Los últimos años en Lieja han sido complicados. La presión de ser el equipo más importante de la parte francófona de Bélgica ha sido un hándicap que se ha vuelto contra los entrenadores y jugadores en los últimos años ante la ineptitud de los últimos directivos que han desfilado, uno tras otro, por el palco del Maurice Dufrasne. Aportar serenidad en un entorno donde reina el descontrol y el caos tiene mérito. Y Razvan Marin (23 de mayo de 1996, Bucarest) es el encargado de hacer realidad lo que en su día parecía una utopía.

‘’Razvan es un centrocampista joven, muy prometedor. Muchos grandes clubes europeos ya estaban mostrando interés en él, pero nuestro proyecto le sedujo y está convencido de que el Standard Liége es el club ideal para ayudarlo a dar un paso en su carrera’’, declaraba Olivier Renard, director deportivo del Standard, en la presentación del futbolista rumano. Estábamos en enero de 2017, Marin ya había sido internacional absoluto con Rumanía pese a su joven edad y el Standard Liége pagaba algo más de dos millones de euros al FC Viitorul de Gheorghe Hagi por él.

Bajo los mandos de Hagi, Marin disputó 70 partidos en competición oficial, con nueve goles y nueve asistencias. Números nada malos para un centrocampista tan joven

De hecho, fue el mítico jugador rumano el encargado de ayudar a Marin a llevar su fútbol a su máxima expresión. Con él disputó 70 partidos en competición oficial, con nueve goles y nueve asistencias. Números nada malos para un centrocampista tan joven. Hijo del ex futbolista internacional Petre Marin, Razvan llegaba a la Jupiler Pro League con casi 100 partidos en las botas y eso que apenas había cumplido los 20 años.

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‘’Su debut en la selección absoluta de Rumanía ha sido un orgullo personal para Gica Hagi. Contra Armenia, en partido valedero para la fase de clasificación de la Copa del mundo de Rusia 2018, sólo necesitó 12 minutos para marcar su primer gol con la ‘Tricolorii’ rumana. Era su debut en la selección absoluta tras haber pasado por todas las divisiones inferiores con éxito’’ – escribe Francesc Aguilar en Mundo Deportivo

Pese al interés de Juventus, Roma, Fiorentina o Zenit de San Petersburgo, Marin prefirió marchar a Bélgica –donde entrenaba su compatriota Mircea Rednic-, y fichó por el Standard. Aterrizó en un momento de inestabilidad institucional, y el mejor ejemplo es que tuvo dos entrenadores en sus primeros seis meses en Lieja. Primero un Aleksandar Jankovic que no fue capaz de lograr la clasificación para el Play Off por el título, después un José Jeunechamps que actuó como interino hasta la llegada de Sá Pinto. Con ambos jugó. Y con Sá Pinto, en la 2017/18, también.

En el 4-2-3-1 de Sá Pinto, donde la línea de mediapuntas pone la magia y el desborde, Marin ejerce de cerebro en el doble pivote junto al físico de Uche Agbo, ex del Granada, Watford y Udinese. Es un futbolista con visión de juego y capacidad de asociación con sus compañeros, prácticamente el único para ejercer el rol de creador de juego en el centro del campo del Standard Liége. Y por ello se ha convertido en un jugador clave para Sá Pinto. Siempre que él juega, el Standard Liége mejora su rendimiento.

Marin es un futbolista con temperamento pese a su edad, curtido ya en más de 100 partidos como profesional y en una casa complicada, como es el Maurice Dufrasne de Lieja. Ya es un fijo en las convocatorias de Rumanía y en el centro del campo del Standard Liége, con tan solo 21 años. Si es capaz de aplicar a su carrera la misma clarividencia que al juego de sus equipos, tendrá, sin duda, un gran futuro.

Fuente imagen principal: Photonews.

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