El Mundial de 1974 celebrado en Alemania Occidental (República Federal de Alemania) dejó momentos históricos y recuerdos que perduran hasta los días más actuales. Como es lógico, el partido más recordado es la final, donde la anfitriona y posterior vencedora del Mundial se enfrentó a la Holanda de Cruyff. Un partido por todo lo alto entre dos grandes potencias futbolísticas. Pero más allá del aprecio por estos dos combinados que brillaron en Europa, el Mundial de de 1974 dejó a una selección histórica en la memoria del fútbol: Polonia.

Era la segunda participación de Polonia en un evento de tal magnitud como un Mundial y los objetivos que terminaron alcanzando no coincidían ni mucho menos con los que presuponían que conseguirían

Los antecedentes de la selección polaca no invitaban a pensar que darían la sorpresa en un escenario como lo era el Mundial de 1974. Era la segunda participación de Polonia en un evento de tal magnitud y los objetivos que terminaron alcanzando no coincidían ni mucho menos con los que presuponían que conseguirían. Y para mayor desconfianza, Wodzimierz Lubanski, estrella de la selección y delantero del Gornik que más tarde pasaría por Bélgica y Francia, se lesionó para viajar a Alemania y se perdió la Copa del Mundo. La cosa no quedó ahí y es que en la fase de grupos, Polonia quedó encasillada en el Grupo 4, junto a Argentina, Italia y Haití, por lo que los presagios indicaban que Polonia lucharía por el tercer lugar de la honra con Haití, dejando paso a dos grandes selecciones como lo eran la Argentina de Mario Kempes y la Italia de Gianni Rivera. Esto chocaba notablemente con la Polonia de… Faltaba un referente que liderada aquel combinado formado por 22 jugadores de la liga polaca.

Pues bien, Polonia se abrió paso ante Argentina, Italia y Haití para acabar la primera fase como líder. Venció por 3-2 a la albiceleste en el primer partido dando un golpe sobre la mesa, arrolló a Haití en la segunda jornada por 0-7, demostrando su contundencia, y volvió a ganar en el último choque ante Italia, dejando fuera del Mundial a la selección transalpina. Un pleno de victorias que hacían ver las orejas al lobo.

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Por entonces, el formato del Mundial estipulaba que los dos primeros clasificados accediesen a otra fase de grupos donde, por partido único, el primero de cada grupo se clasificaba para la gran final y los segundos se disputaban el tercer y cuarto puesto. El camino hasta el partido clave de Polonia fue muy convincente ya que no tenía un grupo nada sencillo. Un 0-1 ante Suecia y un 2-1 ante Yugoslavia en las dos primeras jornadas de la fase final ponían a Polonia como rival directo de Alemania Federal para acceder a la final. Y en la última jornada, ambos combinados se vieron las caras. A dicha altura de la competición, a nadie le hubiera sorprendido que la revelación del Mundial venciese a la anfitriona y lograse un puesto en la final. Pero un gol de Gerd Müller en el minuto 76 dejó a Polonia sin el merecido premio de disputar una final histórica.

Estos hechos no se explican sin los componentes de aquella selección. El artífice de este gran combinado fue Kazimierz Górski. El seleccionador polaco ideó un fútbol brillante y vistoso que acaparó la atención del resto desde la primera fase. El esquema que se dibujó en el campo fue un 4-3-3, poco común en aquella época y aún más en una selección sin tanta tradición futbolística.

La defensa empezaba de la portería. Con Jan Tomaszewski de cancerbero, Polonia solo recibió cinco goles en aquel Mundial entre las dos fases. También fueron muy importantes Jerzy Gorgon y Wladyslaw Zmuda, la pareja habitual de centrales. Mostraron un sobrio nivel, contundente y físicamente difíciles de superar.

La joya de esta selección se basada en la linea de tres cuartos. Con nombres propios que tomaron los roles de estrellas y lideraron a Polonia a base de calidad y velocidad

Aunque la joya de esta selección se basada en la linea de tres cuartos. Con nombres propios que tomaron los roles de estrellas y lideraron a Polonia a base de calidad y velocidad. Robert Gadocha y Grzegorz Lato eran los encargados de las bandas, izquierda y derecha respectivamente, en la parte ofensiva. Gadocha otorgaba a Polonia mucha profundidad y verticalidad en el carril zurdo mientras que Lato brillaba por otras grandes cualidades. Cierto es que Lato era un jugador muy rápido, pero su olfato goleador, el trabajo sin balón y su capacidad técnica de dar un plus a Polonia lo convirtieron en la gran figura de aquella selección. Acabó el Mundial como máximo goleador del torneo con 7 goles.

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Andrzej Szarmach era el referente en ataque. Demostró su facilidad para hacer goles y destacó como un hombre de área. Hizo cinco tantos en el Mundial y se destapó como el futbolista referencia de Górski, por delante de Władysław Żmuda, quien acabó el torneo siendo nombrado como mejor jugador joven. Y como enganche entre el centro del campo y la delantera, actuando de interior y mediapunta según si Górski apostaba por un 4-3-3 o un 4-4-2, se encontraba Kazimierz Deyna, un elegante y fino futbolista dotado de un gran disparo desde fuera del área. Era quien aportaba la creación y el sentido del juego a Polonia.

La selección polaca puso el fútbol en Alemania Occidental durante aquel Mundial. Pese a que no salieron victoriosos, dieron una verdadera lección de este deporte. La resolución de Polonia en el Mundial fue el tercer puesto al vencer a Brasil por 0-1 con gol de Lato. Un final que pudo ser mejor y privó al fútbol de ver un apasionante duelo entre Holanda y Polonia, dos selecciones que proclamaban el balón por doquier. En aquel Mundial, Polonia hizo historia y se convirtió en referencia para las generaciones venideras. Nada es imposible en este mundo.

Fuente imagen principal: Blog Soccernostalgia.

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