Nadie vio de quien fue el gol. En el minuto 86 una sombra negra y vertiginosa al primer palo para cerrar la Premier rusa y todos pensamos en Farfán, el diente del Lokomotiv esta temporada. O quizá Manuel Fernandes, el alma renqueante de este equipo. Tuvimos que mirar dos veces antes de reconocer al inesperado héroe de la tarde.

Éderzito António Macedo Lopes dijo de la Eurocopa de 2016 que fue ‘el torneo de los sueños’. «Equipos de los que nadie esperaba mucho lo hicieron muy bien. Gales lo hizo. Islandia lo hizo. Yo lo hice». El gol de Éder le dio a Portugal su primer gran título internacional.

Al Lokomotiv llegó tras un periplo tortuoso. Nacido en Guinea-Bissau, su familia se mudó a Portugal cuando él tenía dos años. Buscaban una vida mejor, pero la aventura acabó con Éder en un orfanato de Coimbra. Su padre está condenado a cadena perpetua por el asesinato de su madrastra en 2003 y hace poco recobró el contacto con su madre.

En el campo era el patito feo, siempre ridiculizado. Ese delantero tosco que no sabía tirarle una pared a Cristiano Ronaldo. En el Lokomotiv apenas había podido marcar tres goles en toda la liga. Farfán, extremo de formación, ha sido el nueve titular del equipo. Y la primera opción desde el banquillo solía ser el brasileño Ari. Ayer, contra todo pronóstico, entró para cerrar la primera Premier en catorce años para el Lokomotiv.

El broche fue cosa de Éder, pero este equipo es mucho más. Manuel Fernandes ha pasado de ser un centrocampista exuberante y caótico en el Valencia a dominar los tempos de la Premier rusa. A Jefferson Farfán lo rescató del retiro un antiguo ojeador del Schalke 04, Erick Stoffelhaus. A Igor Denisov lo recuperaron para la causa tras pelearse con media Rusia por un carácter controvertido que le costará no jugar el Mundial.

Éder no es el principal responsable para explicar este título, pero sí uno de los que mejor define lo que es el club: el equipo de las segundas oportunidades. El club que acogió a los gemelos Miranchuk cuando el Spartak los descartó de su academia. El Lokomotiv es Yuri Semin, el técnico que fue jugador, segundo y presidente. El tipo que tras 70 años de vida y 600 partidos en la casa, rompió a llorar tras completar su última obra.

A la locomotora se le ha hecho muy largo el final de temporada. A Fernandes le machacaron los problemas físicos y el equipo bajó varios escalones en su rendimiento. Todo le costaba en este final de temporada, pero enfrente estaba el Zenit, especialista en revivir a los muertos. En el partido de ida, los de Mancini perdieron el liderato en casa ante el Loko, en un 0-3 que marcaría un antes y un después en el campeonato. En la vuelta vivieron impasibles como un tren les pasaba por encima mientras se les escapaba la Champions por tercera temporada consecutiva.

Aun así, el gol se resistía. El Lokomotiv lo probó hasta la desesperación. Incluso el speaker del estadio se aventuró a cantar un gol anulado por error, con el consecuente rastro de confeti en el césped. Tuvo que llegar ese extraño elemento llamado Éder para hacer el sueño realidad sin saber muy bien cómo. Otra vez él.

Fuente imagen principal: Agencias.

Share This

Compartir

Share this post with your friends!