Donato pasó su juventud a caballo entre el colegio, el fútbol de la calle y el poco dinero que conseguía como vendedor o cerrajero. Comenzó su carrera futbolística en un modesto equipo de su ciudad, el América de Río, en el cual estuvo jugando hasta la veintena de edad, cuando Vasco de Gama llamó a su puerta para incorporarlo a su plantilla. Plantilla, la del Vasco, en el que se encontraría con Romario y Mazinho por primera vez. Quizá ninguno sabía, o pensaba, en volver a encontrase años después, vistiendo distintas camisetas en la liga española. Y es que Brasil vivía otra dorada época futbolística, el jogo bonito era realmente bonito y la liga carioca compartía sus futbolistas con las mejores ligas europeas.

Durante su estancia en el Vasco de Gama jugó como centrocampista, un poco más adelantado a las posiciones que posteriormente desarrollaría en los equipos españoles, dando lugar a un juego serio, con un gran último pase y una visión de juego soberbia. Ayudó con su trabajo a que el equipo ganase tres ligas de Brasil en sus años como jugador del Vasco de Gama.

Gracias a la gran cantidad de ojeadores con los que Europa había sembrado la liga carioca y gracias a un más que visible buen juego de Donato, un club español se interesó en él y consiguió ficharlo. Llegaba el de Río al Atlético de Madrid en la temporada 1988-1989, donde jugaría cinco temporadas. Ya de colchonero, Donato retrasó su posición en el centro del campo, comenzó a jugar como un medio-centro de corte defensivo, lugar donde se desenvolvía de maravilla debido a su buena colocación y su ya probada visión de juego. Durante su estancia en la ribera del Manzanares cosechó otros dos títulos para sí, dos Copas del Rey, en los años 1991 y 1992. Aunque su estancia en el club rojiblanco fue buena, se encontró con un problema, la no posible alineación de más de tres jugadores no españoles. Para facilitar las cosas al club, Donato, accedió a la petición del presidente del club, Jesús Gil y Gil, y se nacionalizó español. Aun así, el ya hispano-brasileño terminaba su contrato con el Atlético en el año 1993 para fichar por el Deportivo de la Coruña.

Sin él saberlo y a pesar de la controversia causada entre los seguidores deportivistas debido al fichaje de un jugador de 30 años al que se le ponía una cláusula de mil millones de pesetas, algo desorbitado para la época, comenzaba un camino lleno de alegrías y buenos momentos. Hablamos de la época dorada del equipo coruñés, el Super-Dépor.

Donato se hizo con un hueco como titular tras la lesión de Mauro Silva, jugando como centrocampista defensivo. Ya tras la vuelta de Mauro, gracias a su capacidad de contención y a su gran posicionamiento, consiguió seguir como titular, pero esta vez en el centro de la defensa. Pasaban los años por el Super-Dépor, pasaban los jugadores pero Donato seguía siempre al pie del cañón, ayudando al equipo como mejor se pudiese, jugó hasta de portero cuando expulsaron a Songo’o frente al Real Oviedo en el año 2001. El Abuelo, comenzaban a llamarle las nuevas incorporaciones. Pero nada hacía envejecer al de Río que, tras el famoso penalti fallado por Djukic en el último minuto del último partido de la temporada que les hacía perder el título de liga, comenzó a lanzar las penas máximas, así como las faltas. Hay que decir aquí que Donato se retiró del fútbol con un porcentaje de acierto en penaltis, casi del 100%. Durante su estancia de diez años en el Deportivo de la Coruña consiguió otras dos Copas del Rey en 1995 y 2002, esta última conocida muncialmente como el Centenriazo al Real Madrid en el Bernabéu, tres Supercopas de España en 1995, 2000 y 2002, y la Liga 2000 que coronó al Super-Dépor como un equipo de leyenda.

Otra curiosidad que Donato nos regaló a los amantes del fútbol español es la posibilidad que tuvo y que aprovechó de jugar en la Selección Española de Fútbol, debido a su doble nacionalidad hispano-brasileña. Debutó de mano de Javier Clemente en Sevilla, en un partido de clasificación para la Eurocopa frente a Dinamarca, regalándonos un gol. Fue internacional en quince ocasiones, en las que marcó 3 goles.

Nos deja cuarenta y nueve goles, algunos de una belleza extraordinaria, en sus cuatrocientos sesenta y seis partidos en Primera División. La mayoría de los goles eran a balón parado, algo en lo que Donato termino por hacerse un especialista. Tenía una potente pegada desde larga distancia, un toque extraordinario, ese típico control característico de muchos jugadores brasileños; era un jugador fuerte, dotado físicamente, pero con una rapidez y una técnica sorprendentes para su corpulencia lo que le hacía ser temible en los saques de esquina. Era sobrio, serio y seguro en su juego, lo que no quita que fuese un jugador alegre y animoso. Se puede decir que era la piedra angular de la defensa, los cimientos del centro del campo, sabes que teniéndole detrás estás seguro, era el jugador de confianza que nunca defraudaba.

Donato abandonaba el césped con cuarenta años de edad aun estando en una forma extraordinaria, siendo el jugador con más edad en marcar en la liga española. Seguro quedará en un bonito rincón de nuestra memoria futbolística muchos más años de los que él nos dio con su fútbol.

Fuente imagen principal: La Voz de Galicia.

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