El estadio Seul World Cup como testigo. Las galopadas de El Hadji Diouf como principal combustible. El gol decisivo de Papa Bouba Diop, para celebrar y dar la gran sorpresa en el partido inaugural del Mundial Corea y Japón 2002. Senegal era el país debutante, de pocos pergaminos, por lo que su favoritismo ante Francia, vigente campeón europeo y del mundo, era casi nulo. Con aquel triunfo, mientras millones de televidentes asistían perplejos, el equipo africano dio el puntapié inicial de lo que significó una de las tres mejores participaciones de su continente en el certamen global.

Habían emulado a Camerún, que en 1990 venció a la Argentina de Diego Maradona en el estadio Giuseppe Meazza. Eran tiempos en que los últimos campeones estrenaban la competencia, partidos que históricamente no han respondido a las expectativas previas y que luego fueron modificados. De allí en más, el encuentro inaugural pasó a jugarlo el país sede. Senegal, en la capital coreana, consiguió defender con acierto y supo sacar la diferencia definitiva en una de las pocas acciones de riesgo de las que dispuso. Su repliegue fue efectivo y el conjunto galo, más allá de tener el balón la mayor parte del tiempo, nunca encontró soluciones ni profundidad entre líneas. Remates en los postes de Thierry Henry y David Trezeguet pudieron ahogar la alegría senegalesa, pero también ventaja pudo haberse estirado con un tiro que repelió el travesaño.

Senegal se presentó en el Mundial de Corea y Japón como debutante. Pese a ello, consiguieron ganar su primer partido ante la Francia de Zidane, Henry y Trezeguet, la vigente campeona del mundo

Aquel año fue de leyenda para Senegal. Durante el mes de enero, habían logrado insertarse en la final de la Copa Africana de Naciones. Camerún, con jugadores de la talla de Jacques Songo’o, Geremi Njitap y Samuel Eto’o, logró subirse al primer lugar del podio tras imponerse en los penales. Inmersos en el período de clasificación hacia el Mundial, Senegal sólo perdió un encuentro, ante Egipto, en la última fase. Tras años en que las dificultades internas se imponían por sobre el juego y la federación no brindaba herramientas ni construía un camino claro que seguir, el seleccionado transitaba en paz. El francés Bruno Metsu, que había asumido a inicios del presente siglo, hacía olvidar los problemas de antaño, apostando por un juego atrevido, alegre, sin presiones ni falsas expectativas.

La victoria ante Francia, que en el debut no contó con Zinedine Zidane por lesión, fue la única en la competencia. Sin embargo, Los Leones de Teranga no perdieron nunca en los 90 minutos y llegaron hasta cuartos de final. Eran un hueso duro de roer, no se daban por superados aún en los peores momentos, y siempre tenían un recurso más del que tirar. Así fue que igualaron ante Dinamarca en el segundo juego, tras arrancar perdiendo. Salif Diao fue el gran protagonista de la jornada: cometió el penal que John Dahl Tomasson, ex Milan, se encargó de convertir, y posteriormente rubricó el empate con una llegada desde segunda línea. Luego, en el tercer juego desperdiciaron una ventaja de tres goles ante la Uruguay de Paolo Montero, Diego Forlán y Álvaro Recoba. Sobre el final, Richard Morales falló un gol increíble que pudo ser la eliminación africana y la clasificación sudamericana.

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Teranga hace referencia a hospitalidad, amistad, solidaridad. De ello hacía gala Senegal en tierras asiáticas. Era un colectivo siempre junto, de un compromiso holístico inquebrantable. Todos se sacrificaban en pos del equipo y, así como las ayudas en defensa de los extremos se sucedían una y otra vez, los mediocampistas eran capaces de aparecer en ambas áreas. “Demostramos que somos un grupo de hermanos, de amigos que quieren llegar al final, y van a llegar hasta el final”, apuntaba Diouf. Con cinco puntos de nueve, inscribieron su nombre entre los 16 mejores junto a Dinamarca. Francia, contra cualquier pronóstico posible, y Uruguay quedaban en el camino.

El nivel de muchos jugadores posibilitó su venta a ligas de mayor renombre posteriormente a la Copa del Mundo. De los 23 futbolistas convocados, 21 jugaban en Francia, mientras los dos arqueros suplentes (no disputaron minuto alguno) lo hacían en su liga doméstica. En el debut habían logrado vencer al país en el que muchos jugaban cada fin de semana, a una nación que había oprimido al pueblo senegalés hasta 1960. Fue a comienzos de esa década que Senegal se independizó, ingresando a la FIFA cinco años después. No sería hasta el primer Mundial del nuevo milenio que obtendrían su pasaje, siendo Marruecos usualmente su verdugo histórico en eliminatorias.

El nivel de muchos jugadores posibilitó su venta a ligas de mayor renombre posteriormente a la Copa del Mundo. De los 23 futbolistas convocados, 21 jugaban en Francia

Metsu disponía a su equipo en un 4-3-3 que basaba su estilo en robos y ataques directos, mediante combinaciones precisas en velocidad. Los extremos ayudaban continuamente a los laterales, y los once efectivos se paraban por detrás de la línea del balón en repliegue. De esa manera, lograban tapar pasillos interiores y defendían con acierto. Conseguían maquillar fallas de coordinación entre los zagueros con un bloque bajo que no desnudaba muchos espacios, y se desataban al contraataque con mucha soltura una vez recuperaban la pelota. El Hadji Diouf no marcó goles durante el transcurso de la Copa, contrariamente a su gran aporte goleador en el camino que los colocó en Corea y Japón, aunque siempre se mostraba amenazante. Era el principal arma de los de Metsu, tanto que Liverpool no dudó en contratarlo una vez se terminó la competencia.

El arquero Tony Silva no era un prodigio, de hecho fue capaz de lo bueno y lo malo, pero sus reflejos bajo los tres palos asombraron en más de una ocasión. Los marcadores de punta, Ferdinand Coly y Omar Daf, guardaban su posición y se adentraban en campo rival con poca frecuencia. Y los centrales (Lamine Diatta y Pape Malick Diop), poco dúctiles con balón, se anticipaban con acierto y en el juego aéreo eran inexpugnables. El liderazgo de Aliou Cissé era la piedra basal del colectivo, el sustento de cualquier intento senegalés, mientras ambos interiores -Diop y Diao- se turnaban para llegar al área rival y aportar su cuota de creatividad.

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A los espacios, Diouf desequilibraba con sus arranques y Khalilou Fadiga, un enlace escorado hacia el costado izquierdo, aportaba pausa y el tiempo necesario para que se incorporen los llegadores. Por el flanco opuesto, Henri Camara se hizo de un puesto en el once en detrimento de Moussa N’Diaye, que había comenzado el Mundial entre los titulares. Pronto, Camara conquistó un lugar en los archivos de historia, dado que que sus goles ante Suecia en octavos de final aumentaron la ilusión del país de África Occidental.

El equipo de Henrik Larsson, Anders Svensson y Fredrik Ljumberg había conseguido la apertura del marcador, no obstante el doblete del extremo fue fundamental para dar vuelta el partido. Senegal había dejado atrás la fase de grupos en territorio coreano, y su experiencia japonesa en los duelos de eliminación directa comenzaba con un gol de oro en tiempo extra. Camara definió de zurda y el acceso a la siguiente instancia estaba firmado. El tanto definitivo en la media hora extra alimentaba el sueño, pero Turquía, con Hasan Sas, Hakan Sukur e Ilhan Mansiz, lo eliminó de la misma forma al partido siguiente.

Abdoulaye Wade, presidente de la nación del continente negro, decretó días de fiesta cada vez que el seleccionado jugaba. Los futbolistas celebraban sus goles con bailes y su juego atraía a miles de seguidores por todo el planeta. Sin haber sido superados en el resultado durante los minutos reglamentarios, se despedían habiendo escrito un cuento inolvidable. Al igual que Camerún en Italia ‘90, llegaron a cuartos de final, una gesta que igualó Ghana en Sudáfrica 2010. “No hace falta ser un gran entrenador para decirle a tu equipo que debe jugar 4-3-3 o 4-4-2, eso lo puede hacer cualquiera. En cambio, canalizar la energía y la fuerza de tus dirigidos en una misma dirección… Eso ya es otra cosa”, expresaba el director técnico.

Abdoulaye Wade, presidente de la nación del continente negro, decretó días de fiesta cada vez que el seleccionado jugaba. Los futbolistas celebraban sus goles con bailes y su juego atraía a miles de seguidores por todo el planeta

Fue la Copa de las desilusiones argentinas y francesas, el pentacampeonato de Brasil de la mano de Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo, la sorpresa que causaron Turquía y Corea del Sur en instancias finales. De igual modo, aquel Mundial, el único celebrado en Asia hasta la fecha, fue el de Senegal. A fines de 2013, todos los aficionados lloraron el fallecimiento de Metsu, que había marcado época.

En junio, comandada por Cissé, quien fuera su capitán en 2002, Senegal dirá presente en Rusia 2018, lo que será su segunda participación mundialista. Kalidou Koulibaly, Keita Baldé y Sadio Mané, que también tienen a Diatta, Diouf y Fadiga como consejeros en la delegación, buscarán emular a sus héroes.

Fuente imagen principal: Getty Images.

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