Se sospecha que la toponimia del río Neckar, en el estado de Baden-Württemberg, proviene de la palabra celta Nikros, cuyo significado es bravo. Y bravos han de ser cuando, a lo largo de su historia, han terminado siendo uno de las regiones económicas más importantes de Europa; en Stuttgart se juntan empresas de la talla de Porsche, Daimler, HugoBoss o IBM, entre otras tantas. Con ese impulso económico, amén de la preocupación por desarrollar el uso de energías renovables, no cabe duda de que se sienten muy orgullosos de una zona que funciona razonablemente bien.

Ese impulso económico, de hecho, también ha tocado al balompié. El fútbol, como deporte rey alemán que es, ha tenido un desarrollo importante en esta zona. Tras el fracaso del año 2000, y la enorme preocupación por el futuro de un deporte que genera mucho dinero y satisfacción a partes iguales, la federación alemana decidió otorgar más protagonismo de la cantera, proporcionándoles más importancia a esos hijos de emigrantes que llegaron a Alemania buscando trabajo. En la región de Baden-Würrtemberg no fue muy diferente de lo que, por ejemplo, se hizo en Berlín, siendo ciudades totalmente distintas. De esta región, no obstante, proceden los grandes “revolucionarios” o “impulsadores” de un modelo de juego mucho más atractivo para el público, con la promesa de que si no se gana (que sería muy difícil no hacerlo) por lo menos el espectador se entretendría con ello. Ralf Rangnick es uno de los protagonistas de este cambio que, sin ir demasiado lejos, logró con el modesto Ulm. De esta región también son Jürgen Klinsmann y Joachim Löw, quienes formaron tándem en el Mundial que organizaron los alemanes en 2006. Fue el resurgir futbolístico de una nación que, sin embargo, nunca pareció estar futbolísticamente muerta. Esto es algo que destacan en un capítulo de Franz.Jürgen, Pep los autores del libro, Axel Torres y André Schön.

Tras el fracaso del año 2000, y la enorme preocupación por el futuro de un deporte que genera mucho dinero y satisfacción a partes iguales, la federación alemana decidió otorgar más protagonismo de la cantera, proporcionándoles más importancia a esos hijos de emigrantes que llegaron a Alemania buscando trabajo

CONTEXTO-HISTORIA

Este desarrollo e impulso económico también tuvo su efecto en una empresa informática llamada SAP, de la que Dietmar Hopp es su máximo dirigente. Hopp, que en su juventud fue futbolista de un club que nunca pasó de categoría regional, decidió devolverle a dicha institución deportiva -una de las más antiguas de Alemania- su agradecimiento de forma económica. De esta manera, el distrito de Hoffenheim jamás volvería a ser el mismo. A través de una fuerte inversión económica y deportiva, el TSG 1899 Hoffenheim fue subiendo fulgurantemente de categorías desde que, en 1999, Hopp se hiciera cargo del club. En apenas dos años subió dos categorías hasta llegar, por entonces la tercera división: la Regionalliga Süd. Durante varias temporadas encadenaron buenos resultados (entre quintos y séptimos puestos), llegando a hacerse un nombre en la competición copera nacional al llegar, en la temporada 2005-06, hasta los cuartos de final. Fue cuando los ojos miraron hacia el sur y a un modesto equipo de una ciudad bien comunicada (Sinsheim), pero igualmente pequeña. Poco tiempo después de la heroica actuación de Copa, y tras fracasar el intento de fusión entre Sandhausen, Astoria Waldhorf y el propio Hoffe, Hopp decide dar un golpe de timón para potenciar el proyecto: fichar a Ralf Rangnick.

A través de una fuerte inversión económica y deportiva, el TSG 1899 Hoffenheim fue subiendo fulgurantemente de categorías desde que, en 1999, Hopp se hiciera cargo del club

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Ello implicó dotar de mayores recursos económicos al club y, por tanto, también darle más margen de maniobra a Rangnick. El resultado es conocido por todos: Rangnick asciende al Hoffenheim (año 2008) a la máxima categoría, tras haber ascendido la temporada anterior a 2.Bundesliga. Durante el primer tramo de la temporada en primera división, el Hoffenheim sorprendió a propios y extraños con una mezcla de juventud y veteranía, llegando a liderar la tabla clasificatoria. Aquel pequeño equipo, de aquella pequeña región al norte de Baden-Würrtemberg, acabaría por establecerse. Y lo hizo con una filosofía de juego meridiana; fútbol ofensivo, a pesar de los costes en términos resultadistas.

Al final de la temporada 2010-11, Rangnick se despidió de Sinsheim tras desacuerdos deportivos con el que, hasta ese momento, formaba un tándem que parecía funcionar en Bundesliga. La marcha del profesor fútbol dejó su huella: una fuerte red de ojeadores, inversión en masías para realizar esa famosa formación dual que tanto se puso de moda desde la federación alemana y un trabajo, así como su filosofía correspondiente, que se siguieron mostrando hasta hoy en día. No obstante, hasta hace no mucho tiempo, el Hoffenheim alternaba temporadas con buenas intenciones, pero con malos resultados. Entrenadores como Markus Babbel o su tocayo Gisdol, nunca lograron enderezar del todo el objetivo de una nave que, en cierta manera, parecía abocada a pasar sin pena ni gloria por la máxima categoría. Tanto es así, que la temporada 2015/16, una malísima primera vuelta situaba al Hoffenheim en la cola de la tabla. Huub Stevens sustituyó a Gisdol, pero el veterano técnico neerlandés tuvo que dejarlo a las pocas semanas debido a problemas de salud. Así que la llegada de Julian Nagelsmann se adelantó unos meses. Se trataba de un entrenador desconocido que, había sido segundo de Gisdol en su etapa y procedía del equipo juvenil, con el que se proclamó campeón nacional 2016.

Nagelsmann era un entrenador desconocido que, había sido segundo de Gisdol en su etapa y procedía del equipo juvenil, con el que se proclamó campeón nacional 2016

¿QUIÉN ES JULIAN NAGELSMANN?

Si hubiese que estereotipar a alguien de procedencia germana por su físico, el técnico del Hoffenheim sería una representación fidedigna de dicho ideal: rubio, con cara seria y una impresión de carácter fuerte en apariencia. Sin embargo, si se ponen en una balanza, son más que los defectos del máximo responsable de los destinos del Hoffenheim sobre el terreno de juego.

A sus casi 30 años, Nagelsmann bate récords: estuvo más de toda una primera vuelta del campeonato sin perder, es el entrenador profesional más joven de en el más de medio siglo de existencia en competición oficial, llevando al pequeño (pero bien organizado y estructurado) Hoffenheim a clasificarse para la Liga de Campeones por primera vez en su historia. Todo en menos de 18 meses. ¿Dónde está el truco? Pues en el trabajo, en el sacrificio y en la empatía que transmite a sus jugadores. Para Nagelsmann es más importante hacer que los jugadores entrenen su intelecto, su velocidad en la toma de decisiones cuando están en acción y en la capacidad de los jugadores para interpretar el juego respondiendo preguntas sencillas, que a su vez tienen una explicación más compleja: cómo, cuándo, dónde y para qué. Tomar decisiones y reacciones, así como tener una visión más periférica del juego, entre otros muchos atributos mentales que, en el fútbol, pasan por alto o desapercibidos muchos otros entrenadores y equipos. Existen dos herramientas que entrenan estas vicisitudes: Footbonaut y Helix.

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La primera de estas herramientas entrena, básicamente, la mejora en la toma de decisiones bajo presión, algo que se ve constantemente en cada encuentro, en cada choque con otro futbolista, o en el pressing del rival. Footbonaut consiste en una caja con máquinas que escupen balones desde todos los ángulos (64 balones siendo exactos), para que entrene el control y pase rápido o más ágil, pudiendo alcanzar hasta 100 km de máximo (siendo unos 60 kilómetros la velocidad más habitual) cuando el dispositivo envía balones al jugador. La máquina le ha costado al Hoffenheum unos tres millones de euros y no es el único equipo de la Bundesliga que la tiene en propiedad. El Borussia Dortmund también posee este innovador sistema.

El Helix, por su parte, es un instrumento creado por SAP, cuya empresa está liderada por el máximo accionista y dueño del Hoffenheim, Dietmar Hopp. SAP la ha desarrollado (aún por pulir) y sirve para entrenar la visión periférica del futbolista. Esto implica poner al futbolista en una situación que se da con frecuencia en la realidad de un partido. Se hace en un entorno simulado, donde el futbolista interactúa con figuras animadas por ordenador (sean rivales o de su propio equipo), en una pantalla curva de 180º. Dichas figuras animadas se van moviendo constantemente, mientras que el futbolista humano ha de analizar rápidamente e identificar a cada uno de los jugadores. En una situación de juego real, muchos futbolistas cometen pérdidas de balón para malas entregas, al haber demasiados jugadores rivales y compañeros juntos. Este sistema, aún en fase beta, también entrenan la capacidad de concentración para seguir el juego.

El entrenador del Hoffenheim reconoce usar esta tecnología para mejorar en múltiples disciplinas que están íntimamente relacionadas con el juego. El fútbol es un juego de errores, donde el que más acierta en todas las facetas, gana. Y la ambición por adquirir los mejores resultados están íntimamente ligados, no solo al modelo de juego que pretende implantar Nagelsmann en el club, sino también con el uso de la tecnología para perfeccionar todo factor humano, en el que solo la ciencia no puede intervenir. Una ambición que resulta fundamental para entender qué entrañas tiene un club que ha crecido y ha ganado en experiencia, pese al rumbo perdido tras la marcha de Ralf Frangnick. Nagelsmann ha devuelto, a los poco más de 30 mil habitantes de la pequeña localidad de Sinsheim, una ilusión inusitada e imperecederas cuando llegan a la élite más absoluta.

¿CÓMO JUEGAN?

Xavier Tamarit define como idea (modelo) de juego es “(…) el tipo de fútbol que el entrenador tiene en su mente y desearía que su equipo realice.” Si hubiera que definir el modelo de juego de Julian Nagelsmann, éste se respondería muy fácil: su idea es ser el equipo que controle la posesión del balón y, por tanto, el que marque las directrices del juego. Su esquema es un, generalmente, un 1-3-4-2-1. Dicho esquema potencia la profundidad por los costados, una salida de balón muy directa donde bien se bata líneas siendo directos (envíos del portero al mediapunta-interior más adelantado o delantero), o una salida hacia uno de los centrocampistas; este medio baja a recibir y tiene posibilidad de, ante presión rival, salir hacia el lateral, hacia centrales (y mantener una posesión más larga), o arriesgar y buscar la opción más adelantada. En cualquier caso, se trata del comportamiento con balón (también sin él) que tiene el TSG 1899 Hoffenheim.

Si hubiera que definir el modelo de juego de Julian Nagelsmann, éste se respondería muy fácil: su idea es ser el equipo que controle la posesión del balón y, por tanto, el que marque las directrices del juego

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Como los dibujos tácticos solo ayudan a descubrir la ubicación de los jugadores, así como desde donde parten en un momento inicial, Nagelsmann transmite un mensaje de un equipo altamente dinámico y vertical, por regla general, en situaciones de ataques más organizados. Estos se realizan, casi constantemente, en la búsqueda del tercer hombre. En fase de creación hay diferentes caminos para intentar llega ra la portería, obviamente, pero la forma de hacerlo es lo que marca la diferencia. Nagelsmann da una prioridad especial a los carrileros. No solo se usan para dar amplitud y profundidad al juego, sino para dividir atenciones en salida y circulación. Esto implica que, en salida de balón, los centrales se abren mucho para advertir a los rivales de la presencia de carrileros e interiores. Salvo casos extremos, el Hoffenheim generalmente realiza esta salida de forma correcta el 90% de las veces. Sean Vogt, Hübner o Bicakcic quienes realizan esta función, la suelen hacer de forma correcta y sin mayores problemas. Eso suele implicar una salida limpia; de lo contrario, si un rival realiza labores de pressing más agresivo, la precisión en el pase cobra un sentido aún mayor. Para ello se necesita centrales o libres (líberos) con buen pie, alguien que permita realizar envíos directos hasta los interiores e incluso los mediapuntas en situación ventajosa. Es otra manera de saltarse líneas de presión, cuando el rival ocupa bien los espacios e interpreta o permite al rival dejar salir, bloqueando así a los jugadores que reciben. Casualmente, estos jugadores suelen ser los que tienen más jerarquía. Bien por experiencia, bien por condiciones físicas/futbolísticas, se trata de una figura que se adaptó del voleibol al fútbol y sirvió, ente otras cosas, para elevar a los cielos al elegido del fútbol alemán de los setenta: Franz Beckenbauer.

A partir de aquí, el equipo se ordena por su mediocentro y dos interiores. Posicionalmente, el mediocentro está a la misma altura que los laterales, pero esto no es más que una mera formalidad. Lo cierto es que los laterales son extremos yo-yo que llegan, están o ambas cosas. Uno de los medioscentros (la temporada pasada Sebastian Rudy) es el que pone un poco de orden. Se reparte alturas con otro de los interiores (el que más y mejor range de pase tiene) para intentar influir en campo contrario. Durante la temporada pasada, Süle era el central izquierdo que daba desahogo en salida y un pase más directo, mientras que Rudy era el jefe organizativo del equipo. Aportaba equilibrio, serenidad, pero también peligro cuando se sumaba al ataque, mientras uno de los interiores le hacía la cobertura. Con la marcha de ambos al Bayern, el Hoffenheim ha de matizar el plan; pese a contratar a Florian Grillitsch y contar con un mediocentro posicional clásico como Eugen Polanski, Nagelsmann ha optado por darle algo más de peso a Kerem Demirbay como elemento de orden en el centro del campo. Sus probaturas para mezclar con Lukas Rupp (realizando este el papel del propio Demirbay) y con Kramaric (que ha llegado a hacer de Nadiem Amiri), para gestionar zonas intermedias y darle un poco más de sentido al juego de posición. En la búsqueda de ese mediocentro necesario para no tocar demasiado lo que funcionaba el año pasado, el técnico del Hoffenheim ha intentado compensar con talento creativo u asociativo, en perjuicio de jugadores como Amiri. El mediapunta es un jugador enfocado más hacia la aceleración de la jugada y el último pase; puede que sea un motivo más que justificado para no darle un papel más cercan a la base de la jugada, siendo más un activador de jugadores como el propio Kramaric, Wagner, Demirbay e incluso los laterales.

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Otra de las figuras importantes de este Hoffenheim es Andrej Kramaric. El internacional croata es un jugador muy atípico, de esos que no se sabe muy bien donde ubicarlos posicionalmente, pero que te cumplen en cada rol que ejerza

Otra de las figuras importantes de este Hoffenheim es Andrej Kramaric. El internacional croata es un jugador muy atípico, de esos que no se sabe muy bien donde ubicarlos posicionalmente, pero que te cumplen en cada rol que ejerza. Generalmente es un delantero que no tiene una relación muy directa con el gol; colabora más en la aceleración y suele ser un habilitador excelente para que un delantero más clásico como Wagner, defina. Juega mucho de espaldas a puerta, arrastra a pares, orienta esos toques en zona intermedias para dar, siempre que se pueda, un punto más de velocidad pese a su (engañosa) corpulencia. Es un futbolista inteligente y muy difícil de marcar, lo que genera cierto caos entre las marcas zonales de los defensas rivales. Y, pese a todo, tampoco se puede decir que sea un mal finalizador (si atendemos a sus cifras realizadoras del pasado curso). En cualquier caso, se trata de un futbolista que ha encontado un ambiente y contexto idílico donde le hace brillar más de lo que se le pudo ver en otros destinos: se ha revalorizado y es algo que la selección croata agradece.

OBJETIVOS Y METAS

Hace no mucho tiempo, Dietmar Hopp comentaba que, pese a no dejar de invertir en el proyecto, iba a pasar a un segundo plano como gestor de la entidad. Seguiría siendo el máximo accionista, pero le daría más peso a gente como Alexander Rosen, director deportivo del club. Lo cierto es que el Hoffenheim cumple casi diez temporadas en primera división sin haber cumplido con las expectativas para las que se orientó el club. El abrupto corte de relaciones entre Rangnick y Hopp en su día terminaron dando al Hoffenheim un papel más secundario de lo que ambicionaban en un principio. La filosofía de contratación del club, la gestión de las distintas escuelas de formación y el equipo de captación para jóvenes talentos sigue funcionando a las mil maravillas en la pequeña ciudad de Sinsheim.

Sin embargo, solo Julian Nagelsmann ha hecho que la cosa cambiase de una preocupante deriva en el aspecto de resultados deportivos, a competir por las plazas europeas. La continuidad de Nagelsmann al frente del proyecto, pese a renovar contrato, está en entredicho. Su labor no ha pasado desapercibida en Alemania. Esto quiere decir que, posiblemente, se le pueda ver al frente de algún club con aspiraciones y exigencias más altas que las que tiene ahora mismo. Llámese Bayern o Dortmund su destino en un futuro a medio plazo, lo cierto es que le ha dado un propósito y una base deportiva sobre la que crecer. Para así, venga quien venga, siga cumpliendo los objetivos cada temporada. En esta, el Hoffenheim tendrá que lidiar con tres competiciones al mismo tiempo (Europa, Liga y Copa). Y si bien llegar es difícil, mantenerse lo es más aún. La exigencia es que Julian Nagelsmann mantenga el nivel competitivo y vuelva a meter al achtzehn en la terna europea. La consolidación de un proyecto empieza por una idea y, el ideólogo, parece que no durará demasiado tiempo en su banquillo. Lo grande siempre atraen a los grandes, sean en el terreno de juego o fuera de él.

Fuente imagen principal: OLI SCARFF (AFP/Getty Images)

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