Cuando en la previa del Brasil-Alemania vimos a David Luiz y Júlio César cantando el himno al borde del llanto y sacudiendo una camiseta del lesionado Neymar, algo parecía no ir bien del todo. De la anfitriona se dijo que disputaba cada partido como al borde del precipicio, sabiendo que entre el repóquer de estrellas que presidían su escudo no había ninguna conseguida en su tierra. Al primer gran contratiempo, la canarinha cosechó una de las derrotas más dolorosas de la historia del deporte.

El pasado viernes, Brasil entregó el testigo de anfitriona a Rusia en Luzhnikí. Sin ser un combinado brillante, el equipo de Cherchesov tiene una identidad (eminentemente defensiva) que palia la falta de grandes estrellas y le permite competir en la mayoría de encuentros que disputa. Sin ir más lejos, los amistosos ante Argentina, España o la primera parte ante Brasil dejaron pocas dudas a menos de tres meses para el Mundial.

Sin embargo, tres zarpazos de la gran favorita en apenas un cuarto de hora convirtieron a Rusia en un flan. Ningún jugador ruso pasó por la zona mixta. A Cherchesov no le quedó más remedio que enfrentarse a la ola de preguntas de los medios rusos, a los que pidió «eliminar la palabra problema del vocabulario», argumentando que lo único que necesita su equipo son pequeños ajustes.

Rusia se enfrenta a una presión mediática desmedida si atendemos a la calidad de su plantilla

A falta de ochenta días para el partido inaugural contra Arabia Saudí, Rusia comienza a notar la presión de la anfitriona. Y, como cuando a Brasil se le exigía ganar en su tierra, Rusia tampoco parece preparada para evitar el ridículo que sería no superar la fase de grupos. En los medios se tiran de los pelos, con críticas al técnico Cherchesov. Por propiciar la retirada internacional de los Berezutski. Por no contar con el mejor centrocampista ruso de la temporada, Igor Denisov, por su conflicto cuando ambos coincidieron en el Dínamo de Moscú. Alguno incluso le critica por no saber controlar a Rausch y Neustädter, dos nacionalizados que fueron cazados de fiesta tras perder con Brasil.


Seguramente Cherchesov pueda ser un técnico poco dado a la innovación. Alexey Miranchuk apenas duró 53 minutos sobre el césped, Denis Cherishev ni siquiera tuvo minutos y su equipo aburre hasta la saciedad. Pero, qué queréis. Es Rusia, un equipo que ni tiene estrellas ni jugadores de segunda fila que le salve los partidos. Rusia vive de jugadores de una liga local decadente, con un sistema que sobrepaga al jugador nacional y le impide madurar en ligas de categoría superior. Ni siquiera tiene a algunos de sus mejores jugadores disponibles, con Dzhikia, Vasin y Kokorin fuera de combate.

Hoy, a ochenta días para el debut, se antoja muy difícil no volver a ver a Cherchesov en esa misma sala de prensa despejando preguntas de la prensa internacional, achicando agua para mantener a flote un bote al que se cuestiona como un grande cuando solo es Rusia.

Desde Rusia con Balón, todos los lunes en Underground Football.

Foto de portada: screen-ad.ru

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