ConIFA, el mundial de los olvidados

ConIFA, el mundial de los olvidados

La lista de invitados está completa. Para algunos será la primera vez que participen en un evento de esta talla, otros repiten participación. El título no es obsesión para la mayoría de los competidores, que tienen como objetivo principal disfrutar al máximo la experiencia. 2018 será un año inolvidable para todos ellos, en la máxima fiesta de su fútbol.

El escenario de esta fiesta no será Rusia, ni serán 32 los participantes. 16 selecciones que representan a naciones, regiones y poblaciones minoritarias participarán en la tercera edición de la Copa Mundial ConIFA, a celebrarse del 31 de mayo al 10 de junio en Londres, lejos de los reflectores y el impacto mediático que atrae la Copa del Mundo de la FIFA.

La Copa Mundial ConIFA se celebra del 31 de mayo al 10 de junio en Londres, lejos de los reflectores y el impacto mediático que atrae la Copa del Mundo de la FIFA

La Confederación de Asociaciones de Fútbol Independiente (ConIFA, por sus siglas en inglés) es la federación de fútbol que desde 2013 agrupa a las asociaciones no reconocidas por la FIFA, entre las que se encuentran naciones, naciones de-facto, regiones, poblaciones minoritarias y territorios que se encuentran aislados del deporte. A través de su labor, la ConIFA tiene como objetivo construir puentes entre los pueblos, las naciones, las minorías y las regiones aisladas de todo el mundo a través de la amistad, la cultura y la alegría de jugar al fútbol”.

El precedente de la ConIFA lo sentó la Non-FIFA Board (N-F Board), organización nacida en 2003, como iniciativa de Christian Michelis y Jean-Luc Kit para dar espacio a los territorios que la FIFA no aceptaba como miembros. Uno de los principales logros de la N-F Board fue la VIVA World Cup, celebrada en cinco ocasiones, donde selecciones de los diversos territorios y poblaciones tuvieron la oportunidad de disputar una competición internacional por primera vez.

La Confederación de Asociaciones de Fútbol Independiente (ConIFA, por sus siglas en inglés) es la federación de fútbol que desde 2013 agrupa a las asociaciones no reconocidas por la FIFA

Sin embargo, la N-F Board se deshizo en 2013 debido a conflictos internos, al mismo tiempo que ConIFA ganó prestigio y reconocimiento. Para Sascha Düerkop, secretario general, la meta principal de la organización es dar lugar en el escenario global a los “forasteros” del fútbol. A través de este espacio, los jugadores de las diversas selecciones pueden jugar fútbol a nivel internacional de forma regular o por primera vez, e incluso en algunos casos permite cumplir el deseo de representar a otra nación, a pesar de jugar para un país reconocido por la FIFA.

Al respecto, Sarhank Nader, jugador de la selección de Kurdistán y también seleccionado de Irak, compartió para Al-Jazeera su sentir acerca de la oportunidad que brinda ConIFA: “Cuando juego para la selección de Iraq me siento un poco extraño. No siento que estoy representando a mi nación sino a un estado compuesto. Pero cuando juego por mi pueblo, me siento tan emocionado como si estuviera a punto de casarme”.

Incluso en algunos casos permite cumplir el deseo de representar a otra nación, a pesar de jugar para un país reconocido por la FIFA

La ConIFA cuenta en la actualidad con 47 miembros, ocho más que la N-F Board a su final, y los divide en seis zonas continentales: África, Asia, Europa, Latinoamérica, Norte América y Caribe y Oceanía. Además de regir los juegos amistosos y celebrar el Campeonato Mundial ConIFA cada dos años, la organización, con sede en Suecia, organiza la Copa Europa de Fútbol ConIFA; la intención a largo plazo es realizar más campeonatos continentales, además de incrementar los torneos internacionales e incluso dar pie a la creación de equipos femeniles y juveniles.

El órgano rector de los forasteros se financia a través de patrocinios y donativos, así como de lo recolectado en los torneos que organiza, y sus miembros participan de forma voluntaria. La Copa Mundial no otorga beneficio económico e incluso su realización llega a representar pérdidas económicas, pero ni eso logra hacer mella en los organizadores y los participantes.

Dada la naturaleza de varios de los representativos, mantener la neutralidad política puede ser difícil para los jugadores y para la organización. Tal ha sido el caso de presiones recibidas por parte de Georgia y Azerbaiyán, ante la realización de la Copa del Mundo 2016 en Abjasia, territorio en el norte de Georgia, o de China ante la participación del Tíbet en la edición de 2018. Ante estos escenarios, Düerkop asegura que ConIFA hace todo lo posible por dejar lo político atrás, enfocándose en la parte deportiva y cultural.

LA COPA MUNDIAL ConIFA

La primera edición del torneo se llevó a cabo en 2014, teniendo como anfitrión a Laponia, en Östersund, Suecia. A la par del evento se llevó a cabo un evento con el fin de promover la diversidad cultural de los 12 participantes, ocho de los cuales ya habían disputado la Viva World Cup.

Los invitados al evento inaugural fueron el Kurdistán iraquí; Padania (región del norte de Italia); Laponia (representante del pueblo Sami de Suecia, Finlandia, Noruega y Rusia); la selección del Condado de Niza (Francia); el Pueblo Arameo (Asia); la república de Nagorno-Karabaj (población de mayoría armenia en Azerbaiyán); la región de Occitania (Francia, Italia y parte de España); Osetia del Sur (Georgia), Abjasia (parte de Rusia y Georgia); Darfur (región oeste de Sudán); la selección de Ellan Vannin (Isla de Man) y el representativo de Tamil Eelam (diáspora Tamil de Sri Lanka).

El título de la edición 2014 se lo llevaría el Condado de Niza, tras derrotar en penales a la selección de Ellan Vannin. El cuadro de honor lo completaría el Pueblo Arameo, que derrotó a Osetia del Sur en la lucha por el primer puesto.

El siguiente anfitrión sería Abjasia, en 2016. Por primera vez se llevó a cabo un sistema de calificación al Mundial, donde los partidos y torneos amistosos servirían como parámetro para otorgar los lugares. En este torneo hicieron su debut las selecciones de Armenia Occidental, Chipre del Norte, Islas Chagos (archipiélago en el Océano Índico), Punjab (diáspora punjabi), Recia (parte de Suiza), Somalilandia (región autónoma de Somalia), País Székely (etnia húngara en Rumania) y Coreanos Unidos en Japón (diáspora coreana), sumándose a Abjasia, Kurdistán, Laponia y Padania.

Para la edición 2016 se llevó a cabo por primera vez un sistema de calificación al Mundial, donde los partidos y torneos amistosos servirían como parámetro para otorgar los lugares

La Copa no contó con la participación del campeón reinante, Niza, debido a recomendaciones de no viajar a Abjasia por seguridad. El título se definió de nueva cuenta en penales, coronándose la nación anfitriona frente a la selección de Panjab, mientras que Chipre del Norte ocupó el tercer lugar.

Para la edición a disputarse en 2018 el cupo aumentó a 16 equipos, calificándose mediante el sistema de ranking por puntos a través de partidos amistosos. El anfitrión será la diáspora somalí (Barawa), pero el torneo se llevará a cabo en Londres por cuestiones de seguridad. Abjasia y Padania participarán por tercera vez, con Tamil Eelam, Armenia Occidental, Punjab, Ellan Vannin, Coreanos en Japón y el País Székely teniendo su segunda oportunidad.

Las selecciones que participan por primera vez serán los Barawa, en su papel de anfitriones; Cabilia (norte de Algeria); Matabelilandia (oeste de Zimbabwe); Felvidék (minoría húngara en Eslovaquia); el Tíbet; Cascadia (región de Estados Unidos y Canadá) y Kiribati (estado soberano en el Océano Pacífico), destacando la participación de estos últimos como primeros invitados de Norteamérica y Oceanía, respectivamente

El cupo aumentó a 16 equipos para la Copa Mundial ConIFA 2018, calificándose mediante el sistema de ranking por puntos a través de partidos amistosos

Con los 16 invitados ya definidos, el sorteo de los grupos se hará en las próximas semanas, quizá a la par del sorteo para Rusia 2018. Competir con un evento de esa magnitud claramente no está en los planes, pero los objetivos a futuro están bien definidos. El glamour, los millones en juego y las asistencias multitudinarias no son prioridad. Para la ConIFA, lo importante es que sus miembros sientan que hay lugar para ellos en el mundo del fútbol.

Fuente imagen principal: ConIFA.

La Guerra del Futbol

La Guerra del Futbol

Un año antes a la cita del Mundial de México en 1970 y con motivo de la clasificación hacia la misma, Honduras y El Salvador se veían obligados a disputarse un plaza que se alargó más de la cuenta. Un partido de desempate en el que el fútbol, una vez más, se vio inmerso en disputas políticas que utilizan al balón como excusa para potenciar conflictos que poco o nada se parecen.

Alejándonos nosotros también de los terrenos de juego, cabe recordar que más de 100.00 salvadoreños trabajaban en territorio catracho, la mayoría en el campo, como peones de empresarios hondureños. Los salarios eran mínimos y con motivo de la necesidad económica toleraban el abuso del terrateniente hondureño, mientras que la población local les acusaba de quitar puestos de trabajos nacionales a cambio de jornales ínfimos. Poco a poco la población de El Salvador se hacía más y más fuerte en el país vecino llegando a controlar muchas de sus fincas y tierras. Esta situación provocaría que los meses previos al conflicto final en Honduras se creara la Mancha Brava, un escuadrón clandestino cuyo fin no era más que asustar a la población vecina que sudaba las tierras en su país llegando incluso a maltratar y asesinar a muchos de los ciudadanos. En 1969 Honduras realizó una reforma agraria que propició la expulsión y expropiación de terreno de miles de salvadoreños que durante décadas habían trabajado para el país en condiciones extremas. Fidel Sánchez, entonces presidente de El Salvador, acusó incluso de violación de los Derechos Humanos. Más de 150.000 trabajadores fueron forzados y obligados a volver a su país. La situación en El Salvador era crítica y la reinserción económica para los repatriados a sus fronteras no logró satisfacer las necesidades. La presión social derivó en un Guerra Civil para el país centroamericano: El 14 de julio de 1969 el ejército salvadoreño decidió atacar Honduras llevando el enfrentamiento político a las armas. Aunque solo duró cuatro días, teniendo que intervenir Estados Unidos, dejó más de 5.000 muertos civiles y casi 20.000 heridos a la denominada como Guerra de las 100 horas.

Volviendo al balón, y bajo este dicho popular, se iba a disputar el 26 de junio de 1969 en el Estadio Azteca de México un tercer encuentro de desempate que desencadenaría, según los reporteros Ryszard Kapuscinski y Bob Dickens, “La Guerra del Futbol”, como decidieron denominar al conflicto bélico que un mes después iba a llevarse a cabo y que, evidentemente, se alejaba de la realidad.

La ida en Honduras el 8 de junio había acabado con 1-0 y la vuelta en el país salvadoreño el 15 del mismo mes por 3-0, también para el equipo local, lo que dejaba a una sola final en campo neutral la resolución final por el puesto centroamericano en México 1970 pues la cantidad de goles marcados por ambos equipos no era relevante, únicamente el signo del encuentro.

El Salvador celebró por todo lo alto su única clasificación a una fase final tras llevarse el gato al agua por 3-2 en Ciudad de México. Su victoria ante el país vecino, rival futbolístico y en aquel momento principal rival político, era un plus de alegría pocos días antes de escribirse una de las líneas más negras de la historia entre ambos países.

Aquella trilogía de encuentros pasará a los anales de este deporte no solo por hacer que El Salvador lograse llegar a México o que la H cayese eliminada ante el peor rival posible. También por ser el triste telonero de una masacre que nunca debió llevarse a cabo. ¿Fútbol y política? El pretexto perfecto. Pero… ¿Por qué?

Fuente imagen principal: MARVIN RECINOS (AFP/Getty Images)

*Salvador Mariona, ex futbolista de El Salvador, participó en el Mundial de 1970, además de en los tres partidos mencionados anteriormente ante Honduras. La fotografía se tomó durante una entrevista con AFP en San Salvador, el 18 de abril de 2016. 

Óscar Duarte, la llave de Brujas

Óscar Duarte, la llave de Brujas

Corría julio de 1979 cuando en Nicaragua estalló la Revolución Popular Sandinista, protagonizada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que puso fin a la dictadura de la familia Somoza. Esta revolución inició el auge de lo que sería una migración prolongada de nicaragüenses hacia la vecina Costa Rica. Allí no siempre se recibía de buenas maneras a los autoexiliados vecinos que cambiaban de hogar en busca de una vida mejor. En 1994, quince años después del estallido de la revolución y cuatro años después de que esta se diera por finalizada, la familia de Óscar Duarte viajo de Nicaragua a Costa Rica por motivos diferentes: la pobre situación económica que vivía su país de origen. Duarte solamente contaba con cinco años a la hora de dejar Nicaragua y abrazó Costa Rica como su nuevo hogar.

En Nicaragua el deporte principal es el béisbol y pese a ello, Óscar Duarte siempre mostró preferencia por el fútbol. El fútbol en el país centroamericano es precario aún comparándolo con el de los países que lo rodean y cuando Duarte llegó a Costa Rica se encontró con lo que bien podría ser un paraíso del fútbol. Allí, el pueblo tico idolotraba al deporte rey y el pidió a su familia que lo apuntara a una escuela donde podría jugar al fútbol de forma más continua. Poco después el Deportivo Saprissa, uno de los clubes más importantes del país, se fijó en él y se hizo con sus servicios. Duarte debutaría en la última temporada de Keylor Navas en el fútbol tico, cuando el zaguero solamente contaba con 20 años. Una cesión al Puntarenas y dos temporadas más en el primer equipo del Saprissa le valieron para que la selección nacional se fijara en él y lo incluyera como un fijo en sus listas de convocados. Sin embargo, no solo la selección puso los ojos sobre Duarte, también lo hicieron en Europa.

Pese a que el deporte mayoritario en Nicaragua es el béisbol, Óscar Duarte siempre mostró preferencia por el fútbol. Tanto que a su llegada a Costa Rica, pidió a su familia que lo apuntara a una academia de fútbol. De allí lo fichó Saprissa…

El Club Brugge había contratado al español Juan Carlos Garrido para que consiguiera que el histórico equipo belga volviese a conquistar un título de liga años después de haber cosechado el último – este data de la temporada 2004/05 – pero sin embargo, los problemas en defensa estaban haciendo difícil alcanzar semejante objetivo. Carlos Bacca se había asentado definitivamente, Maxime Lestienne no paraba de crecer, Víctor Vázquez y Odidja Ofoe manejaban el centro del campo y Akpala y Vleminckx aún torpedeaban porterías vistiendo los colores del equipo norteño. Pero en defensa nada funcionaba. Ryan Donk mostraba cualidades pero en la cabeza algo se le cortocircuitaba muy de vez en cuando, Jordi Figueras no acababa de encontrar la relación ideal con el entrenador y los jóvenes apretaban desde el filial pero aún sin suficiente fuerza… Había que fichar algo.

Óscar Duarte llegó a Marbella en enero, durante el stage invernal del equipo belga, y en diez días convenció al equipo técnico y al directivo de que pagaran los 150.000 euros – según cifras no oficiales – que pedía Saprissa por él. Se adaptó al momento y se convirtió en un futbolista esencial en el once de Garrido, nadie lo sacaba del once titular. “Su integración es impresionante. No hay que olvidar que viene de Centroamérica, de una cultura y un clima diferentes. Se ha adaptado a Bélgica rápidamente, es una sorpresa. Ha sido como un regalo caído del cielo. Es un defensor muy completo: posicionalmente fuerte, bueno en la cobertura y con grandes conocimientos técnicos” comentaba Garrido, una y otra vez, cuando le preguntaban por el defensor tico de origen nicaragüense. Llegó y firmó por temporada y media pero no tardó en engrosar el contrato y extender su permanencia, al menos, hasta 2017.

“En diciembre no me imaginaba que para enero iba a estar jugando en Europa, en un club tan grande de Bélgica. No me lo esperaba. Las ganas que tengo de triunfar son las que me han hecho adaptarme rápidamente’’ o ‘’desde que llegué me han tratado muy bien en el club, me han ayudado en todo. Estoy acostumbrado a la vida aquí. Se vive tranquilo en Bélgica. Soy feliz con mi esposa y con mis amigos. No ha sido ningún problema la adaptación’’ han sido algunas de las numerosas declaraciones que ha hecho el internacional tico sobre su estancia en Bélgica. Sin embargo, más allá de la tranquilidad que le da a un futbolista un país como Bélgica, – vemos en numerosas ocasiones a los futbolistas hacer vida normal, tanto en las redes sociales como en la ciudad donde residen, muy lejos de la prensa o del acoso de la hinchada – la llegada al fútbol europeo le ha traído sus mayores éxitos a nivel profesional.

Durante su estancia en el Club Brugge, Óscar Duarte ha alcanzado sus mayores éxitos como futbolista profesional. Además, ha dicho en numerosas ocasiones estar muy cómodo con la vida que lleva en Bélgica…

Ha debutado en Champions League – rondas previas – donde precisamente cosechó una magnífica actuación ante el Manchester United en un difícil escenario como es Old Trafford, también jugado numerosos partidos en Europa League y alcanzado casi la centena de participaciones en encuentros oficiales con el Club Brugge. Además, ha alcanzado el momento más bello de su vida si hablamos única y exclusivamente del ámbito futbolístico: participar y anotar en un Mundial de fútbol.

Una de las mejores acciones de Óscar Duarte durante el partido v Manchester United de la previa de Champions League. Recuperando los metros perdidos v Adnan Januzaj.

Corría el minuto cincuenta y siete cuando Duarte cabeceó a la red un centro perfecto de Bolaños, colocando el 1-2 en el marcador. En tres minutos, Costa Rica había levantado el gol de Edinson Cavani y acabaría rematando ante Uruguay con un tanto de Ureña. Una victoria ante Italia y un empate contra Inglaterra fueron los históricos resultados de una Costa Rica que se consagró como el equipo revelación del Mundial encajando solamente un tanto en toda la fase previa pese a estar encuadrada en el llamado ‘Grupo de la muerte’. Fue el Mundial de Bryan Ruiz, de Joel Campbell, de Keylor Navas, de Jorge Luis Pinto, de Óscar Duarte…  El defensor natal de Catarina se convertía en el primer jugador de origen nicaragüense en anotar en un Mundial pues la selección nacional de su país de origen nunca había participado en una competición de semejante calibre. Su carrera iba para arriba, sin fin. Como dijo Juan Carlos Garrido antes de abandonar el Club Brugge: ’’Es difícil decir hasta dónde puede llegar su carrera”.

Ahora inicia una nueva temporada tras levantar la copa belga la pasada campaña y quedarse a las puertas del ansiado campeonato liguero. Además, en Europa League mostraron una solidez defensiva inaudita. Junto a Matthew Ryan en portería, la línea defensiva consiguió que – hasta su derrota en la vuelta de los cuartos de final v Dnipro – el Club Brugge fuera el único equipo invicto, tanto en Champions como en Europa League, sumando once encuentros sin conocer la derrota. Una cifra memorable que encumbra, sobre todo, la actuación del portero y la línea de cuatro defensas que había establecido Michel Preud’homme.

No sabemos dónde está su techo, ya lo dijo Garrido, pero lo que sí sabemos es que aún le queda mucho por mejorar. Con solamente veintiséis años aún sigue sorprendiendo cada partido y lo extraño es todavía no haya abandonado el campeonato belga para jugar en uno de más categoría. Un defensor muy completo, de 1,85m de altura, con una potencia física y de salto increíble – 9 tantos ha anotado en su etapa en el Club Brugge haciendo gala de un poderío aéreo espectacular – que acompaña con una gran salida de pelota y una buena colocación. Sufre con los balones a la espalda pero lo compensa con una gran zancada y capacidad de decisión en momentos complicados. ‘’Tengo que seguir trabajando día a día. Todas las cosas vienen del trabajo que uno hace con los entrenadores y con los preparadores físicos. Eso es lo más importante para el crecimiento como jugador’’, él mismo no ha establecido su techo aún. Sin embargo, con Piqué como referente y el Barcelona como equipo al que admira desde pequeño, unido al sueño de jugar en la liga española, hace que sea más posible el verlo por aquí en no mucho tiempo…

Fuente imagen principal: Dean Mouhtaropoulos (Getty Images)

*Óscar Duarte celebra un gol con el Club Brugge.

Aquel verano del 94

Aquel verano del 94

En EEUU, el baloncesto, esa NBA sin parangón, franquiciados y jugadores que mueven millones de dólares; el baseball que se juega sobre un diamante; el fútbol americano y su final de la Super Bowl como el evento deportivo más visto del mundo con sus vigardos acorazados; o más al norte del país, el hockey sobre hielo en el que los jugadores además de ir acorazados llevan un bastón. Todos estos deportes, han estado y algunos siguen estando por encima del fútbol, no el americano, sino el de once contra once y siempre gana Alemania. Entonces, ¿por qué celebrar una fase final de un Mundial de Fútbol de Naciones en un país en el que el fútbol es un deporte minoritario? Pues por eso mismo, porque es minoritario. Porque es un deporte que se veía como una salida para los débiles que no daban la talla en el fútbol americano, o eran muy malos en baloncesto. Era un deporte mayormente femenino. La mayoría de becas deportivas relacionadas con el fútbol soccer eran exclusivas para deportistas femeninos. El fútbol soccer era un deporte de minorías, de clase obrera, de inmigrantes hispanos y de mujeres.

Pero la FIFA no podía permitirse el lujo de no contar con una liga profesional del deporte rey en el país más poderoso del mundo. Así, y por eso, se decide conceder a EEUU la celebración del Mundial de Fútbol en 1994, a partir de ahora lo llamaré soccer para no confundir con el fútbol del balón amelonado, ya sabéis un ”yo te doy un Mundial de Soccer y tú me creas una liga profesional” y todos contentos. Con esta receta se crea la Mayor Soccer League unos cuantos meses antes del Mundial. Una liga de soccer profesional que englobaría dos países, EEUU y Canadá y que sería la encargada de recibir en sus estadios el Mundial. Manos a la cabeza y rodillas al suelo. Pero el problema de la inexperiencia, de las prisas por crear una competición profesional de soccer no fue el único. Y es que al no existir equipos profesionales, no había estructuras futbolísticas en las que desarrollar la competición. Pero bueno, las mentes pensantes decidieron adaptar los estadios de fútbol americano para que en su césped se pudiera practicar el soccer. Un lavado de cara, un eliminado de líneas marcando yardas, y un ligero estiramiento en la anchura del verde era más que suficiente. Incluso se podría apurar para encajar un campo de soccer en uno de baseball. Nos querían montar un Mundial bonito y barato. Los jugadores decidirían si bueno.

Al no existir equipos profesionales, no había estructuras futbolísticas en las que desarrollar la competición. Sin embargo, se decidió adaptar los estadios de fútbol americano para que en su césped se pudiera practicar el soccer.

Fuera como fuese el 17 de junio de 1994 comenzaba el Mundial de soccer en el que 24 equipos se enfrentarían divididos en seis grupos de cuatro participantes de los cuales pasarían a octavos los dos primeros de cada grupo y los cuatro mejores terceros. De ahí a la final ya sabemos cómo va el cuento. No hubo sorpresas en esta primera fase de grupos. Los favoritos, Alemania, Brasil, Italia y Argentina, pasaban sin problemas y junto a las revelaciones como Bulgaria, Rumanía y Nigeria, entre otros, nos dejaban un cuadro de octavos muy prometedores. En el cruce de octavos de final tampoco hubo sorpresas, los favoritos pasaron sin muchos problemas a excepción de Argentina que cayó ante Rumanía y el México – Bulgaria que se decidió por penaltis.

Los cuartos de final dieron mucho que hablar. Por su parte un trepidante Rumanía 2 – 2 Suecia en la que, a pesar de ir como favoritos y desarrollando un juego asombroso, terminó perdiendo el equipo centroeuropeo en la tanda de penaltis, los goles del tiempo reglamentario vinieron de la mano de Radiocioiu para Rumanía y de Brolin y Andresson para Suecia. Por otro lado el Holanda – Brasil, partido que no rompió hasta la segunda parte y en la que se adelantó dos a cero para la canarinha con goles de Romario y Bebeto, que la orange igualó a posteriori con tantos de Bergkamp y Winter, pero que al final un gol de Branco le dió la victoria a Brasil. En el tercer partido Italia le rompió la cara a España en un partido muy igualado hasta el minuto 87 en el que Roberto Baggio clasificó a la azzurra. Hasta entonces el marcador era de 1 – 1 con goles de Dino Baggio para Italia y Caminero para España. Otra sorpresa, o no tanto, nos esperaba en el cuarto partido. Bulgaria se impuso a Alemania con dos goles, Stoichkov y Letchkov por uno de los germanos, Matthäus. La garra y la entrega de los búlgaros se impuso a la máquina de hacer fútbol alemana, favorita para hacerse con el título.

Llegan las semifinales con partidos que nadie habría firmado de antemano. Dos de las favoritas para ganar la copa Italia y Brasil, se enfrentarían a Bulgaria y Suecia, dos equipos revelación que, a pesar de sus carencias, habían venido demostrando un juego sólido y de garantías. Por un lado un Suecia – Brasil, partido igualado, con un muro de escudos en la frontal del área sueca para intentar parar los encajes de bolillos que Romario y Bebeto hacían con el balón. Dos líneas de cuatro y a verlas venir. Suecia parecía querer jugársela en los penaltis ya que Ravelli parecía estar inspirado. Por su lado Brasil practicó su juego bonito, con oportunidades claras que o bien Ravelli se encargaba de tapar o se fallaban por poco. Ni siquiera esa doble linea de cuatro podía defender las filtraciones que regalaban los dos pequeños delanteros brasileños. Finalmente, Suecia jugando con diez sucumbió ante Brasil con gol de Romario. En el otro partido de semifinales, Roberto Baggio solucionaba la papeleta en cinco minutos dejando el partido visto para sentencia en la primera parte, con un doblete en el ’20 y ’25 frente a un gol de penalti de Stoichkov. Partido tranquilo y bien planteado por Sacchi que contaba con mejor plantel y que no estuvo exento de polémica ya que no se pitó penalti a Costacurta por mano.

Brasil e Italia se plantaban en la final tras eliminar a Suecia y Bulgaria, respectivamente, dos de las selecciones revelación del torneo.

En el partido por el tercer y cuarto puerto una Suecia a la que le salía todo, al menos durante los primeros 45′, endosó cuatro goles, Brolin, Mild, Larsson y Andersson, a una Bulgaria a la que no le salía nada, con Stoichkov que acabó desquiciado y jurando en la de Cervantes. Si bien es cierto que en la segunda parte pudieron caer otros cuatro del lado nórdico y otros dos para los búlgaros, el marcador no se movió y para el país escandinavo el mundial de EEUU ’94 se convertiría en el mundial de Suecia.

En la final se vio un partido bonito, Brasil contra Italia, qué menos. Oportunidades por ambos bandos que parecían empeñados en no marcar. Si bien es cierto que Brasil puso más en el campo con la pareja de oro de ataque jugando en corto, en largo y creando mucho peligro, Italia tampoco se distraía e intentaba su juego seguro, afianzados atrás y con la esperanza de que la coletilla taleguera que rebotaba por encima del 10, se escabullese entre los defensas y solucionase el billete al trofeo. Pero se llegó a la prórroga con un marcador inamovible y de ahí a los penaltis. En donde pasará a la historia el penalti fallado por Roberto Baggio. No por el mero hecho de no tirar a puerta si no porque se podía leer en su cara que el penalti lo tenía fallado antes de pegarle al balón.

Éste fue el mundial de Hagi y de Stoichkov. Hagi, el Maradona de los Cárpatos que marcó el ritmo en cada partido, que deleitaba a las gradas con su exquisito passing y que le gano la mano al mismísimo Diego del que sobrevino su apodo. Y un Stoichkov desatado, su garra y su entrega se hicieron sentir en cada partido, su “hijo de puta” a cada pase y oportunidad fallada por él mismo y sobre todo su capacidad de enarbolar la bandera del coraje y liderar una Bulgaria como no se ha vuelto a ver. Fue el mundial de Tassotti y el tabique roto de Luis Enrique, del árbitro que no lo vio, de la maldición de cuartos seguía perpetuándose, del fallo de Salinas sólo contra Pagliuca y del acierto de Roberto Baggio que nos sacaba del campeonato. Fue el mundial en el que se dio una vida por un gol. Más bien se perdió. Recordemos como el colombiano Andrés Escobar recibió seis disparos el dos de julio en su coche mientras se encontraba en el aparcamiento de una discoteca en Medellín, tras su vuelta del mundial por marcarse un autogol que les dejaba fuera de octavos. También fue el mundial del ocaso de Maradona. Todos vimos y pensamos que algo raro había en el Pelusa para celebrar un gol intrascendente de aquella manera, era el tres a cero contra Grecia en el primer partido de la fase de grupos, esa boca desencajada en el grito, esos ojos desorbitados y esa rabia innecesaria hicieron sospechar lo que se mostró posteriormente. Diego dió positivo en una prueba antidopaje, por efidrina. Inmediatamente fue expulsado del mundial dejando el barco albiceleste sin su capitán. Argentina se hundiría en octavos frente a la Rumanía de Hagi.

Y fue el mundial de Roberto Baggio que, desgraciadamente, quedó estigmatizado por no acertar en la tanda de penaltis contra Brasil en la final. Un fallo que pocos perdonan, los mismos pocos que no recuerdan que seguramente gracias a él se llegó a jugar la final. Es típico el recordar el fallo en una final pero no recordar los aciertos que te llevaron a ella. Para muchos Baggio siempre será recordado por sus goles, su calidad y su coletilla. Y por supuesto fue el mundial de Brasil. Se proclamaban tetracampeones después de 24 años sin hacerlo. Y es que no era para menos, un equipo de leyenda con un centro del campo que directamente te quitaba las ganas de vestirte de corto si jugabas contra ellos y con una pareja de delanteros como no he visto otra en mi vida. Romario y Bebeto. Los delanteros centros del Dream Team y el Súper-Dépor, una pareja de pequeños jugadores que se paseaban entre los defensas como David el Nomo entre las piernas de los trolls. Calidad, juego, gol y entretenimiento a espuertas. Brasil, merecido campeón.

Pero si algo fue el mundial del ’94 fue un punto de inflexión para el soccer en EEUU. Estadios llenos partido si y partido también dejaron ver que el soccer no era algo foráneo para la sociedad estadounidense, que allí también había y se vivía el soccer, que había jugadores que sobre el césped pero con otro tipo de balón, podían hacer jugadas tan atractivas como las que nos cegaban las estrellas de la NBA. Que el soccer era un juego también para hombres de todos los tamaños y colores, de todo tipo de status social. Que era un deporte atractivo, que había emoción, épica, sufrimiento, tristeza y regocijo. Y que pudieron sentir todo eso gracias a su selección nacional que, a pesar de no contar con profesionales, hizo un papel más que aceptable en el campeonato. Las univerisdades comenzaron a abrir más su abanico de becas deportivas incluyendo el soccer masculino. La MSL comenzó a asentarse en la sociedad, fichando jugadores franquicia desde las mejores ligas del mundo, aunque fuese en sus últimos años como jugadores. Los canales de televisión comenzaron a pelear por los derechos de los equipos que jugaban en la MSL y posteriormente a comprar partidos de Premier, Bundesliga, la Liga, Calcio, Liga de Campeones,… así como de competiciones en Latinoamérica, México, Argentina, Brasil,… El soccer crece en EEUU, sin duda. Y aunque aún está lejos de la NBA o la NFL, se abre paso, imparable, demostrando por qué es el deporte rey.

Fuente imagen principal:  OMAR TORRES (AFP/Getty Images)

*Roberto Baggio, cabizbajo tras fallar el penalti que le dio el título de campeón del mundo a Brasil.