La primera cita mundialista no se celebró en Uruguay, y ni mucho menos fue en 1930. Fue en Turín y dos décadas antes. O por lo menos así es como narran la historia en West Auckland (Condado de Durham, Inglaterra). Cualquiera que se acerque a la pequeña aldea, ubicada en el lejano noreste del país británico, puede visitar la estatua que conmemora las dos hazañas del mes de abril de 1909 y 1911, fechas en las que el equipo de la ciudad (el West Auckland Town F.C.) se coronó campeón del mundo tras vencer a la Juventus.

¿El West Auckland Town? ¿A la Juventus? ¿Campeón del mundo? Efectivamente, como imaginará el lector, poco sentido común aguardan en estas líneas. Y es que en Turín no se jugó ninguna Copa del Mundo, pero sí un torneo, el Sir Thomas Lipton Trophy, que por entonces acaparó la atención de un círculo futbolístico ausente de competiciones internacionales. La raíz del lío comenzó a crecer en la cabeza del magnate Thomas Lipton (creador de la famosa línea de tés Lipton), un comerciante y filántropo escocés que recibió la Orden al Mérito de la República Italiana y que para demostrar su gratitud ante tal concesión, propuso la organización de un torneo (montó también uno exclusivamente para la selección argentina y uruguaya y otro para los clubes del sur siciliano) en el que se enfrentarían grandes representantes (uno por cada territorio) del país italiano, Gran Bretaña, Suiza y Alemania.

Entre las ediciones de 1909 y 1911 equipos como Juventus, Torino, Stuttgart y el Zurich fueron parte del cuadro. De ahí la proeza de que un anodino como el West Auckland, un conjunto amateur compuesto por mineros de carbón, saliera campeón en ambas ediciones. Cuenta la leyenda, que recoge la obra The Random History of Football de Justyn Barnes, que incluso hubo una confusión en las invitaciones; en vez de seducir al Woolwich Arsenal (entidad dominante en la isla británica a principios de siglo, y que resultaría siendo el Arsenal que conocemos hoy en día) confundieron las siglas del equipo londinense con las del West Auckland. Este capítulo está cómicamente representado en la película A Captain´s Tale (disponible en Youtube). Y es que la gesta fue de tal calado que en ningún caso podía escaparse de la gran pantalla.

”El West Auckland tuvo que empeñar cualquier cosa que tuviera algo de valor, incluidos muebles y anillos de boda, para poder pagar el viaje a Turín” – BBC

Además, no vencieron de cualquier manera; en la final de 1911 el West Auckland defendió el título apaleando a una Juventus que salió derrotada por 1-6 en su propia casa. El campeón de cada edición se llevaba el trofeo a su casa, y como los ingleses ganaron las primeras dos (y únicas) ediciones, reclamaron ser coronados campeones del mundo. Una copa, por cierto, que fue hurtada en 1974 y acabó en paradero aún hoy desconocido (actualmente el club guarda una réplica del trofeo en sus vitrinas, que se elaboró a partir de fotografías y vídeos del pasado).

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Cien años después, en abril de 2009, Juventus y West Auckland rememoraron el momento jugando un amistoso en casa de la escuadra bianconera. Esta última, transformada en un coloso europeo, fue el contrapunto a la esencia humilde del West Auckland, a quien la Federación inglesa tuvo que costear el viaje para poder celebrar el aniversario. El por entonces entrenador del equipo Brian Honour llegó a afirmar que era “la oportunidad de nuestras vidas; para mí y para mis jugadores, que trabajan a doble sesión y a la vez compaginan los entrenamientos con otro trabajo a jornada completa”. Muestra esta última de que, sin necesidad de levantar ningún galardón, continúan siendo unos auténticos campeones del mundo.

Fuente imagen principal: West Auckland.

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