Elaborado por Nacho Pérez y Adrián Blanco.

Tan rápido fue el ascenso como su posterior decadencia. Pero lo que ningún aficionado al Parma podía imaginarse es que tras alcanzar la gloria, con una plantilla de tales dimensiones y sustentados por una de las empresas más consolidadas del país en aquellos tiempos, el equipo se terminaría fracturando y la sociedad, en cambio, terminaría siendo prensa de un destino mucho más aciago. El Parma de finales del siglo pasado encandiló a propios y extraños. Durante este tiempo, levantó una Recopa de Europa (1992-93), tres Copas de Italia (1991-92, 1998-99 y 2001-02), una Supercopa de Europa (1993), dos Copas de la UEFA (1994-95 y 1998-99) y una Supercopa de Italia (1999). Y aunque dicha Supercopa, conquistada ante el Milan en San Siro, representó el último entorchado de tan exitoso momento; fue la segunda UEFA, ante el Olympique de Marsella en Moscú, el trofeo que consagró a una generación memorable. El sector más crítico de los aficionados parmesanos, en su haber, discutirá que probablemente se dejó escapar una oportunidad única de pelear por el Scudetto. Pues lo cierto es que durante estos años el Parma jamás se mostró si quiera próximo a acariciarlo. Hoy día esa posibilidad parece muy lejos de tornase de nuevo en realidad, pero más aún que el Ennio Tardini de la Emilia Romagna pueda celebrar tantos títulos europeos de seguido con un equipo que muchos siempre han atribuido que merece estar sentado a la mesa de las mejores gestas del balompié.

¿CUÁNDO Y DÓNDE? I El contexto

Italia representó durante algo más de una década la bóveda mundial del deporte rey. Sucedió entre los ochenta y noventa, cuando la competición nacional reunía entre sus fronteras a los mejores futbolistas de aquel momento. En un laxo de tiempo donde Milan y Juventus medían sus fuerzas por ser primer embajador del Calcio en la máxima competición continental, ya por aquel entonces reconocida como la UEFA Champions League, otros como Inter, Sampdoria, Fiorentina o Parma aprovecharon la coyuntura para presentar sus candidaturas a la Copa de la UEFA. Una etapa de apertura, de reconocimiento en los alrededores del país transalpino, que llevó incluso a que la televisión británica decidiese apostar en su programación por una Serie A por la cual la crítica futbolística siempre se ha puesto de acuerdo en reconocer como el torneo nacional más destacado de aquellos tiempos. Fue la oportunidad para que cualquier aficionado desde las Islas siguiera disfrutando de futbolistas como Paul Gascoigne o Paul Ince, quienes, seducidos por las apetitosas propuestas económicas que regentaban los mejores equipos en Italia, decidieron emigrar con destino a Roma (Lazio) y Milán (Inter) de manera respectiva.

En un laxo de tiempo donde Milan y Juventus medían sus fuerzas por ser primer embajador del Calcio en la máxima competición continental, ya por aquel entonces reconocida como la UEFA Champions League, otros como Inter, Sampdoria, Fiorentina o Parma aprovecharon la coyuntura para presentar sus candidaturas a la Copa de la UEFA

Un período de bonanza en todos los sentidos. Y como dinero llama a dinero. En esas, entró en escena el Parma. El equipo de la Emilia-Romagna finalizó el curso 1997-98 en la sexta posición del campeonato, cayendo en las semifinales de la Copa y siendo apeado en los grupos de la Copa de Europa. Por lo que la entidad, comandada por la controvertida empresa Parmalat, decidió prescindir de Carlo Ancelotti, quien hizo las maletas sin conquistar ningún título, en detrimento de Alberto Malesani. El técnico veronés, procedente de la Fiorentina, se hizo cargo del que hasta ahora, con total seguridad, continúa siendo el mejor vestuario de la entidad gracias a Gianluigi Buffon, Fabio Cannavaro, Dino Baggio, Enrico Chiesa, Liliam Thuram, Hernán Crespo o Faustino Asprilla. Además de Juan Sebastián Verón y Alain Boghossian, contratados durante ese mismo verano; con este último, nacido en Digne-les-Bains, coronado como Campeón del Mundo desde hacía pocas semanas en el estadio francés de Saint-Denis (1998).

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Unos años grabados en oro en la memoria del club parmesano. En los que materializó, para postergar en el recuerdo, su entrada en el salón de la fama con dos títulos de la UEFA casi consecutivos (1994-95 y 1998-1999). Este último, el que confiere a este monográfico, levantado después de tres años totalmente en blanco. Y que de pronto, consagró el mejor año a lo largo de su historia mediante el título de la UEFA y la Copa Italia -que conquistó en el Artemio Franchi, en una final a doble partido ante la Fiorentina, de donde precisamente acababa de salir Malesani con rumbo, fruto del destino, al victorioso Parma-. Pues todavía hoy, conviene remarcarlo, el Parma es el único club italiano que ostenta más títulos internacionales (2 Copas de la UEFA, una Recopa y una Supercopa) que ligas de su propio país (ninguna) en las vitrinas; y, junto al Borussia Mönchengladbach, supone la única ciudad con menos de 200.000 habitantes que regenta en su legado importantes conquistas europeas. Una época, la de los noventa, que permanecerá siempre en la memoria del club y de un Ennio Tardini que durante finales del siglo pasado presumieron de uno de los mejores equipos en la historia del fútbol.

El Parma, junto al Borussia Mönchengladbach, supone la única ciudad con menos de 200.000 habitantes que regenta en su legado importantes conquistas europeas

EL ENTRENADOR I Alberto Malesani

Alberto Malesani despierta opiniones muy contradictorias entre los aficionados del Parma. Puede resultar extraño, si uno atiende a su currículo durante los poco más de dos años que estuvo en el equipo y donde levantó una Copa Italia, una Supercopa nacional y una Copa de la UEFA -la segunda de la entidad y la última, en cambio, de un entrenador italiano con la ya emérita segunda competición continental-. Sin embargo, los más exigentes cuando ahora echan la vista atrás a una plantilla conformada por nombres como Buffon, Cannavaro, Thuram, Crespo o Verón siempre se referirán a la etapa como una oportunidad despediciada. Ya que el equipo parmesano se mostró incapaz de representar una oposición firme, directa y convencida en la pugna por el Scudetto. La gran espina, sin duda, durante la etapa de Malesani al mando del Parma. A lo largo de las dos temporadas completas que estuvo, acabó en cuarto y quinta posición. Y a la tercera, estando en 13º lugar, la sociedad presidida por Calisto Tanzi ejecutó su primer despido desde que tomase las riendas a principios de los noventa. Malesani aterrizó en Parma procedente de la Fiorentina, a quien derrotaría pocos meses después en el mismísimo Artemio Franchi en una final copera a ida y vuelta, con la responsabilidad de encomendar el que aún sigue siendo, tras varias décadas después de todo aquello, el mejor equipo que se recuerda en el estadio Ennio Tardini al norte de Italia. Su carrera como técnico, de hecho, en nada se parece a aquella que protagonizó vestido de corto. Creció en las categorías inferiores del Audace San Michele, en su Verona natal, y su máximo esplendor fue un campeonato de la Serie D. Un futbolista con buen criterio que, debido a su lentitud con el esférico, se quedó lejos de alcanzar su suerte en un fútbol con un ritmo diferente al del otrora centrocampista italiano.

LA ESTRELLA I Juan Sebastián Verón

Teniendo en cuenta que Crespo anotó 28 goles en todas las competiciones, Buffon se convertiría en uno de los mejores porteros de la historia, Cannavaro sería Balón de Oro y Thuram uno de los mejores defensores de la historia de Francia, difícil es elegir para este apartado a un futbolista que no se encuentre entre los anteriormente destacados. Además de la carrera que desarrollaron los citados convendría destacar el papel de Chiesa, Baggio, Sensini o Vanoli en ese super equipo, pero si hay un futbolista que influyó más en el juego del Parma de Malesani que los citados, ese fue Juan Sebastián Verón, que supo potenciar a sus compañeros de equipo a lo largo de una mágica campaña.

Juan Sebastián Verón, también conocido como La Brujita, suele ser más recordado por su trayectoria en el Manchester United de Alex Ferguson que por su paso por el Parma de Alberto Malesani. Resulta lógico, puesto que su gran temporada en el equipo italiano hizo que tras la temporada 1998/99, Verón firmara por la Lazio como previo salto a la Premier League. Es por tanto normal que se recuerde a este centrocampista argentino ocupando posiciones más retrasadas a las que ejercía en el Parma de Malesani. Verón ejercía en el cuadro emiliano como enganche entre el doble pivote, y la delantera, compuesta casi siempre por Crespo y Chiesa.

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La leyenda de Estudiantes de La Plata era el iniciador del juego de ataque del cuadro italiano, el más buscado por sus compañeros cuando se encontraban en problemas debido a la presión de los rivales. En él empezaba todo el ataque crociato  y pocas veces se equivocaba a la hora de tomar decisiones

La leyenda de Estudiantes de La Plata era el iniciador del juego de ataque del cuadro italiano, el más buscado por sus compañeros cuando se encontraban en problemas debido a la presión de los rivales. En él empezaba todo el ataque crociato  y pocas veces se equivocaba a la hora de tomar decisiones. Ya fuera en días en los que el Parma estaba obligado a salir jugando, o en partidos en los que había que buscar a los atacantes con balones a las espaldas de los defensas, él era el capitán del centro del campo y el brazo ejecutor, que no dudaba en remangarse y bajar a recibir el balón en su propio área como claro signo de lo que después vendría en su carrera, que no fue otra cosa que el ver retrasada su posición en el campo, cosa que también se vio en determinados partidos de esa histórica temporada del cuadro emiliano.

¿CÓMO JUGABA AQUEL EQUIPO?

Se suele sostener en el mundo del fútbol que un buen entrenador es aquel que es capaz de sacar lo mejor de los futbolistas de los que dispone. Y estamos de acuerdo con esa afirmación, pero en este caso, Alberto Malesani lo tuvo bastante fácil. Basta con observar desde la perspectiva que nos brindan los 18 años que han transcurrido de aquella temporada histórica, cómo se ha desarrollado la carrera de los principales futbolistas de la plantilla aquí tratada. Buffon es leyenda, Cannavaro conquistó un Balón de Oro, Thuram fue uno de los defensores más fiables de toda una época, Verón lideró al Manchester United de Ferguson en posiciones más retrasadas, Chiesa fue un goleador consagrado en la Serie A mientras que Crespo se convirtió en uno de los arietes más temido de la primera década del siglo XXI.

Repasando los nombres de todos los futbolistas de prestigio anteriormente nombrados, conviene destacar que todos tenían características en común. Eran futbolistas que jugaban los 90 minutos a una gran intensidad, que no daban nunca un balón por perdido y con enorme capacidad de sacrificio en pos del equipo, lo que aclaraba el panorama para un Malesani que ya lo tenía más fácil a la hora de planear los partidos.

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Su equipo, por tanto, no era un conjunto caracterizado por llevar la iniciativa en el juego, de hecho, observando varios de los partidos de aquel Parma, se puede percibir cómo los momentos en los que más atemorizados se veía a los hombres de Malesani era cuando tienen que sacudirse una presión alta. Aun así, teniendo como portero a Buffon, y en la línea de tres centrales a Cannavaro, Sensini y Thuram, el equipo no recibía el número de ocasiones de gol que se podría esperar de un equipo con tantas dificultades para sobrepasar la primera línea de presión.

Teniendo como portero a Buffon, y en la línea de tres centrales a Cannavaro, Sensini y Thuram, el equipo no recibía el número de ocasiones de gol que se podría esperar de un equipo con tantas dificultades para sobrepasar la primera línea de presión

Una vez se superaba esa primera línea de presión, Dino Baggio, y quien fuera su acompañante en el doble pivote -ya que era una de las posiciones menos fijas-, el Parma le metía una marcha más a su ataque, y ya sea apoyándose en las bandas o buscando a Chiesa y Crespo a las espaldas de los centrales, buscaban a contrarreloj el arco rival. Todo ello, con una condición casi indispensable: Juan Sebastián Verón. El argentino intervenía, por delante del doble pivote, casi en todas las acciones de ataque de su equipo acumulando escasos errores.

Se comentaba anteriormente cómo se sobreponía el Parma, no sin dificultades, a la presión alta a la que le sometían los rivales, pero cuando no era ese el escenario, era cuando el conjunto crociato más disfrutaba, porque si algo sabía hacer el equipo de Malesani era detectar y magnificar los defectos del rival, tal y como se puede apreciar en la final de la UEFA ante el Olympique de Marsella o en el partido de vuelta de los cuartos de la misma competición en el que golea (6-0) a un Girondins de Burdeos, que en la ida había vencido a los emilianos.

Sostenidos por su sólida y férrea defensa anteriormente comentada, el Parma esperaba a sus rivales y cuando detectaba y se anticipaba al error de su rival, era mortal.

En definitiva, Alberto Malesani se encontró una plantilla con las características ideales para plasmar sobre el césped su estilo de contragolpe y los resultados le dieron la razón. La importancia de las bandas, la solidez y el sacrificio ofensivo de sus defensores y el doble pivote, la figura de Verón o el hambre de gol y la inteligencia para leer los espacios de Chiesa y Crespo (más la aportación de Balbo o Fiore desde el banquillo) hicieron que la del Parma de la 1998/99 sea una de las plantillas más recordadas de la segunda mitad de los 90.

EL PARTIDO I Parma 3-0 Olympique de Marsella

El Parma se plantaba cuatro años más tarde de nuevo en una final de la UEFA, en Moscú, a casi 3,000 kilómetros de casa. Los hombres de Malesani se verían las caras en la final con un Olympique de Marsella, que llegaba a la cita en la capital rusa con las bajas de vital importancia de Dugarry, Ravanelli, Gallas y Jambay como consecuencia de los incidentes sucedidos en la vuelta de las semifinales ante el Bolonia.

Así las cosas, el Parma partía ligeramente como favorito a pesar de que su rival sí que podía contar con futbolistas con la experiencia de Bravo y Blanc, y con un joven Robert Pires, que junto a Gouvernnec eran de lo más destacado del club del sur de Francia.

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Atendiendo a este contexto, el Olympique de Marsella decide cederle la iniciativa a un Parma dirigido por Verón desde la media punta y escoltado por Alain Boghossian y Dino Baggio. La apuesta incial por usar el recurso del balón largo buscando a Crespo y Chiesa a las espaldas de los centrales es clara, aunque sin éxito aparente, hasta que, en el minuto 25, Verón prolonga de cabeza un balón que Laurent Blanc se dispone a ceder a su portero sin aparente dificultad. El envío del veterano defensor se queda corto y Crespo aprovecha el fallo para batir a Porato con una excelente vaselina que desbloqueaba el partido.

El Parma adelanta su línea de presión, algo habitual en este equipo cuando se encuentra con ventaja, y obliga al OM a probar desde lejos a Buffon, que sería durante la final un espectador más. Thuram comienza a actuar como segundo carrilero, y fruto de su presión tras pérdida llega el segundo gol tras un centro de Diego Fuser que cabecea Vanoli. De banda a banda, otra característica muy definitoria de este Parma que, siendo ampliamente superado en cuanto a posesión, se marcha al descanso con dos goles de ventaja.

El Parma recogió su segunda Copa de la UEFA de manos de Lennart Johansson ante los 500 aficionados italianos desplazados a Moscú

Y a los diez minutos de la reanudación llegaría la sentencia con una jugada magistral. La pelota le cae a Thuram, el mejor jugador del partido y que poco antes había tenido una oportunidad de gol arrancando desde su propio área, que combina con Fuser, pegado a la línea de banda. Con una pared superan a dos rivales y el defensor galo se vuelve a apoyar con Verón, que está acostado a la banda diestra del ataque italiano. La Brujita pone un centro al área que deja pasar entre sus piernas Crespo para que Enrico Chiesa haga el tercer tanto. La lección ya estaba dada. Con pocos toques el conjunto italiano era capaz de destrozar a cualquier rival saliendo desde atrás. Con 40 minutos aun por delante, el OM se siguió encontrando incapaz de llegar a área rival. El cuarto tanto pudo llegar si Balbo, de falta directa, no encuentra la madera, pero el marcador no se movió más y el Parma recogió su segunda Copa de la UEFA de manos de Lennart Johansson ante los 500 aficionados italianos desplazados a Moscú.

Fuente imagen principal: Christian Díez.

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