Encontrar justificación para un viaje a Canadá no resulta difícil. Una vez que se vence la pereza asociada a la lejanía y al consiguiente gasto asociado al desplazamiento, Canadá es un destino que difícilmente resultará anodino.  Naturaleza desbordante, ciudades cuidadas hasta el más mínimo detalle y lugareños percibidos como parientes lejanos a los que nos sentimos culturalmente muy próximos. Eso, y mucho más, convierte a Canadá en un destino inmensamente atractivo. Si bien, para gustos están los colores, y siempre hay quien encuentra motivos adicionales, por mucho que éstos no aparezcan en las guías de viaje, por los que pisar el país de la hoja de arce. ¿Canadá y fútbol? ¿En serio? ¿Por qué no?.

Los clásicos de la MLS, uno a uno, en Underground Football

Canadá nunca se ha llevado demasiado bien con el fútbol. De hecho, su última participación en un Mundial se remonta a 1986 y, como bien puede atestiguar Benito Floro, ex seleccionador nacional de Canadá, tampoco el Mundial de Rusia 2018 contará con su presencia.  Sin lugar a dudas se trata, en lo que al fútbol masculino se refiere, de una nación menor (la selección femenina alcanzó la medalla de bronce en las dos últimas Olimpiadas). ¿Cuántos aficionados al fútbol puede nombrar a uno o dos jugadores canadienses? Pocos. Sin embargo eso no significa que el fútbol en Canadá no exista. Al contrario, es un deporte en claro crecimiento y que, de la mano de la participación de 3 equipos canadienses en la Major League Soccer (“MLS”) y de una población cada vez más abierta al mundo, va camino de coger una relevancia sustancialmente mayor. No en vano, el deporte más practicado por la juventud en Canadá es el fútbol, desplazando a entre otros el hockey sobre hielo, deporte nacional por antonomasia, el beisbol y el baloncesto.

La selección másculina de Canadá no ha estado presente en un Mundial desde 1986 y tampoco estará en Rusia 2018

Un poco por ese afán de entender qué hace que un canadiense se vuelva loco por el fútbol y otro poco por ganas de sentir en primera persona cómo de diferente se ve un partido en San Mamés y en el BMO Field, decidimos poner rumbo a Toronto. Allí, justo donde hace un año se decidió el título de la MLS, queríamos presenciar el conocido como Derby de la 401. Toronto FC y Montreal Impact, las dos principales ciudades del Este de Canadá frente a frente, anglófonos contra francófonos,  Giovinco contra Piatti… En definitiva, la repetición en fase regular del brutal partido que el curso pasado llevó a Toronto FC a disputar su primera MLS Cup tras derrotar a Montreal Impact por 5-2.

Hace 10 o 20 años comprar entradas para un partido en otro continente hubiera sido tarea titánica pero hoy día esto no es un problema. Entrar en la página web de Toronto FC, seleccionar partido, elegir asientos y ya las tienes en tu ordenador. En menos de 15 minutos garantizas tu presencia en la grada del BMO Field de Toronto. El precio, para los que vivimos y sufrimos el coste del acceso al fútbol en España, es muy asequible. Por 32 dólares canadienses (poco más de 21 euros) teníamos nuestro sitio en la tribuna principal. Vivir la Major League Soccer en directo y hacerlo además viendo al considerado por muchos como el mejor equipo de la historia de la competición frente a sus rivales de Montreal Impact era sin duda un planazo.

El Derby de la 401 enfrenta a Toronto FC y Montreal Impact. A pesar de tratarse de una rivalidad joven su intensidad es reflejo de la escasa afinidad existente entre los habitantes de ambas ciudades

Toronto, como la mayoría de ciudades de Norteamérica, vive por y para sus equipos deportivos. Toronto Maple Leafs (hockey), Toronto Blue Jays (beisbol), Toronto Raptors (baloncesto) y Toronto FC (fútbol) son en mayor o menor medida el orgullo de una ciudad que la revista Rolling Stone catalogó este año como posiblemente “the next great sport city in North America”.  El último gran título para la ciudad vino de la mano de los Toronto Blue Jays, en 1993 vencieron en las series mundiales de beisbol, pero la ciudad va a más y el curso pasado tanto Toronto FC (subcampeón de la MLS) como los Raptors (finalista en la Conferencia Este) y los Blue Jays (subcampeón de la Liga Americana, equivalente a la final de conferencia) contribuyeron a alimentar la pasión que en Toronto sienten por sus equipos. En este entorno  llegó el día de partido y desde primera hora decidimos lucir por la ciudad nuestra recién adquirida camiseta de Toronto FC.

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No esperábamos una marea de camisetas rojas desde primera hora, a fin de cuentas el partido era en miércoles, pero sí que guardábamos la esperanza de que los aficionados de Toronto FC se dejasen sentir por la ciudad durante el día. No pudimos estar más equivocados. Una señora con la camiseta de Toronto FC y un señor con una gorra fue todo el color rojo que vimos por la mañana y teniendo en cuenta que en Norteamérica el uso de gorras está a la orden del día, no parecía un gran botín. Eso sí, al entrar en un bar a pedir la clave del wifi, previa consumición por supuesto, y gracias tanto a mi inglés como a la camiseta de Toronto FC, llamé la atención lo suficiente como para tener la suerte de mantener una apasionada charla sobre fútbol y Toronto con un aficionado local. Él estaba sorprendido de que alguien que puede disfrutar de la liga española fuese a Toronto a ver fútbol y yo no podía entender que, a pesar de las buenas críticas que la prensa especializada está haciendo de él, me dijera que la clave de Toronto FC no está en Sebastián Giovinco (54 goles y 37 asistencias en sus 3 temporadas) sino en el español Víctor Vázquez, recién llegado a la MLS de la Liga MX. Le sorprendió tanto nuestra presencia que hasta nos presentó al dueño del bar…

Toronto ha crecido animando a Maple Leafs (hockey), Blue Jays (beisbol) y Raptors (baloncesto) pero desde hace unos años ha asimilado también como propio a su franquicia en la MLS  

En Norteamérica, al contrario de lo que sucede en la mayoría de ciudades en Europa, un buen número de los llamados soccer specific stadiums (estadios construidos fundamentalmente para la práctica del fútbol) suelen estar localizados fuera de los núcleos urbanos. El motivo es evidente, son estadios más o menos nuevos y el suelo en el centro es escaso y caro. Si bien, Toronto se puede decir que es casi una excepción a ello. El BMO Field no está en el centro pero pudimos llegar a éste por medio de un agradable paseo de 30 minutos por la orilla del Lago Ontario. Esta accesibilidad, sin duda, ayuda a arrastrar a más aficionados al fútbol pero, aun así, éstos siguen en desventaja frente a los muy céntricos Rogers Centre (hogar de Toronto Blue Jays) y Air Canada Centre (hogar de Toronto Raptors y Toronto Maple Leafs). Posiblemente por ello, y por la coincidencia de horario entre los partidos de Toronto FC y Toronto Blue Jays, la zona turística estaba poblada de las camisetas azules del equipo de beisbol local.

El BMO Field, al igual que buena parte de la ciudad de Toronto, surge junto al Lago Ontario. Allí, soportado por una estructura de tubos que a ojos de alguien no experto en construcciones resulta algo endeble (de hecho ésta no para de tambalearse cuando la afición local decide animar golpeando sus pies en el suelo) surge el conocido como Estadio Nacional de Canadá. Levantado en 2007 y con una capacidad actual de 30.226 espectadores, el Bank of Montreal Field (curioso que un banco originario de Montreal bautice el estadio de sus rivales de Toronto) es el hogar tanto de Toronto FC como de Toronto Argonauts de fútbol canadiense. Propiedad de la Ciudad de Toronto y de hierba natural, el BMO Field ha sido sede del mundial de fútbol sub 20 de 2007 y ha visto sobre su césped, entre otros, al Real Madrid entrenado por Manuel Pellegrini en 2009. Se trata de un estadio con características similares a las de muchos de los otros estadios de la MLS. Dos tribunas elevadas flanqueadas por fondos más bajos en los que se concentran buena parte de los aficionados más ruidosos.

La mayoría de los soccer specific stadiums tienen capacidad para entre 20.000 y 30.000 espectadores situándose el BMO Field, tras la última ampliación, ligeramente por encima de estas cifras

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Tal y como ocurre en todo el deporte norteamericano, el partido entre Toronto FC y Montreal Impact comenzó con el himno canadiense entonado desde cerca del área técnica por un varón de buenos pulmones. A un español esto le suena raro pero no dejó de ser muy emotivo ver el respeto con el que el público se puso en pie y acompañó, a capela en muchos momentos, el apasionado himno conocido como O Canada (precisamente en 2017 se cumplen 150 años de la fundación de Canadá). El fútbol, a pesar de ser un muchos aspectos el lenguaje más universal que existe, se entiende y se vive de diferentes maneras en función del sitio y Canadá no podía ser una excepción. Estábamos ante un derby, un partido que en Europa o en Latinoamérica hubiera hecho que el estadio estuviera hasta la bandera desde mucho antes del comienzo y que los ojos de los aficionados brillasen como sólo lo hacen en los días más especiales, sin embargo habíamos viajado a Canadá y aquello era distinto.

Como si se tratase de una película de cine en Madrid y los primeros diez minutos fuesen para visualizar trailers aburridos, con el pitido inicial el estadio apenas superaba la media entrada y no fue hasta aproximadamente el cuarto de hora cuando los allí reunidos superamos los 28.000 espectadores.  El ritmo pausado con el que tomaron su asientos fue, de alguna manera, motivo de castigo ya que en cuestión de 10 minutos los visitantes ganaban 0-2. De esta forma daba comienzo un partido loco que finalizó con sorprendente victoria de Montreal Impact por 3-5. Era la primera derrota de la temporada en casa de Toronto FC, al que las bajas de sus estrellas Sebastian Giovinco, Jozy Altidore y, cómo no, Víctor Vázquez, le impidieron ser suficientemente competitivos frente a los liderados por el argentino Ignacio Piatti.

La liturgia del aficionado al fútbol cambia mucho de un lugar a otro y el aficionado canadiense está todavía lejos de ser tan apasionado y crítico como el de otras latitudes

90 minutos dan para mucho. Ver fútbol, comerse un hot dog y hacer un análisis concienzudo de todo lo que rodea un partido es posible en esa hora y media. El público que nos rodeaba en la tribuna era mayoritariamente caucásico, rara vez superaba los 50 años y, me atrevería a decir, que se situaba en una escala social media-alta. Muchos de ellos portaban camisetas del equipo local, no acompañada de ningún otro elemento decorativo bien sea banderas o bufandas, y disfrutaban del partido con una tranquilidad sorprendente. Que Toronto FC recibía un gol en propia puerta nada más comenzar, no pasa nada. Que Toronto FC recibía cinco goles en casa, ni un atisbo de protesta. Y eso sí, cada vez que los suyos se acercaban a la portería rival emoción máxima como si el resultado global no les llevase al más hondo desánimo. La calma era tal que a más de uno y de dos el cuarto gol de Montreal Impact les pilló en la cola de algún puesto de comida sin que por ello estos amagasen con darse la vuelta o farfullaran algo sobre el delantero rival. Sin lugar a dudas, otra forma de ver y sentir el fútbol (al menos durante la fase regular, concepto muy arraigado en Norteamérica pero poco generalizado en el mundo del fútbol).

El futuro del fútbol en Canadá se presenta ilusionante. Es cierto que hay limitaciones pero su creciente repercusión mediática, el poder económico de sus franquicias en la MLS, la presencia en el país de jugadores de renombre como Sebatian Giovinco y Didier Drogba (hasta el año pasado en Montreal Impact), una base social joven y fiel y una selección nacional que empieza a dar síntomas de un futuro más prometedor animan a pensar que Canadá tiene mucho que aportar al mundo del fútbol en la próxima década.

Fuente imagen principal: Vaughn Ridley (Getty Images)

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