Luis Suárez, Ronaldo e Ibrahimovic les dieron muchísimo a sus respectivos equipos de la Eredivisie. Primero sobre el campo y más tarde dejando muchísimo dinero en las arcas neerlandesas. Pero más les dieron a millones de niños de sus países que comprobaron que dar el salto a Europa y triunfar no era tan difícil como creían.

“El PSV disputa la Liga de Campeones, una competición que veía en Uruguay por la televisión. Ahora estoy aquí y voy a jugarla. Vi que otros como Romario o Ronaldo estuvieron aquí y eso también me motivó”.

Gerardo Pelusso fue quien le hizo debutar en Primera división con Nacional de Montevideo. Antes de sentarse en el banquillo del Parque, siempre fue un aficionado más, y como tal veía jugar a las categorías inferiores de su club. Gastón Pereiro ahora mismo mide 1,88m, y no es que diese el estirón tarde. “Normalmente, los jugadores más altos no son los más habilidosos. Este era una excepción. Esperaba que le dieran la pelota cerca del área, gambeteaba a dos o tres y hacía goles. Como si jugase en el barrio. Con muchísima clase. Lo mirabas y te rompía los ojos”.

Continuaba Pelusso explicando cómo era ese Gastón Pereiro adolescente: “Su defecto era el defecto de los más virtuosos. Estaba acostumbrado a jugar sin correr. Yo le dije que quería que jugara por la derecha en un 4-2-3-1. Como extremo. Podía desbordar perfectamente, no porque fuera rápido sino porque era potente y tenía una gran zancada. Hacía como Messi: tiraba la diagonal de derecha a izquierda, escondía la pelota y la colocaba en el segundo palo con el efecto que le dan los zurdos. Le puse una única condición: que corriera la banda de banderín a banderín. Lo hizo sin ningún problema”.

En el primer equipo de Nacional coincidió con Álvaro Recoba. El Chino era su ídolo, algo que explicaba en cierta manera lo que explicaba Pelusso sobre su estilo de juego. Compartir vestuario con la leyenda uruguaya le marcó hasta tal punto de tatuarse en el antebrazo derecho su rostro. “¡Gracias por hacerme con pelo!”, bromeó Recoba al verse reflejado en el brazo de su compañero.

“Recoba es un genio, un grande ente los grandes. No encontré mejor manera de homenajear a mi ídolo que llevándolo conmigo a todos lados para siempre”.

Aunque maduró futbolística y personalmente viendo a Uruguay ganar la Copa América de 2011, poco tiene de parecido al típico futbolista charrúa. No tiene garra, no salta al campo a comerse al rival, no es la bestia competitiva que es el uruguayo de hoy en día. Cocu dice que cuando no tiene la pelota tiende a desenchufarse de los partidos. Sin duda, no será otro de los cientos de extremos reconvertidos en laterales que han invadido el fútbol en este siglo.

“Tengo unas características diferentes a las de la mayoría de los jugadores uruguayos que se asientan en Europa. No tengo tanta marca, ni soy tan aguerrido. Pero yo siempre trato de corregir eso porque es un punto débil. Para seguir mejorando incluso los habilidosos tienen que saber defender. Todavía soy chico y tengo mucho por corregir”.

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Parece que la Eredivisie es una liga echa a su medida, sin un gran desgaste físico para su pobre compromiso defensivo y con multitud de espacios para aprovechar su técnica y su gran zancada. Desde luego, en el PSV cayó de pie. Lejos de poder acercarse a los 33 goles de la primera temporada de Ronaldo, sí pudo igualar los 14 de Suárez en mil minutos menos, cifras que le permitieron al PSV revalidar el título de liga.

“Hasta que fui profesional jugué como media punta. Ahí es donde más me gusta jugar porque es donde tienes más salidas, por izquierda o por derecha. Desde que llegué al PSV me están utilizando por derecha. Casi siempre me queda el balón para enganchar para el medio y con el perfil zurdo trato de rematar o meter el pase interior. Lo intento hacer seguido. El entrenador me dice que cuando reciba tengo libertad”.

Empezó como mediapunta, explotó en el PSV como extremo derecho, llegó a jugar de delantero y ahora se desempeña entre el interior y la mediapunta en los nuevos sistemas que está probando Phillip Cocu esta temporada. En cualquier posición, no reprime su instinto y busca siempre el regate y la portería contraria.

Con 2-1 en el marcador del curioso campo de De Koel, el club revelación de la temporada pretendía poner en jaque la primera plaza de los de Eindhoven, a cinco puntos de Ajax y Feyenoord. Era una salida complicada y la situación se había puesto aún más complicada, pero poco a poco se fue escondiendo en la izquierda hasta que recibió el balón. Con una facilidad realmente sorprendente, supo salir de una encerrona de tres defensores locales y colocarla en la base del poste más lejano.

“Me genera mucha alegría que me quieran, no he hablado con mi representante últimamente, yo me mantengo ajeno y sólo pienso en entrenar y jugar. Me gustaría jugar en las grandes ligas de Europa, llegué a Holanda con 20 años y ahora tengo 22. Si me llega la oportunidad bienvenida será”.

Por supuesto que llegará, y Pereiro espera su momento con los brazos abiertos. Las grandes noches europeas también lo esperan a él.

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Foto de portada: EFE | Stanley Gontha

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