La historia del fútbol podría ser narrada por sus celebraciones. El deporte rey, desde el principio de los tiempos, ha ido coleccionando festejos de todas las formas y colores. Apasionados, desmedidos, acrobáticos o sentimentales. Muchas de ellas, semana tras semana, dan la vuelta al mundo por los actores que las componen. Aunque al margen de todas ellas, una preserva su lugar indeleble al paso de los años. Aquella en la que Vucinic, cada vez que introducía el balón en la portería, corría extasiado con los pantalones fuera de su sitio.

Mirko Vucinic pudo ser todo aquello que no fue. El caso del futbolista yugoslavo (1983, Niksic), de pasaporte y selección montenegrina, se corresponde con uno de esos tantos episodios donde calidad y constancia se soltaron muy pronto de la mano. Embajador de aquello que hoy en día conocemos como el delantero moderno, Vucinic puede presumir de ser uno de los mejores jugadores de los que presumió el Calcio. A pesar de su técnica y currículo, debió conformarse, sin embargo, con degustar la cúspide de su trayecto con la yema de los dedos.

Vucinic, una vez alcanzó la élite, lo tuvo absolutamente todo para dejar allí ensartada su propia bandera. De carrera esbelta, más ávida que lenta, siempre se caracterizó por su pericia en el manejo del esférico. Una calidad que, de hecho, no pasó desapercibida por el mismísimo Antonio Conte, quien decidió entregarse a sus formas para llevarlo a la Juventus en el año 2011. Esas que, como ha quedado descrito, llevaban al bueno de Mirko a despojarse de los pantalones en cada gol anotado y agitarlos, brazo en alto, por encima de su propia cabeza.

Mirko Vucinic levantó tres títulos de la Serie A, dos Copas de Italia y tres Supercopas nacionales

No es de extrañar, de hecho, que la Juventus de aquella época recibiese con los brazos abiertos un comportamiento tan excéntrico. Quizás, de haber sido en otro momento y no sacudiéndose aún el polvo de la caída a los infiernos, habría resultado chocante el imaginar a un loco zarandeando en calzoncillos la solemnidad que siempre ha acompañado al ilustre traje blanquinegro. Pero llegó, y la conjeturable estrategia de la Juventus pronto dio sus frutos: no solo recuperó visibilidad exterior sino que, a la postre, allanó el ciclo del que hoy presume.

Conte decidió explotar su movilidad ofensiva y Vucinic respondió de la mejor manera posible. No tanto por su faceta goleadora, donde consiguió 25 goles (nada desdeñables) en tres temporadas, sino por lo que ofrecía al colectivo: Si no nos sacrificamos todos, no iremos demasiado lejos. Mi verdadero rol es el de delantero, es cierto. Pero en Roma ya he jugado como extremo. Y, sinceramente, no creo que exista otro extremo que marque tantos goles como yo (10). ¿Que son pocos? Ponedme como punta y hablamos, reconoció a su llegada.

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Vucinic fue uno de los principales responsables de traer de vuelta el sistema de los tres centrales, dos carrileros, tres centrocampistas y una pareja de atacantes, siendo él una de estas dos últimas vacantes, que poco a poco ha ido extrapolando (de nuevo) en toda Europa. Aunque antes, eso sí, hubo tiempo para probar con otras fórmulas: “Con Conte es la primera vez que juego en un sistema 4-2-4. Siempre he jugado con dos o tres puntas, pero ahora es cierto que tendremos una solución más. El fútbol de Conte es muy claro: debes correr mucho, sobre todo hacia arriba. Correr, correr y correr para ayudar al equipo. Caracterizado por un potente disparo, Vucinic, en cambio, siempre quedará para el recuerdo como uno delantero de extrema movilidad, tanto para jugar por fuera como por dentro y potenciar así la llegada en segunda línea de los interiores que tanto destacaron en la Juventus de aquellos tiempos.

Había sido Pantaleo Corvino, en cambio, quien hizo aterrizar a Vucinic en Italia. El actual director deportivo de la Fiorentina, uno de los mejores cazatalentos del Calcio y que por aquel entonces prestaba sus servicios al Lecce, se fijó en un chico de apenas 17 años, procedente del FK Sutjeska de Montenegro, que venía de marcar cuatro goles en diez partidos: “En estas tierras siempre he pescado bien. A Mirko lo descubrí en el Sutijeska cuando no era más que un niño. Tenía 15 años cuando le vi, y había venido a Cerdeña para jugar un torneo alevín. Debo decir que jamás he tenido una red de ojeadores, siempre he creído en mis contactos de confianza. De hecho, fue un amigo mío, Bruno Contu, quien me apuntó cuatro chicos del equipo por los que no pagué más de 400.00 euros de aquel entonces”, reconoció Corvino.

La Roma desembolsó 19 millones de euros en el año 2006 por Vucinic. Cuatro millones más de los que pagó la Juventus por el montenegrino en 2011

Desde entonces y antes de aterrizar en Arabia, Vucinic desarrolló su carrera gracias a otras muchas más cosas que su acierto de cara a puerta. Fue en el Lecce, precisamente, donde alcanzó su mejor registro goleador jugando en Europa (22 tantos en 31 partidos). Una temporada en la que consiguió endosar un hat-trick a la Lazio y que, al poco tiempo, no por casualidad, despertó el interés de la Roma, quien desembolsó en torno a unos 19 millones de euros. Cuatro ‘kilos’ más de los que después pagaría la Juventus por el traspaso de su ficha.

Vucinic, como allá por donde pasa, dejó también huella en la capital. “A diferencia de Roma, en Turín puedes andar tranquilamente por la calle. No había tantas radios como en la capital. En Roma se sentía mucho más la presión. Recuerdo muchas conversaciones con mis compañeros diciendo qué había escuchado de quién cada uno. Era inevitable, incluso, ir escuchando qué decían de nosotros de camino al campo. Los aficionados de la Roma son así: dos partidos buenos para llevarte a las estrellas, pero haces algo mal… y la cosa cambia”.

Luciano Spalletti, uno de sus técnicos en la Roma, decidió situarle en un costado con motivo de no alterar el espacio natural de un tal Francesco Totti como punta. Y la reconversión, en lo que a números se refiere, no le sentó nada mal al de Montenegro: anotó 65 goles en cinco temporadas, a pesar de las diversas lesiones que debió ir esquivando a lo largo de estos años. Y para el recuerdo de esta época quedará su cabezazo en el Santiago Bernabéu, durante la temporada 2007/08, que apeó al Real Madrid en los octavos de final de la Champions League. Aunque entonces, cabe destacar, se conformó con agitar los brazos sin un destape explícito.

A punto estuvo de fichar por el Inter, en un intercambio con Freddy Guarín. Pero la operación no llegó a buen puerto y Conte, ya con Carlos Tévez y Fernando Llorente en el equipo, dejó de contar con sus servicios. Vucinic emigró al Al Jazira de Arabia. Una etapa que concluyó el año pasado, víctima de las lesiones, a sus 34 años recién cumplidos. Un futbolista que, sin levantar mucho ruido, completó 45 partidos como internacional por Montenegro y, a pesar de que la ordinaria retentiva lo encarne desde unos slips blancos, fue, en cambio, uno de los principales culpables de erigir a la Juventus que hoy en día conocemos. Larga vida al soldado de Niksic.

Fuente imagen principal: ANDREJ ISAKOVIC (AFP/Getty Images)

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