La operación pudo haber roto los estándares del mercado argentino. River Plate ofreció una suma casi récord por hacerse con los servicios del futbolista, y pronto Boca Juniors superó esa oferta incluyendo un porcentaje de un jugador. Desde mediados de diciembre a fines de enero, la transferencia de Walter Montoya ocupó las primeras planas de diarios y el horario prime-time de radio y televisión. Sin embargo, ninguno de los dos gigantes argentinos pudo llevarse al futbolista, ante la negativa insistente de la dirigencia de Rosario Central de no vender en el fútbol local. Una transferencia de ese tipo podría haber generado una inflación interna, observada en Argentina incluso pese a que el jugador terminó emigrando.

Sevilla decidió abonar cinco millones de euros y contratar al futbolista por los próximos cuatro años. En la presente temporada, sólo podrá jugar la Liga, dado que los tres lugares en Champions League fueron ocupados por David Soria, Stevan Jovetic y Clément Lenglet. Montoya, de 23 años, llega a Nervión después de ser vinculado el pasado mes a Genoa, Sassuolo o Atlético de Madrid. La charla telefónica de Jorge Sampaoli con el centrocampista resultó fundamental para la elección.

Las características de Montoya hablan de un jugador que quizá eche en falta el entrenador casildense para su equipo. Habituado a jugar como interior derecho, puede hacerlo de carrilero por la misma banda o incluso actuar como mediocentro, un puesto que ocupó en divisiones inferiores del club rosarino. Su adaptación a un costado hizo que, desde su debut en el segundo semestre de 2014, ya no ocupe el centro de la medular. Es un futbolista agresivo, voraz en la presión, capaz de aparecer en las dos áreas con mucha eficiencia, ya sea para colaborar defensivamente o llegar a rematar desde segunda línea. Acostumbra a asociarse mucho por dentro, dejando el flanco para la proyección del lateral, aunque no son pocas las ocasiones en que llega al fondo para centrar.

“Juego como volante por la derecha, aunque me siento cómodo igual por el medio. Soy rápido, me gusta ir siempre para adelante. Mi objetivo es integrarme rápido con los compañeros y trabajaré para poder ganarme un sitio en el equipo” – Walter Montoya.

[pullquote]Su finura con pelota hace que pueda escapar a la presión, incluso en inferioridad numérica[/pullquote]

Su crecimiento fue notable en el último tiempo. De enorme esfuerzo en pos del colectivo, el chaqueño pecaba de precipitarse y no tomar la mejor elección, o abusaba de correr sin sentido y desgastarse. Con el tiempo, fue corrigiendo esos defectos y se transformó en un hombre muy importante para el equipo. Se toma un instante más para pensar y su nivel de eficiencia en el pase ha llegado a un 85% en el último semestre. Inclusive, su finura con balón hace que pueda escapar fácilmente de la presión rival. La versión 80 metros, o box to box del argentino, puede servirle a Sampaoli, que quizá lo vea en proyección con una función similar a la de Arturo Vidal en su Chile. Otro elemento clave es su pegada desde media distancia, habiendo convertido muchos goles con remates lejanos.

Fue un efectivo más que importante en el equipo que dirigió Eduardo Coudet, quien le dio un lugar de privilegio entre los once y colaboró con su crecimiento, a partir de haber ocupado la misma posición en el campo en sus días como jugador. Central juntó a Montoya con muchos nombres de calidad que hacían sus primeras armas, como Giovani Lo Celso o Franco Cervi, y formó un equipo que cerca estuvo de consagrarse en el certamen doméstico o la Copa Argentina, competencia en la que perdió las últimas tres finales.

Previamente a arribar al conjunto canalla, Montoya había formado parte de la academia de Jorge Griffa, uno de los formadores más prolíficos de Argentina. En Machagai, su tierra natal en la provincia de Chaco, jugaba para Unión –el Unioncito-. Pudo consagrarse campeón ganando las 38 fechas, y la organización del torneo decidió quitar al equipo de la liga por la presunta incomodidad de los viajes largos desde Resistencia -capital provincial- hacia Machagai. Con 13 años, el destino cambió para Montoya cuando, en 2006, viajó a San Jerónimo Norte (Santa Fe) con su equipo para jugar el tradicional campeonato formativo denominado Valesanito. Allí, Griffa lo observó, habló con sus padres y posibilitó la llegada a Rosario. Después de un tiempo jugando en la Asociación Rosarina, llegó la oportunidad de incorporarse a las filas de Central.

“De mitad de cancha en adelante hace todo bien, le falta mejorar el retroceso” – Edgardo Bauza, ante la consulta sobre si está siguiendo a Montoya para convocarlo al seleccionado.

[pullquote]Montoya tiene mucho margen de mejora y puede ser un arma clave para Sampaoli[/pullquote]

Pudo desembarcar en Marsella, dado que su entrenador en juveniles, Fernando Lanzidei, consiguió una prueba. Montoya sedujo al club francés y pudo haberse quedado, pero su juventud hizo que desestimara la posibilidad. Tiempo más tarde, tendría su revancha con el debut en Primera División. Más allá de no conseguir títulos, su equipo siempre fue protagonista de los torneos que disputó, y él marcó un gol clave ante Atlético Nacional en la ida de cuartos de final de Copa Libertadores, con un derechazo furibundo. En la vuelta, una definición agónica ante el posterior campeón no le permitió insertarse entre los cuatro mejores.

Las estadísticas señalan que ha creado por lo menos una chance de gol en cada uno de los últimos 46 encuentros. Incansable, veloz, agresivo, su compromiso holístico y pegada son virtudes a remarcar. Montoya cuenta con mucho margen de mejora y se erigió en objeto de deseo de muchos clubes. Para Sampaoli puede ser un arma clave, de un área a otra.

Fuente imagen principal: JUAN MABROMATA/AFP/Getty Images.

Walter Montoya celebra después de marcar en la ida de los cuartos de final de la Copa Libertadores 2016 ante el Atlético Nacional de Colombia en el estadio Gigante de Arroyito de Rosario, Argentina, el 12 de mayo de 2016.

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