Milan y Juventus se han ganado por derecho ser dos de los clubes con más tradición en la Champions League, Si los milaneses tienen siete entorchados europeos, los bianconeri acumulan 9 finales disputadas con dos trofeos de este calibre en sus vitrinas.

Como equipos de gran reconocimiento en la Europa futbolística, en la edición de la 2002/03, ambos equipos se enfrentaron en la final del campeonato en una de las temporadas más italianizadas en este certamen que se recuerdan ya que el Inter de Milán -con tres títulos de este tipo en su sala de trofeos- también alcanzó las semifinales y fue apeado de las mismas por sus vecinos rossoneri. Actualmente, ambos equipos no alcanzan ni la sombra de lo que en su día fueron en Europa y luchan por, poco a poco, recuperar el terreno perdido y volver a hacerse fuertes en el Viejo Continente.

Aquella campaña fue la última en la que se disputaron dos fases de grupos previas a las rondas eliminatorias saltándose de este modo los octavos de final. Antes de todo aquello, el Milan de Carlo Ancelotti, sufrió más de lo esperado para dejar en la cuneta en la previa del torneo al Slovan Liberec checo. Los rossoneri superaron el turno gracias al gol anotado como visitante y a pesar de caer 2-1 a domicilio, hicieron bueno el 1-0 de la ida en tierras italianas gracias a la regla de los goles fuera de casa.

En la primera fase de grupos, tanto Milan como Juventus, Roma e Inter lograron acabar la ronda entre los dos primeros demostrando la buena salud de la que gozaba el fútbol italiano en la época. Para el recuerdo de aquellas fases de grupos quedarán la victoria de la Roma en el Santiago Bernabéu (0-1) o las dos conseguidas por el Milan ante Deportivo (0-4) -la posterior temporada se daria aquella remontada histórica para los gallegos ante los milaneses- y Bayern de Múnich (1-2) ambas a domicilio, que lo colocaron tras el susto inicial como uno de los favoritos para hacerse con la copa.

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La segunda fase de grupos se cobraría a la Roma como víctima y a punto estuvo de dejar por el camino también a la Juventus, a la postre finalista, que quedó empatada a puntos con Deportivo y Basilea, pero que accedió a cuartos por mejor golaverage general.

El Milan ya en cuartos de final volvió a las andadas, y tras un 0-0 en el partido de ida ante el Ájax en Amsterdam, salvó el pescuezo en San Siro en los minutos finales de la eliminatoria cuando Tomasson -precisamente un ex Feyenoord-, en el descuento, deshizo el 2-2 que le habría dado el pase a los neerlandeses.

No sufrió menos la Juventus, que tuvo que acceder a las semifinales gracias a la prórroga después de empatar a un gol tanto en la ida como en la vuelta ante el Barcelona. Marcelo Zalayeta se erigió como héroe silenciando el Camp Nou en el minuto 114.

La Juventus dejaría atrás en el camino hacia Old Trafford a Deportivo, Barcelona
y Real Madrid dejando claro que el fútbol italiano se imponía en esta ocasión al español 

Eliminaría después el cuadro de Lippi a otro de los gigantes del fútbol español como el Real Madrid en unas semifinales que quedarían para el recuerdo ya que los blancos se impusieron en el Santiago Bernabéu en el duelo de ida por 2-1 y los turineses fueron capaces de darle la vuelta a la eliminatoria en Delle Alpi con un inicio fulgurante y una actuación estelar de Buffon, que paró un penalti a Figo. Zidane, en las postrimerías del encuentro, pondría los nervios a flor de piel en la que fuera su casa, pero el 3-1 no se vería alterado más y los de Del Bosque no pudieron alcanzar la que hubiera sido su segunda final consecutiva tras tocar el cielo en Glasgow un año atrás.

Si la que disputaron Real Madrid y Juventus fue una semifinal disputada, complicado es de definir lo que aconteció en el otro emparejamiento. Se medían por un puesto en la final, Milan e Inter, o lo que es lo mismo un derbi della Madonina a todo o nada con Manchester en el horizonte y un duelo en el que los rossoneri alcanzarían la final de nuevo por el valor doble de los goles ‘fuera de casa’ peculiarmente sin ni siquiera salir de su ciudad. Shevchenko y Oba Martins harían los goles del 1-1 que daría el pase a los de Ancelotti tras el 0-0 de la ida.

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Nadie dijo que llegar a una final de la Champions League fuera fácil, y los caminos de Milan y Juventus -que no contaría con una pieza clave como Nedved en la finalísima por sanción- hasta Manchester así lo demostraron. Las calles de la industrial urbe inglesa, al igual que el fútbol europeo -la Lazio también sería semifinalista de la Copa de la UEFA- se convirtieron en territorio italiano durante el 28 de mayo de 2003 y los días que lo precedieron y los más de 63.000 espectadores que abarrotaron Old Trafford presenciaron un gran espectáculo entre dos de los grandes equipos del panorama europeo -así lo atestiguan ambas alineaciones- que aun así, tuvieron dificultades para encontrar el arco rival, en parte por el gran nivel defensivo que rozó el rival y por el miedo a perder tras haber sufrido tanto para llegar allí que hizo difícil que la balanza se inclinara hacia alguna de las partes.

Juventus: Buffon; Thuram, Ferrara, Montero, Tudor; Camoranesi, Tacchinardi, Davids, Zambrotta; Trezeguet y Del Piero

Milan: Dida; Kaladze, Nesta, Costacurta, Maldini; Gattuso, Seedorf, Pirlo, Rui Costa; Shevchenko e Inzaghi

Ambos equipos aun así tuvieron claras oportunidades de gol (Shevchenko vio cómo le anulaban un gol al poco de comenzar el encuentro, Buffon salvó de forma milagrosa un cabezazo de Rui Costa, Antonio Conte golpeó el larguero con un cabezazo…), pero poco a poco, conforme se iba acercando el final, el miedo a perder se fue apoderando de ambos clubes y tanto es así, que, como atestigua la prórroga, casi exenta de ocasiones de gol, ambos equipos dieron por bueno el empate y el entregarse a la lotería de los penaltis en la que se batirían Dida y Buffon en duelo.

El brasileño se llevaría el gato al agua atajando tres (Trezeguet, Birindelli y Montero) de los cinco penaltis lanzados por los jugadores juventinos, mientras que Buffon, a pesar de que pararía dos (Serginho y Kaladze), se quedaría sin la orejona tras anotar Shevchenko -que pidió ser el último en lanzar- el penalti decisivo, que sería la primera para Ancelotti y la sexta para el club lombardo – que cuatro años más tarde conquistaría la séptima-. Por su parte, la Juventus enlazaría su tercera final consecutiva con derrota y hasta la fecha ha añadido dos más (ante Barcelona y Real Madrid) dejando su palmarés en dos Copas de Europa.

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Pocos recuerdan aquel partido como un encuentro entretenido e incluso hay quien la cataloga como una de las finales más aburridas de la historia, pero lo cierto es que fue “la fiesta del fútbol italiano en Old Trafford” como recordaría Ambrosini en declaraciones recogidas en el libro ‘El Milan de Berlusconi’, la constatación de que el fútbol de la Serie A gozaba de una buena salud y grandísima reputación en el primer lustro del siglo XXI y quizás un pico en esa escalada hacia la cima del fútbol europeo a partir de la cual se produjo un descenso progresivo de calidad y competitividad que ha llevado a la competición a perder una plaza para la Champions -que la próxima temporada recuperará- y a grandes entidades a perder una de sus características casi inherentes al escudo que representan, que no es otra que la de estar cada temporada entre los mejores equipos de Europa. Volverán. Estamos seguros de que volverán.

Fuente imagen principal: Laurence Griffiths (Getty Images)

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