El mar implica tener tranquilidad, sosiego y reflexión. Cuando se tiene y te alejas de él, lo echas de menos. Te agobias por sentirte ahogado, casi como faltándote el oxígeno. Ese sonido ambiente te da una vitalidad buscada por muchos. Solo el que vive en una ciudad con mar (o en una isla) lo sabe.

Kiel es una ciudad situada en el norte de Alemania, a orillas del Mar Báltico. Lugar donde los astilleros y cruceros intercambian trayectos, siendo una parada fundamental si se quiere recorrer las zonas bálticas y escandinavas. Es un mar frío, casi congelado en invierno. En verano es destino habitual de aquellos que buscan no salir del país, aunque sí ese sol que les dejan rojos los mofletes y quemados hasta la planta de los pies. Un lugar tranquilo donde veranear entre casas de un estilo más propio de otro tiempo en Escandinavia. Entre mercadillos y museos, la capital del Bundesland de Schleswig-Holstein es una ubicación perfecta para aquellos que “sol sí, pero tampoco te pases”.  Siendo el mar un gran baluarte de Kiel, no es el único atractivo del lugar. A este emplazamiento le acompañan sitios de desarrollo como la Universidad (una de las facultades más exitosas de Alemania), así como sus siempre transitadas zonas comerciales y mercadillos. Sin embargo, existe otro motivo por el que Kiel también es conocido en el país: sus entidades deportivas. Principalmente el balonmano y el fútbol, por este orden.

El balompié ha vivido a la sombra del THSV Kiel, un histórico del balonmano alemán que necesitó más de tres décadas para volver a ganar una liga. Su palmarés, básicamente, se ha multiplicado por diez en los últimos 25 años. Hoy, domina la Bundesliga alemana con relativa autoridad y su cancha, el Spartkassen-Arena, es un enclave importante para entender su importancia en la región. Por otro lado, está el Holstein Kiel, un equipo de fútbol que ha vivido en la marginalidad del deporte rey desde los tiempos de la formación de la Bundesliga, en los comienzos de los sesenta. En el reparto de plazas de equipos del norte, las cigüeñas quedaron relegados a la segunda división de entonces, cuyo salto de nivel era importante en lo económico y deportivo. A partir de ahí, puro infierno.

El balompié ha vivido a la sombra del THSV Kiel, un histórico del balonmano alemán que necesitó más de tres décadas para volver a ganar una liga. Su palmarés, básicamente, se ha multiplicado por diez en los últimos 25 años

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Antes de evaluar su presente, es necesario poner un poco de contexto o perspectiva histórica: ¿Por qué el Holstein Kiel es un histórico? Nacido de diferentes fusiones de clubes en los albores del siglo XX, la I Guerra Mundial unió a los dos clubes más grandes del lugar para terminar conjuntando al club que se conoce hoy en día. Entre el primer gran conflicto bélico y la llegada del Tercer Reich, el Holstein Kiel peleaba de tú a tú con el Hamburgo y Werder Bremen por ser los mejores de las Oberligas norteñas. Con las diferentes reorganizaciones bajo la dictadura de Adolf Hitler (llamadas Gauligas), Kiel alcanzaba con relativa facilidad las eliminatorias por el campeonato nacional, siendo su mejor resultado en 1943, donde consiguieron la tercera plaza tras ser eliminados por el mítico Dresdener y venciendo al equipo austriaco (Anschluss) del First Vienna.

Tras la caída del régimen nazi, el Holstein Kiel compitió durante 16 años en la segunda división nacional, que por entonces se reordenaba en grupos regionales. Durante todo ese tiempo fueron subcampeones de la Liga Regional del Norte en varias ocasiones. Además, su equipo filial llegó a conseguir el campeonato amateur alemán. Con el reparto de las plazas en Bundesliga, el Holstein Kiel se quedó en la segunda división, donde intentó acedar a la máxima categoría sin mucho éxito. A mediados de la década de los setenta, la federación alemana decidió crear la segunda división alemana con la intención clara de profesionalizar el fútbol y evitar que ocurrieran sucesos como el escándalo destapado por Canellas. Kiel fue, de facto, reagrupada en la tercera división, una categoría que consiguió abandonar en 1978, permaneciendo varias temporadas en ella y descendiendo en 1981 definitivamente a las categorías regionales. Nunca pudo volver a sus primorosos comienzos de siglo. Con la reunificación germana, el club se ha pasado durante más de 25 años en categorías regionales. En 2013 accedió a la 3.Liga y cuatro años más tarde, en junio de 2017, alcanzó la 2.Bundesliga 36 años después. Algún año antes consiguió títulos coperos regionales que le abrieron, de par en par, las puertas de la Copa Nacional, alcanzando los cuartos de final, logrando eliminar a algunos equipos de dos y tres categorías por encima. Es lógico pensar que hayan celebrado volver a una categoría mucho más profesionalizada que cuando la abandonaron, más de tres décadas antes.

A mediados de la década de los setenta, la federación alemana decidió crear la segunda división alemana con la intención clara de profesionalizar el fútbol y evitar que ocurrieran sucesos como el escándalo destapado por Canellas

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Su presente se dibuja con letras de plata e intacta esperanza por continuar su escalada, como ya hiciesen otros antes (Hoffenheim, Leipzig o Darmstadt). Esos rayos de sol, generalmente fríos, que iluminan su puerto, hoy son sonrisas prudentes pero convincentes de que el equipo puede llegar a la primera división nacional. Una categoría que nunca ha conocido y con la que le gustaría tener cita en 2018, y así establecer una relación que se antoje duradera, teniendo el Holstein-Stadion como protagonista de tales escenas. El jefe de todo es su nuevo presidente: Steffen Schnekloth, quién sucedió en el cargo al difunto (y querido) Roland Reime en junio del presente año. Designado por la junta directiva como el indicado para llevar la nave, el nuevo máximo responsable del club es un hombre preparado: además de ser abogado y banquero, ha estado relacionado durante más de veinte años con la representación de jugadores. En el club ya le conocen, dado que hizo labores de asesor en el pasado. Con una política continuista, y de acuerdo con lajunta directiva, el nuevo máximo mandatario del club ha llevado una política de contratación razonablemente ambiciosa: jugadores jóvenes sin minutos en sus plantillas seniors, futbolistas que provienen de equipos descendidos a una categoría inferior, así como aquellos que están sin equipo y tienen experiencia al máximo nivel. Mezcla de juventud y experiencia a un coste ajustado a una expectativa de gasto. Todo esto se debe a dos hombres primordiales para el actual funcionamiento del Holstein Kiel: el director deportivo Ralf Becker y el entrenador Markus Anfang. Becker trabajó, durante al menos cinco años como jefe de scouters en el VfB Stuttgart; Anfang, técnico con el que consiguió el ascenso la pasada temporada a 2.Bundesliga, fue entrenador de las categorías inferiores del Bayer Leverkusen hasta la oportunidad surgida en Kiel, allá por agosto de 2016. La combinación de ambos hicieron posible, entre otras, la contratación de jugadores como Marvin Ducksch (con experiencia en la élite con Dortmund o Paderborn), Dominick Drexler (un trotamundos de las categorías inferiores alemanas desde que salió del filial del Leverkusen) o el hamburgués de ascendencia ghanesa Kingsley Schindler (que llegó la pasada temporada procedente del Hoffenheim). A ellos se les suma jugadores como Lukas Kruse o Johannes van den Bergh (con experiencias en Paderborn y Augsburgo respectivamente), o Aaron Seydel (joven promesa cedida desde Maguncia para que se curta y vaya teniendo minutos en la categoría), así como el exuberante David Kisombi, que ya asombrase en su día por Karlsruhe. Estos son algunos de los nombres propios que empiezan a escribir, con un fútbol pragmático, en donde las transiciones, el orden defensivo y la verticalidad actúan como elementos importantes en lo que va de temporada. A fecha del presente artículo, el recién ascendido vive un sueño que es posible o alcanzable de poder escalar dos categorías en apenas dos años.

El frío existente en las aguas del norte hace que estén pensando en alzar el vuelo del frío y busquen un lugar más cálido donde habitar en invierno. Las cigüeñas blancas desaparecen por largos periodos de tiempo y vuelven cuando las temperaturas son más suaves, menos frías y más apetecibles. Son aves de largos vuelos y estancias en sus respectivos viajes migratorios. Al Holstein Kiel no se le apoda las cigüeñas por casualidad: parecen haber emprendido un viaje largo hacia primera división para acabar, de un plumazo, con la nostalgia de un tiempo que aún no han vivido. Alzan el vuelo buscando el calor del éxito y no parecen que quieran moverse de allí en mucho tiempo.

Fuente imagen principal: Selim Sudheimer (Bongarts/Getty Images)

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