Los goles de Rabah Madjer y Lakhdar Belloumi el 16 de junio de 1982 frente a la Alemania Occidental de Matthaus, Stielike o Schumacher, hacían inútil el tanto de Rummenigge. Argelia lograba su primera victoria ante el Mundo. Hasta entonces, breves participaciones sin éxito en Copas de África y un paso por esto del balón sin apenas hacer ruido.

Un elenco de futbolistas atípicos en cuanto a fútbol africano se refiere, no son los más fuertes físicamente y tampoco son los más veloces del continente. Es un equipo técnico, riguroso en sus actos, disciplinado en el campo y con el toque del cuero por bandera. Un fútbol que se aleja del estereotipo de juego que siempre se asocia al continente negro. Argelia es una selección con jóvenes formados lejos del fútbol africano, futbolistas criados en canteras europeas que han elegido defender la bandera de sus antepasados. Y en esto hay una figura, hubo una figura que nunca podremos olvidar, quizás el máximo representante de la actual selección de Argelia, una leyenda africana que nunca quiso jugar un Mundial de fútbol: Rachid Mekhloufi.

Corrían los años cincuenta y se acercaba el Mundial con sede en Suecia. El de 1958 sería el campeonato de Rachid, un mediapunta exquisito, técnico, de buen gusto por el esférico y estrella del Saint-Etienne francés. Un líder en el campo que debía guiar a la selección francesa de Fontaine y Kopa al título de Campeón del Mundo. Cambio de ritmo desde la zona de tres cuartos y gran olfato goleador actuando en punta de ataque, estas eran las armas del futbolista francés nacido en Setif (Argelia), veinte años antes.

El ataque formado por Mekhloufi y el delantero camerunés, N´jo Lea, llevó a los verdes a levantar el título de Liga francés en 1957. Frente a la URSS, Rachid se enfundó por primera vez la camiseta del Gallo y dos años más tarde, concretamente un 11 de abril del año donde debía jugar el Mundial de Suecia, Mekhloufi lideró su partido más difícil. No había un estadio, ni tan siquiera un marco donde anotar gol. Junto a Rachid, su compañero Zitouni, un excelso defensa del mismo origen que disputaría con Francia la fase final del campeonato del Mundo, decidieron decir adiós al fútbol galo, al Mundial de fútbol de Suecia. Con esta decisión, no solo ponían en peligro sus carreras futbolísticas, también sus vidas.

El Mundial me hubiera gustado vivirlo, pero era más importante la independencia de mi país”

El Frente de Liberación Nacional de Argelia era la causa por la que los dos futbolistas abandonaron la concentración francesa. Un combinado no reconocido por la FIFA que luchaba contra el sometimiento argelino que sufría por el ejército francés. Valentía, coraje, honra y amor por sus raíces, por un país que gracias al fútbol lograba mostrar los sentimientos de un grupo de futbolistas que defendía, más que nunca, un país no reconocido como tal. En 1962 se colocaba la primera piedra para la independencia argelina, pero el fútbol ya había hecho sus deberes. Checoslovaquia fue el primer rival oficial de Argelia en 1963, dos goles de Rachid Mekhloufi eran la mejor recompensa a un futbolista que lo dio todo. Nunca mejor dicho.

Hasta entonces, más de 90 partidos fantasmas, encuentros no reconocidos y olvidados que no hacían más que mostrar al Mundo una bandera, un sentimiento con el fútbol como arma de lucha, Argelia ya tenía su victoria. Su carrera ya tenía el mayor de los trofeos, pero Mekhloufi siguió cosechando éxitos deportivos tras volver a Francia, una vez logrados los objetivos argelinos, levantó Ligas, Copas, reconocimientos individuales y la marca de héroe en Saint-Etienne, Bastia y en mayúsculas, Argelia.

En 1970 dijo adiós a los campos, pocas carreras tan intensas y con tanto sentimiento y objetivos personales en la historia del balón. Pero el fútbol todavía le debía algo, el dio y el balón devolvió, la historia quería que Rachid Mekhloufi, el líder de una generación francesa que dijo no al Mundial para luchar por Argelia, llevase a los ‘Zorros del desierto’ a su primer Mundial, el de 1982 antes mencionado. Argelia tenía a su estrella en el banquillo, al mito de un país, al héroe de unos futbolistas que en España defenderían una bandera por la que su técnico ya había luchado antes. Argelia disfrutó de su primera participación mundialista, Madjer, Belloumi o Mansouri abrían el camino de Slimani, Brahimi, Riyad Mahrez o Feghouli, hoy destacados en el panorama futbolístico mundial. Un camino, aquel camino por el que luchó Mekhloufi en la década de los 50, un líder dentro y fuera de los campos. La historia del balón está llena de rebeldes, pero pocos rebeldes dieron su vida por los suyos, Rachid tiene hueco en la historia. Porque Mekhloufi es Argelia.

Fuente imagen principal: AS Saint-Étienne.

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