El caso de William Pottker es uno de los tantos despertares sorpresivos que ha tenido el planeta fútbol. En Europa se volvió moneda corriente ver goleadores impensados y tapas de diarios colmadas de futbolistas que, algunos años atrás, ni siquiera asomaban su cabeza del banquillo. Los constantes cambios lograron que estos aparecieran en ligas de renombre donde se pedía a gritos protagonistas outsiders o no convencionales.

El resurgir del Atlético y la consagración de Simeone tuvieron varios factores claves. Koke y Gabi fueron pilares en el mediocampo; Courtois, un hallazgo fundamental; Juanfran y Filipe, dos de los mejores del mundo en su posición y vías de escape para los interiores. Sin embargo, quien hizo de aquella plantilla un equipo inolvidable fue Diego Costa, hoy en día uno de los mejores arietes del mercado, pero que, sin repercusión, formó parte del Albacete, Rayo Vallecano, Real Valladolid y el Penafiel portugués, clubes donde, en total, logró anotar en 34 ocasiones, la mitad de veces que con los colchoneros. Un despertar impensado y festejado por la afición del Atleti. Costa no es el único. Harry Kane en el Tottenham, Ilija Nestorovski en Palermo, Gustavo Bou, como exponente en el fútbol sudamericano en Racing, y Jamie Vardy, son pruebas explícitas de que se puede pasar del anonimato al estrellato en cuestión de meses. No obstante, es más común ver estos fenómenos en el viejo continente, y se los encuentra en cada plantel y liga que uno revisa. Quizá se deba al estilo de juego practicado en Europa, donde todo es más estructurado y cada competición tiene un estilo predeterminado y casi unísono, antítesis de lo que sucede en Sudamérica. Allí el deporte es más desprolijo, librado al azar y atolondrado, complicando más las cosas a la hora de encontrar un prototipo de futbolista que pueda salirse del esquema y romper las líneas con facilidad.

[pullquote]La repentina aparición del delantero William Pottker y su avasallante carácter tomaron por sorpresa a todo Brasil[/pullquote]

Por eso la repentina aparición del delantero William Pottker y su avasallante carácter tomaron por sorpresa a todo Brasil. William, junto a Maycon y Leandrinho, entre otros, convirtieron al Ponte Preta en un equipo pragmático y atractivo para ver. Hicieron un torneo espectacular, colocándose entre los mejores 10 del país. Nunca en la historia habían escalado tan alto en la general, ya que la institución se especializó por alternar entre la primera división y la categoría de plata.

La bonanza deportiva y socioeconómica del club tiene varios responsables, y entre ellos se encuentra Sergio Carnielli, un presidente que honró los colores del Ponte y supo rozar lo más alto del balompié continental en 2013 cuando, tras una gran gestión, logró constituir un equipo que alcanzó la final de la Copa Sudamericana, en la que fue derrotado por el Lanús de Guillermo Barros Schelotto. Tras aquel hito les tocó descender a la Serie B, torneo que dominaron de principio a fin pero que no pudieron levantar, a pesar de lograr el tan ansiado ascenso al Brasileirao. Pero el mayor acierto de este apasionado fue, sin lugar a dudas, Harry Pottker, como se lo apodó al mayor goleador del certamen, quien, con apenas 23 años, acumuló 14 goles. El sobrenombre se lo puso la prensa, cuando tras un gol al Gremio, Pottker hizo de cuenta que tenía una varita y ‘convirtió’ a un compañero en pescado.

[pullquote]Con tan solo 23 años, Pottker ha jugado en Armenia, Japón, Portugal y Brasil[/pullquote]

Si hablamos de magia, es inevitable hacer mención a su arranque. Es un jugador joven, con carácter ganador y un olfato goleador envidiable. Esto no significa que no haya pasado por aguas turbulentas, y su carrera pendió de un hilo hace algunos meses. El paulista debutó en el Figueirense, que lo despachó como si fuera una valija a varias partes del mundo antes de concederle una oportunidad. Gandzasar, en Armenia, resultó su casa durante el 2013, para luego mudarse a la exótica ciudad de Kofu en Japón y representar al Ventforet. También se colocó las camisetas del Linense, Braga B y Red Bull Brasil, proyecto que no termina de despegar. Por eso su carrera se asimila a un realismo mágico. Todo apuntaba a que sería uno del montón, pero, inexplicablemente, se tornó en el jugador más codiciado de la nación.

El artífice de su actualidad ha sido Eduardo Baptista, que hizo un trabajo fenomenal para colocar a los Macacos en una posición privilegiada. Le puso el ojo a William cuando estaba en Fluminense, pero comenzó a apadrinarlo en 2015, año en el que lo pidió para emprender la aventura del Ponte Preta. Ahora, Eduardo firmó con el Palmeiras, flamante campeón del Brasileirao, razón por la cual se espera que Pottker también emigre. Corinthians, un conjunto con un caudal ofensivo potente, que tiene cuatro futbolistas con 5 o más conquistas en el pasado campeonato, pretende contratarlo. Si suma al ‘ilusionista del gol’, el Timao será de temer. Diego Souza, Marinho y Grafite son otros fieles exponentes de que en Sudamérica apareció una ola de delanteros que nadie tenía agendados. Souza es el ‘9’ del Sport y comparte el privilegio de ser ‘Pichichi’ junto con nuestro protagonista. A los 31 años atraviesa los mejores capítulos de su historia, y hasta incluso se dio el lujo de ser convocado por Tité. Los vanguardistas aparecieron. Ahora, toca esperar y ver cuantos más deciden despertarse de su siesta.

Fuente imagen principal: Ale Cabral/Agif/Folhapres

Pottker celebra un gol con Ponte Preta.

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