El 29 de enero de 2016 Dodi Lukebakio (1997; Asse, Bélgica) partía de inicio en el Stayen para el partido de fase regular contra el Saint Truiden. A los dos minutos forzaba el penalti que luego transformaría Youri Tielemans. El congoleño disputó el partido completo y el Anderlecht acabaría ganando 1-2 en la localidad de Limburgo. Sin embargo, Lukebakio tuvo que esperar hasta el pasado 29 de julio de este mismo año para volver a jugar noventa minutos de forma ininterrumpida.

18 meses sin jugar un partido completo como futbolista profesional seguramente no sea un problema para un jugador de apenas 19 años. Pero Dodi Lukebakio no era únicamente un chaval que acababa de sobrepasar la mayoría de edad. Él había brillado con el primer equipo del Anderlecht y se había estrenado con la absoluta de República Democrática del Congo. Existía el riesgo de ser un juguete roto más. Un futbolista de talla normal ensalzado por la prensa y los aficionados antes de tiempo. Por suerte, él mismo se encargó de revertir la situación.

De padres congoleños, Dodi Lukebakio se formó en Neerpede, la prestigiosa academia del Anderlecht de la que tantos talentos (Lukaku, Tielemans o Dendoncker, por citar los últimos) han salido. Creció quemando etapas hasta llegar al juvenil y tras brillar en la UEFA Youth League dio el salto al primer equipo en 2015, con apenas 18 años recién cumplidos. Sus buenas actuaciones provocaron que se ganara un hueco en la plantilla que dirigía el técnico balcánico Besnik Hasi, e incluso que disputara minutos en el Play Off por el título. Sin embargo, la historia no duró más. Cambio de entrenador, caras nuevas y cesión. Sin embargo, el destino no fue el esperado. Ni mucho menos.

De padres congoleños, Dodi Lukebakio se formó en Neerpede, la prestigiosa academia del Anderlecht de la que tantos talentos han salido.

Sin continuidad en el Anderlecht, todos esperábamos una cesión a otro equipo de la liga belga. Un equipo menor, claro, que compitiera por mantener la categoría o afianzar su economía en mitad de la tabla. Sin embargo, hizo las maletas y cogió el pasaporte rumbo Francia. Se marchaba al Toulouse de Ligue 1. ‘’No fue fácil, pero el año pasado me ha servido para mi futuro. Finalmente, me di cuenta de que yo era un jugador profesional de fútbol. Doy gracias a Dios en primer lugar por poner a las personas correctas en mi camino. Igualmente agradezco a mis agentes que me trajeron el apoyo que necesitaba. Durante mi primer mes en Toulouse, tenía a alguien conmigo que me obligaba a levantarme a las 6 de la mañana todos los días. Era una locura para mí. (…) Fue muy difícil al principio. Pero sin ellos, nunca me habría mantenido’’, explica Lukebakio en una entrevista con Thomas Bricmont en Sport Foot Magazine.

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Apenas seis partidos, poco más de 150 minutos con el Toulouse. Estaba claro que la cesión no había ido de la forma esperada. Todo iba demasiado rápido. ‘’Fue especialmente complicado para mi. Tal vez yo no estaba preparado para el fútbol profesional. Fue muy rápido todo, no estaba listo. Entrenaba con el primer equipo y de golpe estaba en la selección para jugar el próximo partido. Y me encontré con los medios de comunicación. Era demasiado, no estaba preparado’’, recuerda.

Por suerte, la segunda pretemporada con René Weiler ha sido más productiva y entrenador, jugador y club han entendido que las necesidades de Lukebakio son todavía las de un joven que necesita pulir su talento y avanzar paso a paso. La cesión al Sporting Charleroi le garantiza minutos, crecer junto a un entrenador de garantías como Felice Mazzu y competir por entrar en puestos europeos en una liga competitiva como es la belga, que además conoce a la perfección.

La cesión al Sporting Charleroi le garantiza minutos, crecer junto a un entrenador de garantías como Felice Mazzu y competir por entrar en puestos europeos en una liga competitiva como es la belga.

Con todas las facilidades puestas para brillar, Lukebakio cumple con su parte del compromiso. Es la gran atracción de un Sporting Charleroi que juega bien al fútbol y muestra garantías tanto en ataque como en defensa. Su verticalidad y desborde es ideal para un equipo que había perdido fuelle en banda con la veteranía de Clément Tainmont y la marcha la pasada temporada de Diumerci Ndongala. Lukebakio aporta un fútbol diferente, rompedor, capaz de ganar partidos con un regate o un disparo desde la frontal. Sus 1,87m lo convierten en un extremo atípico pero muy vistoso. Es rápido, con gran zancada, y su altura no le impide ser habilidoso con el balón. Es, sin duda, el último gran talento de Neerpede.

Fuente imagen principal: Dean Mouhtaropoulos (Getty Images for UEFA)

*Dodi Lukebakio en un partido de UEFA Youth League con el Anderlecht.

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