Hay hechos que nuestros ojos solo verán una vez. Ni más ni menos. Te acuerdas de ellos dentro de cinco, diez, veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años por su rareza y porque nunca jamás ocurrirá nada semejante mientras tú vivas. Y no quieres que se pierda, por eso se lo contarás a tus nietos, para que ellos lo puedan seguir transmitiendo a las siguientes generaciones. La hazaña del Leicester en la temporada 2015/2016 entra dentro de esta categoría.

Lógicamente, la consecución de la Premier League por parte de los de Ranieri en aquel momento se explicaba por motivos futbolísticos. Algo hacían bien, pese a que se tratara de una receta simple: compactos y generosos en el esfuerzo sin balón para, después de recuperarlo, algo bastante probable con un pulpo como Kanté en el centro del campo, salir como balas, con espacios, hacia la portería rival. Esto únicamente sirvió en ese curso y casi nadie fue capaz de darle al Leicester el partido que no quería. Faltó adaptación, en cierta manera. Para la 2016/2017 la cosa fue distinta.

La persona que más sentido daba a este plan de juego era Jamie Vardy. El delantero inglés tuvo, tiene y tendrá unas características muy concretas que, si son potenciadas, se muestran diferenciales. Y lo que tenía Ranieri en la cabeza, lo que el Leicester mostró en el campo, fue un juego adecuado perfectamente a este chico que, como ya todos saben, hasta hace no mucho compaginaba el trabajo con darle patadas a un balón.

Vardy tuvo, tiene y tendrá unas características muy concretas que, si son potenciadas, se muestran diferenciales

Quizás precisamente por esto último el Leicester se convirtió en el equipo del pueblo. La gente se veía representada en Jamie: demostraba que con esfuerzo se pueden alcanzar límites insospechados. Como añadido, la institución era de perfil bajo y no estaba, ni mucho menos, preparada para conseguir el título. Un grupo de futbolistas que había sido descartado por otros equipos le estaba compitiendo de tú a tú al denominado top-6.

A todo este hito le rodeó cierto aura y cierta magia. Los motivos relacionados estrictamente con lo que ocurría en el terreno de juego ya han sido mencionados en líneas anteriores, pero para poder contar esto al 100% se necesita ir más allá. Por momentos, lo de Vardy, y en consecuencia lo del Leicester, fue irreal.

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Daba la sensación de que todo les iba de cara, desde suerte en momentos puntuales hasta incluso decisiones de los árbitros. ¿Quién no iba a simpatizar con ellos? Únicamente los aficionados del Tottenham, donde me incluyo, no se sentían de esa manera, pero todo era porque les estaba quitando un título que no lograban desde mediados del siglo pasado.

A tenor de la inercia tan positiva del Leicester y más concretamente de Vardy, me imagino a Jamie con la suerte de encontrarse dinero por la calle, entre otros muchos ejemplos que podrían servir para ilustrar la situación. Parecía tocado por una varita. No importaba lo que intentara: iba a acabar con él con brazos abiertos, mirada a la grada y el balón en el fondo de las mallas.

Este texto no busca expresar una gran admiración por el futbolista, sino analizar el hecho de que, en esa mágica 2015/2016, lo que vimos de Vardy no fue real. Rindió a un 120%, por así decirlo, al igual que gran parte de sus compañeros. Y no tiene nada de malo; de hecho, la historia es mejor por ello.

Ahora, situados en 2017, sus virtudes continúan siendo las mismas. Todo empieza en una máxima intensidad para presionar: es incansable, pesado y muy insistente. Siempre está encima. No deja respirar a los centrales rivales y no para de buscar causas perdidas para convertirlas en ganadoras

Ahora, situados en 2017, sus virtudes continúan siendo las mismas. Todo empieza en una máxima intensidad para presionar: es incansable, pesado y muy insistente. Siempre está encima. No deja respirar a los centrales rivales y no para de buscar causas perdidas para convertirlas en ganadoras. No se rinde. Estoy seguro de que ese carácter, desde un punto de vista anímico, ayudaba muchísimo a sus compañeros cuando ganaron la liga. Ver que el jugador que más decide de tu equipo (junto a Mahrez) hace semejante esfuerzo te obliga a ti a hacer lo mismo.

En relación a lo mencionado sobre perseguir causas perdidas, Vardy era (y es) capaz de convertir pelotazos sin sentido, que únicamente tienen la intención de despejar el peligro, en potenciales ocasiones de gol. Su velocidad con espacios simplemente es letal. Y no se trata solo de tener esa rapidez, sino de saber usarla cuando los huecos aparecen. Esta virtud se ve perfectamente reflejada en los desmarques. Si juegas con la línea adelantada ante Jamie, te arriesgas mucho. Hay que tirar muy bien el fuera de juego y en muchas ocasiones, porque él no va a parar de probar. Y alguna vez caerá. Que se lo digan al Tottenham.

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Por otra parte, da mucho aire a sus equipos si estos se encuentran encerrados. Cae a las bandas para estirar a su conjunto y, en esos lances, no se complica: encara, generalmente hacia fuera, sin ningún tipo de virtuosismo, y busca un centro tenso que merodee el área para la llegada de algún compañero.

Hasta ahora hemos mencionado únicamente su relación con el espacio y sus movimientos, pero no de su definición. La ha ido matizando con el paso del tiempo, añadiendo golpeos más colocados apuntando a las esquinas, aunque lo más habitual es verle buscar la potencia. Eso le resta precisión y le puede llevar a marrar alguna ocasión relativamente clara. A pesar de existir una evolución, todavía carece de poso en momentos definitivos. Vardy es un muy buen futbolista. Sobre todo para la Premier, porque es una liga donde las transiciones están a la orden del día y, por tanto, los espacios brillan por su frecuencia. Ahí Jamie se mueve como pez en el agua y, aunque no era tan bueno como parecía, merece realmente la pena.

Vardy es un muy buen futbolista. Sobre todo para la Premier, porque es una liga donde las transiciones están a la orden del día y, por tanto, los espacios brillan por su frecuencia

Mencionados ya los aspectos positivos, toca hablar de sus defectos. En ataque posicional no aporta demasiado: algún apoyo o descarga (esto también puede hacerlo con espacios, pero obviamente en ese contexto los hace mejor, porque tiene más tiempo), desmarques cortos para luego buscar definición, caídas a las bandas como las mencionadas anteriormente y agresividad a la hora de buscar el remate.

Como podéis comprobar, en cuanto a características, Vardy no ha cambiado. La cuestión es que, ahora, no engaña a nadie. Sigue presionando como siempre, pero ya no recupera tantas causas perdidas. Sigue haciendo algún que otro apoyo, pero con menos precisión. Sigue tirando desmarques, pero ya no son tan definitivos. Y, lo más importante, sigue marcando goles, aunque no con la frecuencia de antaño. Es simple: volvió a la Tierra.

Fuente imagen principal: Catherine Ivill (Getty Images)

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