En Moscú existen cinco grandes equipos, todos ellos vinculados a diferentes sectores de la sociedad durante la época soviética. El CSKA era el equipo del ejército ruso; el Dínamo, el de la temible KGB. Y así sucesivamente con Torpedo, propiedad de la fábrica de automóviles ZIL, y el Lokomotiv de Moscú, situado en un barrio marginal a las afueras de la capital rusa y perteneciente al gremio ferroviario. Al margen y haciendo sombra al resto, el equipo con más seguidores del país: el Spartak, apodado equipo del pueblo por ser el único sin vinculación con las instituciones soviéticas.

El CSKA era el equipo del ejército ruso; el Dínamo, el de la temible KGB. Y así sucesivamente con Torpedo, propiedad de la fábrica de automóviles ZIL, y el Lokomotiv de Moscú, situado en un barrio marginal a las afueras de la capital rusa y perteneciente al gremio ferroviario. Por último, el Spartak era considerado el equipo del pueblo

La gran Locomotora de metal que preside el Estadio Lokomotiv tan solo ha visto dos títulos de liga en su larga trayectoria. Ambos de la mano del actual entrenador, Yuri Semin, que dijo la semana pasada que solo el difunto pulpo Paul sabe quién ganará la liga. Siempre a la sombra de sus vecinos en la capital rusa, esta temporada está encontrando un equipo que le permite soñar con la tercera liga de su historia. Y en el momento de afianzar su candidatura al título, se encontró con un trepidante derbi de Moscú.
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Cuatro goles, un penalti parado, ritmo alto, una expulsión y varias tanganas. El Lokomotiv-CSKA, primero contra tercero, era la gran atracción del fin de semana en Rusia y no defraudó. Puro espectáculo con una dosis de tensión difícil de encontrar en tierras rusas. También con sus contradicciones: dos mulatos como Jefferson Farfán y Manuel Fernandes son el alma del Loko, pero aun así los aficionados pitaron incesablemente al eléctrico Vitinho por el color de su piel y el de su camiseta. El brasileño se creció ante la adversidad y remontó el 1-0 inicial echándose el equipo a la espalda.

La segunda mitad, con la temprana expulsión de Khosonov, el Estadio Lokomotiv se convirtió en un auténtico hipódromo, con carreras constantes de un lado para otro. Akinfeev detuvo con maestría un penalti a Fernandes, que acabaría igualando el partido en la recta final para salvar un empate que dejó contentos a todos, puesto que el Zenit, segundo en la tabla, también pincharía en Kazán. Un partido loco, a la altura de los que atraen gente a unos estadios donde cada fin de semana se ven bengalas y rusos semidesnudos animando desde los fondos.

Fuente imagen principal: Nahuel Miranda (Underground Football / Todos los derechos reservados)

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