En la semana de su 96º cumpleaños, el Spartak soñaba con una gesta histórica: un doblete de Liga y Copa que no parecía tan lejos. La historia empieza hace diez días: con un partido más que el Lokomotiv, el equipo del pueblo estaba a solo dos puntos de la cabeza. Y con el líder dejándose puntos y fieles, peligraba la primera liga para el Loko 14 años más tarde.

Encima el Spartak iba para arriba, con cuatro goles de Quincy Promes en dos partidos y el mejor juego de la temporada. Si liquidaban un calendario afable, sin ningún rival del top-6 y solo uno del top-10, el título les caería sin mayor oposición. Hace dos sábados, Promes marcó su quinto gol en tres partidos, pero el Spartak cayó ante el Ural en Yekaterimburgo. No iba a ser un camino de rosas.

Pese al tropiezo, al Spartak le quedaba la Copa. Jugaba las semifinales en casa y a partido único contra el virtualmente descendido Tosno. En dieciseisavos cayeron diez de los dieciséis equipos de Premier Rusa, todos ante rivales de menor división. Entre los caídos estaban Zenit, Lokomotiv, CSKA o Krasnodar. En otras palabras: todos los favoritos menos el Spartak. Massimo Carrera podía verse en una final de Copa venciendo a un tercera, dos segundas y un primera ya descendido y azotado por los impagos. Y en la final, contra otro segunda de media tabla, puesto que Avangard de Kursk y Shinnik se enfrentaban en la otra semifinal.

En dieciseisavos de Copa cayeron diez de los dieciséis equipos de Premier Rusa, todos ante rivales de menor división

En el día del 96º aniversario del Spartak, la fiesta estaba cantada. A falta de cinco minutos, ganaban 1-0 y les esperaba la final. Roman Pavlyuchenko admitió que para entonces ya se había ido del estadio, con la sensación de partido resuelto. Encima el Lokomotiv iba empatando en casa contra pronóstico y le daba una bola extra para pelear la Premier Rusa. Lo extraño es que pese a acabar 0-0, el fondo ultra del Lokomotiv cantó uno de los goles más bonitos de la temporada: el que eliminaba al Spartak de la Copa. Una copa que llevaba su nombre, pero que un gol del Tosno en el minuto 88 llevó a la prórroga, a los penaltis, al fallo del capitán Glushakov y al acierto de Nuno Rocha que hacía saltar la sorpresa.

Este pasado domingo llegaría la última oportunidad. El Lokomotiv volvía a regalar dos puntos en casa, ante el pujante Ufa. Si el Spartak ganaba al Akhmat, se ponía a cuatro puntos a falta de tres jornadas. Se volvía a meter, vaya. Pero un contundente 1-3 ha puesto la casa del equipo del pueblo patas arriba. Carrera ha declarado que es el peor momento del Spartak en dos años y peligra el puesto para la próxima Liga de Campeones. Y con el puesto en liga, el puesto del entrenador italiano, que hace un año le daba al equipo su primera Premier Rusa en dieciséis años. Una Liga que ganaron justo la última vez que el Akhmat pisó el Spartak Stadium.

Sobre Artem Dzyuba

«El español es consecuente con sus amores y sus odios, sobre todo con sus odios». No iba mal encaminado Pérez-Reverte al hablar del poder de odio. De la venganza, ese odio llevado a lo pragmático. La que buscaba La Novia cuando quería matar a Bill. La del Ciudadano Ejemplar cuando que se rebeló contra el sistema que salvó a los asesinos de su familia. La venganza es potente, porque te da un objetivo concreto y el fuego interno para ir a por él.

Artem Dzyuba era el delantero titular del Zenit y la selección rusa. Pero la llegada de Cherchesov primero y de Roberto Mancini después le dejaron sin minutos y sin internacionalidades en el mejor momento de su carrera. El Arsenal de Tula decidió jugársela por él en el mercado invernal para intentar llegar a Europa. No ha ido mal; el chico lo ha jugado todo, con cuatro goles y dos asistencias en siete partidos. Aunque el partido de este fin de semana se lo tenía que perder: jugaban contra su Zenit, que incluyó una cláusula del miedo en su cesión.

La venganza se sirve fría, pero Dzyuba se calentó: pagó 150.000 euros de su bolsillo para obviar la cláusula y poder enfrentarse a sus ex. Y ya conocen la ley del ex: una asistencia abría el partido para el Arsenal, y cuando el Zenit consiguió ponerse 2-3, Dzyuba marcó y se lo dedicó al banquillo que presidía Mancini señalándose el dorsal, como si fuera Django cargándose de una a todos los que alguna vez le sometieron.

Desde Rusia con Balón, todas las semanas en Underground Football.

Foto de portada: Luiz Adriano se lamenta tras perder ante el Akhmat Grozny | Alexander Fedorov/Sport Express

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