Nettie Honeyball siempre imaginó un mundo donde el fútbol y la mujer eran uno. La londinense era una soñadora en una sociedad en la que por desgracia, hasta hoy, la total integración es propiedad más de la fantasía que de la realidad. Basta comprobar el desconocimiento sobre su figura, para entender que la obra de Honeyball es su legado: fue la fundadora del primer club de fútbol femenino, el British Ladies Football Club. 

“Fundé el equipo el año pasado con la firme intención de demostrar al mundo que las mujeres no son las criaturas ornamentales e inútiles que el hombre ha caricaturizado. Debo admitir que mis convicciones en torno a todo tipo de temas acerca de los sexos están a favor de la emancipación, y quiero que llegue el día en que las mujeres puedan sentarse en el parlamento y tengan voz en todo tipo de cuestiones, especialmente en aquellas que aborden temas importantes.” – Palabras de Honeyball en una entrevista concedida al Daily Sketch, en febrero de 1895

Fundado a finales de 1894, el club convocó a través de un anuncio en la prensa a todas aquellas que quisieran abrir un hueco al fútbol femenino. Hasta 30 mujeres se presentarían para la causa. En sus inicios, el British Ladies FC fue presidido por Florence Dixie, hija del Marqués de Queesbury y reconocida feminista que se dejó convencer por Honeyball para ocupar dicho cargo. En la parte técnica, el ex jugador del Tottenham J.W. Julian sería quien las entrenara dos veces por semana en el terreno adyacente al Alexandra Park. La rápida estructuración de aquella iniciativa no pasó desapercibida por la prensa:

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El diario The Sketch publicó en 1984 unos borradores sobre cómo deberían vestir y comportarse las futbolistas, ejerciendo su poder para cosificar a las mujeres. Fuente: www.donmouth.co.uk.

El primer partido se celebró en la tarde de un sábado 23 de marzo en Crouch End, en el norte londinense. Y así relataba el acontecimiento el diario The Sketch a la mañana siguiente:

“El panorama en Crouch End en la tarde el sábado era asombroso. La gente local se frotaba los ojos y se pinchaba los brazos porque no daban crédito. El visitante extranjero podría imaginar que aquello se trataba de algún evento organizado por el Estado. Durante toda la tarde llegaban coches de trenes repletos de gente excitada procedente de todas partes; la cantidad de carros, coches y otros vehículos marcaron un récord en la historia del fútbol. Toda esa enorme multitud se ha reunido para presenciar el primer partido del British Ladies Football Club”

El encuentro consistió en un enfrentamiento entre un equipo norte y sur de la capital inglesa, siendo el nivel del juego lo menos importante de la jornada dado el significado de su contexto. Por desgracia, hay quienes no pensaban lo mismo. El propio reportero de The Sketch eligió una manera “particular”, por no decir vergonzante, de resumir el juego: “Sería ocioso intentar hacer una descripción del juego. Los primeros minutos fueron suficientes para comprobar que el fútbol no es para mujeres. El futbolista necesita velocidad, juicio, habilidad y coraje. Ninguna de estas cuatro características apareció el sábado. La mayoría de las jugadoras se movían sin sentido por el campo y a trote. Además de jugó con un balón más pequeño de lo habitual, y a pesar de ello la jugadora más fuerte apenas podía desplazarlo unas pocas yardas. […] El árbitro Mr. Squires pasó por una experiencia agonizante”, sentenciaba.

Relacionado con esto, y en palabras de Richard McBrearty, director del Salón de la Fama del Fútbol Escocés, la directiva de la federación escocesa desprestigiaba continuamente las capacidades de las mujeres: “No hay lugar para las mujeres en un deporte de hombres, decían. Solo hace falta echar un vistazo a la federación de aquellos tiempos, compuesta únicamente por hombres. La idea de ver a mujeres jugando fútbol era inimaginable, se referían al fútbol como un deporte masculino”, cuenta McBrearty. Y añade: “Aunque por encima de todo lo peor era ver cómo la prensa deportiva cedía ante dicha filosofía, afirmando que las mujeres no deberían jugar a fútbol”.

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Representación del primer partido disputado en Crouch end. En el centro de la imagen aparece la capitana y fundadora del British Ladies Football Club, Nettie Honeyball. Fuente: Lloyds Weekly Newspaper.

La constante estigmatización y burdos comentarios fue lo que convirtió una buena cogida del estreno en términos de volumen (unas 10.000 personas se acercaron al lugar) y repercusión (en ciudades como Birmingham comenzaron a imitar la iniciativa del Bristish Ladies FC) en un gran motivo reivindicativo. Conviene apuntar que el partido de Crouch End no fue en realidad el primero disputado por mujeres (equipos femeninos se habrían creado con anterioridad), sino el primero en romper las primeras cadenas y sacar a la luz un debate ridículo -o debería- en los tiempos de hoy, pero necesario entonces. Manchester, Newcastle, Glasgow, Brighton, Greenwich, Sheffield, Cardiff, Dublin… no fue precisamente corta la lista de destinos en los que congregaron a miles de personas durante los próximos meses. Más aún, además de luchar contra un círculo periodístico viciado de tintes machistas, las jugadoras del British Ladies disputaban muchos de los encuentros por causas solidarias.

“Creo realmente que el público tiene una errónea visión de las futbolistas. Estas están universalmente satirizadas sin piedad alguna. Por supuesto que todo el mundo sabe que no practican un buen fútbol. ¿Pero quién podría imaginar lo contrario? Si seleccionáramos aleatoriamente a un grupo de futbolistas que no saben nada del juego y les pedimos que actúen ante un gran público sucedería exactamente lo mismo. Es verdad, los hombres podrían correr más y chutar más fuerte, pero aparte de eso, no me puedo creer que pudieran ofrecer mayor conocimiento del juego o una mejor ejecución. No procede toda esta cantidad de artículos escritos por hombres viejos que no sienten simpatía ni por el fútbol ni por las aspiraciones de las mujeres jóvenes” – Sporting Man (abril de 1895)

El camino del club fue breve porque en seguida la FA prohibiría el fútbol femenino, no sin señalar que aquello era demasiado rudo para ellas. El máximo organismo del fútbol inglés no devolvería su merecido espacio hasta los años 70, cuando el embrionario proyecto de las British Ladies, siglo y medio después, continuaría con éxito. No propiamente ellas, porque la entidad desapareció para siempre, pero otras recogerían el testigo. Sus nombres, que persistirán en el anonimato, nunca serán tan importantes como su propósito de haber querido romper con lo establecido. Un impulso de orgullo que ha permitido que desde hace décadas la presencia femenina en el fútbol está garantizada.

Fuente imagen principal: Agencias.

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