Resulta obvio escribirlo pero en el deporte los grupos que triunfan son los que más talento reúnen. Al principio de los tiempos, cuando el profesionalismo en el fútbol era una quimera, el talento disponible se limitaba a lo próximo, lo cercano y ahí acababa todo. No había manera ni de imaginar cómo de diferente sería todo si en lugar de depender del fallón portero del barrio, contaras entre los tuyos con el espigado arquero del pueblo vecino. Si nacías acá, jugabas acá. Esas eran las reglas. El talento, por tanto, se convertía en algo relativo, dejaba de ser un valor absoluto para depender exclusivamente del nivel de los que te rodeaban. Hoy, sin embargo, ese paradigma ha sido volteado una y otra vez y el resultado, dirán muchos, ha sido muy positivo para el fútbol

¿Qué hubiera sido del Real Madrid sin Di Stefano? ¿Cambió la historia del Nápoles con la llegada de Maradona? ¿Cuántos ingleses hay en la plantilla del Manchester City campeón de la Premier League? El fútbol es un fenómeno global, un lenguaje universal que vertebra culturalmente buena parte de este mundo, y que como tal, abrazó la ausencia de fronteras antes que nadie. El fútbol está abierto al talento extranjero y por tanto ya no basta con ser gallego para jugar en el Celta de Vigo.

Las fronteras en el fútbol hace mucho tiempo que se eliminaron. El mercado del fútbol es global

Por todo ello, resulta de sentido común que los equipos, en la medida de sus posibilidades económicas, recurran por igual al jugador de casa y al que viene de lejos. El talento sí es ahora un valor absoluto, existe el jugador objetivamente bueno, y auto limitarse fingiendo fronteras donde no las hay, escapa a cualquier razonamiento sosegado. Si bien, siendo esta una realidad de difícil contestación, resulta llamativo que a pesar de todo hoy día haya quien renuncie deliberadamente a este derecho y todavía se aferre al jugador de la tierra. No son muchos los equipos profesionales abanderados de esta filosofía, pero sea por romanticismo o por singularidad, éstos merecen un sitio preferente en el corazón de los que aman este deporte.

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Athletic Club de Bilbao, Chivas de Guadalajara y El Nacional de Ecuador constituyen hoy la última reserva del anacronismo en el fútbol. Sus filosofías basadas en el jugador doméstico constituyen un contrasentido en un mundo en el que los bienes, las personas (si su valor económico es suficiente) y la información viajan constantemente de un continente a otro sin restricciones aparentes. ¿Qué mueve a estos clubs a auto limitarse geográficamente? ¿Qué les lleva a renunciar a competir en plena igualdad con el resto de equipos? Cada uno de ellos tiene sus motivos pero en todos se percibe una constante, el orgullo por lo propio y el fuerte enraizamiento del club en la comunidad local.

En pleno siglo XXI todavía hay equipos que sacrifican competitividad a cambio de jugar únicamente con jugadores nacionales

El Athletic Club de Bilbao, “un caso único en el fútbol mundial” tal como lo definió el diario L’Equipe en los años 60, constituye la versión más reduccionista y quizás más pura del fútbol doméstico. Desde 1911 sus filas se han nutrido exclusivamente de jugadores nacidos o formados futbolísticamente en el País Vasco (español y francés) y Navarra. Motivado inicialmente por exigencias federativas y perpetuado hoy como seña de identidad del club rojiblanco, la política del Athletic Club de Bilbao hace que únicamente cuente con un mercado potencial, incluyendo a la totalidad de la población, ligeramente superior a los tres millones de personas. A pesar de esos escasos mimbres, el conjunto vasco tiene el honor de ser junto a Real Madrid y FC Barcelona uno de los tres equipos que siempre ha estado en la primera división del fútbol español. Asimismo, a pesar de la sequía de títulos de los últimos treinta años (con anterioridad sumó 24 Copas del Rey y 8 Ligas), en 2015 se alzó con la Supercopa de España. Los leones, tal y como se les conoce cariñosamente, abrazan con entusiasmo y con éxito su llamada filosofía de cantera en la Liga española, uno de los entornos competitivos más complicados del panorama futbolístico mundial.

El Club Deportivo Guadalajara, más conocido como las Chivas de Guadalajara, es el segundo equipo más laureado del fútbol mexicano donde compite de tú a tú con su archirrival Club América. Contar exclusivamente con jugadores mexicanos, sólo pueden jugar en las Chivas aquellos profesionales nacidos y seleccionables por México, es su principal característica y dota al equipo rojiblanco (comparte colores con el Athletic Club de Bilbao) de una personalidad única. Este hecho, y lógicamente los numerosos títulos acumulados, le convierten sin duda en el equipo favorito de los aficionados mexicanos quienes, además, siempre han visto a los de Guadalajara en primera división. Las últimas décadas no fueron exitosas para las Chivas de Guadalajara pero el curso pasado la suerte pareció cambiar para el llamado “rebaño sagrado” con la obtención del título del Clausura de 2017. En 2018, a pesar del bajo rendimiento en el torneo doméstico, los de Guadalajara se acaban de alzar con la Liga de Campeones de la Concacaf donde han vencido a Toronto FC, considerado el mejor equipo de la historia de la Major League Soccer. El equipo de Guadalajara compite en un entorno muy exigente ya que el reglamento de la liga mexicana permite a los equipos incluir en sus convocatorias hasta un total de 9 jugadores extranjeros.

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El Nacional de Ecuador representa en el país andino un concepto parejo al de las Chivas de Guadalajara en México pero con un matiz nacionalista quizá más acentuado. El equipo rojo, fundado en 1964, únicamente cuenta con jugadores ecuatorianos estando esta característica directamente relacionada con su vinculación con las fuerzas armadas del país. El patrocinio por parte de esta institución y el hecho de que sus socios sean miembros activos o retirados de las fuerzas armadas dota al conjunto de una personalidad especial. El Nacional de Ecuador es el tercer conjunto con más títulos en el fútbol nacional, el único bi-tri (campeón de forma consecutiva tres veces en dos periodos diferentes), y en términos de afición es el cuarto club más querido en Ecuador. El carácter “puro criollo” es una máxima inquebrantable del club de Quito pero esta temporada, de forma totalmente involuntaria, éste vio quebrada su tradición tras admitir uno de sus jugadores, Rinson López, que era colombiano y no ecuatoriano como afirmaba su pasaporte. La expulsión del jugador fue fulminante pero la mancha en el expediente del Club Deportivo El Nacional siempre estará presente.

Contra toda expectativa, los 3 equipos que renuncian a jugar con extranjeros han resultado campeones en los últimos años

A lo largo de los años también otros equipos abrazaron planteamientos de vuelta al jugador doméstico, si bien, su apuesta no tuvo la misma continuidad. Real Sociedad de San Sebastián (España), Deportivo Saprissa (Costa Rica), Steaua de Bucarest (Rumanía), Real Sociedad de Tocoa (Honduras) y Malavan FC (Irán) son igualmente exponentes de una lucha por la vuelta a los orígenes que, a pesar de no consolidarse, sí muestra que el romanticismo lucha por hacerse hueco en el fútbol actual. Se trata de una opción limitante y que lleva a una lucha desigual, es cierto, pero, como escribió mejor que nadie el periodista Jon Uriarte refiriéndose al Athletic Club de Bilbao, se trata de una opción, la de elegir ser David cuando todos quieren ser Goliat, que posiblemente permite vencer menos pero ganar más.

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