrirá modificaciones pero saldrá adelante. Otros equipos tienen pensado hacer lo mismo pero todavía no hay nada tangible. Quien está más cerca es la Fiorentina, que mantiene desde hace meses constantes contactos con el ayuntamiento y espera presentar un proyecto definitivo a la mayor brevedad.

No sé sabe con certeza que pasará con San Siro, hoy compartido como siempre entre Inter y Milan, dos equipos que también están sintiendo en sus carnes otro de los fenómenos que quizás ayude al Calcio a volver a glorias pasadasLa entrada de capital extranjero. El grupo chino Suning tiene ya el 70 por ciento del accionariado del Inter de Milán mientras el actual presidente Erick Thohir se reserva el 30 por ciento restante. La compra, materializada este último verano, supone el fin de la era Moratti en el club neroazzurro. Una época de sombras y luces que, sin embargo, ha dado momentos históricos como el triplete de 2010. Sus vecinos milanistas parecen seguir el camino iniciado por el Inter y se espera que en marzo de 2017 se materialice la compra por parte de inversores chinos. El grupo Sino Europe Sports, en manos de su director general, Han Li, está en negociaciones desde verano con Berlusconi para la transferencia de poder.

Estos nuevos propietarios, llenos de incógnitas para los aficionados, coincidirán con las familias tradicionales del fútbol italiano. Los Agnelli siguen mandando en la Juventus y la figura de Andrea Agnelli, actual presidente, es una de las más prestigiosas de la Serie A tras la regeneración espectacular que comandó de una Juve muy tocada tras el Calciopoli y que ahora disfruta de una salud de hierro. Aurelio Di Laurentiis salvó al Napoli y parece dispuesto a invertir millones en convertir al club partenopeo en élite futbolística. Tampoco se pueden quejar en Florencia donde tras la refundación tomaron el mando los hermanos Della Valle, propietarios de la marca de zapatos Tods, y desde entonces el club viola goza de éxito deportivo y estabilidad económica.

Aún así, sigue habiendo los mismos problemas de siempre en el fútbol italiano. En 2014 desapareció (y se volvió a refundar) el Parma. La Lazio, a pesar de lo estupendamente bien que van esta temporada, tiene continuos problemas con su sector de aficionados más radicalizados, inmersos desde hace años en una guerra personal contra Lotito, propietario del club. Los ultras, a diferencia de otros países europeos donde la política actual es intentar deshacerse de su influencia, siguen siendo actores protagonistas del Calcio. En abril de 2012 los radicales del Genoa pararon un partido para obligar a los jugadores, alguno llorando, a quitarse la camiseta tras ir perdiendo 0-4. Una ignominia que dio la vuelta al mundo pero en Italia fue una más.

La mayoría de clubes sigue con una política errática de fichajes que muchas veces provoca que las plantillas se llenen de jugadores que no aportan nada. No se salvan los grandes que, como Roma o Inter, se han gastado ingentes cantidades de euros para no conseguir todos los éxitos que pensaban. No obstante, se ve un atisbo de esperanza en el fútbol italiano. Han surgido entrenadores jóvenes estos últimos años que parecen dotar al Calcio de más variantes y calidad futbolística. Nombres como Di Francesco o Montella, que tiene al Milan en puestos de Champions League después de muchos años de sinsabores. O Antonio Conte que, tras resucitar a la Juventus y hacer un más que digno europeo con la Nazionale, ahora lidera la flamante Premier con el Chelsea.

También da esperanza la hornada de jugadores jóvenes con talento y desparpajo que está brotando en el Calcio. Andrea Belotti, delantero del Torino que lleva 11 goles esta temporada y se está afianzando en el puesto de titular de la Nazionale italiana, encabeza una generación con jugadores de exquisita calidad como Bernardeschi, Locatelli, Rugani o Romagnoli, que serán fijos en la selección italiana la próxima década. Pero por encima de ellos destaca el que parece ya, con tan sólo 17 añitos, un jugador encaminado a ser legendario. Gigi Donnaruma, de 1,98 metros de altura y guardián de la puerta del Milan está deslumbrando a Europa con su agilidad, reflejos y precisa colocación. Buffon ya puede ir pensando en la retirada con total tranquilidad.

Más allá de estos jóvenes descarados y amables que traen consigo nuevos aires, el principal problema en Italia sigue siendo el dinero. El Parma desapareció en 2015 tras acumular una deuda insalvable. Cada cierto tiempo, ya sea por apuestas o por otras circunstancias, la policía o la federación vuelven a investigar el Calcio. El Calciopoli no supuso un punto final sino un precipicio que se salvó como se pudo en un recorrido que sigue teniendo muchos baches. Los estadios a menudo suelen aparecer todavía semivacíos y queda un mundo para que todos los equipos se modernicen y el Calcio pueda parecerse un poco a la Premier League. Mientras tanto, semana a semana los enfermos de esta liga caótica y absurda seguimos enganchados a una pasión y una forma de ser que a pesar de todos los males enamora como ninguna liga en el mundo.

Fuente foto principal: Valerio Pennicino (Getty Images)

Auge y caída de la Serie A (V) El Calciopoli

Auge y caída de la Serie A (V) El Calciopoli

A partir del año 2000 el Calcio empezó a mostrar signos de decadencia. Su escasa modernización, la violencia y la crisis económica salpicada de escándalos como Parmalat hicieron mella en la liga italiana que se iba quedando atrás ante la pujanza de la todopoderosa Premier League y el crecimiento de la Bundesliga. Aun así, en el año 2003, tres equipos italianos llegaron a semifinales de Champions propiciando un Milan-Juve en la final de Manchester y en 2005 los de Ancelotti repitieron, aunque esta vez cayeron en la famosa final de Estambul ante el Liverpool. El fútbol italiano se resistía a dejar su cetro de dominador, junto al fútbol español, de la década de los 90 pero faltaba la puntilla que heriría de muerte al Calcio.

La Serie A discurría con aparente placidez, dominada con mano de hierro por la Juventus, cuando saltó el Calciopoli.

Corría el año 2006 y los aficionados esperaban con la ilusión de siempre el futuro Mundial. La Serie A discurría con aparente placidez y dominada con mano de hierro por la intratable Juventus de Fabio Capello. La historia es conocida por todos. Poco antes de que se celebrara el Mundial de Alemania y con la Juve virtualmente campeona del Calcio sale a la luz una serie de llamadas de dirigentes del fútbol italiano de los equipos Juventus, Milan, Lazio y Fiorentina con el designador arbitral para influir en la asignación de colegiados. Fue el inicio de la investigación del mayor escándalo que ha asolado el Calcio en su historia y que acabaría con la Juventus en Serie B, sentenciada culpable de ilícito deportivo. El resto de equipos anteriormente mencionados junto con Arezzo y Reggina fueron castigados también con puntos de penalización.

El Calciopoli, diez años después de ese convulso verano, sigue marcando puntualmente la agenda informativa del Calcio. Fue el golpe definitivo para un fútbol que inició ahí una curva descendente de la que todavía anda lejos de recuperarse. El proceso penal continuó desde 2008 y durante la causa aparecen intercepciones telefónicas que fueron consideradas irrelevantes en 2006. Dichas conversaciones implicaban en los hechos del 2006 al Inter de Milan y la Juve lo presentó como prueba para revocar el título de campeón 2005-2006 que se le había asignado a la escuadra de Milán. La Juventus presentó en 2011 un recurso en el TAR (un tribunal administrativo regional pensado para poder recurrir sentencias de ese tipo consideradas por los afectados injustas o lesivas) en el que solicitaba una indemnización de 444 millones en concepto de los perjuicios ocasionados por un proceso, el del Calciopoli, en el cual según la tesis juventina no hubo justicia en el tratamiento a los distintos clubes. Será el próximo día 18 de julio cuando se proceda la resolución.

Recordemos que, en 2015, la sentencia de la causa penal sobre Luciano Moggi y Antonio Giraudo, considerados máximos responsables de la trama, fue anulada por el Tribunal Supremo por prescripción de los delitos.

La Juventus fue relegada a la Serie B, donde pasaría un año por primera vez en su historia.

En el proceso deportivo se investigaron 19 partidos y los tentáculos de la corrupción alcanzaron hasta las famosas moviolas de los partidos donde al parecer Moggi también influía para que se ocultaran o manipularan los errores arbitrales a favor de la Juve. En total, cuatro equipos, ocho dirigentes, once árbitros, siete dirigentes arbitrales y de la FIGC fueron imputados en la causa. La Juventus fue relegada a la Serie B, donde pasaría un año por primera vez en su historia.

El Calcio no levantó desde cabeza entonces. A pesar de la victoria del Milan en Champions tan sólo un año después y la del Inter en 2009, los equipos italianos empezaron a perder fuelle en Europa. Hasta entonces Italia era una dominadora nata en competiciones europeas con 11 Copas de Europa y 15 subcampeonatos, 9 Copas de la Uefa y 7 Recopas. Los 90 eran años donde las finales o enfrentamientos fraticidas en Europa eran comunes. Tras el Calciopoli aquello terminó, llegando el Calcio a perder la cuarta plaza de Champions League en favor de Alemania. Las grandes estrellas que ya habían empezado a elegir como opciones prioritarias tanto la Premier como Madrid o Barcelona a la hora de fichar empezaron a desertar en masa de la Serie A. Se podría considerar que la marcha de Pastore, Cavani o Alexis Sánchez son lógicas debido a que abandonaban sus escuadras para recalar en proyectos deportivos y económicos presuntamente más ambiciosos pero Inter, Milan o Juventus dejaron de ser destinos tan apetecibles como el resto de clubes grandes de Europa.

A la crisis económica que estaba viviendo el Calcio se unió una crisis social y de prestigio debido a la mala imagen que conllevó el Calciopoli. La que era la mejor liga del mundo en los 90 cayó en una decadencia de la que está intentando salir poco a poco en los últimos años.

Fuente foto principal: ROBERTO SALOMONE (AFP/Getty Images)

Auge y caída de la Serie A (IV) La sospecha del doping

Auge y caída de la Serie A (IV) La sospecha del doping

La generación nacida en los ochenta recuerda con gran cariño el Mundial de Estados Unidos de 1994. Probablemente, junto al de Italia, el primer campeonato del mundo que pueden recordar con claridad y una competición que fue, a ojos tanto infantiles como adultos, digna de su fama. El positivo de Maradona, el excelente estado de forma de Romario y Bebeto, los sorprendentes campeonatos de Suecia o Bulgaria, el bonito gol maradoniano de Al Owairan, jugador saudí abriendo una época nueva en el fútbol, la de la globalización, la total expansión del deporte rey como monarca absoluto en cualquier parte del mundo. Estados Unidos también nos recuerda a Roberto Baggio, coleta al viento, llevando sobre su espalda a la selección italiana hasta la final para fallar luego un penalti que le sangraría el resto de su vida. En octubre de 2008, catorce años después, Baggio tuvo que tirar también de corazón y de sangre pero para algo muchísimo más serio que el deporte de la pelota. Ante un Artemio Franchi completamente repleto, Il Divino Codino empujaba la silla de ruedas de Stefano Borgonovo, ex delantero de Fiorentina y Milan, al que el público de Florencia iba a prestar homenaje.

Borgonovo estaba aquejado de Esclerosis Lateral Amiotrófica, la ELA, una enfermedad degenerativa que acabó con la vida del exfutbolista en junio del 2013. El exdelantero, al final, sólo podía mover las pupilas pero mantuvo su lucidez hasta el último momento. La ELA es todo un ejemplo de extrema crueldad. El caso Borgonovo tuvo mucha repercusión en Italia y fuera de las fronteras transalpinas porque no fue el único futbolista que jugó en el Calcio durante los 80 diagnosticado con esta enfermedad. Se desconocen cifras oficiales pero un reportaje de La Gazzetta cifró en 39 los jugadores fallecidos desde 1973 por el también llamado Mal de Gehrig. La comunidad científica intenta encontrar la razón de esta alta incidencia en futbolistas del Calcio. Se ha especulado con el abuso de antinflamatorios o con el uso de pesticidas en los campos pero también corre la desagradable sospecha del doping generalizado.

Se desconocen cifras oficiales pero un reportaje de La Gazzetta cifró en 39 los jugadores fallecidos desde 1973 por el también llamado Mal de Gehrig…

El dopaje ha sido noticia recurrente cada cierto tiempo en el fútbol italiano. Una sombra que parece haber estado presente desde hace décadas. En 2004, Ferruccio Mazzola, hijo de Valentino y hermano de Sandro, publicó un libro en el que habló de las supuestas prácticas dopantes que se dieron en sus equipos: la Lazio, la Fiorentina y La Grande Inter de Helenio Herrera. Por esto último, el expresidente del Internazionale, Massimo Moratti, le demandó, causa que acabó ganando el exfutbolista. El lateral, que murió en 2013, acusaba al Mago de atiborrar de anfetaminas y otras sustancias ilegales a sus futbolistas y de haber causado la muerte prematura de cinco de ellos.

Ferruccio Mazzola, ex futbolista e hijo de Valentino y hermano de Sandro Mazzola, acusó a Helenio Herrera de atiborrar de anfetaminas y otras sustancias ilegales a sus futbolistas y de haber causado la muerte prematura de cinco de ellos…

Armando Picchi, capitán del equipo, falleció de un tumor a los 36 años. Marcello Giusti de cáncer de cerebro, Tagnin de huesos, Bicicli de hígado, Miniussi de cirrosis. Otro jugador, Longoni, sufrió vasculopatía y tuvo que usar silla de ruedas el resto de su vida. Según Mazzola, estos jugadores, todos suplentes, eran usados para probar todo tipo de sustancias. En la Roma, el equipo al que entrenó Herrera después de dejar el Inter, murió Giuliano Taccola de un paro cardiaco. Mazzola sostuvo que el chico había sido operado de amigdalitis, tenía fiebre y fue inyectado con las mismas sustancias que sus compañeros. La autopsia dictaminó ataque al corazón y el balón siguió rodando. Ninguna de las acusaciones del libro de Mazzola se ha demostrado en ningún procedimiento judicial.

La gran Fiorentina de los años sesenta y setenta, época dorada del club, también convive con la sombra del dopaje y la muerte. Ugo Ferrante, muerto en 2004 de cáncer de garganta., Adriano Lombardi muerto en 2007 de esclerosis, Nello Saltuli fulminado con 56 años de un infarto, jugaron en la Viola. Otros exjugadores fiorentinos han tenido graves problemas de salud como el mítico Antognoni (infarto a los 55 años) o Mimmo Caso que superó un cáncer de hígado.

El primero que abrió esta macabra veda fue Bruno Beatrice, centrocampista aguerrido de los años setenta que fallecía en 1987 de leucemia. Cuando sus excompañeros empezaron a sufrir problemas de salud similares, la viuda, Gabrielle empezó a sospechar y denunció que los jugadores eran dopados sistemáticamente y, además, sufrían terapias médicas agresivas con el objetivo de mejorar su rendimiento o adelantar el tiempo de curación de lesiones. La viuda reveló que su marido y su excompañeros recibían tratamiento de electroterapia para curar simples pubalgias o tomaban estimulantes antes de los partidos importantes. Según Gabrielle, cuyo relato roza el terror, Bruno tenía el brazo lleno de pinchazos y sufría temblores durante los dos días posteriores a cada partido. Prácticas que, al parecer, eran de sobra conocidas y generalizadas en el Calcio de los 70 y 80.

Flirtear con el límite de lo legal y lo ilegal, exponer al cuerpo al máximo usando todo lo que se pueda, experimentar sin mesura con el cuerpo de unos deportistas hasta explotarlos por encima de lo humanamente posible ha sido una constante en todo el mundo del deporte y lo siguió siendo en el Calcio durante los años 90, la época más brillante del fútbol italiano. Tan aceptado estaba este juego insano que el famoso defensa Cannavaro no tuvo ningún reparo en dejarse grabar antes de la final de la Copa de la UEFA de 1999 inyectándose una supuesta sustancia dopante entre risas y camaradería. El hoy, prestigioso técnico del Bayern de Munich, Pep Guardiola, dio positivo por nandrolona cuando jugaba en el Brescia en 2001. Otros famosos futbolistas también tuvieron tests positivos que apuntaban dopaje como Davids, Stam o Couto.

Pep Guardiola dio positivo por nandrolona cuando jugaba en el Brescia en 2001. Otros famosos futbolistas también tuvieron tests positivos que apuntaban dopaje como Davids, Stam o Couto…

Más allá de casos puntuales, el gran escándalo del dopaje de los últimos años fue el presunto uso de sustancias dopantes de manera continuada por la Juventus en los años 90. El Tribunal Supremo, en marzo de 2007, declaró la prescripción del delito de fraude deportivo contra el exadministrador delegado de la Juventus y el jefe de los servicios médicos, Antonio Giraudo y Riccardo Agricola, aunque mantuvo probado el uso ilícito por parte de los jugadores de la Juve de medicamentos. Es decir, entre los años 1994 y 1998, los futbolistas del club turinés tomaron fármacos con un objetivo no terapéutico. El uso fue de dos maneras, o bien crónico como se  demostró había pasado con Antonio Conte u ocasional para recuperar antes ciertas lesiones como fue el caso de Alessio Tacchinardi. El juicio vino a dar la razón a Zdenek Zeman, quien a principios de los años 2000 abrió la caja de los truenos y advirtió del dopaje generalizado en el Calcio y del abuso de sustancias como la EPO destinada a mejorar el rendimiento de los jugadores.

Todos estos procesos y escándalos arrastrados desde hace décadas fueron minando el prestigio del fútbol italiano que cronificaba una enfermedad que le consumía ante la pasividad de la mayoría de personas implicadas. Como las desgracias suelen venir acompañadas, la investigación por dopaje a la Juventus fue el casual inicio de otro escándalo aun mayor que acabaría dinamitando totalmente el Calcio. Si poco a poco la Serie A iba cayendo enferma, el Calciopoli originado tras unas escuchas telefónicas tras el caso del doping, dio la definitiva herida de muerte a la que fuera la mejor liga que jamás existió. Pero eso, dentro de la historia interminable del Calcio, es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Fuente imagen principal: GIULIO NAPOLITANO (AFP/Getty Images)

*Zeman denunció a principios del 2000 el dopaje generalizado en el Calcio italiano.

Auge y caída de la Serie A (III) El crack de la burbuja

Auge y caída de la Serie A (III) El crack de la burbuja

Durante la época de mayor apogeo de la Serie A repasar las plantillas de los equipos equivalía a cansar la vista pasando de crack en crack. Desde Maradona a Platini, desde Zico a Falcao, desde Van Basten a Roberto Baggio el desfile de estrellas no tenía fin. Todos los jugadores del mundo querían jugar en Italia, la liga más competitiva del continente. Este rutilante plantel se mantenía como se puede suponer, con dinero, dinero y dinero. Grandes empresarios se habían hecho cargo de los clubes italianos y mantenían inagotable el caudal de parné necesario para convertir a los equipos italianos en los mejores de Europa. Pero los cimientos financieros del Calcio eran muy débiles y cuando éstos estallaron en mil pedazos comenzó el declive de la liga, su modelo de negocio quedó obsoleto y los clubes empezaron a tener dificultades. Desde el 2000 los italianos volvieron a asistir a un carrusel de crack en crack. Pero esta vez no eran los futbolísticos, sino cracks financieros. La burbuja del fútbol italiano se había hecho pedazos.

IMPERIOS CON PIES DE BARRO. CASO PARMALAT Y CASO CIRIO.

El caso Parmalat y el caso Cirio fueron dos de las quiebras más mediáticas que afectaron al fútbol italiano durante los últimos años. Parmalat era una multinacional láctea que llegó a ser líder de su sector y paradigma del llamado capitalismo familiar italiano, donde grandes empresas eran controladas por familias. Parmalat fue fundada en 1961 por Calisto Tanzi y dentro de sus innumerables expansiones también se hizo con el control del Parma, un club más bien modesto de la Emilia Romagna que gracias al dinero del imperio lácteo comenzó a codearse con los grandes de Italia y de Europa. El club ganó ocho trofeos desde 1992 a 2002, entre ellos, dos Copas de la Uefa. Pero en 2003, estalló el escándalo y se supo que la compañía que había obtenido 251 millones de beneficio neto en 2002 y era supuestamente un grupo rentable llevaba falseando sus cuentas al menos 15 años. La multinacional se declaraba en suspensión de pagos y el ex presidente del Parma y fundador de la empresa láctea, Calisto Tanzi, era arrestado. El escándalo dejo a la ruina al equipo, ya que supuso una deuda de 14.000 millones para el imperio Parmalat. El club es declarado insolvente en 2004. Los días de vino, Uefas, estrellas y rosas se habían acabado.

El escándalo Parmalat dejo a la ruina al equipo (al Parma), ya que supuso una deuda de 14.000 millones para el imperio Parmalat. El club es declarado insolvente en 2004. Los días de vino, Uefas, estrellas y rosas se habían acabado.

Algo similar ocurrió con el grupo Cirio, una industria alimenticia que controlaba el 51 por ciento de las acciones de la Lazio. Al estilo de Parmalat, la empresa se declaró insolvente. Sergio Cragnoti, el presidente de Cirio y de la Lazio, fue detenido, al igual que Tanzi. La Lazio había acaparado portadas durante los años gloriosos del Calcio no sólo por sus éxitos deportivos sino también por fichajes multimillonarios como Mendieta (48 millones de euros) o Hernán Crespo (55 millones). Lazio y Parma fueron el paradigma de la burbuja ficticia del fútbol italiano, los nuevos ricos asentados en pies de barro. Pero los problemas financieros iban a afectar a más.

VOLVER A EMPEZAR

Cirio y Parmalat fueron los casos más mediáticos pero otros clubes históricos italianos han tenido que desaparecer y volverse a fundar durante estos años después de múltiples problemas económicos. Como lo hizo la Fiorentina en 2002. El club viola, otro de los grandes nombres que dieron lustre al fútbol italiano, sufrió las consecuencias de la grave crisis financiera que padecía la familia Cecchi Gori. Vittorio Cecchi Gori era otro típico patriarca italiano que levantó un imperio, en su caso cinematográfico, se rodeó de su familia para su gestión y desarrollo y acabó rindiendo cuentas la justicia por irregularidades financieras. La Fiorentina tuvo, aquel año, que vender a sus mejores futbolistas (Toldo, Batistuta, Rui Costa) pero aun así no pudo superar la bancarrota y desapareció. En la temporada 2002/2003 una maniobra del entonces alcalde de Florencia, Leonardo Domenici, del consejero de deporte Eugenio Giani y el empresario dueño de Tods, Diego Della Valle, consiguió salvar el fútbol en la ciudad toscana y se refundó el equipo como Fiorentina 1926 Florentia salvaguardando los colores, el escudo y la historia.

En la temporada 2002/2003 se consiguió salvar el fútbol en la ciudad toscana y se refundó el equipo como Fiorentina 1926 Florentia salvaguardando los colores, el escudo y la historia

Otro empresario fue el que salvó también al Napoli de la desaparición. El club partenopeo, el que más masa social tiene en el sur, desapareció en 2004 y fue el productor cinematográfico Aurelio Di Laurentiis el que aportó 40 millones de euros para que el club donde se hizo leyenda Maradona no pasara a ser historia. El Napoli tuvo que empezar desde C1, como la Fiorentina lo hizo en C2 y no fueron los únicos en tener que comenzar desde cero en la primera década del siglo XXI.  Las deudas también ha traído por el camino de la amargura al Torino que fue refundando en 2005 y multitud de pequeños equipos como Piacenza, Taranto, Arezzo, Messina, Venecia, Triestina, Perugia, Salernitana, Foggia o Pisa, entre otros han tenido que volverse a fundar y empezar desde las catacumbas del infracalcio.  Hoy en día, el peligro de la desaparición económica vuelve a sobrevolar al maltratado Parma o al Brescia, equipo para el que está buscando inversores el gran Andrea Pirlo.

SE CERRÓ EL GRIFO

Hemos visto hasta ahora los casos más graves del estallido de la burbuja del Calcio pero las dificultades económicas han afectado en general a todos los equipos italianos. La época de los fichajes millonarios pertenece ya al pasado. El Inter acumula una deuda de 120 millones de euros al año mientras su vecino Milan llega a los 60 por temporada. De hecho, Silvio Berlusconi anunció hace unos meses que el grifo se cortaba y que no iba a financiar más al Milan con su fortuna personal. En la temporada 2002-2003 la Roma (y la Lazio) estuvo a punto de no poder disputar la liga por haber acumulado deudas por valor de 200 millones de euros. Es cierto que no todos los equipos han sufrido igual la crisis y que, por ejemplo, la Juventus a pesar, incluso, del golpe económico del Calciopoli, ha sabido mantener la salud de sus finanzas de manera aceptable. Y también es cierto que otros equipos como Napoli o Fiorentina después de que hayan sido refundados han logrado consolidar proyectos deportivos interesantes con buena salud económica. Pero en cuestión de dinero, la Serie A está hoy en día a años luz de los grandes del continente (Madrid, Bayern, Barcelona) y de la Premier, auténtico modelo monetario hoy en día.

UN MODELO CADUCO

El modelo de dueño de equipo italiano durante la época gloriosa respondía prácticamente siempre al mismo tipo. Los clubes italianos eran propiedad de familias que gestionaban un imperio del cual un equipo de fútbol era la guinda. Lo explicaba durante la quiebra de Parmalat, el profesor de política económica de la Universidad Bocconi, Francesco Gianazzi  “El capitalismo italiano es todavía un sistema en el que pocas familias controlan grandes porciones de la economía”. Para Calisto Tanzi y otros muchos como él todo era parte del clan, de la misma olla, por lo que transferencias de miles de millones a su club o a la agencia de viajes de su hija era algo para él normal.  Berlusconi en Milan, los Moratti en el Inter, los Agnelli en la Juventus, los Sensi en la Roma, los Pozzo en Udinese y otros muchos más son significativos del modelo, con mejores y peores gestiones.

El Calcio no ha logrado encontrar una forma de activar su economía y conseguir que los clubes vuelvan a ganar suficiente dinero para que les permita competir en Europa. Ni siquiera los mejor gestionados como la Juventus pueden hacer los fichajes que hacen el United, el PSG o el Madrid.  Una vez que el modelo anterior se hizo insostenible y que los clubes ya no pueden vivir  en su mayor parte del flujo de dinero de las empresas de su dueño el  importe dedicado a pagar sueldos y fichajes se vio reducido y alejado de otras ligas europeas.  En los últimos años se vislumbra algún intento por buscar otro modelo pero de ello hablaremos en el próximo número.

Fuente imagen principal: PAOLO COCCO (AFP/Getty Images)

*Aledaños del estadio Ennio Tardini, en 2004.

Auge y caída de la Serie A (II) La violencia

Auge y caída de la Serie A (II) La violencia

La estampa era dantesca. Indignante, lamentable, terrible y cualquier abyecto adjetivo, salvo sorprendente. En muchos países lo hubiera sido pero en Italia era una estampa común, lo habitual a pesar de su terrible simbolismo. “Genny, el Carogna”, jefe ultra napolitano, hijo de un capo de la Camorra, encaramado en una valla exigiendo, mandando sobre decenas, cientos de ultras que se negaban a que una final de Coppa de Italia se disputase. Era el 4 de mayo y Fiorentina y Napolés se tenían que jugar el título, pero horas antes del partido un hincha napolitano era disparado por ultras de la Roma, ultras que no tenían nada que ver con la final pero que odian al Napoli y que no tenían nada mejor que hacer un sábado que liarla. Otros radicales, los del Napoli, liderados por el amigo Genny, llegaron al estadio dispuestos a boicotear como fuera la final. Tuvo que ser Hamsik, el capitan del club partenopeo, el que negociara con ellos para que “dejasen” disputar la final. Una banda de ultras decidía en un país occidental y con pleno estado de derecho al menos sobre el papel, si se iba a disputar un partido de fútbol. Ante la mirada de Matteo Renzi, el primer ministro y toda la plana mayor de la política italiana. Para añadir más escarnio al episodio, el Carogna llevaba una camiseta pidiendo la liberación de un ultra que fue condenado por asesinar a un policia.

Si el fútbol italiano tiene un problema que se escapa más allá de lo deportivo es, sin duda, el tema de la violencia en las gradas. Un problema, el de los ultras violentos que a pesar de alguin intento de remediarlo sigue sin tener visos de solución y que es una de las causas del vacio en las gradas que se puede ver cada jornada. Una horrible estampa de la decadencia de la serie A.

El fenómeno de la violencia en las gradas de los estadios apareció en los años 60 con los hooligans ingleses y pronto el fénomeno se extendió por otros países europeos, entre los que se encontraba Italia. La cultura ultra se extiende en el país en una época convulsa políticamente con ideologías extremas campando a sus anchas. Los 70, recordamos, son la época de las Brigadas Rojas, del auge del Partido Comunista y de partidos fascistas y de ultraderechistas enrolados en sus propios grupos terroristas. La Fossa Dei Leoni del Milan y los Boys del Inter fueron los primeros grupos ultras que aparicieron en el Calcio. Muchos de ellos, sobre todo en los años 70, se identificaron con posturas políticas. Esto sigue vigente en algunos grupos como los Irriducibili de la Lazio, extrema derecha, o la curva del Livorno tradicionalmente asociada a la extrema izquierda y donde es habitual ver banderas comunistas y afiches del Che Guevara. Pero la mayoría de los ultras italianos, a diferencia de lo que pasa en España, dan más importancia a la afiliación futbolística que a la política. Todos son capaces de aliarse si el Estado o la Policía, su peor enemigo, decide actuar contra ellos. Y el poder de los ultras en Italia es es más que considerable como avisaba hace unos años el extrenador de Roma, Milan o Juve, el inefable Fabio Capello al acusar de que “el fútbol italiano está en manos de los ultras”.

En Italia, todos los ultras son capaces de aliarse si el Estado o la Policía, su peor enemigo, decide actuar contra ellos.

Según el Gobierno, ahora mismo en Italia hay 403 grupos ultras, 70 de ellos con connotaciones políticas, 40 de extrema derecha y 20 de extrema izquierda. Situados en los fondos de los vetustos estadios italianos, mientras las tribunas se vacían cada vez más, los ultras han protagonizado a lo largo de 40 años auténticas desgracias. La final de Coppa de este año ha sido la última gota, pero ya antes, en 2004 los ultras de la Roma obligaron a suspender un Lazio-Roma difundiendo el falso rumor de la muerte de un niño a manos de la policía en los incidentes que ocurrieron en los aledaños. Como Hamsik, a Totti también le tocó negociar con la bestia mientras televisiones de todo el mundo grababan la surrealista negociación.

En los últimos 20 años el fútbol italiano ha tenido que parar dos veces por dos muertes asociadas a la violencia ultra. En 2007 un policía siciliano fallece de una brutal pedrada en medio de unos incidentes entre radicales del Palermo y del Catania. El nombre del ultra condenado por este hecho era el que aparecía en la camiseta del Carogna durante los incidentes de la Coppa. En 1995 moría asesinado Vincenzo Spagnolo tras ser apuñalado por un ultra del Milan. Quizá éstos sean los hechos más mediáticos pero hay una sucesión ininterrumpida de lamentables incidentes en el fútbol italiano que parece no tener fin. En 2012, Giuseppe Sculli, jugador del Genoa, acaba llorando en el césped de Marassi después de que sus ultras les exigieran entregar las camisetas por ir perdiendo un partido por 4-0. La Nocerina fue descendida de categoría porque sus jugadores simularon lesiones para no jugar un partido con la Salernitana que sus ultras les exigieron no disputar ya que ellos tenían prohibido acudir. Y etcétera, etcétera, etcétera…en una continua retahila de vergüenza y horror. Tantas veces ha sido protagonista el Calcio en otras secciones de periódico más allá de las páginas deportivas que es imposible que el fútbol no se resienta. La violencia ultra ha ido echando a familias y aficionados pacíficos de los estadios y el cemento sigue siendo lo más extendido de los viejos campos italianos. El peor cáncer para un fútbol ya de por sí enfermo.

La violencia ultra ha ido echando a familias y aficionados pacíficos de los estadios y el cemento sigue siendo lo más extendido de los viejos campos italianos.

Los distintos gobiernos italianos han intentando poner medidas para poner freno a la violencia. La más conocida y comentada fue el decreto Pisanu. Esta ley preveía la adecuación y transformación de los estadios italianos para que cumplieran las medidas estándar de seguridad de los estadios europeos. Según las nuevas reglas todos los estadios deberían tener un código de comportamiento, videovigilancia, se deberían vender entradas numeradas y con nombre y tener tornos a la entrada entre otro tipo de medidas. Lo cierto es que a día de hoy la inmensa mayoria de estadios italianos sigue sin tener las infraestructuras adecuadas mientras clubes y políticos se acusan mutuamente. El problema de la violencia traspasa el fútbol y se entronca directamente con una clase política y una sociedad con graves problemas. Muchas localidades y regiones del sur han estado abandonadas a su suerte durante decadas, el servicio de correos funciona deficientemente y un viaducto es capaz de hundirse a las pocas semanas de inaugurarse. Italia no es un país donde cumplir una ley sea un camino de rosas. Cambiar un simple torno en una puerta en un estadio italiano se convierte en una odisea de papeleo, lavados de manos y eximiciones de responsabilidad. Muchos clubes se negaron a hacer las reformas pertinentes por falta de dinero. También se han implementando multas contra cánticos o exhibiciones de racismo, xenofobia o apología de la violencia, pero lo cierto es que a día de hoy no ha habido grandes avances significativos y los ultras violentos siguen campando a sus anchas. Lejos del negocio para familias que impulsa la Premier, el fútbol  italiano se desangra desde sus gradas hasta el césped.

Fuente imagen principal: Getty Images.

*Gennaro De Tommaso, jefe de la sección ultra del Napoli, ‘negocia’ durante la final de la Coppa Italia de 2014.