A unos 100 kilómetros al sur de Londres se encuentra Portsmouth, una ciudad costera, uno de los puertos más importantes de las islas británicas antaño. Una ciudad que el 17 de septiembre de 2008 volvía a ilusionarse y soñar con su equipo de fútbol, sin saber que, tras ese sueño, llegaría una larga pesadilla.

Nada más y nada menos que 58 años llevaba el Portsmouth sin ganar un título (la liga de 1950) hasta que se plantaron en Wembley, en abril de 2008, para poder volver a soñar con levantar un trofeo. Eran las semifinales de la FA Cup y, tras dejar al Manchester United de Sir Alex Ferguson por el camino, derrotándoles por 0-1 en Old Trafford, el conjunto entrenado por Harry Redknapp, soñaba con mucho más. El rival, el West Brom, que se había encontrado con unas semifinales coperas tras unos cruces sin grandes ‘cocos’. El pitido inicial, del famoso y polémico Howard Webb, marcaba el principio de 90 minutos para un sueño, 90 minutos para volver a una final de FA Cup que el Portsmouth no visitaba desde el año 1939. Sólo los más ancianos del lugar recordaban aquel título y el héroe de Wembley, Nwankwo Kanu, se encargaría de marcar el solitario gol que actualizaría la historia y que daría una final en color para que Portsmouth pueda seguir recordando.

El Portsmouth se clasificó para la final de la FA Cup de 2008 tras eliminar al Manchester United y West Bromwich Albion

Cuanto menos curioso que el conjunto de Redknapp hubiese superado todas las rondas de aquel torneo por 1-0 (salvo la cuarta ronda contra Plymouth Argyle, que se resolvió por 2-1). Un extraño patrón que seguro llevó a más de uno a apostar por el mismo resultado en la final de mayo. Enfrente, los galeses del Cardiff City, con Hasselbaink en punta y un jovencísimo Aaron Ramsey en el banquillo esperando su momento. Pero cuando un equipo como en este caso el Portsmouth está tocado por una varita en un torneo copero, parece imposible que puedan caer. ¿El resultado? 1-0, cuál sino. ¿El goleador? De nuevo Kanu, nombrado man of the match del encuentro.

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No sólo volvía a levantar el Portsmouth una FA Cup 70 años después, sino que lograba entrar en la Copa de la UEFA por primera vez en su historia. Un equipo que podría llegar a subir un nivel con jugadores como Glen Johnson, Sol Campbell, Lass Diarra o Sulley Muntari y quién sabe si empezar a plantar cara a los grandes. Perderían en los penaltis la Community Shield contra el United, pero habían mantenido gran parte del bloque que les hizo campeones, añadiendo a Crouch y Defoe en la delantera. Lograron pasar la previa de la competición europea ante el Vitoria de Guimaraes y todo parecía seguir al mismo ritmo, sin bajar una marcha, tal y como había finalizado la anterior campaña. Sin embargo, en octubre de ese mismo año, Harry Redknapp deja el equipo para marcharse al Tottenham, una decisión que a posteriori marcaría, casi sin querer, un punto de inflexión el rumbo del conjunto sureño.

El equipo de Redknapp se plantó en Copa de la UEFA con nombres de nivel como Glen Johnson, Sol Campbell, Lass Diarra o Sulley Muntari, además de Peter Crouch y Jermain Defoe en la delantera

Tony Adams cogería las riendas del equipo, pero las eliminaciones de la Copa de la UEFA y la FA Cup acabarían haciendo que dimitiese, acabando el Portsmouth la temporada con un entrenador interino en 14ª posición. Los problemas, no sólo eran deportivos, ya que los económicos eran mucho más graves y obligaron a deshacer la plantilla que les había llevado a sus mejores éxitos en décadas. Glen Johnson se marchaba al Liverpool, Crouch y Kranjčar se reunirían con Redknapp en el Tottenham y Distin tomaría también rumbo a Liverpool para firmar con el Everton. Además, la situación en los propietarios del equipo no era la ideal, con un proceso de compra que no se completaría hasta ya llevar casi dos meses de competición. Mientras, los jugadores se encontraban sin cobrar, el equipo último en la clasificación y la Premier League prohibiéndoles fichar hasta solucionar sus problemas económicos.

El Portsmouth estaba condenado al fracaso. El héroe de Wembley, Kanu, marcaría sólo tres goles en liga en los dos años siguientes al triunfo en la FA Cup. Ni el cambio de entrenador, haciéndose cargo el director deportivo Avram Grant del equipo, sería suficiente. La situación institucional era insostenible. Pese a los buenos resultados, el Portsmouth recibiría otro palo en los despachos: una sanción de nueve puntos por su situación financiera, la cual era tan grave que se rumoreaba que tenían hasta 135 millones de deuda. Con los jugadores sin cobrar y a 17 puntos de la salvación que marcaba el Wolverhampton, el desastre era inevitable. Pero estar prácticamente descendidos tan pronto daba al equipo un nuevo objetivo, el torneo que tanta felicidad había generado tan sólo dos años atrás: la FA Cup. Y es que, sorprendentemente, este Portsmouth a punto de la quiebra y con los jugadores sin cobrar, se había plantado en las semifinales de la FA Cup y se las veía en Wembley, curiosamente, contra el Tottenham de Harry Redknapp. En poco se parecía el Portsmouth al que Redknapp entrenó, sólo James se mantenía en portería. Había casi más caras conocidas en los Spurs (Crouch, Defoe o Kranjcar). Y sin embargo, aunque ese Tottenham de Bale o Modric tuvo más posesión, tiró más y superó al Portsmouth, estos aguantaron hasta la prórroga. Y ahí, Piquionne y Kevin Prince Boateng remataron a los Spurs.

El Portsmouth recibiría otro palo en los despachos: una sanción de nueve puntos por su situación financiera, la cual era tan grave que se rumoreaba que tenían hasta 135 millones de deuda.

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Lamentablemente, el sueño del Portsmouth no pudo continuar un partido más. Perdieron la final contra el Chelsea. Esta vez no apareció un salvador como Kanu, relegado al banquillo desde la final de 2008. Y aunque el Chelsea estaba clasificado para Europa y la plaza de la UEFA debía ir al Portsmouth, la FA se la negó por la situación económica. Y ahí, el Portsmouth entró en un coma tan profundo que se le dio por muerto. Incluso el equipo sacó un comunicado diciendo que “el club iba a ser cerrado y liquidado”. Sin embargo, milagrosamente, el conjunto inglés siguió respirando, aunque a duras penas. Numerosos cambios de manos, intentos de saneos del club de diferentes inversores lograban reducir a marchas forzadas la abultada deuda, que aun así, seguía siendo muy elevada, mientras deportivamente caía hasta League Two (el cuarto nivel de competición) lastrado por sanciones deportivas asociadas a dichas deudas.

Pero, sorprendentemente, consiguieron lo que parecía imposible. El club en 2014 se declaró libre de deudas. Habían pagado todo el dinero que debían incluso a ex jugadores. ¿Cómo lo habían logrado? Un grupo de aficionados, en 2013, formaron el Pompey Supporters Trust (PST), con una donación mínima de 100 libras por entrar. Llevaban años intentándolo y por fin se habían juntado, y decidieron salvar el club. ¿Y cuál era la manera de lograrlo? Comprándolo. Y así, se juntaron no una o dos personas, sino hasta 2.300 aficionados. Tras sólo 18 meses a cargo lograron dejar saneado un conjunto que había estado dos veces en concurso de acreedores en cinco años (con sus correspondientes sanciones deportivas) y que ningún accionista había logrado salvar con anterioridad. Con ellos a cargo, lograron que el equipo batiese récords de asistencia al estadio. Había vuelto la ilusión.

El club en 2014 se declaró libre de deudas. Habían pagado todo el dinero que debían incluso a ex jugadores

La pasada campaña, el Portsmouth logró el ascenso a League One, siendo uno de los cuatro equipos que han logrado ganar la liga en los cuatro primeros niveles de competición de Inglaterra. Podría llegar a ser una historia de Disney, ¿verdad? Pues no habría que descartarlo tan rápido, porque en junio de este año, The Tornante Company, compañía que regenta el antiguo CEO de Disney Michael Eisner, ha comprado el equipo. Quién sabe si, como en sus historias, esta tiene un final feliz volviendo a ver al Portsmouth en Premier League.

Fuente imagen principal: Jamie McDonald (Getty Images)

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