¿Alguna vez te has parado a pensar en lo rápido que puede cambiarte la vida? ¿Y el llamado efecto mariposa? Este concepto acuña que el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo. Nada alejado de la realidad. Esta concepción está dentro de la teoría del caos. Y justo eso, desgraciadamente, fue lo que vivió la población de Bradford hace 33 años y tres días. Una tragedia que marcó al fútbol británico. Donde una celebración histórica se convirtió en una de las páginas más tristes del deporte, recordado como el ascenso más negro de la historia del fútbol. Aunque, en este caso, no fue una mariposa lo que causó el caos.

El 11 de mayo de 1985, la ciudad de Bradford, situada en el condado de West Yorkshire, se vestía de gala para festejar el primer título desde hacía 56 años. Un día especial donde el Bradford City iba a ser el gran protagonista. Enfrente estaba el Lincoln City y ambos jugaban la última jornada de la Third Division. La cita estaba escrita para festejar el ascenso del Bradford City a la Second Division (actual Football League One). Fue por ello que las gradas del Valley Parade se completaron con más de once mil personas para celebrar aquel magnífico logro deportivo.

Y todo comenzó según lo previsto. El capitán, Peter Jackson, ofreció el título liguero a todo el graderío antes de comenzar el partido. Pero el propio Jackson no era consciente de lo que minutos después sucedería. El balón echó a rodar y cinco minutos antes del descanso, Don Shaw, árbitro del partido, gracias al aviso de uno de sus asistentes, se percató de que algo no iba bien. ”¿No parece ser eso un pequeño incendio?”, preguntaba simultáneamente John Helm, comentarista de la televisión de Yorkshire, a la par que su dedo señalaba la tribuna principal del Valley Parade.

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“Había una atmósfera de carnaval antes del saque inicial, pero al final se convirtió en un día horrible” – Jackson, capitán del Bradford City, en el Bradford Royal

El fuego alarmó a los aficionados que presenciaban el encuentro y pronto invadieron el terreno de juego. Aquellos que intentaron salvar su vida por los tornos quedaron en el intento al quedarse atascados y las llamas los calcinaron. La rápida propagación del fuego por la grada principal dejó 56 fallecidos y 250 heridos. Hasta Margareth Thatcher, primera ministra del Reino Unido por entonces, se desplazó al estadio para informar al resto del Estado del suceso.

Los jugadores observaban con impotencia cómo el fuego devoraba Valley Parade y de qué forma las llamas tomaban la posesión de la fiesta que habían montado hace penas 45 minutos. Muchos de los componentes de la plantilla hicieron más personal la historia de aquel infierno. Entre muchos de los héroes anónimos que ayudaron a calmar el pánico se encontraba Terry Yorath, entrenador del Bradford City, quién ayudó a evacuar a los aficionados del estadio pero que perdió a su hija y esposa en la tragedia. Ambas estaban presentes en el foco donde se originó el fuego, una grada reservada aquella tarde para los familiares de jugadores y cuerpo técnico.

Otro de los nombres propios que también fue preso de que el fuego le arrebatase a una persona querida fue Don Goodman, delantero del club. Como referente en ataque, quiso llevar más familiares a su encuentro y una de las entradas que obtuvo para repartir fue para su ex novia. Finalmente, fue una de las 56 personas que perdieron la vida. “Había una atmósfera de carnaval antes del saque inicial, pero al final se convirtió en un día horrible”, expuso Jackson en el Bradford Royal. El capitán del Bradford City tomó la palabra por toda la población de aquella ciudad.

Entre los fallecidos se encontraba Sam Firth, un antiguo socio del club cuya vida giraba en torno al club local

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Días después, policías y forenses revelaron la causa del incendio. No fue otra cosa que una colilla de cigarro mal apagada. Algo tan insignificante a priori, pero que provocó uno de los recuerdos más tristes en la historia del fútbol inglés. La colilla cayó sobre las bolsas de basura, lo que inició el fuego. Esto, unido a la madera de las infraestructuras del estadio, dio lugar al terrible incendio.

En cuanto a los tornos, fue el factor humano lo que provocó el fallecimiento de aquellas personas. La gran entrada a Valley Parade provocó que los dirigentes y delegados del Bradford City cerrasen los accesos para impedir la entrada de gente sin billete. Esto tuvo su repercusión en el futuro y tras las tragedias de Heysel y Hillsborough, los estadios se vieron obligados a reestructurar sus infraestructuras colocando vigas de aluminio en lugar de las de madera y butacas para los espectadores.

Después de la tragedia, el Bradford City tuvo que mudarse a casi catorce kilómetros de su casa para continuar jugando. Ellan Road, hogar del Leeds United, acogió a The Bantams (Los Gallos) hasta que en 1986 volvió a casa. Para su vuelta, la ciudad homenajeó a las víctimas y supervivientes de la tragedia con un monumento en pleno Valley Park para conmemorar el ascenso más triste de la historia del fútbol.

Fuente imagen principal: Getty Images.

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