Se jugaba un Bologna-Atalanta de Serie A, años setenta, época de cambios radicales y convulsas noticias en la Italia más politizada y tensa desde la II Guerra Mundial. La pancarta rezaba “Bergamaschi?, No, Bergatrans”. Un ofensivo juego de palabras (maschi es “hombres”, “machos”, en italiano) destinado a ofender a los hinchas de la Atalanta. Nos encontramos en pleno auge del movimiento ultra, ya totalmente consolidado y a pesar de los ya relativamente frecuentes episodios violentos, las curvas radicales eran aceptadas como el ingrediente más imprescindible y caliente de los estadios. Faltaba todavía mucho tiempo para la guerra de Thatcher contra el hooliganismo y para la tragedia de Heysel. Las curvas estaban llenas de jóvenes cuya vida giraba en torno al partido del fin de semana. Era un ambiente mayoritariamente masculinizado, donde la anécdota de la pancarta tránsfoba no era algo casual. El fútbol era un entorno sexista en un país tradicionalmente machista. Pero en las curvas también había, hay y habrá mujeres.

Una de esas mujeres es Alberta Prandina, tifosísima del Milan, cuyo padre fundó en 1971 el primer club (los clubes son como las peñas aquí en España) de mujeres apasionadas del club rossonero. En 1977 se crean las Donne Biancazzurra del Pescara. Su presidenta, Nella Grossi, es también la principal dirigente del Anfissc (Associazione Femminile Italiana Sostenitrice Squadre Calcio), una asociación que agrupa a casi 40 clubes, peñas y grupos que tienen en común dos cosas, son mujeres y les encanta el Calcio. En 1986 nacen las Ultra Girl, en una de las curvas más calientes de Italia, la del Napoli. En los 70, en la Curva Maratona del Torino ya existían las S.L.A.S Donne Ultras. Toda la vida lleva animando a la Juventus, Valeria Biscetti, que fundó junto a otras mujeres Dominae, sección femenina de los famosos Drughi. En 2013, un sitio web antes de la Supercoppa entre Lazio y Juve la catalogó como la tifosa más sexy. Ejemplo del machismo al que todavía se enfrentan estas mujeres.

El fútbol ya es una afición habitual entre las mujeres de toda Europa. Según las últimas encuestas, una de cada cuatro italianas se declara interesada, un porcentaje que sube al 35 por ciento cuando se trata de la Nazionale y de una competición internacional

El fútbol ya es una afición habitual entre las mujeres de toda Europa. Según las últimas encuestas, una de cada cuatro italianas se declara interesada, un porcentaje que sube al 35 por ciento cuando se trata de la Nazionale y de una competición internacional. Un estudio de la Universidad de La Sapienza de Roma perfilaba la italiana futbolera tipo en una mujer entre 35 y 45 años, con nivel cultural medio alto y que se había acercado al estadio por primera vez de manos de un hombre cercano, un padre o un novio. Y desde ese día el Calcio se convirtió en una forma de vida como cuenta Nella Grossi para La República “Yo acordé con mi marido la fecha de la boda para poder ver un Milan-Real Madrid”. O como narra en el mismo periódico Milva Pedretti, que fundó en Sondrio el primer club de la Juventus, “en el estadio se me pone la piel de gallina”.

Dentro de la amalgama futbolera italiana existen también mujeres ultras desafiando el estereotipo de macho violento asociado, muchas veces con razón, a este tipo de sectores radicales de los violentos. Caterina Caselli, del Toro, era una de ellas, protagonista del documental más famoso sobre ultras, Ragazzi di Stadio, donde clama que ella era sólo un ultra, Ni la novia de, ni la hija de. Poniendo nombre propio a la afición futbolera. Exigiendo feminismo sin querer en las gradas, reivindicando ser en base a ellas mismas y no a un hombre.

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Algunas de estas mujeres llevan la friolera de 40 años en las gradas, muchas de ellas le han contagiado su pasión a hijas y sobrinas, como Grossi que lleva a su sobrina de 19 años al estadio y parece destinada a ser su heredera. A pesar de la creciente presencia femenina en los estadios, sigue siendo difícil encontrar una destacada y mayoritaria presencia femenina en el fútbol, que sigue siendo un territorio machista y a veces abiertamente hostil hacia las mujeres. Italia cuenta con respetadas periodistas deportivas en prácticamente todos sus medios pero si una busca en Google a mujeres relacionadas con el fútbol los primeros resultados te llevan a fotos íntimas e ilegalmente hackeadas de Diletta Leotta, una atractiva presentadora de programas de Serie B.

Y es que a día de hoy sigue siendo habitual en Italia y en toda España que la periodista deportiva sea ante todo guapa, un busto parlante bonito y ya si eso, que luego sepa algo de fútbol. Hace unos años un documental sobre la cosificación de la mujer en Italia alcanzó gran popularidad. Il Corpo Della Donne retrataba en 25 impactantes minutos la cosificación de las mujeres en la pantalla, relegadas a meros decorados bonitos y empujadas a tener que lucir un físico irreal, extremo, para placer y gusto de los caballeros. Y el fútbol italiano no es excepción, no sólo en sus programas televisivos. Encontrar mujeres en poses provocativas es algo habitual cuando el lector entra las webs de la Gazzetta, Corriere o Tuttosport.

Faltan mujeres en todos los sectores del mundo de fútbol. A pesar de la inmensa cantidad de estudiantes de periodismo que hay, pocas o ninguna mujer acaban de locutoras o analistas en la televisión que las reserva una y otra vez el papel de cara bonita que presenta a los sesudos intelectuales que desgranarán la alineación del Inter. Todos hombres, claro. Gaia Brunelli retransmite desde hace años partidos de la Serie B para Sky, pero sigue siendo una excepción.

Faltan mujeres en todos los sectores del mundo de fútbol. A pesar de la inmensa cantidad de estudiantes de periodismo que hay, pocas o ninguna mujer acaban de locutoras o analistas en la televisión que las reserva una y otra vez el papel de cara bonita que presenta a los sesudos intelectuales que desgranarán la alineación del Inter

Faltan también en el arbitraje, donde en el fútbol occidental sólo en la Bundesliga, a estas alturas, ha dirigido un partido de primera una mujer. Y en las grandes esferas, tanto presidiendo o dirigiendo clubes como en las principales organizaciones que manejan los destinos del fútbol. Para que la imagen del fútbol no sea la de un Blatter acosador manoseando el culo de Hope Solo. Para que el fútbol sea de todos y de todas, como es y debe ser la sociedad. Por Alberta, Nella y Caterina y por las hijas, y nietas que vendrán.

Fuente imagen principal: Fotografía sacada de Toro News. De 1979 / Daniele Segre, del libro Ragazzi di Stadio.

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