Con Gareth Bale, en el Real Madrid, la situación por momentos resulta difícilmente sostenible. No se debe a que los aficionados piensen que de verdad es malo; más bien al contrario. Saben lo que puede dar (recuerdan su año 2016 tirando del carro) y si sus constantes lesiones enfadan tanto es por eso. Las pocas veces que logra ponerse al 100% genera ilusión y, sobre todo en los últimos meses, el Madrid lo necesita. Proporcionaría (siempre dando por hecho que rindiera a su máximo nivel) autosuficiencia en el ataque, además de agresividad de cara a portería. Dicho de otra forma: daría algo al colectivo que, sin él, no existe. Algo parecido, aunque en menor escala, sucede con Mousa Dembélé en el Tottenham.

De pequeño, sin embargo, no tenía ninguna aspiración de llegar a jugar a este nivel, ni mucho menos de ser tan importante para su equipo. Le gustaba el fútbol, lógicamente, y en el salón de su casa refinaba su exquisito control de balón. Rompía cosas y su madre lo sabía, pero no se enfadaba, sino que le daba otra pelota para que siguiera practicando. No obstante, no albergaba esa ambición de convertirse en futbolista profesional. Fue con 17 años cuando un entrenador del Germinal Beerschot le vio y le invitó a jugar con su equipo.

Llegó al mundo Premier después de estar cinco años en la Eredivisie, donde fue entrenado cuatro de ellos por Louis van Gaal en el AZ, en 2010. Fue el Fulham el club que le firmó

Llegó al mundo Premier después de estar cinco años en la Eredivisie, donde fue entrenado cuatro de ellos por Louis van Gaal en el AZ, en 2010. Fue el Fulham el club que le firmó. Mousa eligió Londres porque era una ciudad que le gustaba y que estaba cerca de Bélgica. Además, había visto jugar al conjunto londinense y le parecía que contaba con un buen nivel. De todos modos, desde el primer momento, esperaba que su paso por el Fulham le permitiera llegar a una institución mayor. Así fue y fichó por el Tottenham en 2012.

Su primer curso con los Spurs, el 2012/2013, vio al Tottenham pelear por la cuarta posición hasta la última jornada. Fue cuando Bale, precisamente, explotó de manera definitiva y se ganó un traspaso millonario al verano siguiente. Más allá del galés, Dembélé se erigió como una de las figuras más importantes para Villas-Boas. Así lo atestiguan los datos: jugó 36 partidos de 38 posibles en competición doméstica y en solo dos de ellos entró desde el banquillo.

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Lo lógico era pensar que de esa pelea por los puestos de Champions League se podía construir algo bonito y duradero, pero la marcha de Bale y la mala elección de los fichajes lo hizo imposible. Villas-Boas fue destituido en los primeros meses y Tim Sherwood asumió el cargo. Dentro de este contexto tan convulso, lo cierto es que Dembélé destacaba. El problema era que lo hacía más bien con acciones puntuales y en actuaciones irregulares que no lograban durar los 90 minutos. Su sobresaliente técnica e imponente físico llamaban la atención de cualquiera, pero no se le veía capaz de saber potenciar sus cualidades al 100%.

Afortunadamente para el belga, y realmente para toda la institución, Mauricio Pochettino asumió el cargo de técnico para el curso 2014/2015. Lo hizo tras firmar una temporada por encima de las expectativas en el Southampton. El entrenador argentino colocó a Mousa tanto en el doble pivote como algo más adelantado y en ambas ubicaciones su principal defecto salía a la luz: se excedía en la conducción. Ralentizaba la circulación de balón si partía desde posiciones más atrasadas y desperdiciaba buenas situaciones cerca del área porque sobaba demasiado la pelota. Le faltaba un último toque que a veces ni siquiera existía. Hubo rumores que lo situaban fuera de White Hart Lane, incluso en el mercado invernal, pero finalmente nada fructificó. Se quedó una temporada más.

Pochettino colocó a Mousa tanto en el doble pivote como algo más adelantado y en ambas ubicaciones su principal defecto salía a la luz: se excedía en la conducción. Ralentizaba la circulación de balón si partía desde posiciones más atrasadas y desperdiciaba buenas situaciones cerca del área porque sobaba demasiado la pelota

Empezó la 2015/2016 jugando en zonas bastante adelantadas y dejando unas sensaciones distintas en comparación con momentos pasados. Caído a la derecha en 3/4, aprendió a soltarla más y aumentó su trabajo defensivo una barbaridad. Se lesionó contra el Everton en casa y uno podía pensar que llegaba en el peor momento posible, pero justo después de esos problemas físicos fue cuando asistimos, sin duda, a la mejor versión del belga. Pasó al doble pivote, posición en la que parecía imposible verlo, y simplemente se salió. Jugó 29 partidos en total (tuvo alguna lesión y dos partidos de sanción al final de la campaña) y fue, seguramente, el mejor centrocampista de toda la liga solo por detrás de N’Golo Kante, uno de los protagonistas de la hazaña del Leicester City.

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Explotado por fin su tremendo potencial, siguió a este nivel en la siguiente temporada, aunque comenzaron a aparecer molestias físicas que aún a día de hoy están presentes. De hecho, el propio Dembélé admitió que nunca juega totalmente libre de dolor y que eso ya no será posible en un futuro. Y es aquí donde podemos comprender el paralelismo con Bale.

Si miramos las estadísticas, no avistaremos un número especialmente bajo de partidos jugados, independientemente de la temporada que escojamos, pero es cierto que en muchos encuentros Mousa jugó limitado físicamente. En lo que va de temporada, por ejemplo, no está teniendo tanto protagonismo porque le está costando acercarse a su 100%. El proceso está siendo lento y, de hecho, es Winks el que ha llamado más la atención hasta ahora. Harry es fantástico y tiene un futuro brillante, como pudo demostrar en cierta manera ante el Real Madrid en el Bernabéu, pero no tiene las cualidades concretas que hacen a Mousa indispensable en determinados contextos.

Si miramos las estadísticas, no avistaremos un número especialmente bajo de partidos jugados, independientemente de la temporada que escojamos, pero es cierto que en muchos encuentros Mousa jugó limitado físicamente

Siempre dando por hecho que Dembélé esté al 100%, tenemos que tener en cuenta a lo que se enfrenta el Tottenham habitualmente. En el fútbol, si haces las cosas bien, la gente se fija en ti. En cómo juegas, en cuáles son tus puntos fuertes y en cuáles son tus puntos débiles. La mayoría de equipos saben que la mejor manera de limitar el potencial del Tottenham es implementando un bloque bajo, cerrando líneas de pase por dentro, estando muy juntos y, en general, minimizar los espacios que puedan ser atacados por su rival. Los de Pochettino, en estos casos, suelen caer en la monotonía, en un ritmo parsimonioso y lento que permite al adversario mantener el orden sin dificultad. Se necesita a gente que aumente la velocidad. Son, por ejemplo, lo hace, pero cuando está cerca del área. Para él es más fácil si ya hay algo de desorden antes de que él reciba, porque si no tiene que hacer demasiado trabajo solo. Aquí emerge la figura de Dembélé.

Comentaba Ginola hace algo más de un mes que Pochettino le dijo que necesitaba un jugador como él, alguien que cogiera la pelota y avanzara con ella para crear espacios para él o para los demás. De ahí se pueden entender los rumores que situaban a Barkley en la órbita del Tottenham y, más aún, los que decían que Mauricio veía a Ross como un futuro sustituto de Mousa.

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El belga es el único en plantilla capaz de coger la pelota en el centro del campo y conducirla hasta el otro sin perderla, con el añadido de que tiene mucho más dominado el momento de soltarla. Si le presionan, la protege como un maestro. Cuenta con la capacidad para hacer fintas y quebrar la cintura de los defensores, además de que su conducción es potente y difícil de parar. Sus virtudes son únicas, porque combinan talento técnico (De Bruyne dijo que en fútbol sala Dembélé sería el mejor del mundo) y un físico impresionante. Gracias a esto último marca diferencias en defensa, sobre todo en situaciones de transición defensiva, tan presentas en una competición como la Premier League.

El belga es el único en plantilla capaz de coger la pelota en el centro del campo y conducirla hasta el otro sin perderla, con el añadido de que tiene mucho más dominado el momento de soltarla. Si le presionan, la protege como un maestro

Quizás lo expuesto antes, que Mousa esta temporada no esté brillando, explique el sufrimiento del Tottenham en ataque posicional ante rivales encerrados. Cuando estaba bien, si había alguna limitación en este sentido, no se notaba. En caso de que el Tottenham quiera acercarse a cumplir sus objetivos, necesitará a un Mousa al que las lesiones le respeten. El Mousa que marca diferencias por ser el más distinto de la plantilla.

Fuente imagen principal: Michael Regan (Getty Images)

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