El fútbol no es un ente estático. Evoluciona y se modifica con el paso del tiempo. En el siglo pasado, todo era más lento; ahora, todo parece ir más rápido. Estas modificaciones a veces vienen explicadas por equipos que con un determinado estilo consiguen éxito, lo que provoca que otros intenten imitarlos. Pero también tienen influencian las reglas, el libreto por el que se rige el deporte en sí. Pese a que en los últimos años no se haya introducido ninguna nueva ley revolucionaria, a finales del siglo XX se aprobó una que, viéndolo con perspectiva, resultó clave: la cesión.

La cesión de incluir la cesión en el fútbol se justificó con la intención de acabar con el fútbol excesivamente defensivo que se había visto en el Mundial de 1990

Esta decisión se justificó con la intención de acabar con el fútbol excesivamente defensivo que se había visto en el Mundial de 1990. ¿Por qué? Los defensas, ante cualquier tipo de presión, simplemente se la daban al portero, situado en el área grande, para que la cogiera con la mano y así evitar que el rival se acercara a marcar gol. En consecuencia, el ritmo era más lento -se paraba constantemente- y los equipos, sobre todo cuando iban por delante en el electrónico, minimizaban los riesgos. Esta regla provocó que los zagueros y los arqueros empezasen a manejarse mejor con el esférico en los pies, porque los primeros ya no tenían la opción de dárselo a los segundos para que lo cogieran. Desde ese momento, se desarrolló esta faceta hasta llegar a la época actual, en la que ya se considera normal elegir a un portero u otro en base a quién se desenvuelve mejor con los pies. Es decir, la tarea del guardameta ya no es sólo parar, sino que debe saber hacer más cosas.

En Inglaterra este proceso tardó más que en otros lugares y hasta hace poco no había ningún portero al que se le pudiera poner la etiqueta de portero moderno. El país británico ha sacado grandes cancerberos, pero -casi- ninguno de ese perfil. El indiscutible en las últimas convocatorias, Joe Hart, vive básicamente de sus reflejos para hacer paradas espectaculares -dejando de lado su irregularidad, que es otro tema- y el que está llamado a quitarle el puesto -en mi opinión, ya debería haberlo hecho-, Jack Butland, también basa su juego en los reflejos aunque se muestre más sobrio debajo de los palos que su competidor por el puesto de titular en la selección.

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El casi que incluí en el párrafo anterior no está escrito por casualidad o por no querer afirmarlo al 100%, sino que se debe a la aparición de un un chico al que definitivamente se le puede llamar portero moderno, dado que su influencia va más allá de lo que hace con las manos y se extiende hasta su brillante juego de pies. Su nombre: Jordan Pickford.

Una primera toma de contacto se dio en un duelo aparentemente sin importancia de Inglaterra sub-21 ante Kazajistán la fase de clasificación para el Europeo que se disputó este mismo verano. A medida que pasaban los minutos, llamaba más la atención porque salía bien por arriba en los saques de esquina e, incluso, conseguía quedarse con el balón en su poder. Era imposible no tener en cuenta el bajo nivel del rival, pero esa personalidad había que destacarla. Lo más sorprendente llegó cuando tenía la pelota en su mano y decidió hacer un saque con el pie. Lo ejecutó rápido, para pillar a la defensa contraria desordenada, y mandó un pase medido al espacio para que Redmond anotara el 2-0. Si te dicen esto sobre un medio centro, no te sorprendes. Cuando el que lo hace es un portero, se antoja imposible no prestar atención.

Con Pickford nos encontramos ante un chico que desde pequeño vistió la elástica del Sunderland y que fue escalando categorías hasta plantarse como guardameta titular del equipo de su corazón. Se convirtió en profesional en 2011 y a partir de ahí vivió el clásico periodo de cesiones por distintos clubes de divisiones inferiores; la última, en el Preston North End, fue especialmente destacable: dejó la portería a cero en 14 de los 30 partidos que disputó. En sus palabras, ese periodo le demostró “que era lo suficientemente bueno”.

Durante su cesión en el Preston North End, el rendimiento de Pickford fue especialmente destacable: dejó la portería a cero en 14 de los 30 partidos que disputó

Cuando volvió de su etapa en Preston, se topó con posibilidades bajas de jugar, dado que debía competir el puesto con Pantilimon y Mannone. Hizo una aparición en la FA Cup ante el Arsenal que dejó una sensación similar a la de aquel amistoso ante Kazajistán sub-21: seguridad en sus acciones y un juego de pies envidiable. Ya era mejor en ese momento que el rumano y que el italiano. Pero Allardyce, consciente de su potencial pero también de la situación que vivía el equipo, no se atrevió a alinearlo semana tras semana.

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A Sam se le planteó la oportunidad de entrenar a la selección inglesa y vio imposible rechazar la oferta de la FA. De esa manera, la directiva del Sunderland debía buscar a un técnico que lo sustituyera y se decidieron por David Moyes, cuyo último -mejorable, cuanto menos- trabajo había sido en la Real Sociedad. Con la llegada de Pep al City al mismo tiempo, Hart estaba más fuera que dentro y existieron fuertes rumores que situaban a Joe en la órbita de los black cats. El entrenador escocés, finalmente, no lo incorporó, a Hart, quizás a sabiendas de que en su propia plantilla ya disponía de un chico preparado para ser lanzado a la Premier League. Pese a que en las dos primeras fechas comenzó desde el banquillo, se hizo fijo a partir de la tercera y se erigió, al mismo tiempo, en lo poco rescatable de un Sunderland que jamás tuvo pinta de realmente poder salvarse. El mérito de Jordan aumenta cuando se piensa en el contexto en el que se encontraba.

Entrando ya a analizar sus cualidades, lo primero y lo más importante es que para mucho. Sus reflejos, frente a disparos desde lejos o desde cerca, son impresionantes. Curiosamente, a pesar de haber dejado paradas bastante estéticas, se trata de un jugador pragmático. Prefiere una parada en un momento importante antes que una bonita. En consecuencia, su favorita es la que le hizo a Wes Morgan en el Stadium of Light. No fue una parada increíble; fue simplemente el momento del partido: una parada que gana partidos. Y pensábamos que una victoria nos haría seguir hacia delante“.

Habiendo mencionado lo más importante de un cancerbero y lo que más entra por los ojos, toca hablar sobre un juego de pies que ya ha sido destacado en líneas anteriores. No es una cuestión de que sepa dar uno o dos pases; es que parece que cada golpeo en largo tiene una intención. No le pega al azar. Siempre busca a algún compañero y, aun encima, cuenta con mucha precisión para ello. En el fútbol inglés, donde se ve mucho balón por arriba golpeado al tun tun con la única intención de mandarlo al otro lado y así evitar el peligro, Pickford es una excepción. En resumidas cuentas, se trata de un portero que encajaría perfectamente en un equipo de Guardiola. Bajo las órdenes de Koeman, no parece que su capacidad para maniobrar con sus pies vaya a potenciarse como sí lo podría hacer en otro lado.

En el fútbol inglés, donde se ve mucho balón por arriba golpeado al tun tun con la única intención de mandarlo al otro lado y así evitar el peligro, Pickford es una excepción

Por último, y aunque esto parezca una tontería, tiene cara de bueno. Su semblante serio tras haber detenido un remate complicado, gritando a sus defensores para que el delantero contrario no vuelva a tener una oportunidad de tal calibre, denota un chico con personalidad y que confía en sus capacidades, unas que van más allá de los trabajos primarios de un guardameta y que dejan como conclusión evidente que el país inventor de este deporte que tanto amamos cuenta con un portero moderno.

Fuente imagen principal: Andy Astfalck (Getty Images)

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