Davide Nicola era un hombre de lo más afortunado. Con una vida ligada al balompié, como él siempre había soñado: su carrera pasó del verde y los pantalones cortos al banquillo y el chándal de cada fin de semana. Pues así fue como este hombre, nacido hace 44 años en Luserna San Giovanni, en el norte de Italia, hizo de su pasión un sustento vitalicio para todos los suyos. Una suerte que aún mantiene en activo. Y la cual completa con su otra gran distracción, la psicología. Nicola sostiene que el fútbol, como la vida, es una cuestión anímica donde uno, para triunfar, no debe dejar de apretar nunca los dientes.

Davide Nicola lo tenía todo. Con un pasado muy marcado por su época futbolística en equipos de la talla como el Genoa –donde nacieron su mujer e hijos– o el Torino -su equipo de toda la vida, a quien ayudó a conseguir el ascenso a la máxima categoría durante la primavera del año 2006, anotando un tanto decisivo en la final ante el Mantova-, tan solo llegó a disputar 15 encuentros como profesional en la Serie A, todos ellos con la camiseta del Siena. Así que fue desde la banda donde se ganó el derecho a dirigir en la máxima categoría. Una destreza que le aseguró un presente y le vislumbró un futuro, rodeado de su mujer y sus cuatro hijos.

Davide Nicola hizo carrera como futbolista en equipos como el Genoa o el Torino, el club de sus amores, y a quien consiguió ascender a la Serie A en el año 2006

Una vida de ensueño que en cambio, en menos de que un árbitro hace sonar su silbato, quedó para siempre marcada por la tragedia. En el verano de 2014, meses después de que él mismo renunciase a su cargo como técnico del Livorno -quien ascendió de su mano a la Serie A en el 2013-, de que estos perdiesen la categoría y de que le hubiesen despedido y vuelto a contratar a las pocas semanas -una práctica muy común en el mundo del Calcio-, sintió como el mundo se resquebrajó bajo su propia sombra, a muy pocos metros de la residencia estacional de la familia. Alessandro, su segundo hijo, de 14 años, de vuelta a la casa donde disfrutaban de cada verano, perdió fatídicamente el equilibrio de su bicicleta y fue a caer bajo las ruedas de un autobús que circulaba a su lado por la calzada. “Aquel día, aparte del dolor que me atrapó las vísceras, sentí que se paró el tiempo. En aquel instante, mientras contemplaba la escena, de la cual recuerdo hasta el más ínfimo detalle, como la forma y los colores, que me parecieron de lo más particulares en aquel suelo, comprendí de golpe quién era, qué quería y qué cosas temía. Durante bastante tiempo me sentí como un liliputiense rodeado de gigantes.

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Pero como lo más difícil a la hora de afrontar la pérdida de un ser querido no es el hecho de superarlo, sino de aprender a convivir con ese vacío, la vida de Davide Nicola, el hasta ahora técnico del Crotone, cambió radicalmente en el momento que el destino decidió golpearle con todas sus fuerzas. De la forma más cruel e injusta. Y de improvisto, sobre todo, que es como peor se encaja un mandoble, porque es cuando más daño produce a quien lo recibe.

Nada a partir de aquel instante ha vuelto a ser lo mismo en la vida de Nicola. Tras el acto de despedida, al que acudieron centenares de personas -sobre todo niños, amigos y compañeros de equipo, pues hasta hacía poco había militado en el filial del Livorno- a dar su último adiós al pequeño, Nicola se refugió durante un tiempo con los suyos, y consigo mismo. “He interiorizado el hecho de que Alessandro no estará más con nosotros, porque cada uno tiene su tiempo en la vida. Pero sé que él me ha enseñado muchas más cosas que otros a lo largo de la mía. Estar contento siempre sin motivo; estar ocupado con cualquier cosa, ya fuese pintando un dibujo; y desear los sueños con una fuerza innatural, como los niños, que es como de verdad se desean. Estas cosas del pasado hoy forman parte de mí, de mi forma de ser, así lo siento”.

“Aquel día [el de la muerte de su hijo Alessandro], aparte del dolor que me atrapó las vísceras, sentí que se paró el tiempo. Me sentí como un liliputiense rodeado de gigantes”

A finales de ese mismo 2014, Nicola fue contrato por el Bari, en la Serie B. Y allí permaneció por un año, hasta diciembre del 2015, cuando el equipo, quinto en la clasificación, decidió prescindir de sus servicios. Al poco, en junio del 2016, recalaría en el Crotone para relevar a Ivan Juric, quien había conseguido situar al equipo en la Serie A por primera vez en su historia. Y tras un año de lo más complicado, Nicola consiguió salvar al equipo en la última jornada de liga, aunque no de una forma cualquiera. Él mismo sostiene que algo les empujó hasta conseguirlo.

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El Crotone había cosechado nada más que 14 puntos en sus primeras 29 jornadas; y ya en la segunda vuelta, tras un espectacular cierre del curso, consiguió seis victorias en sus últimos nueve encuentros que terminaron por certificar su salvación. La cual consiguió en el último suspiro. El equipo, a pesar de todo, llegaba a la última jornada en el farolillo rojo de la tabla, por lo que debía batir a la Lazio y esperar a que el Empoli tropezase ante el Palermo. Y como los milagros de vez en cuando suceden, el Crotone se salvó contra todo pronóstico. Así que Nicola, quien días antes había puesto a prueba su fe ante los periodistas, debería cumplir con su promesa: recorrer los 1,600 kilómetros que separan a Crotone de Turín en bicicleta.

Cientos de personas fueron a arropar a Nicola a su llegada a Turín frente al renovado estadio Filadelfia del Torino, tras una travesía que se extendió durante nueve días. En un acto de lo más significativo, tras el brutal episodio que sacudió su vida y la de toda su familia, Nicola decidió emprender la aventura sobre ruedas para concienciar a la población italiana de la seguridad vial. Para que nunca más ningún otro hombre como él se deje en algún kilómetro de una carretera sus motivos para seguir agradeciéndole a la vida. Puesto que desde aquella trágica tarde, Davide Nicola solo sonríe apretando los labios. Como al borde de todo llanto.

Esta fue la carta que Nicola le escribió a Alessandro tras conseguir la permanencia del Crotone:

 “Hola, amor mío. No sé dónde estás. Y no sé qué estarás haciendo. Quizás estés por encima de aquella nube que estaba encima de mí de aquella tarde, cuando corrí para hacer volar tu luz. Quizás estés aquí, junto a mí. Pues sí, sé que estás aquí conmigo. Hemos peleado juntos en este año tan complicado, pero… hoy sé que siempre has estado a mi lado. Con tu energía me has dado la fuerza para pelear y continuar hasta conseguir lo imposible, lo imposible probable y lo imposible cierto. Ale, esta no es mi victoria, es la nuestra, como aquel ascenso a la Serie A con el Livorno. Me hubiese encantado disfrutar contigo, mirarte a los ojos y tu sonrisa, cogerte de la mano y correr juntos para festejarlo. Todo esto es solo por ti. Mis conquistas son las tuyas, cada victoria será tuya y cada uno de mis sueños será también solo tuyo. Quiero que mi corazón siga latiendo por ti, para que sigas viviendo a través mía. ‘Él es la perfección: generosidad, disciplina, paciencia, perseverancia, concentración y conocimiento trascendente” (Dalai Lama).

*Todas las declaraciones compartidas en este artículo son de una entrevista del propio Davide Nicola al diario italiano la Repubblica. La carta fue pública en las redes sociales.

**En el día de ayer, en el cierre de este artículo, Davide Nicola presentó su dimisión como técnico del Crotone.

Fuente imagen principal: Maurizio Lagana/Getty Images Europe.

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