Lo normal en los torneos internacionales de categorías inferiores es quedarse prendado de ese futbolista de menos de 22 años al que ves por primera vez. 2012 y el Europeo sub19 de Estonia podrían servir como ejemplo. En dicha ocasión, el público español pudo presenciar los primeros coletazos de una serie de grandes talentos que hoy en día se encuentran en la memoria de todos. Dichos talentos tienen nombres y apellidos: Jesé Rodríguez, Deulofeu, Óliver Torres, Kepa Arrizabalaga… Dentro de ese grupo también se encontraba Álex Grimaldo, eclipsado en cierta medida por todo el talento que acumulaba España del centro del campo en adelante. Pero ya entonces, con sólo 16 años, entraba por la vista de cualquiera. Un lateral con pasado valencianista, pero muy marcado por las directrices impuestas en La Masía.

En el Europeo sub19 de 2012 España destacó con talentos como Jesé Rodríguez, Deulofeu, Óliver Torres, Kepa Arrizabalaga… Dentro de ese grupo también se encontraba Álex Grimaldo, eclipsado en cierta medida por todo el talento que acumulaba España del centro del campo en adelante.

Tras evolucionar a pasos agigantados, su desarrollo se vio interrumpido con la misma brusquedad que solía acortar distancias con respecto al primer equipo del Barcelona. Las lesiones hicieron acto de presencia: condicionaron su manera de jugar y mermaron sus capacidades en cierta medida. Tales sucesos, unidos a una serie de circunstancias externas a él mismo, le llevaron a abandonar la que había sido su casa desde hacía varios años. Un desenlace que años atrás hubiera sido impensable. Por la irrisoria cantidad de 1.500.000 millones de euros, Grimaldo emigró a Lisboa para jugar en el Benfica. Ha llovido desde entonces. Pues bien, hoy su situación es bastante distinta a la de entonces. Para Rui Vitoria se ha convertido en un hombre clave dentro de sus planes, obteniendo el protagonismo que puede demandar un futbolista de su misma proyección y edad. A diferencia de otros jugadores, que a su llegada necesitan un periodo de adaptación determinado, a él ha bastado con año y medio para llamar la atención en las grandes ligas. Más de un interesado ha reservado su asiento o ha acudido eventualmente en el Estadio Da Luz para verle en acción, incluido Pep Guardiola. Posiblemente uno de sus mayores admiradores.

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En sus inicios, Álex Grimaldo era la representación más fiel de un carrilero que alguien podría imaginar. Hoy en día, no ha perdido su vocación ofensiva, pero contribuye de manera distinta al ataque de su equipo. Mezcla de maravilla con el resto de centrocampistas, comportándose como un interior más en determinadas ocasiones. Lee y elige brillantemente cuándo debe incorporarse al ataque, dobla a su par cuando la situación se lo pide e intenta desbordar si la ocasión le es favorable. Encaja con el prototipo de jugador ágil y habilidoso. Del mismo modo puede repercutir negativamente en Grimaldo su físico (un tanto liviano) y sus 1’71 centímetros de altura. Aunque no pueda aportar defendiendo a balón parado, sí que puede sumar en el caso contrario, con un golpeo de balón en el pie izquierdo que le convierte en un lanzador de faltas formidable.

En sus inicios, Álex Grimaldo era la representación más fiel de un carrilero que alguien podría imaginar.

Ha demostrado grandes cosas en su corta estancia en Lisboa, pero su mejor fútbol está aún por llegar. En ocasiones, ver jugar a Grimaldo es algo similar a vislumbrar la punta de un iceberg que se intuye gigantesco. Es imposible adivinar si los problemas físicos anteriormente mencionados volverán a hacer acto de presencia con mayor o menor frecuencia, pero mientras el caprichoso destino lo permita, los aficionados del Benfica podrán seguir disfrutando y viendo crecer a un lateral de auténtico nivel. Mientras en Barcelona tratan de mirar hacia el futuro intentando olvidar lo que perdieron en el pasado, ahora en Lisboa se frotan las manos, sabedores del diamante que tienen entre manos. En el resto de Europa, gracias a la Champions League o a los clásicos portugueses ligueros, el nombre de Álex Grimaldo empieza a grabarse en la memoria de algunos, al igual que pudo sucederle a un aficionado español cualquiera, ya fuese desde Estonia o desde la televisión, en aquel mes de julio de 2012.

Fuente imagen principal: PATRICIA DE MELO MOREIRA (AFP/Getty Images)

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