Es martes por la tarde. Lucas Alario merienda en soledad minutos antes de abordar la concentración previa a las semifinales de la Copa Libertadores 2015. Marcelo Gallardo, el entrenador de River Plate, se acerca y le cuestiona cómo se siente para ser titular al día siguiente. El delantero acaba de llegar al club proveniente de Colón, y no titubea ni un instante al responder que está preparado para afrontar una fase decisiva. El parate (compás de espera, palabra que se suele usar en Argentina) al que se vio obligado la competencia, por la realización de la Copa América de Chile, ha significado que algunos jugadores abandonen el barco y el club deba salir a buscar nuevos nombres en el mercado de pases.

Uno de ellos fue el de Alario, que reemplazó al colombiano Teófilo Gutiérrez. Pasadas más de 24 horas de la charla con el director técnico, el atacante responderá con creces, siendo clave en los dos goles y brindando una asistencia. Ya en la vuelta, su gol sobre el arquero significa el pasaje a los partidos cumbres, esos que el equipo argentino no alcanzaba desde hacía 19 años. A tan solo dos meses de haber firmado contrato, ya se avizoraba su intención de insertarse en la historia, algo que quedaría de manifiesto con su cabezazo a la red en la noche lluviosa que definió el título en el Monumental.

A tan solo dos meses de haber firmado contrato con River Plate, ya se avizoraba su intención de insertarse en la historia

Llegaron goles decisivos en Recopa, final de Copa Argentina -hat-trick-, fases decisivas de eliminatorias directas y hasta en semifinal de Mundial de Clubes. Incluso, muchos de sus tantos significaron aperturas de marcador. Además de añadir trofeos a su palmarés, sus dos años en River finalizaron con una escalofriante suma de 41 goles en 81 partidos. A Alario no le pesan las situaciones límites, esas en las que parece no haber un mañana. Con múltiples registros, anotó goles de cualquier clase y nunca evidenció que le costara la adaptación a un club grande.

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En Colón de Santa Fe, una institución por entonces apremiada por los desmanejos económicos y el descenso, ya había dado muestras de su capacidad de decir presente en los momentos de mayor zozobra. Un gol suyo valió un desempate para no bajar a segunda división en el que no se pudieron imponer, aunque luego su anotación de penal en un partido trascendental otorgó a los sabaleros el retorno a la élite. Solo habían transcurrido seis meses entre la desazón y la vuelta a Primera. Si dentro del fútbol argentino y sudamericano demostró que puede imponerse en situaciones límite, no fue diferente su debut en Bayer Leverkusen, puesto que convirtió y brindó un pase gol.

Fue César Luis Menotti, el entrenador campeón del mundo con Argentina en 1978, quien lo recomendó a la dirigencia de River cuando Gutiérrez había dejado un hueco difícil de llenar con su salida antes de dos partidos vitales

Fue César Luis Menotti, el entrenador campeón del mundo con Argentina en 1978, quien lo recomendó a la dirigencia de River cuando Gutiérrez había dejado un hueco difícil de llenar con su salida antes de dos partidos vitales. La directiva trasladó el nombre a los integrantes del cuerpo técnico, y estos respondieron que Alario era un jugador que ya seguían con anterioridad. Pese a que la operación estuvo a punto de caerse por un problema en la rodilla detectado en la revisión médica, la firmeza del delantero fue clave para permanecer en Buenos Aires y establecer la rúbrica en su contrato.

Alario tuvo un crecimiento imponente en su físico con el correr de los años, y su calidad técnica fue evolucionando a medida que competía. Tiene un perfil muy similar a Robert Lewandowski, por la plasticidad y finura de sus movimientos, la adaptación al juego colectivo y la capacidad de crear oportunidades de gol en cualquier contexto. El argentino sale a bandas para crear espacios, pivotea acertadamente al asociarse con los centrocampistas y se desplaza en el área con mucho criterio para desmarcarse. Con el tiempo, mejoró sus apariciones en el primer palo, atacando el balón. Marcelo (Gallardo) y sus ayudantes me inculcaron esto de ir al anticipo y es una herramienta más que me sirve para seguir agregándole cosas a mi juego. Si uno viene en carrera, puede sacar ventaja. Si te quedás parado a esperar la pelota, el defensor te desestabiliza al mínimo toque y estás fuera de carrera. Ir en busca del balón es una ventaja más del delantero hacia el defensor”, señaló en una entrevista con la revista El Gráfico.

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El nivel de sus controles es top, y en conducción puede optar por la gambeta más allá de su físico espigado. Animal competitivo, no deja de agregarle cosas a su juego y, en más de una oportunidad, ha señalado que nunca es tarde para sumar virtudes. Es un centro delantero que de ninguna manera se limita al gol y a aportar al equipo por la diferencia en el marcador, sino que va más allá y se inmiscuye en el accionar de sus compañeros. Tal ha sido su crecimiento que Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli lo citaron en sus períodos en el seleccionado y dejaron en claro que es una pieza elemental del futuro albiceleste; el primero lo citó para Eliminatorias y lo hizo de jugar de carrilero tras la expulsión de Paulo Dybala, el segundo lo llevó a una gira asiática en la que convirtió ante Singapur.

Lo extraño de su carrera es que se decantó tarde por el fútbol. Fue a los 12 años que optó por comenzar a jugar en San Lorenzo de Tostado, un club chico del interior argentino que hoy vive también su propia revolución. Es que a los 17 años, tras una prueba en Newell’s en la que no avanzó, Alario fue transferido a Colón por 200.000 pesos. Pero lo que determina el futuro de la pequeña institución que vendió a su promisorio futbolista es que se quedó con un 20% de lo que fuera a entrarle a Colón en una futura venta al exterior. Y los rojinegros, que se habían quedado con poco menos de la mitad de la ficha del jugador, lograron aumentar considerablemente sus dividendos tras el millonario salto del futbolista a la Bundesliga.

Lo extraño de su carrera es que se decantó tarde por el fútbol. Fue a los 12 años que optó por comenzar a jugar en San Lorenzo de Tostado, un club chico del interior argentino que hoy vive también su propia revolución

Actualmente, a la entidad tostadense ingresarán cerca de 20 millones de pesos (unos 984.000 euros al cambio). Tiempo atrás, con la plata obtenida habían arreglado campo de juego y vestuarios, ahora mismo la iririsoria suma obliga a pensar con racionalidad los pasos a seguir en un lugar que subsiste con venta de pollos, sorteos u organización de bailes.

Tostado el la segunda ciudad del delantero, el sitio donde nació porque en Cuatro Bocas, el lugar en el que vivió su infancia, no había maternidad. De hecho, su madre debió viajar 40 kilómetros y salir de la provincia para dar a luz. Cuatro Bocas es un pequeño pueblo de no más de 300 habitantes, y allí Lucas jugaba descalzo en el campo porque pensaba que de esa manera tenía más velocidad para escaparse de sus rivales. Al no haber colegio secundario, su familia se trasladó nuevamente a Tostado, y el chico deleitó por su calidad en el vóley dentro de torneos interescolares. Ulteriormente, especificó que ese deporte le dio mayor capacidad de salto. Frente a su casa se encontraba el estadio Juan Francisco Chiapello, ese que lo cobijó y le dio inicio en el fútbol, en la intimidante liga ceresina en la que jugaba con rivales de mayor edad.

Fuente imagen principal: Dean Mouhtaropoulos (Bongarts/Getty Images)

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