Era la jornada 26 de la Eredivisie 1996/97. Aunque el Ajax había eliminado esa misma semana al Atlético de Madrid de los cuartos de final de la Champions League, en el campeonato liguero estaban a más de diez puntos del líder. En cambio el Feyenoord, ya eliminado de la Copa de la UEFA por el Tenerife de Jupp Heynckes, tenía la oportunidad de empatar a puntos con el PSV, quien encabezaba la clasificación. Los de Ámsterdam jugaban en Waalwijk, una localidad a más de una hora de la capital, mientras que los de Róterdam lo hacían en Alkmaar, a una distancia similar de De Kuip. Entre los dos partidos había una distancia de casi 150 kilómetros, pero los aficionados de los dos conjuntos más laureados de los Países Bajos se citaron en a la altura de Beverwijk, un municipio que no llega a los cincuenta mil habitantes. Allí murió Carlo Picornie.

Las diferencias entre los hinchas de Feyenoord y Ajax son evidentes, también son las diferencias entre Ámsterdam y Róterdam. Nacieron para odiarse y, como no podía ser de otra manera, el movimiento hooligan también llegó a los Países Bajos. El 16 de febrero, días antes de enfrentarse con un balón de por medio (3-0 para los ajacied), las secciones más radicales de ambas aficiones se retaron 50 vs 50 en una zona cercana a la autopista A10. Las reglas eran de cincuenta hombres por equipo, pero del Feyenoord aparecieron algunos más. En inferioridad numérica, los del Ajax se retiraron y sus rivales dejaron un mensaje ante las cámaras de NOS: “Los del Ajax son unos maricas”.

Para llegar hasta el estadio del AZ desde Róterdam debían coger la A9, autopista que nacía en Ámsterdam para terminar en Alkmaar. La policía ya se olía el ambiente antes de la batalla, pero no fue capaz de adivinar dónde quedarían ambas aficiones concretamente. Una patrulla de Mobiele Eenheid, la unidad antidisturbios neerlandesa, se presentó en las cercanías del mercado negro de Beeverwijk, uno de los bazares más grandes del país con más de mil tiendas y que recibe cerca de cincuenta mil personas cada fin de semana.

“Hubiéramos necesitado tropas aerotransportadas para detenerlos”, dijo uno de los jefes de Policía. Cerraron algunas carreteras y túneles, pero todo intento fue en vano. Decidieron el lugar de encuentro minutos antes por teléfono móvil, en un prado cercano a la autopista. Abandonando los coches según estaban, miembros de uno y otro bando comenzaron a sacar su arsenal del maletero: bates de béisbol, hachas, cadenas, cuchillos, martillos, barras de hierro… Se habla de que cerca de trescientas personas confluyeron allí, siendo otra vez los del Feyenoord más numerosos.
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Algunos testigos de lo sucedido declararon que estaban bastante sorprendidos por el hecho de que la mayoría tuvieran ya una edad considerable, con la sensación de que actuaban bajo los efectos de las drogas. Uno de los treintañeros era Carlo Picornie, quien se unió al grupo de animación ajacied en 1989. Tenía esposa y era padre de dos hijos, motivos por los cuales había dejado de ser uno de los miembros más activos. Sin embargo, el 23 de marzo de 1977 hizo una excepción que creía que serviría de ejemplo de cómo debe comportarse un verdadero aficionado del Ajax para los más jóvenes. Hoy no cabe ninguna duda de que lo consiguió.

Según los allí presentes, Picornie estaba desarmado y fue rodeado por una quincena de personas: “Fue golpeado, apuñalado y pateado. Me recordó a la caza de focas. Le golpearon con martillos y palos”. “Carlo estaba tratando de saltar a un barranco, pero no lo consiguió. Un grupo comenzó a perseguirlo y fue derribado”. Según el forense, su muerte se debió a, principalmente, una lesión cerebral provocada por el impacto de un martillo y las heridas de arma blanca en la espalda, las cuales provocaron que su pulmón izquierdo acabase inundado de sangre.

Picornie luchó contra el enfoque comercial que estaba tomando el Ajax, llegando a colgar una pancarta que rezaba “F-Side [aficionados] vuelve, la zona VIP fuera”. Era un referente en la grada del recién inaugurado Amsterdam ArenA, y por ello un blanco para los rivales de aquel triste domingo, como reconocieron algunos de los que estuvieron en la batalla. Otro aficionado fue trasladado al hospital Rode Kruisziekenhuis de Beverwijk con graves daños cerebrales. “Se sabe que un hombre murió, pero hasta ahora no tengo detalles sobre el número exacto de heridos”, dijo el portavoz de la Policía aquel día.

En aquel momento no hubo detenciones, aunque sí arrestaron a casi treinta individuos a la llegada a Alkmaar, donde se grabó por parte de uno de los aficionados del Feyenoord: “¡Judíos, dijimos que obtendríais los primeros muertos!”. Al parecer sí había una pequeña patrulla de policías en el lugar de los hechos, pero obviamente no tenían ninguna capacidad de reacción ante casi trescientos hooligans. “La seguridad de los agentes de policía es importante. Fue una pelea siendo ambas partes conscientes. Los agentes deben tratar separarles, pero sin convertirse ellos en las víctimas”, comentó Winnie Sorgdrager, ministra de Justicia.

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Tras el escándalo, varios hombres fueron condenados a prisión incondicional. Sin embargo, en el programa Sophie Op 3 estos mismos hombres declararon que los verdaderos responsables de la muerte de Picornie estaban en la calle, aunque tuvieron que abandonar Róterdam por miedo a la venganza de otros miembros de la afición del Feyenoord. En este programa, Leonardo P., uno de los acusados, afirmó que se sintió traicionado por algunos de sus compañeros al haber sido señalado por ellos. Cree que los que realmente ejecutaron el golpe final nunca fueron juzgados.

Aunque los del bando contrario dieron el pésame a la familia ajacied colgando una esquela en De Telegraaf en la que se podía leer “esto nunca debería haber sucedido”, un seguidor del Ajax, según recoge Volkskrant, comentó cinco años después: “El odio es grande y sentimos que tenemos que hacer algo. La sensación es que perdemos 0-1, y como no puede haber un empate, debemos remontar 2-1. Si hay otra pelea, la batalla será despiadada”.

Los dos Klassiekers de la temporada siguiente se disputaron sin aficionados visitantes, sentando un precedente para la decisión que tomarían los alcaldes de ambas ciudades junto a la Federación de Fútbol neerlandesa en 2009. En principio la medida sería para las próximas cinco temporadas, pero acabó implantándose de forma definitiva. Por ello, aunque las finales de la KNVB Beker tienen De Kuip como sede fija desde 1989, si son Ajax y Feyenoord los que se clasifican para el partido decisivo la final pasa a ser, automáticamente, a doble partido, uno en cada estadio. Ocurrió en 2010.

A pesar de ello, las hostilidades entre ambas aficiones han continuado durante estos años. En marzo de 2015 se incendió una de las sedes de reunión de los aficionados del Ajax. Aunque oficialmente las causas se desconocen, se sospechaba que pudieron ser hinchas del Feyenoord los causantes. Intentaron tomarse la justicia por su mano, pero la policía fue capaz de detenerles. En 2016 se colgó de la grada del Amsterdam ArenA un muñeco con la camiseta de Kenneth Vermeer, quien defendió la camiseta del Ajax durante nueve años y en aquel momento ocupaba la portería rival. Esta acción obligó al club a cerrar ese sector del estadio para el siguiente Klassieker.

No es una rivalidad más.

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