Los momentos posteriores al partido frente a Ghana, por el Mundial de Sudáfrica 2010, sirvieron de inspiración. El seleccionado uruguayo había accedido a semifinales después de un partido que tuvo incidencias de todo tipo, como la expulsión de Luis Suárez por mano en la línea del arco, el penal de Asamoah Gyan que desvió el travesaño o la definición desde los 12 pasos que finiquitó Sebastián Abreu con su clásico tiro a lo Panenka. En la concentración, los futbolistas decidieron que no alcanzaba con sólo dejar todo en la cancha, era necesario ayudar desde su condición al crecimiento deportivo del país. Así, se dio lugar a la Fundación Celeste, cuyo bautismo se dio en la cena de llegada del equipo al país, con el cuarto puesto consumado tras perder con Alemania.

Fue el inicio de una era en la que los jugadores charrúas aportan su granito de arena para la evolución desde las bases al tiempo que representan al combinado celeste. Con el tiempo, la fundación comenzó a generar actividades de recreación y crecimiento con asiduidad, proponiendo que el fútbol sea la herramienta por la cual transmitir valores y educar. El aspecto más importante fue la creación de escuelas primarias para las zonas más carenciadas, que realizan una mixtura entre las clases en las aulas con el deporte. A la idea se fueron sumando ex jugadores, y otros tantos se quedaron luego de su retiro internacional. Diego Lugano, ex capitán de la Selección, es el presidente de la institución, al tiempo que Sebastián Eguren es el tesorero y Andrés Scotti el secretario.

Precisamente Lugano, en las últimas semanas, brindaba una conferencia de prensa y señalaba que “el fútbol uruguayo tiene mucho para crecer, está estancado y tenemos la posibilidad de que comience a andar”. A su lado en la sala, Diego Godín y Álvaro Pereira esperaban para tomar la palabra. Los actuales hombres del conjunto nacional se unían con el ex líder para dar forma, en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, al anuncio del acuerdo entre Fundación Celeste y el Instituto Nacional de Formación y Empleo (INEFOP). El objetivo es ayudar a los futbolistas que dejan la actividad profesional, para que puedan formarse en otro ámbito, conseguir empleo o invertir su dinero de forma eficiente.

“El fútbol uruguayo tiene mucho para crecer, está estancado y tenemos la posibilidad de que empiece a crecer. Uruguay hoy es el país que en muchos aspectos está más estancado en América” – Diego Lugano.

En medio, los entrenamientos de la Selección de Uruguay de cara al doble compromiso de Eliminatorias se dan en el entorno de la batalla dialéctica de jugadores y la empresa Tenfield, cuyo dueño es el representante de jugadores Paco Casal. La cuestión tiene que ver con los derechos de imagen y la explotación ilegítima de estos por la empresa, según señalaron los propios jugadores. El objetivo de los convocados tiene que ver con utilizar un factor que les corresponde por ley y comenzar a ayudar así a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Sin embargo, es necesario poner en contexto la situación.

En 1998, Eugenio Figueredo, por entonces presidente de la federación, decidió llamar a licitación por el negocio de la televisación del fútbol nacional. Tenfield, la empresa de Casal, fue creada en aquel con año con el único motivo y propósito de comenzar a hacerse cargo de las transmisiones. Del otro lado, la compañía Bersabel ofrecía 82 millones de dólares por diez años de contrato, muy superiores a los 36 de Tenfield. En plena reunión, Paco alzó la voz y apuntó hacia los presidentes de los clubes: “vos me debés favores, vos también”. Se refería a los innumerables salvatajes económicos que había realizado con anterioridad y que dejaron sin escapatoria a los dirigentes. Pese a la notoria diferencia de dinero, no hubo más que aceptar la cifra ofrecida por la empresa que aún hoy maneja los destinos del fútbol por TV. Aunque no solo eso le otorgó Figueredo (con prisión domiciliaria tras el FIFAgate), le cedió también el marketing, los negocios de patrocinadores, la publicidad y los partidos de la Selección.

La empresa además pagó cada año 300.000 dólares a la Mutual de Futbolistas Profesionales Uruguayos, que le cedió los derechos de imagen de los representantes del combinado celeste. El gremio los tenía desde que Antonio Alzamendi, Rubén Sosa o Carlos Aguilera -nombres históricos del equipo charrúa- se los cedieran en una asamblea en 1987. Por aquel entonces, las sumas eran módicas, pero el progreso del fútbol ha hecho que también se incremente notoriamente el dinero en torno a la imagen de los protagonistas. Entendiendo que ellos mismos nunca habían dado consentimiento a la explotación de su imagen, los actuales dirigidos por Óscar Tabárez reclamaron y llamaron a que no se extienda el contrato de Puma (firma acercada por Tenfield) para el patrocinio de la camiseta celeste. Acercaron a Nike, que realizó una oferta considerablemente mayor, aunque Casal aprovechó la oportunidad e igualó los números. Pese a los propósitos de los jugadores, la AUF renovó con su anterior auspiciante, y los futbolistas reaccionaron entrenando con indumentaria sin publicidad.

La Mutual, por su parte, aceptó que en su momento habían brindado equivocadamente los derechos, sin aceptación de los protagonistas. Incluso, señaló que sufrirán la falta de los 300 mil dólares, pero Godín, Suárez y compañía ya aclararon que brindarán una parte de sus derechos para permitir que la evolución continué. Con esa plata, se encargaban de acercar servicios de clínica médica, fisioterapia y psicología para los efectivos de la liga uruguaya, mientras mantenían un complejo deportivo que permite mantenerse activos a los jugadores libres.

“El plantel de la Selección pelea para profesionalizar la relación de imagen con la AUF, y muy especialmente por democratizar todas sus estructuras. Si se logra, la AUF podrá servir con mucha más eficacia a las necesidades del fútbol en nuestro país, y manejar sus recursos con independencia y potenciarlos. Solo así se librará del yugo de intereses ajenos y no seguirá vendiendo su rico patrimonio al bajo precio de la necesidad” – Comunicado de los jugadores.

El líder de la defensa del Atlético Madrid expresaba en una carta: “sólo así se librará del yugo de intereses ajenos y no seguirá vendiendo su rico patrimonio al bajo precio de la necesidad”. Parece un extracto de la historia uruguaya, pero fue firmado por Godín, haciendo alusión a que la federación uruguaya debe defender sus intereses. Tiempo atrás, a mediados de 2013, Abreu expresaba en entrevista con El Gráfico que “el fútbol uruguayo es semiprofesional”. La actual generación de jugadores saca la cabeza e intenta propiciar el crecimiento, esa idea que Lugano puso en palabras, tras lograr grandes resultados en una década, incluso en juveniles. La Fundación y la intención de poner fin a los negocios de Casal en el país tienen estricta relación con esa ambición.

Mientras tanto, la Selección avanza a paso firme en Eliminatorias, un certamen cada vez más complicado de afrontar en Sudamérica. Venció en todos sus partidos como local, en el estadio Centenario, y es el que menos goles ha recibido. Su juego práctico y simple es eficiente, basado en una sólida defensa que se apoya en esa competitividad intrínseca de cada uruguayo. Llega poco y convierte mucho, y comienza a acercarse a Rusia. Absolutamente todo, de la mano de un entrenador que comanda un proyecto que comienza con el Sub 15, y un equipo que mantiene sus convicciones más allá de las necesarias renovaciones.

Fuente imagen principal: PEDRO UGARTE (AFP/Getty Images)

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