En tiempos del Paris Saint-Germain, del AS Mónaco, o incluso cuando la Ligue 1 la dominaba el Olympique Lyonnais, el único que podía (puede) presumir de tener en sus vitrinas una UEFA Champions League es el Olympique de Marsella. Sin embargo, en este texto no vamos a detenernos en recordar el equipo que montó Bernard Tapie, ni a los Völler, Francescoli, Abedi Pelé o Blanc, Deschamps… Tantearemos esa época, pero la afición, el movimiento ultra y el grado de relación que la sociedad marsellesa tiene para con el club será el tema troncal de nuestro estudio.

El Olympique de Marsella es el equipo del sur de Francia. Situado en la PACA (Provence – Alpes – Côte d’Azur) siempre ha tenido un carácter muy particular. Los hinchas del sur de Francia, quizá imbuidos por el baño del Mar Mediterráneo, son pasionales y guerrilleros. El OM es una forma de vida en la zona. Y quien escribe esta pieza ha podido empaparse de ese ambiente, de la cultura y de cómo vive una familia francesa esta ilusión llamada fútbol.

Los hinchas del sur de Francia, quizá imbuidos por el baño del Mar Mediterráneo, son pasionales y guerrilleros. El OM es una forma de vida en la zona

Porque un servidor estuvo en el sur de Francia de intercambio. Concretamente, en una ciudad llamada Martigues, a unos 40 kilómetros de Marsella. En el seno de una familia con un padre de melena larga y chupa de cuero, una señora encantadora y un hijo, Hugo, que adornaba su dormitorio, también mío durante aquella estancia, con pósters y escarapelas del OM. Hasta el monovolumen tenía la pegatina del escudo en el culo, y el lema del equipo en la luna trasera del coche: “Droit au But”. También recuerdo ver junto a la familia un OM – Dijon, haber compartido opiniones sobre el equipo y haber debatido sobre la figura de Brandão, el punta brasileño. Fue la etapa de los Rémy, Azpilicueta, Amalfitano o Alou Diarra. Y de Didier Deschamps, con quien ganaron una Liga y tres Coupes de la Ligue.

Y la ciudad de Marsella… Qué decir. Estética, paisajística e incluso artísticamente es una ciudad muy pintoresca. Sobre todo, Marsella es una ciudad de contrastes. Siendo el Vieux Port el primer lugar que visitamos, las lonjas y los pescadores, con sus cañas, neveras y sillas plegables, son parte de un paisaje adoquinado a la orilla de un mar que, junto el cielo azul, difumina la línea del horizonte en un beso eterno. Desgarrando ese fondo azul celeste encontramos el Chateau d’If, un castillo viejo en mitad del mar que sirvió, primero, de enclave estratégico militar, y posteriormente como cárcel. De allí, de hecho, escapó el Conde de Montecristo. Y los grandes monumentos de la ciudad, de estilo románico y bizantino, contrastan con los grafitis de las zonas urbanas de la urbe.

Embed from Getty Images

Sin embargo, más allá de la visita turística, Marsella es una ciudad distinta en lo social. Si bien la ultraderecha siempre ha estado asentada, la ciudad es, probablemente, la principal cuna de antifascismo en todo el país. La población casi al completo se ha adherido a la manera de pensar de los ultras del OM, causa por la cual el equipo es vivido con tanta intensidad, como algo transversal a sus vidas. La sociedad se identifica con los valores, entre otras cosas razones, porque Marsella, ciudad portuaria, ha sido tradicionalmente destino de emigrantes en un país que, ya de por sí, recibe muchos. Los recién llegados, de origen árabe, magrebí, tunecino, italiano, polaco… abrazaban los valores integradores del OM, ya no solo en la PACA, sino en muchos otros puntos del país, sobre todo en los barrios periféricos de las grandes ciudades. De hecho es frecuente que ondeen banderas de esos países en las celebraciones de la afición. Por otra parte, la ultraderecha siempre tuvo presencia, y de hecho creció a un ritmo sostenido. Esto, evidentemente, genera conflicto.

Desde 1984 se crearon grupos ultras del OM, tales como el Commando Ultra 84 o los South Winners 87, todos con un marcado antifascismo. Estos grupos se caracterizaban por su diversidad étnica y racial.

Desde la gestación de los primeros grupos ultras en Francia a mediados de los 80 (cómo no, en la ciudad de Marsella y bajo el velo del OM) se intensificaron las movilizaciones antifascistas. En muchos casos se han incentivado desde el seno de estas organizaciones cazas de skinheads racistas a los que empalizar en los aledaños del Vélodrome. Y en este contexto, en un momento de “diversificación mercantil”, las mafias empezaron a florecer. Marsella está en un enclave privilegiado para la llegada de mercancías y personas en barco, y ahí las organizaciones criminales pendonearon por la urbe como si de una cuasi homónima costasoleña se tratara.

Es entre el 89 y el 91 cuando se empieza a abrir la brecha de manera definitiva entre la hinchada del PSG, de ultraderecha, y los ultras del OM, antifascistas. Un suceso clave apunta al enfrentamiento entre los Boulogne Boys (PSG) y los South Winners (OM) durante la disputa de un partido en el Parc des Princes en la temporada 89-90. En aquella época los aficionados de uno y otro equipo vestían chaquetas tipo bomber, forradas en su interior con tela naranja. Al parecer, la hinchada del Marsella decidió darle la vuelta a la chaqueta, vestirla con el interior hacia fuera. Como todas las chaquetas llevaban el forro naranja, ese color pasó a formar parte de este grupo ultra para siempre. Otros, sin embargo, apuntan cosas diferentes.

Embed from Getty Images

En el libro OM-PSG, PSG-OM. Les meilleurs ennemis, enquête sur une rivalité’ (Riolo, Pérès, 2003), Alain Cayzac, antiguo directivo del PSG, decía que este duelo fue incentivado por una sola razón: el negocio. “PSG y OM son gente inteligente, que se entienden para realizar un buen negocio” decía el directivo francés. En el libro afirma que esta rivalidad es una mera estrategia auspiciada por el entonces dueño del equipo, Bernard Tapie, junto a Canal + Francia. Tapie buscaba una rivalidad a la altura del OM, y pensó en el PSG como “el malo de la película”. “Si siempre gana el mismo, la gente perderá el interés y eso significa menos negocio”, pensaba. Tanto fue así que ambos equipos colaboraron, intercambiaron jugadores con frecuencia, llegándose a suceder permutas extrañas, de un jugador volando hacia Marsella mientras tres del OM aterrizaban en París. Una idea que se dio al traste cuando el Marsella fue relegado a la Ligue 2 por amaño de partidos. Desde entonces Tapie rompió relaciones con Canal +.

En muchos de los estadios de Francia, país en el que aún existen muchos prejuicios raciales a pesar del mestizaje más que evidente, los aficionados del OM eran recibidos al grito de “Bienvenus en France”, un grave insulto racista disfrazado de falsa bienvenida

Más allá de las mafias, a las cuales nos remitiremos más adelante, la afición del OM comenzó a desplazarse, casi más como movimiento político que futbolístico, a todos los viajes del equipo de manera masiva. En muchos de los estadios de Francia, país en el que aún existen muchos prejuicios raciales a pesar del mestizaje más que evidente, estos aficionados eran recibidos al grito de “Bienvenus en France”, un grave insulto racista disfrazado de falsa bienvenida. Debido a la diversidad étnica de los aficionados del Olympique de Marsella, no los consideraban franceses, y en muchos casos les recibían con cruces célticas (icono acuñado por los fascistas) y proclamas xenófobas. Ante esto ellos, orgullosos, respondían: “Marsella no es francesa”.

En lo deportivo, el mayor acontecimiento de la última década fue la incorporación de Marcelo Bielsa como primer entrenador del club: es decir, alguien muy extravagante, fiel a unos valores que casan perfectamente con los del club y la sociedad marsellesa. Su adaptación al equipo y a la ciudad fueron totales. En lo deportivo, Bielsa anduvo a las puertas de probar metal, pero su mejor éxito fue el trabajo realizado con jugadores que, desde que él los tomó, obtuvieron reconocimiento internacional. Payet, Gignac o Mendy no dieron su mejor nivel hasta que ‘el Loco’ les tocó la fibra. Si bien es cierto que esos valores le hicieron marcharse de la entidad tras desavenencias con la directiva. Y en esas aguas revueltas, el estadounidense Frank McCourt decidió tirar la caña y pescó el club. Y la reestructuración del mismo fue a todos los niveles.

Embed from Getty Images

Bien lo sabe Andoni Zubizarreta, quien si bien no fue la primera opción que el club barajó, fue el que acabó llegando. El director deportivo del OM fue el responsable de elegir a Rudi García como nuevo técnico y fue clave en los fichajes de Payet, Luiz Gustavo o Evra. Pero no solo a eso se ha dedicado el bueno de Andoni. También ha tenido que lidiar con las mafias que aún ostentan parte del poder del club. Frank McCourt le eligió a él por su personalidad tranquila y su talante, y con ellos está intentando acabar con la reventa organizada de entradas, grupos de extorsión y para limpiar la imagen de un club que, con Tapie, fue relegado a la Ligue 2 por amaño de partidos hace más de 25 años.

Están intentando acabar con la reventa organizada de entradas, grupos de extorsión y limpiar la imagen de un club que, con Tapie, fue relegado a la Ligue 2 por amaño de partidos hace más de 25 años

Y todo, por supuesto, sin descuidar un proyecto deportivo que quiere volver a apuntar a Europa, la única seña de identidad que todavía le distingue del resto de potencias petrolíferas de la Ligue 1. Formar un equipo para que una sociedad cosmopolita e inconformista pueda seguir identificándose con un club tan particular como es el Olympique de Marsella.

Fuente imagen principal: EMMANUEL BARRANGUET (AFP)

Share This

Compartir

Share this post with your friends!