Los rusos no saben hablar inglés. Los mayores de treinta y cinco, criados bajo el paraguas del telón de acero, nunca pensaron más allá de la capital del mundo oriental. Ni siquiera en Moscú, donde un servidor ha venido a vivir sin entender ni papa de ruso y ya se encuentra sepultado bajo una montaña de papeleo en cirílico. Papeleo inútil, como el de los planos del Ekaterimburgo Arena, sede del Mundial que no cumplía el aforo mínimo requerido por la FIFA y se ha visto obligado a construir una grada por fuera del estadio. La FIFA, doctorada en chapuzas mundialistas, quiso hacer pasar el empaste por genialidad. El ruso medio desprende dejadez por los cuatro costados. Ya saben, lo que funciona no hay que tocarlo. Y si se estropea, se pone un parche y se sale del paso. Pan para hoy y hambre para mañana.

Algo similar ocurre con la selección. El dinero de los oligarcas rusos ha permitido –salvo contadas excepciones- retener a los mejores futbolistas del país durante los últimos quince años. Y los mejores han sido los mismos durante mucho tiempo. Los Akinfeev, Berezutski o Ignashevich de turno han prestado sus servicios hasta bien entrada la treintena. Incluso el propio Akinfeev, en uno de esos fenómenos inexplicables que nos regala el fútbol, sigue siendo el titular de la selección.

La nueva Rusia de Cherchesov juega como si los campos todavía fueran de barro, pero al menos tiene la ilusión de un proyecto que acaba de nacer, algo que no pasaba desde hace más de una década en el fútbol ruso y que tampoco cabe subestimar

Sin embargo, hay ligeras esperanzas de cambio. Apenas son pequeñas vibraciones, puesto que la nueva Rusia de Stanislav Cherchesov no ha reinventado el juego de posición, ni se despliega a la contra como el Madrid de Mourinho. De la victoria por 4-2 frente a Corea del Sur solo trascenderá el debut de los nacionalizados Mario Fernandes y Konstantin Rausch con Rusia y la actuación estelar del coreano Kim Joo-Young, que se metió dos goles en propia en apenas dos minutos. La Sbornaya, como se llama al equipo nacional, ni juega bien ni juega vistoso. Excesivamente directo, demasiado músculo para tan poco talento. La nueva Rusia de Cherchesov juega como si los campos todavía fueran de barro, pero al menos tiene la ilusión de un proyecto que acaba de nacer, algo que no pasaba desde hace más de una década en el fútbol ruso y que tampoco cabe subestimar.

Los nacionalizados Rausch y Fernandes debutaron con la selección rusa (Foto: Nahuel Miranda, Underground Football. Todos los derechos reservados)
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Los nacionalizados Rausch y Fernandes debutaron con la selección rusa (Foto: Nahuel Miranda, Underground Football. Todos los derechos reservados)

En la juventud se aprecia esa rebeldía contra el poder establecido y un espíritu cosmopolita impropio de sus mayores. El pasado sábado, en el cumpleaños de Vladimir Putin, los jóvenes se echaron a la calle para protestar por un sistema ineficaz que tiene arrestado al líder de la oposición, Alexei Navalny, por organizar protestas contra el gobierno. Un sistema a veces absurdo, que reparte mucho más papeleo que riqueza y da una sensación de inmovilismo que me resulta tremendamente familiar.

Lo más probable es que las cosas sigan igual en el corto plazo. Putin seguirá en el poder tras las próximas elecciones de marzo, Rusia no pasará de los grupos en su Mundial y yo seguiré encontrándome rusos que no hablan inglés

Lo más probable es que las cosas sigan igual en el corto plazo. Putin seguirá en el poder tras las próximas elecciones de marzo, Rusia no pasará de los grupos en su Mundial y yo seguiré encontrándome rusos que no hablan inglés. Pero qué bien se queda uno cuando lo intenta con la ilusión del que empieza de cero.

Fuente imagen principal: Nahuel Miranda, Underground Football. Todos los derechos reservados.

Cada martes, en Desde Rusia con Balón, una historia de fútbol ruso y todo lo que le rodea.

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