De Pedro el Grande se dice que fue el mejor zar que ha tenido el Imperio Ruso. Un adelantado a su época, que renegaba de los dogmas religiosos y quiso acercar las bonanzas de la ciencia y Occidente a la ciudad que lleva su nombre. Una ciudad inspirada en Ámsterdam, el gran amor del zar junto con el Renacentismo italiano que impregna gran parte de los monumentos de la ciudad.

San Petersburgo no tiene nada que envidiar a Moscú como ciudad, aunque el fútbol es otra historia. Spartak, CSKA, Lokomotiv, Dinamo o incluso Torpedo han eclipsado a la que fuera capital rusa. Y más tras un fin de semana donde el Zenit se ha descolgado definitivamente de la pelea por el título mientras tres equipos de la capital copan las posiciones de Champions.

Todo son desgracias para Roberto Mancini. La realización de los partidos se queda más con sus gestos de desesperación que con lo que pasa sobre el césped. En el último mes se ha quedado sin Europa League y sin liga. En una misma semana, dos titulares como Mammana y Kokorin se rompieron el cruzado de la rodilla y se despidieron de la temporada, para desgracia del italiano.

Pese a las lesiones, la propiedad se gastó una morterada en verano y redobló la apuesta en invierno, aunque el técnico se queja igualmente. Se ha quejado de árbitros, directivos, calendarios… Esta semana innovó. Tras perder 1-2 contra el pujante Krasnodar, uno de los grandes proyectos del fútbol ruso, dijo que era difícil ganar «cuando tus jugadores fallan tres o cuatro ocasiones que hasta los recogepelotas meterían». Un cabreo monumental que empezó con un ex del Zenit: Oleg Shatov.

Shatov, titular indiscutible con Vilas-Boas y Lucescu, se vio en el filial por un conflicto con Mancini y varias lesiones de por medio. En el mercado invernal se rebajó el sueldo para poder irse cedido al Krasnodar y tener opciones de ir al Mundial. Cumpliendo la ley del ex, Shatov marcó el 0-1 y se fue directo a por su nuevo entrenador, Murad Musaev, y le señaló como el responsable de confiar en él lo suficiente como para pagar una compensación al Zenit para poder alinearle.

Shatov agradeció la confianza de Musaev tras su gol ante el Zenit | Imagen: Match TV
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Shatov agradeció la confianza de Musaev tras su gol ante el Zenit | Imagen: Match TV

Al otro lado del banquillo, Mancini observaba la escena mientras su Zenit no arrancaba y el estadio ovacionaba a su exjugador cada vez que iba a poner un córner. Pese al empate, el equipo no transmitía tener el partido por el mango en ningún momento. Y para coronar la tarde, una genialidad de Smolov regaló la victoria a los visitantes y un concierto de viento a Mancini al terminar el partido.

Shatov, que jugó 20 minutos cojeando por una lesión muscular, vio desde el banquillo el segundo gol y no pudo contener las lágrimas. Acababa de marcar su primer gol en el nuevo estadio del Zenit. Al día siguiente, Mancini aterrizaba en Roma para negociar su fichaje por la selección italiana.

Shatov: «Estuve cinco años en el Zenit, puse todo mi corazón y mi fuerza por el club. Y en el momento en el que estaba en el pozo, sentí que me ridiculizaron, por decirlo de alguna manera. Pensé todo lo que pasé para estar aquí y se me escaparon las lágrimas. Lloré porque me demostré a mí mismo que puedo jugar al fútbol»

No anda mucho mejor la cosa en el resto de la ciudad. Que el Tosno sea el segundo equipo de San Petersburgo dice mucho de lo que arrastra el deporte rey en la ciudad. Aunque en el Tosno juega un clásico del fútbol ruso, Pavel Pogrebnyak. Salió del Fulham hace casi tres años rumbo a un Dinamo de Moscú con dinero fresco. Le firmaron un contrato descomunal que mantuvo cuando el equipo bajó a Segunda y los inversores desaparecieron. Para colmar el negocio ruinoso, el Pogrebnyak ni siquiera rindió, lo que le llevó a pasar largas temporadas en la grada. El Dinamo llevaba mucho tiempo queriendo quitárselo de encima, el Tosno apareció para darle una oportunidad y Pogrebnyak marcó su primer doblete en Premier Rusa en diez años. Su equipo empató a dos, aunque la victoria del Dinamo de Moscú en casa del CSKA le deja la salvación muy complicada.

El tercer equipo en discordia es el Dinamo de San Petersburgo, tradicional rival del Zenit hasta aparición de los petrorrublos de Gazprom. Ahora en Segunda, todo parecía irle bien en su pelea por el ascenso hasta que su propietario, Boris Rotenberg, confirmó la semana pasada que se plantea mover el club a Sochi para aprovechar que el estadio mundialista allí construido no tiene ningún equipo local detrás. Con los fans seguidores a 2.300 km y el escaso interés por el fútbol en Sochi, el futuro no parece muy alentador. Ni siquiera el Dínamo se libra de una mala semana para el fútbol de San Petersburgo.

Desde Rusia con Balón, todos los lunes en Underground Football.

Foto de portada: Shatov llora en el banquillo tras el partido ante el Zenit | Imagen: Match TV

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