“¡Cómo pasa el tiempo!”. Eso dice todo el mundo cuando se inaugura un nuevo año. “Parece ayer cuando empezábamos 2017 y ya estamos en 2018…”. Esta es otra frase muy repetida (con la variación del año al que se refiere). Y es verdad: la vida pasa muy rápido. A alguien una hora le puede parecer cinco minutos y a otro le puede parecer días enteros. De todos modos, todos tenemos en común el hecho de creer que las cosas suelen ocurrir demasiado deprisa.

En el fútbol la cosa resulta bastante parecida. Nos emocionamos constantemente con los nuevos proyectos de futbolistas que salen de las canteras o de divisiones inferiores, pero, pasado uno o dos años, si ese chico todavía no ha irrumpido definitivamente, nos olvidamos de él para poner nuestra atención en el siguiente. Su nombre se guarda en el baúl mientras va siendo cubierto por otros que han corrido la misma suerte. Un ejemplo de esto ha sido Jan Vertonghen.

El central belga no es joven, pero cuando salió a escena en el Ajax se le consideraba uno de los mejores centrales jóvenes del mundo. Ganó ligas con el club más grande de Holanda y, en 2012, el Tottenham llamó a su puerta. Llegó el salto a la liga más mediática del planeta. El conjunto de aquella etapa, entrenado por Villas-Boas, compitió durante todo el año para entrar en Champions League, pero finalmente se quedó en la orilla. El aficionado neutral no iba a poder ver a Jan en la máxima competición continental.

Jan Vertonghen no es joven, pero cuando salió a escena en el Ajax se le consideraba uno de los mejores centrales jóvenes del mundo

Como añadido, la segunda temporada de Vertonghen en Londres fue complicada, tanto para él como para el equipo. De André Villas-Boas a Tim Sherwood, sin idea de juego, a la deriva. No había identidad. Si uno veía a Jan en un campo, se daba cuenta de sus virtudes, especialmente de su elegancia, pero también notaba cómo estaba lejos del que podría ser su nivel. Por eso al belga, como a tantos otros, Pochettino le cambió la carrera.

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Lo primero de todo es que Mauricio dio una dirección clara a su plantilla, una identidad que la definiera. En ese primer curso del argentino sentado en el banquillo de White Hart Lane, el Tottenham mezclaba momentos brillantes en la faceta ofensiva, que nos daban pinceladas de lo que iba a ser en un futuro, con otros horrorosos atrás. Solo el Burnley, descendido en esa 2014/2015, recibió más goles que los Spurs. Y uno de los centrales titulares era Vertonghen, por lo que acabó recibiendo críticas. Una de ellas fue realmente llamativa, dado que Sherwood, que le había entrenado, dijo literalmente que “no sabía defender”. Una sentencia muy dura.

No sabemos con exactitud si Jan utilizó esas palabras de su ex-técnico como motivación para un futuro, pero en la campaña siguiente hubo un salto cualitativo. Este salto no fue meramente individual, sino más bien colectivo. La llegada de Alderweireld y una mejor organización defensiva hicieron que el Tottenham fuera uno de los conjuntos de la Premier League con mejor diferencial entre goles marcados y recibidos, algo impensable meses atrás. Vertonghen, junto a su compatriota Toby, formaron la mejor pareja de centrales de toda la competición.

La llegada de Alderweireld y una mejor organización defensiva hicieron que el Tottenham fuera uno de los conjuntos de la Premier League con mejor diferencial entre goles marcados y recibidos, algo impensable meses atrás

Lo fueron en la 2015/2016, pero también en la 2016/2017. Ambos se complementaban a la perfección: conocían las virtudes de su compañero y sabían, también, como compensar los errores del otro. Sin embargo, en esta 2017/2018, las cosas cambiaron. Se había afianzado la defensa de tres centrales, formada por los dos belgas y Davinson Sánchez, la nueva incorporación. Cuando el Tottenham estaba disputando en Wembley su duelo contra el Madrid, Alderweireld sintió algo en la pierna y se tumbó en el césped. Se lesionó solo.

Esto dejó a Vertonghen en una situación parecida a la primera temporada de Pochettino en el Tottenham. Sin Toby, aunque con mejor compañía (Davinson es superior a lo que eran Kaboul y Chiriches en esa época, por poner un ejemplo), tenía que dar un paso adelante. Vaya si lo hizo: no solo su nivel no bajó, sino que seguramente rindió como nunca antes lo había hecho. Eso se vio premiado con la inclusión en el mejor once de la liga y en el reconocimiento de la afición lilywhite, que lo nombró mejor jugador del año por delante de Kane (récord personal de goles en Premier) y Eriksen (máxima regularidad siendo la cabeza pensante y el organizador del juego pese a partir desde 3/4).

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Digamos que, después de estar su nombre guardado en el baúl, Vertonghen hizo que volviera a salir por méritos propios. Lo único extraño es que, en la conversación de mejores centrales del momento, se le obviaba. Se le reconocía, sí, pero hasta cierto punto. Otamendi, su “compañero” en el once de la Premier, sin embargo, siempre salía mencionado ahí. Aun habiendo sido la temporada del argentino muy buena, no se puede dejar de lado cómo el sistema le facilitó las cosas. Nicolás se gustó batiendo líneas por raso, pero esas líneas estaban creadas gracias, en gran parte, a la mente de Pep, además de que los que recibían eran muy buenos desde un punto de vista técnico (De Bruyne, Silva, Sterling…). Por lo tanto, hay que relativizar lo hecho por Otamendi debido al gran funcionamiento del sistema. En el caso de Vertonghen, no obstante, aunque también es cierto que Pochettino busca un fútbol para el que Jan es perfecto, la relación es más bidireccional: el estilo/sistema le ayuda a él y él potencia el estilo/sistema. ¿Cómo? Ahora lo veremos…

Teniendo en cuenta que el Tottenham es un bloque cuya idea primaria es tener la pelota, para hablar de Vertonghen debemos comenzar por esta fase. Las limitaciones del zurdo belga, en este apartado, simplemente no existen: puede conducir superando rivales gracias a un cambio de ritmo (zancada), puede dividir marcas para después soltar, puede superar una o dos líneas por raso e, incluso, a pesar de que esta es más la especialidad de Alderweireld, cambiar de orientación con bastante precisión. Cuando el rival se decide por una presión adelantada para dificultar la salida de los de Pochettino, Vertonghen también tiene la capacidad de salir de ella, ya sea con conducciones (de la misma forma mencionada anteriormente) o con algunos destellos técnicos que le permiten ganar espacio y tomar la próxima decisión.

Teniendo en cuenta que el Tottenham es un bloque cuya idea primaria es tener la pelota, para hablar de Vertonghen debemos comenzar por esta fase. Las limitaciones del zurdo belga, en este apartado, simplemente no existen

En el aspecto puramente defensivo, también es capaz de rendir en contextos muy diferentes. Es capaz de gestionar mucho espacio a su espalda por dos motivos: gusta de anticipar (y lo hace con un gran timing) y su zancada le permite recuperar metros (es bastante rápido para un central). En el área se posiciona de manera excelente y despeja muchos balones, convirtiendo, en algunas ocasiones, un despeje en un pase a un compañero. Además, pese a su finura con el esférico, es duro: sabe cuerpear con los rivales y va al suelo con decisión en situaciones de 1vs1 con un porcentaje de acierto bastante alto.

Quizás esta temporada fuera lo que necesitaba para que su nombre nunca vuelva a entrar en el baúl del que logró salir y para que se le reconozca como lo que demostró ser en competición doméstica y europea: uno de los centrales más completos del mundo.

Fuente imagen principal: EMMANUEL DUNAND (AFP)

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