Cuando algún equipo tiene éxito (y eso no siempre implica ganar un título, aunque en ocasiones ambas cosas coincidan), las razones que lo explican pueden ser muchas. Hay casos en los que ese buen rendimiento se produce principalmente por la existencia de una estrella que hace a determinado conjunto llegar a cotas que, sin él, no serían posibles. Un ejemplo de ello podría ser Gales junto a un Bale que desde la fase de clasificación para la Eurocopa de 2016 estuvo empeñado en hacer historia con su país: intervino en prácticamente todos los goles de los de aquella entrenados por Chris Coleman. Estaba rodeado de algunos buenos jugadores (como pueden ser Ben Davies, Joe Allen o, sobre todo, Aaron Ramsey), pero, sin Gareth, llegar a semifinales de la competición europea de selecciones más importante habría sido imposible. Incluso el hecho de clasificarse se habría puesto en duda.

En la otra cara de la moneda tenemos el hito del Leicester City, fraguado gracias, principalmente, a un gran colectivo. Todos iban a una. Algunos jugaron mejor que otros, pero en líneas generales todos fueron partícipes aunque fuera mínimamente. El aficionado neutral se quedó con los goles, la insistencia y la historia de Vardy; con las fintas y las maravillas técnicas de Mahrez; con los tentáculos de Kanté; o, incluso, con el toque de Drinkwater y los reflejos de Schmeichel. Podríamos decir que este grupo de futbolistas fueron los primarios, los más importantes, pero para que una institución aparentemente tan pequeña como el Leicester logre romper el status quo y llevarse la Premier League es necesario contar con varios secundarios que aporten su(s) granito(s) de arena. Dentro de estos últimos seguramente el más importante (y el mejor) fue Marc Albrighton.

La historia de Albrighton empezó como el típico cuento de hadas en el que determinado jugador pasa de ser un aficionado a formar parte del equipo que siempre ha sido su vida. Albrighton solía pedir autógrafos a los futbolistas del primer equipo y acabó siendo él quien los firmaba

Muchos de los integrantes de los foxes habían sido rechazados por sus respectivos equipos en años anteriores y Marc entra en esta categoría. Su historia empezó como el típico cuento de hadas en el que determinado jugador pasa de ser un aficionado a formar parte del equipo que siempre ha sido su vida. Albrighton solía pedir autógrafos a los futbolistas del primer equipo y acabó siendo él quien los firmaba. Estuvo en los dos lados. Sin embargo, después de 16 años en la disciplina de los villanos, en 2014 el club decidió que no iba a renovarle. Marc no se lo esperaba:Fue una sorpresa (irme). Me llevaron a pensar que iba a conseguir un contrato ahí. No sé de quién fue la decisión (entrenador, presidente, director ejecutivo). En ese momento debieron de pensar que podían conseguir a alguien mejor“.

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Uno podría creer, a sabiendas de que Albrighton siempre ha sido del Aston Villa, que esto le dolió. Más bien al contrario: Funcionó para mí. Irme ha sido lo mejor, porque estaba empezando a ser un poco complaciente. Había estado allí 16 años y llega un punto en el que los caminos se tienen que separar. Cuando supo que el Leicester iba detrás de él, y que el Aston Villa ya no le quería, la decisión era obvia.

El resto, como quien dice, ya es historia. El Leicester se salvó de manera milagrosa con Nigel Pearson al mando tras un arreón final en la 2014/2015, y la temporada siguiente ganó la liga inglesa con Claudio Ranieri en el banquillo. Como se dijo, Albrighton, sin ser el mejor, aportó. Y ahora que muchos rendimientos han vuelto a la normalidad (Morgan, Vardy) uno de los grandes alicientes para ver a los de Puel es Albrighton. Veamos por qué.

Hablábamos en un artículo anterior sobre Heung-Min Son, sobre cómo sin balón presionaba de manera intensa y eso le hacía importante en esa fase para el Tottenham. En Albrighton la cosa es parecida, aunque juegue en un sistema muy distinto. No escatima ningún tipo de esfuerzo y se pasa todo el partido corriendo. Arriba y abajo. Ayudando al lateral cuando toca defender y llegando a línea de fondo cuando toca atacar. En ese sentido es como un soldado, alguien en quien los entrenadores pueden confiar para que, independientemente de su nivel, se deje todo lo que tiene en el campo.

Después de haber explicado lo relacionado con su actitud, toca hablar de lo que hace con la pelota en el pie; lo que hace vistoso a cualquier atacante, al fin y al cabo. La cuestión es que una cosa se relaciona con la otra. Con el esférico también es muy, muy enérgico. No para quieto. Generalmente, cuando recibe, busca verticalizar, acercar a su equipo a la portería contraria. Lo hace a base de desbordes simples, hacia dentro o hacia fuera, con una gran aceleración y una buena velocidad sostenida que no permite a los defensas tomarse descansos. Su jugada favorita, ya sea mirando a línea de fondo o al portero rival, es centrar. De hecho, si a alguien le preguntas por la principal virtud de Albrighton, te dirá que es el golpeo del balón. Con razón.

La jugada favorita de Albrighton, ya sea mirando a línea de fondo o al portero rival, es centrar. De hecho, si a alguien le preguntas por la principal virtud de Albrighton, te dirá que es el golpeo del balón.

Marc cuenta con la ventaja de que sus centros son casi tan buenos con la izquierda como con la derecha, de manera que no importa la banda en la que juegue. Puede buscar centros con rosca hacia la portería o al contrario. Cualquier punta agradecería este tipo de servicios. Por otra parte, algo bastante obvio, suele llevar peligro tanto en faltas laterales colgadas al área como en saques de esquina. Ha declarado en más de una ocasión que su ídolo era David Beckham… Visto lo visto, no extraña.

De todos modos, aunque lo que más hace es arrancar en conducción hacia delante, su juego va un pelín más allá: goza de una lectura de juego bastante buena. Ve, por ejemplo, si un lateral le dobla o si puede dar un pase sencillo en ventaja a un compañero, pero en este aspecto hay dos cosas que destacan por encima de cualquier otra y que, además, se relacionan con su principal virtud: los cambios de orientación y los pases a Vardy a la espalda de la defensa. Cuando casi todos los jugadores han basculado hacia su lado, suele encontrar a Mahrez en el lado débil gracias a su golpeo de balón. De la misma manera, si el oponente tira la línea adelantada y Vardy se desmarca, sirve grandes pases por alto.

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En resumidas cuentas, estamos ante un futbolista enfocado al desequilibrio (simple) que cuenta con un punto de pausa que le hace muy interesante. Su IQ de este juego no es unidimensional. No solo sabe hacer una cosa. Y eso es importante.

Sus estadísticas (2 goles y 7 asistencias en 30 partidos) son buenas partiendo desde una banda y teniendo en cuenta que casi nunca llega a zona de remate desde atrás o busca portería cuando recorta hacia dentro desde el lado siniestro. Probablemente se encuentre en el mejor momento de su vida y una llamada con la selección inglesa no estaría de más a sabiendas de que Welbeck y Young acaban de ser llamados por Southgate. Albrighton no es ninguna maravilla, no está entre los mejores de la liga, pero eso no quita que sea bastante bueno.

Los secundarios no reciben titulares, artículos o reconocimiento… y hay algunos, como Albrighton, que lo merecen. Hablemos más de él.

Fuente imagen principal: Getty Images.

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