Existen innumerables documentos circulando por el universo en los que constan alegorías entre el fútbol y la religión o el fútbol y la política, desde artículos en Blogger hasta anuncios de televisión. La mística siempre ha jugado un papel importante en el fútbol, conforme a lo que le rodea, pero también ha gozado de personajes que han hecho de la mística una filosofía, un paso hacia lo tangible. Dentro de estos personajes siempre estará Gusztáv Sebes, el entrenador que fue más allá empleando el socialismo como estilo de juego. En la dialéctica retórica, él relató sin duda una alegoría entre el fútbol y el socialismo: su vida.

El tío Gusti -apodado así por sus jugadores- nació a principios del siglo XX en una familia judía de origen austriaco en Budapest, ciudad en la que su padre era zapatero. En su infancia, época en la que las calles eran de los niños y las niñas, corría detrás del balón en los campos de arena que copaban la ciudad.

Así hablaba Eva, la hermana menor de Puskas, que compartió infancia con Gusztáv – “Sebes robaba las medias de nuestra madre y armaba pelotas de trapo para jugar con sus amigos, con los vecinos. Era un experto en eso. Para él era casi un arte”.

Le marcaron tanto aquellos campos que Sebes captó como nadie lo que trasmitían: su potencial. A pesar de haberse rasguñado en su periplo por Francia en más campos que aquellos de arena, Gusztáv volvería decidido, ya entonces como entrenador, una vez por semana para ver cómo los niños convertían aquellas arenas en tierra fértil con cada pisada. Él lo tenía claro: no había mejor campo de entrenamiento que aquellos solares. No se pueden cuantificar aquellos valores que, con toda seguridad, guardaban relación con el compañerismo y la inocencia de aquel niño que no sabe a dónde va pero que sabe lo que quiere: quiere ayudar, quiere jugar.

A partir de esta consigna Gusztáv Sebes convirtió la arena en oro y a aquellos niños de barro en campeones natos; véase el papel de la Selección húngara en la Copa del Mundo de 1954. Aunque antes de que llegase esa etapa en su vida endurecerá, no con poca solera, la piel como futbolista y activista político en Hungría para hacerlo, más tarde, en Francia. De pequeño pasaba los días formándose futbolísticamente entre equipos del proletariado de las siderúrgicas que copaban la zona: el Müszaki Dolgozók SE y el Vasas SC. En Budapest, antes de emigrar al país galo, también dará sus primeros pasos sin haber llegado todavía a la veintena como sindicalista en la empresa en la que trabajaba. De hecho, tal será su compromiso, que perderá su trabajo tras participar en una huelga en la que se llega a relatar que fue protagonista de diversos incidentes. Tras ello, emigra a Francia en 1924 para trabajar como capataz y ejercer como sindicalista en la ya extinta planta de Renault en Billancourt, al suroeste de París. Como curiosidad, es el mismo lugar del que ha salido Philippe Martínez, el actual líder de la CGT francesa. También con orígenes arraigados a la inmigración, española en este caso, y también con un carácter subversivo.

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En su llegada, Sebes liderará un combinado amateur de trabajadores de la automoción y la metalurgia impulsado en parte por un importante número de inmigrantes -como Sebes-, lo que por aquella época se repetía en muchas de las industrias del país. Según las fuentes francesas, Gusztáv actuaba como delantero en su paso por el fútbol franco. Con ello, el joven de 19 años se afiliaba al equipo de obreros parisinos perteneciente a la FST (Fédération sportive et gymnique du travail), plantel en el que destacará al mismo tiempo que iba labrándose un nombre entre las organizaciones obreras como un comprometido sindicalista con una oratoria incendiaria. Aunque no debemos pasar por alto que ser líder como jugador en la FST pasaba por serlo también en la fábrica, y viceversa. También ayudará al crecimiento de su popularidad el hecho de pertenecer a la colonia húngara, una respetada comunidad en lo que concierne al movimiento obrero en aquellos tiempos. Aquella colonia contaba, a su vez, con trabajadores inscritos en aquel equipo de obreros. En concreto en aquel vestuario coincidirá con un hombre clave en su devenir: Guryla Haygi, el que sería el Ministro de Deportes de la República Popular de Hungría en el Mundial de 1954. La FST, con sede en Moscú, defendía el ideal de deporte obrero y surge debido a que los comunistas franceses tenían en mente apartar el deporte de las garras de la burguesía y el fascismo. No querían que las élites se hiciesen con el deporte, por entonces fuertemente obrerista, para difundir su mensaje.

A partir de su incursión en la que es la actual FSGT, indudablemente Gusztáv Sebes empezará su militancia en el fútbol socialista defendiendo el fútbol popular sobre el césped y el atril. Como jugador de la FST destaca y llega a ser convocado por la selección francesa, aunque para una selección alternativa. Era alternativa debido a que en aquel momento en todo el panorama futbolístico se convocaban puntualmente combinados nacionales más informales que aquellos que concebimos en la actualidad. En aquellas selecciones más alegres no sólo ponderaba la nacionalidad de los jugadores, si no el lugar en el que jugaban: se formaba una especie de popurrí con los jugadores de la competición doméstica.

Dentro de aquella retahíla de partidos destaca aquel que jugó en 1926 de forma clandestina ante la URSS, una selección no afiliada a la FIFA y vetada entonces internacionalmente.  Era un escenario único para que Sebes entrase en contacto verdaderamente con el entramado soviético por primera vez. Pasado el partido seguirá brillando en el CO Bilancourt hasta captar, incluso, el interés de un Red Star campeón. Parecía que en aquel momento la carrera de Gusztáv en Francia iba a ser fulgurante, pero declina la oferta del equipo parisino debido a la fragilidad del fútbol francés, que empezaba a quedarle pequeño. Gusztáv Sebes soñaba con jugar con la selección húngara pero aquello sólo pasaba por profesionalizarse y en Francia no era posible. Tras una prolífica carrera en tierras galas, en 1927 vuelve a su tierra natal.

Ya de vuelta en Budapest pasa a formar parte del MTK Hungária FC, club también capitalino. En aquel ya mítico MTK disputará 18 temporadas, lo que es el resto de su trayectoria como futbolista. En dicha etapa, en la que se convierte en zaguero según las fuentes húngaras, gana sus primeros y únicos títulos como profesional, que se traducirán en tres ligas y una copa. Aunque más que por lo honores, su lapso como profesional es crucial en su historial por otras razones; y ninguna pasa por el cambio de posición sobre el campo, algo corriente en aquella fase beta de la estrategia. Una beta impulsada -en buena parte- por Jimmy Hogan, maestro y artífice de La Escuela del Danubio, a la que pertenecería Sebes. Apenas pudieron coincidir ambos en el MTK, lo que no impedirá que Hogan marcase a Gusztáv de por vida. Con perspectiva, podríamos deducir que aquel paso de ariete a zaguero puede que se debiera a las influencias recibidas por el MTK durante un lustro de aquel docente que apreciaba tanto el pase corto y al pie. Estaríamos divagando, pero no sería de extrañar que Sebes fuese un futbolista con una buena planta y que Gyula Feldmann, su primer entrenador y anterior segundo de Hogan, la hubiese querido potenciar. En Francia para golear o asistir y en los magiares para dirigir. Más tarde vislumbraríamos qué camino haría suyo Sebes.

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Gusztáv Sebes sobre la influencia de Jimmy Hogan en los Magiares Mágicos – ‘‘Nosotros jugamos al fútbol como Jimmy Hogan nos enseñó. Cuando se cuente nuestra historia, su nombre debe estar escrito en letras de oro.”

Lo sustancial de aquella etapa se encontraba en el vestidor, otra vez. En el vestuario de aquella institución coincide con dos jugadores de alcurnia como Jenö Kálmár y Pál Titkos, que, además de formar dupla sobre el terreno de juego, también lo harán como técnicos asistentes en aquellos Magiares Mágicos. Ya separados, tanto Jenö como Pál también gozaron de un fructífero recorrido como entrenadores. De hecho, Jenö Kálmár es un histórico entrenador del Granada y Pál Titkos fue campeón de la Copa de África como seleccionador de Egipto, entre otros reconocimientos a ambos por parte de la República Popular. En compañía de aquellos futbolistas cumplirá su sueño al debutar como titular con la Selección húngara ante la Alemania Nazi en un amistoso disputado en el Hungária körúti stadion, su estadio y el de la Selección magiar (hasta el 1939). Hecho paradójico si tenemos en cuenta que Sebes era judío y que se trata de un campo de un club con orígenes arraigados en la aristocracia judía como el MTK, una entidad que por momentos gozó casi que de funciones evangelizadoras ante el auge del antisemitismo.

Su figura como entrenador será siempre la más recordada, pero su trayecto como jugador guarda el hilo conductor que le permitió bordarlo como técnico. Y quién sabe a dónde hubiera llegado como futbolista de nacer 20 años más tarde bajo la manutención soviética. Aunque cabe decir que el tío Gusti estuvo siempre, o casi siempre, en el lugar y en el momento justo, como el mediocentro al que tanto elogiamos hoy en día y en el que seguramente él se hubiese enfundado en sus sueños. Sin duda, Gusztáv fue un revolucionario antes de rozar la utopía como entrenador. 

Queda claro que Gusztáv Sebes se erigió como activista en todos los lugares por los que pasó, pero también logró teorizar y aplicar el marxismo en el fútbol, de ahí que se pueda hablar de fútbol socialista. El marxismo en su esencia no es un sistema, es más bien una sinergia entre diagnósticos y soluciones prácticas tomando como referencia la historia de la humanidad. No hay socialismo sin sistema, ni socialismo sin marxismo. Validando en este caso el balompié como contexto para aplicar un pensamiento crítico a todos los efectos, estaremos hablando de la máxima expresión de socialismo en el fútbol. El fútbol se ha politizado en infinitas ocasiones, pero en esta ocasión se trató de politizar el sistema, de hacer del juego un sistema socialista. Como si se tratase de dirigir a la URSS.

Después se entraría en el debate recurrente de qué estilo debería representar realmente el fútbol de izquierdas: la eterna dicotomía. Dicho esto, como nadie más ha idealizado el fútbol como Sebes, lo tomaremos como referencia para establecer una analogía entre los fundamentos del estilo del técnico húngaro y el marxismo. Todo ello aferrándonos a las siguientes palabras del prólogo publicado en el Manifiesto Comunista de la edición alemana de 1972: ‘’el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios [fundamentos del marxismo] dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes’’. Todo es adaptar el contexto.

Gyula Grosics, portero de Hungría bajo la dirección de Sebes: ‘’Él [Sebes] politizó cada partido o competición importante, y él solía hablar sobre cómo la lucha entre capitalismo y socialismo tomaba parte en el terreno de juego al igual que en cualquier otro lugar.’’

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Teniendo en cuenta este relato, se debe incidir en las diferencias obvias entre dirigir un equipo y un Estado y, ante todo, entre las diferencias en la figura del entrenador actual y los de la camada de Sebes. En ambos casos se trabaja sobre personas, pero los mecanismos de gestión y control son totalmente diferentes. Un entrenador actual puede incidir en el jugador mediante la pizarra o la oratoria, pero si nos trasladamos a un siglo atrás lo más seguro es que el discurso primara, y ahí Sebes retroalimentaría la táctica a la oratoria, y viceversa. Estaba llevando a cabo una revolución conforme a forma y esencia.

Cabe decir que lo que primero reluce de la influencia del socialismo en los lugares en los que entrenó es la metodología. Lo primero que se puede apreciar es cómo todos los equipos acaban teniendo una relación estrecha con la estructura soviética del momento que heredó, en parte, del socialismo científico. Es lo más reconocible debido a que eran medidas o planes concretos para ganar al enemigo tales como una gran dedicación en la implementación de la tecnología en el fútbol en detalles como las botas, tácticas o el calentamiento, que tanto impresionó en Wembley en 1953. En definitiva, el uso de la disciplina soviética de temas recurrentes en el socialismo como el deporte y la medicina.

Realizando una analogía entre los Fundamentos del Marxismo y los fundamentos de su selección húngara encontramos coincidencias sobre las que edificar su teoría del fútbol socialista. Empezando por combatir la desigualdad para el beneficio de un individuo y no en pos del bien común ya sea por explotación o alienación, aquí Sebes apostó por un ‘’fútbol socialista en el que todos tienen que hacer de todo’’. Todos hacían de todo o mandaban ese mensaje desde el momento en el que los jugadores de su selección cambiaban de posición sin importar lo que les dictara su dorsal. Cada pieza se movía hacia el lugar en el que Sebes quería ser superior, con el ejemplo radical de que los interiores acababan en muchas ocasiones como puntas. Representa la sociedad ideal del marxismo en el sentido cooperativo y desinteresado que tomaba el rumbo de sus jugadores. Tomando el balón como equivalente al salario, estamos en condiciones de decir que todos gozaban de él y sabían en cada momento lo que hacer con él. La mítica planificación comunista. La alienación era fácil combatirla con un fútbol tan excitante practicado por la Alfombra, nombre que recibía el estilo que implementaría -en parte- Jimmy Hogan.

Jean-Luc Godard, en la película Notre Musique: ‘’Los ingleses jugaron individualmente, los húngaros lo hicieron de forma colectiva’’.

En un principio nos es complejo explicar que ‘’La emancipación de los trabajadores debe ser la obra de los propios trabajadores’’, pero es sencillo de explicar si nos inspiramos en las palabras de un técnico actual.

Luis Enrique: ‘’El fútbol es de los futbolistas’’.

A partir de aquí, accedemos a decir bajo la lupa del marxismo que el vestuario de los magiares mágicos era un vestidor democrático debido a que cada jugador sabía de dónde venía –campos de arena, quizá-, dónde estaba y para qué: conciencia de clase. Todo ello relacionado con el hecho de saber que en sobre el campo existía una especie de reparto de roles y, por lo tanto, un reparto de la importancia. Como el sistema funcionó con conquistas varias, le otorgamos, aunque con recelo, a Sebes la satisfacción de saber que en su grupo no existió ninguna forma de dominación.

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El internacionalismo salta a primera vista desde el momento en el que el técnico húngaro plantea los partidos como una lucha ante el capitalismo. El momento álgido de este discurso se alcanza en la mítica victoria de 1953 por 3-6 en Wembley ante Inglaterra, un país tradicionalmente imperialista. Quedaba refrendado de forma nítida en este momento que la lucha de clases existía en el fútbol.

Jean-Luc Godard, en la película Notre Musique: “¿El comunismo? Por supuesto que existió. Fue en Wembley y duró dos partes de 45 minutos, cuando Hungría ganó a Inglaterra 6-3”

También queda refrendado de forma clara el hecho de que Sebes en tuviese un conocimiento sustancial de la historia del fútbol y que hubiese actuado en consecuencia. No es el más conocido de los fundamentos, pero tanto para Karl Marx como para Gusztáv Sebes fue imprescindible tener nociones de cómo se ha venido dando la evolución para poder entender la historia y el futuro en base al materialismo histórico. Que en aquel mítico encuentro sorprendiese a Inglaterra en todos los sentidos lo certifica. Como ejemplo, lo más flagrante fue hacer quedar como antigua de una vez a la WM.

Por último, nos es imposible no reconocer el espíritu crítico sobre el que se sustenta el marxismo y sobre el que se sustentó la vida de Gusztáv Sebes. Aristóteles dijo que somos animales políticos por naturleza y, entre ellos, Guzstáv es de los pocos que nos ayuda a ratificar que es imposible despegar la política de nuestro día a día. Incluido el fútbol, por supuesto.

*Agradecemos la inestimable colaboración de David Mata (investigador histórico y experto en la antropología del fútbol) y Marc Roca (colaborador en Ecos del Balón) en la elaboración del artículo. 

Fuente imagen principal: Apuntes de rabona. 

Sebes observa un partido desde detrás de la portería. 

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