El Club Deportivo Palestino es uno de los equipos más singulares que se conoce en el mundo del fútbol por su simbología político-cultural. A 13.000km de su madre patria, en Santiago de Chile radica la actual sede de la entidad tricolor, la cual ha cumplido en 2016 96 años de vida. Una existencia que comenzó en la ciudad de Osorno, al sur del país sudamericano, donde llegaron una gran colonia de exiliados del imperio otomano que buscaban una solución a su situación de desamparo tras la I Guerra Mundial. ‘Los turcos’, como se conocía a los palestinos que llegaban casi por fortuna a territorio chileno, comenzaban una nueva vida lejos del hastío de la guerra en barrios humildes. El boca a boca de la buena sintonía recibida en el país sudamericano se extendió y dio cobijo a más y más palestinos, hasta llegar al punto de formar la colonia palestina más importante lejos del mundo árabe, congregando en los últimos años a unas 350.000 personas, cifras que superan a los palestinos asentados en otros territorios más cercanos a su tierra como Egipto o Líbano.

Los palestinos se han asentado con buen hacer en Chile. Los grandes empresarios del país sudamericano llevan en sus apellidos pueblos cercanos a Jerusalén y, sin duda, la gran muestra de la importancia de este pueblo en Chile se vive con el Club Deportivo Palestino, uno de los grandes referentes de su fútbol. Un club que se fundó en 1920, cuando la población palestina ya se contaba en Chile por millares. Una nación que necesitaba de población joven para alimentar sus bases y cimentar su futuro, un futuro que les hacía dedicarse a la industria textil, al algodón y las sedas. Así, estos eran conscientes de que tenían que ganarse su sitio, ser referentes y participar de la vida social del país. Integrarse era básico, por ello un grupo de jóvenes exiliados quisieron inscribirse en las olimpiadas de colonias extranjeras que se disputaban en Osorno. Atletismo, natación y fútbol, el combo perfecto que hizo que los palestinos se impusieran a españoles, italianos y otras tantas nacionalidades que se enrolaban en la mencionada cita deportiva. Aquello fue uno de los pilares que se asentaron en unos cimientos que les ponían en bandeja el saltar al profesionalismo tras haber vivido 30 años en el plano amateur.

Aquel grupo de deportistas aspiraba a grandes cotas, estaba formado por un grupo de jóvenes concienciados de encontrar su sitio en aquella sociedad que les había acogido. Así, con empeño y tras el gran logro conseguido, estos solicitaron a la Asociación Central de Fútbol su participación en el fútbol profesional, beneplácito que les fue concedido en 1952, siendo invitados a participar en la segunda categoría del fútbol chileno. Una prueba de fuego que a nadie asustaba, más aún, aquello suponía un reto sin parangón para los palestinos. Ese grupo de muchachos estaba ante la tesitura de convertirse en un eslabón importante en uno de los entretenimientos preferidos de los chilenos, el fútbol. Recogieron el guante y la primera temporada asombraron a propios y extraños. El club ascendía por la vía rápida a la Primera División, no podían haberlo hecho mejor. El sueño era una realidad, el Club Deportivo Palestino alcanzaba la gloria.

Eran parte de la sociedad chilena y el aperturismo se hizo total. La entidad dejó de ser sólo un bastión árabe para dar cobijo a todos aquellos que mostraran pasión por la identidad palestina. Desde aquel momento todos los futbolistas eran bien vistos en la entidad, y sobre todo para los grandes empresarios que participaban del club, los cuales apostaron fuerte por crear un grupo humano, de talento y con el sueño de hacer algo grande. Tal fue la apuesta económica de estos que el club pasó a denominarse entre los futboleros como ‘los millonarios’. Eran el nuevo referente del fútbol chileno.

La apuesta salió bien. En tres años el Club Deportivo Palestino pasaba del amateurismo a conquistar el título de campeón de la Primera División. Muchos recuerdan a algunas de las figuras de aquel plantel, sobre todo al argentino Roberto Coll, compañero de viaje de Don Alfredo Di Stéfano en sus inicios en River Plate. Su olfato goleador se convirtió en referente de aquel equipo que dejaba atrás su vestimenta rojiblanca para compartir sus títulos de forma simbólica con sus orígenes. La bandera tricolor palestina sería el nuevo emblema de un equipo campeón. Pero a pesar de esta conquista, en los años venideros la gloria dejó paso al hastío de la lejanía de títulos y al ostracismo de Segunda, un parón que acabó con el inicio de la década de los años 70, cuando la gloria volvería a visitar las vitrinas árabes. Aquella época dorada ha quedado grabada en los anales de todos los seguidores del equipo chileno. Varios títulos de copa, el Torneo Oficial del 78 y la participación de la entidad a nivel internacional en la Copa Libertadores. Unos éxitos que ahora se echan de menos, pero que hacen soñar con volver.

El club no ha perdido su ideología en todo este tiempo, todo lo contrario, la ha acentuado. Su uniforme, su bandera y su corazón brilla por y para su patria, aunque está esté a 13.000km de distancia. ‘La Cisterna’, el estadio que da cobijo a la entidad desde 1988, no suele presentar un aspecto parecido al Estadio Nacional de Chile de La U, o el San Carlos de Apoquindo de la Universidad Católica, donde la muchedumbre puebla fin de semana tras fin de semana sus gradas. Todo lo contrario. La Cisterna muestra en su mayoría de citas un aspecto desangelado, pero las raíces están allí. Un grupo minoritario, quizás más apagado que el de sus rivales, pero con una bandera alzada y unida a su corazón.

La ideología ha cobrado especial importancia en los últimos tiempos. El club ha tratado de mantenerse al margen en muchas ocasiones, pero desde la llegada de Fernando Aguad a la presidencia (2010- mayo de 2016), varias pinceladas han hecho recordar a muchos el origen del Club Deportivo Palestino. Acciones controvertidas de calado internacional, como el hecho de situar el mapa palestino con las fronteras de 1946 (justo antes de la ocupación) en el pecho de la camiseta de su cancerbero en la campaña 2012, para un par de temporadas más tarde cambiar los números uno de sus dorsales por el citado mapa. Tres partidos bastaron para que el pueblo judío alzara la voz contra aquello que consideraban una provocación. El tema llegó a tal punto que el Ministro de Asuntos Exteriores israelita tomó cartas en el asunto y pidió a los diplomáticos chilenos la retirada de dichas camisetas. Dicho y hecho, así se cumplió. Pero el revuelo fue tal, que la campaña de marketing vino sola. Las portadas de los periódicos internacionales haciéndose eco de la noticia se tradujo en una demanda ingente de la camiseta del Club Deportivo Palestino desde todos los puntos del planeta entre aquellos que simpatizan con las reclamaciones del pueblo palestino.

Fernando Aguad ha pulido unos cimientos que parecían olvidados. Ha planificado viajes de sus jugadores a tierras palestinas, como el que condujo al ex cancerbero del equipo, Felipe Nuñez al corazón de Palestina en 2013. Allí, el guardameta se reunió con personalidades políticas y conoció la complicada situación que vive ‘su gente’

Fernando Aguad ha pulido unos cimientos que parecían olvidados. Ha planificado viajes de sus jugadores a tierras palestinas, como el que condujo al ex cancerbero del equipo, Felipe Nuñez al corazón de Palestina en 2013. Allí, el guardameta se reunió con personalidades políticas y conoció la complicada situación que vive ‘su gente’. La muchedumbre le aclamaba, un jugador de fútbol de occidente estaba allí para conocerles, para saber qué es lo que realmente sucede en su día a día. Los niños se acercaban y él respondía entregándoles camisetas de su equipo, el vínculo se afianzaba. Y como él, muchos otros, al igual que la cantera, que son pieza fundamental en el club chileno. Durante los últimos años estos también han viajado a territorio árabe y han visto in situ por quién juegan, a quién representan. Una imagen profunda que se cuela en sus retinas y les hace luchar aún más duro sobre el césped por cumplir su sueño, el que acompañarán junto a aquella gente que les aclama a miles de kilómetros de distancia.

El pasado mes de mayo de 2016 Fernando Aguad dejaba la presidencia del CD Palestino con la satisfacción de haber realizado algo único, vincular aún más a la entidad con sus raíces, como sentenció en su despedida: “No puedo dejar de manifestar mi profunda satisfacción por algo que sin duda es mayor a cualquier logro deportivo. Este gran grupo supo identificar a Palestino con Palestina, logramos un vínculo que permanecerá en el tiempo y que traspasó las fronteras de Chile y también de Palestina, un vínculo que nos hace diferentes, que nos da una fuerza que es imparable, fuerza que no se puede ver ni tocar por lo tanto no se puede destruir. Es la fuerza que nos da Palestina y su pueblo”. Así, el CD Palestino seguirá fiel a su destino, aunque su hogar esté a 13.000km de distancia.

Fuente imagen principal: HAZEM BADER (AFP/Getty Images)

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