“El Cork City iguala el mejor comienzo de su historia con 8 victorias consecutivas”. El reloj marcaba el minuto 40, y aun siendo muy corta la ventaja (un gol), el corresponsal del equipo local ya tenía titular y más de media crónica preparados para dar el click de publicar. La hegemonía del Cork City en esta edición de la Premier League irlandesa ha sido tal, que además de vencer aquel día de mayo al Derry City, la racha se alargaría hasta las 12 victorias sucesivas. Y de colofón, el Cork City se coronó este martes campeón conquistando la tercera liga de su historia, que es corta y peculiarmente familiar como bien cuenta Víctor Cervantes (Marcador Internacional) en este magnífico texto en el que destripa a fondo el equipo Rebel Army.

La hegemonía del Cork City en esta edición de la Premier League irlandesa ha sido tal que consiguieron una  racha de 12 victorias sucesivas

Pero esta no es una historia de cómo el City ha vencido la liga, este es un mero pretexto de los párrafos que continúan. Aunque no sobra apuntar que la épica les ha acompañado en los últimos meses, porque la distancia de puntos respecto al Dundalk, su principal perseguidor, llegó a rozar la veintena de puntos. Sin embargo desde la marcha de su mejor jugador, Sean Maguire (delantero internacional con la selección absoluta, máximo goleador de la competición que fichó en julio por el Preston North End y al que sus aficionados han rendido tributo al más puro estilo Will Grigg´s on Fire) el club casi alcanzó el cataclismo (el Cork City ha tenido que esperar hasta la antepenúltima jornada para hacerse con la copa). Esta será, simple y llanamente, una narrativa de qué significa ganar la Liga en una ciudad de 120.000 habitantes del sur de Irlanda. De cómo y cuánto trasciende el balón en un país en el que el fútbol no está en el Top-3 de deportes favoritos.

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Partido del Cork City frente al Derry City en el Turner Cross Stadium. (Foto: Xabi Esnaola, Underground Football. Todos los derechos reservados)

IRLANDA Y LOS TÓPICOS, UN MATRIMONIO ENCANTADOR

Irlanda es un lugar donde las catedrales triplican en número, tamaño e importancia a los estadios de fútbol. Donde el mejor jugador de la liga (McGuire) ficha por un segunda inglesa, y en vez de saber a poco, es motivo de orgullo para la afición. Donde la televisión entrevista al entrenador en pleno partido. Donde la publicidad de hace un lustro también tiene cabida en el estadio del campeón (en el Turner Cross aún se dejan ver banners publicitarios del FIFA12). El deporte en la isla es el mismo y a la vez uno diferente al que vemos en España. El fútbol gaélico, el hurling y el rugby empujan de la zona privilegiada al fútbol. Los estadios de 30.000-50.000 plazas son coliseos comparados con los casi 7.500 del estadio del Cork City.

En el fútbol irlandés los estereotipos son certezas, y en la indiferencia de la afición respecto al tema reside el encanto

En cuanto al juego, los primeros dos partidos a los que asistí (Galway-Sligo Rovers y Cork City-Derry City) compartieron un patrón: el toque posterior al saque de centro inicial terminó en saque de banda. ¿Las siguientes dos jugadas? Envíos aéreos, uno para cada equipo, y a continuación todos a cazar la segunda jugada. Llegué a sospechar que aquello formaba parte de un ritual semanal; un mensaje de advertencia para el visitante que buscara algo que se alejara de los tópicos. Porque la realidad irlandesa es definitoria: los estereotipos son certezas. Los prejuicios sobre el fútbol irlandés se cumplen al detalle. Y en la indiferencia de su afición reside el encanto. Pagan y pegan voces por ello. “Esto en España es nivel de tercera división”, me confesó una vez el jefe de prensa del Turner Cross. Optimista él. Las cabinas de prensa, por cierto, se asemejaban más a las de teléfono.

¿Seguridad? Sí. ¿Control? Escaso. Colarse en la zona del “VIP” (multipliquen las comillas en su imaginación cuantas veces quieran) está a un “soy periodista español” de distancia. Cuanto peor acento y más cara de foráneo muestres más posibilidades tendrás, claro. Este es un síntoma de confianza, en primer lugar, y que el fútbol no es tan importante en segundo. Tan evidente como que no encontrar una camiseta de fútbol en una tienda especializada en deporte es común incluso en la ciudad del campeón de liga. O puede que no tengan tu talla, porque “solo vendemos talla para niños”, te explican. Aunque la mayor situación de desconcierto la viví en Limerick, donde una hora antes de comenzar un partido del conjunto local, tuve que comprobar en el móvil si efectivamente era día de partido (que fuera viernes y no hubiera nadie por la calle eran motivos para desconfiar). Finalmente el Markets Field, con sus 1.498 almas, fue el primer lugar en el que vi un partido de primera división de pie.

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Markets Field, estadio del Limerick FC.  (Foto: Xabi Esnaola, Underground Football. Todos los derechos reservados)

“La gente, salvo la que vive en Cork o es de aquí, no entiende la presión a la que estamos sometidos. Todos en la calle nos piden que ganemos” – John Caufield

Y a pesar de todo, pese a que entra dentro de la normalidad encontrarte en la frutería (verídico) a los dos extremos titulares de un equipo que el año que viene jugará la Champions League, la presión sobre los jugadores existe. Así lo afirma John Caufield, entrenador del Cork City nacido en el mismísimo Bronx de Nueva York (su madre es de Cork), quien sangra en verde y blanco. Institución del club, pertenece a la saga de futbolistas que en 1993 conquistaron la primera liga de la entidad sureña. Además es también el máximo goleador de la historia del club con 129 tantos y el que más veces ha vestido la camiseta (en 455 ocasiones). “Es la viva imagen de la pasión y el orgullo del pasado”, define el programa del Dundalk-Cork City. Él es culpable de la reciente historia futbolística que ha situado Cork en el primer plano balompédico en Irlanda. Y lo ha hecho mientras los medios internacionales, e incluso nacionales, miraban hacia el otro lado. Porque reinar y jugar al fútbol en Irlanda es diferente, pero eso sí, se celebra de la misma forma.

Fuente imagen principal: STEPHEN MCCARTHY (Getty Images)

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